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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del martes, 1º de junio de 2004
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
  
Ganadería: cinco toros de Atanasio Fernández (anovillados, mal
presentados, mansos y descastados); 4º bis, de Carlos
Núñez (con juego complicado).
Diestros:
Incidencias: Luguillano resultó herido en su 2º. ""Cuadro
de dolor en el hipocondrio derecho, pendiente de estudio radiológico.
Pronóstico reservado que le impide continuar la lidia".
Entrada: casi lleno.
Tiempo: calor.
Crónicas de la prensa: El
País, El Mundo, ABC, Diario
de Sevilla

El
País. Antonio
Lorca. Intolerable
Será que la autoridad no tiene quien le lea, de verdad, la cartilla. Será que la fiesta de los toros no le importa absolutamente nada. Será que este público festivo lo aguanta todo, hasta la dura piedra de los tendidos durante dos horas de sufrido aburrimiento.
La suerte de la autoridad es que ya no hay afición. Si la hubiera, habría ido después del festejo al juzgado de guardia a denunciar una estafa como una casa. Si aún tuviera vida (la afición), los señores que ejercen actualmente la autoridad estarían dedicados a otros menesteres porque no se permitirían sus desmanes, sus manejos y su firme decisión de acabar con este espectáculo en el menor tiempo posible.
Intolerable, indignante, bochorno impropio de la que dice ser la primera plaza del mundo. Sobran los calificativos para enjuiciar lo visto y ocurrido ayer en Las Ventas. Es difícil entender cómo la autoridad, que se supone competente, admitió una corrida tan mal presentada (tres toros cumplían los cuatro años en el mes de junio y ayer fue el primer día del mes), unos novillos que no se aceptarían ni en una plaza de tercera. Incomprensible a todas luces que esos novillos salieran al ruedo de Las Ventas en la Feria de San Isidro. Pero ésa es la evidencia del estado actual de la fiesta.
Pero no quedó ahí la cosa. La ganadería de Atanasio Fernández pasó a la historia. Es decir, pasó su grandeza, su prestigio y su ejemplo de presentación y casta. Hoy, está podrida, enferma o borracha. Hoy es uno de los referentes de la decadencia, del toro sin trapío, sin fuerza y sin bravura. Fue denigrante el espectáculo de los toros rodando por la arena en una claudicación total en todos los tercios. Fue penoso comprobar cómo aquellos animalitos se tambaleaban y desplomaban después de olisquear el ambiente.
Y la autoridad no sólo engañó gravemente dando por buena esta corrida, sino que admitió el fraude reiterado al no devolver a los corrales a todos y cada uno de los ejemplares de Atanasio. Así, el presidente de ayer no debe volver al palco por manifiesta ineptitud o por dejación de funciones. No vale mirar al infinito como si la guerra no fuera con él. No vale decidir siempre a favor de la empresa. No es lícito presidir una corrida si no se está preparado para ello.
Bastante hicieron los toreros con matar la corrida. Unos mejor que otros, ésa es la verdad. A Luguillano le tocó el primer gran inválido de la tarde y un sobrero al que no quiso ni verlo y nadie supo el motivo. No era toro de carril, pero el vallisoletano lo aliñó por la cara, muy despegado y a la defensiva entre la merecida bronca del respetable. Valverde no tuvo toros, y cuando no hay toros se hace presente la nada. Dio pases, sí, pero entre su vulgaridad y la invalidez de sus oponentes, el resultado fue un horror. Y el más voluntarioso fue Iván García, que quiso sacar todo el jugo a su única comparecencia en la feria, puso voluntad, ánimo y muchas ganas de triunfo, pero la grada no le dio importancia a su labor y perdió una oportunidad por culpa de otros. Dos horas y cinco minutos duró el bochorno decadente e intolerable de la corrida de ayer. Mañana será otro día. Ésa es la gran suerte de la autoridad.
El
Mundo. JAVIER
VILLÁN. Toros
infames y Lamarca peor
En la Gran Semana del Toro desembarcaron en Las Ventas, la que dice ser y llamarse la primera plaza del mundo, los toros de Atanasio Fernández. Buena parte de ellos podían haber ido a plazas de talanqueras y no hubiera pasado nada. Los tres primeros tenían exactamente, según el programa, cuatro años: ni un día de más y si acaso algunos de menos. Para la edad reglamentaria tenían que haber nacido estos animalejos exactamente el día 1 de junio del 2000. Podría habérseles cantado el «cumpleaños feliz». En cambio, la solanera gritó «fuera del palco, fuera del palco», un grito de guerra contra la presidencia cuando la estafa del toro se consuma de manera tan evidente como la de ayer. Los sobreros Bolsillón, de Carlos Núñez, y Boticario, de Rivera Ordóñez, temiéndose lo peor, no pensaban igual. Las protestas del público los alarmaron.
No hay que fiarse demasiado de los sobreros, que tienen el resentimiento subalterno de ser plato de segunda mano que nadie quiere. No hay que fiarse mucho de ellos, pues lo mejor que puede pasarles es que vayan de mano en mano, de corrida en corrida y de corral en corral; o sea, toros corraleados que es un desdoro. Los sobreros podrían descubrir muchos secretos bien guardados en la penumbra de los toriles y la umbría de las dehesas. Dialogaban ayer, en chiqueros, temerosos y confiados, y no me pregunten cómo he conseguido sus confesiones pues un periodista nunca revela sus fuentes.
-Mal destino nos aguarda, hermano; los colegas de Atanasio están dando la nota y yo creo que hoy no nos salva ni la caridad. Por lo que escucho, tú, amigo Bolsillón, ya debieras estar en el ruedo pues el de Atanasio ha sido un desastre para el público y para Luguillano.
-Triste suerte la nuestra, hermano Boticario; siempre pendientes de las fuerzas de la corrida titular. Somos como los condenados a muerte que nunca saben cuándo les van a dar el paseíllo.
-El paseo, querrás decir.
-Eso, pero lo de paseíllo es más torero.
-Aquí no nos salvamos ninguno. Si no es un día es otro. La suerte está echada.
-Siempre pendientes del presidente de la corrida; aunque por ahí el peligro es menor. Hoy toca Lamarca, que es un comisario de mucha piedad y compasión con los toros.
-No es malo, no, el señor Lamarca. Los sobreros teníamos que hacerle un monumento o darle un homenaje.
-Escucha, hermano, que algo está pasando en el ruedo. Ya está el bocazas ése del 7 preguntando a grito pelado: «¿A quién defiende la autoridad?».
-La plebe se está encrespando y me temo lo peor. Ya están los del 7 haciendo de las suyas. Y los de la andanada del 8, o la del 9. Les tengo un odio...
-Yo a quien de verdad le tengo una tirria insoportable es al crítico de EL MUNDO. Nada le gusta y a todos los colegas los ve cojos, inválidos y descastados.
-Si hubiese menos cronistas como el de EL MUNDO y más presidentes como Lamarca esto iría mucho mejor.
-Razón que te sobra. Oigo ya los cencerros de los cabestros, esos eunucos que afrentan nuestra especie. Seguro que de ésta no nos salva ni siquiera el señor Lamarca.
-Claro, todo tiene un límite. Ya está Florito dispuesto a lucirse.Y ya se sabe que el lucimiento de Florito supone nuestra muerte.
A partir de este momento se interrumpió el diálogo. La sombra de la muerte cayó sobre Bolsillón, pues ni siquiera el señor Lamarca podía condenar a Luguillano a dos inválidos. Bolsillón salió al ruedo y quería comerse a Luguillano, mas Luguillano no se dejó. Mala tarde para un valiente Valverde y un poco menos mala para Iván García, que resolvió, a medias, con dignidad y gallardía. Cuando Bolsillón moría elevó los ojos a Lamarca suplicándole que preservara la vida del otro sobrero. Y el señor Lamarca, hombre piadoso aunque parezca un chuleta provocador, le hizo caso. Pero esta piedad no la entienden los del 7.
Diario
de Sevilla. Grupo Joly. Luis
Nieto.
Penosos 'atanasios', valiente Iván
Los atanasios, en la línea de su encaste, no se emplearon de salida. La corrida llegó con tres astados que cumplían años este mismo mes. Legalmente, cuatreños. Pero, ¿no hay corridas con su edad cumplida en el campo? ¿o es que la empresa busca el ahorro a toda costa?... El caso es que la empresa no se conforma con contratar a toreros de segunda y tercera fila para abaratar costes, sino que en el paquete -¡paquetón de hasta un mes continuo de infumables carteles!- meten animales de cualquier manera. Por eso, no es raro que el sector más crítico de Las Ventas, el 7, acudiera escamado y no dejara pasar ni una. La blandura de los primeros astados acentuó el malestar. Y las voces y el griterío discrepante fueron constantes en un festejo que resultó un fiasco. En conjunto, penosa imagen de los atanasios por su falta de casta y su exceso de blandura. Con esos animales ni el mismísimo Joselito el Gallo hubiera levantado la tarde. Una tarde en la que David Luguillano naufragó, en parte. Una tarde en la que Javier Valverde pisó con mucha dignidad el ruedo venteño y se desenvolvió con oficio y pericia ante un par de mulos. Y una tarde en la Iván García se jugó la vida sin cuento, aunque no lo tuvieron en cuenta.
David Luguillano salió mal parado en la tarde de ayer. No tuvo opción ante el inválido que abrió plaza, protestado desde que pisó el ruedo. Conocedor del público de Madrid, abrevió con acierto. El vallisoletano no se dio cuartelillo -como dicen hoy en día- con el cuarto bis, un sobrero del hierro de Carlos Núñez, que manseó de salida y tuvo complicaciones, unas complicaciones que no se pudieron calibrar adecuadamente por la inhibición del torero, que además dio un mitin con la espada.
Javier Valverde mantuvo el tipo. Cumplió con un mulo de pinta colorada que embestía a regañadientes, con la cara alta, al que mató feamente. El salmantino, con parsimonia, hizo frente a un quinto manso, parado, sin un ápice de sangre brava.
Iván García estuvo serio y firme con un animal sin entrega, que en algunas ocasiones entraba rebrincado, otras salía con la cara alta y otras se marchaba huidizo. El madrileño, en las querencias, consiguió meterle en la canasta en sendas tandas, por cada pitón, muy meritorias.
Garcia volvió a jugarse el pellejo con el manso y peligroso que cerró plaza, al que enjaretó algunos muletazos de pecho larguísimos. El animal, convertido en una mole pétrea, no movió un músculo a la hora de matar y el toro acabó emborronando una meritoria labor.
El festejo, desde luego, no pasará a los anales isidriles. Con un mal ganado, penosos atanasios, entre los que se hizo paso un valiente y decidido Iván García.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. La tradicional corrida plúmbea
Rafael Marichalar lo lleva repitiendo durante años, que no entiende la rimbombancia de la cartelería taurina. «Magnífica corrida de toros», «sensacional corrida de ídem» y así. La de ayer se publicitaba como «gran corrida». Y, por detrás, soltaba un tufillo a tostón de órdago. Nunca se sabe, pero hay días que, de existir apuestas, uno sería rico a estas alturas. O sea que Marichalar no anda desencaminado muchas tardes. En treinta fechas, las hay regulares, interesantes, buenas, malas, peores y una que se destaca por encima de todas: si ayer colocan un eslogan en plan «tradicional corrida plúmbea», poco se hubieran equivocado.
José Márquez también se lo olía, y a pesar de ello la afición le vence. Sabía de antemano que el hecho de que se anunciaran tres toros que celebraban su cumpleaños de cuatreños ayer, asunto legal y escasamente presentable a la vez, acarrearía protestas, como sabía que habría jaleo con Juan Lamarca en el palco, satanizado por varios sectores de la plaza que «espontáneamente» se manifiestan con pancartas y cánticos. La misma espontaneidad, más o menos, que movía las concentraciones en las sedes del PP en la jornada de reflexión de las últimas elecciones. A Lamarca ayer se le podría reprochar más el toro que devolvió, el cuarto, que se enceló con el caballo hasta tal punto que no lo perdió de vista ni cuando regresaba por el callejón camino de su patio, que los que sostuvo en el ruedo. A David Luguillano no le importó que les zurrasen la badana ni al muy flojo primero, ni al que vio el pañuelo verde, masacrado previamente, ni al sobrero de Carlos Núñez que le desconfió con su temperamento. Buena bronca se ganó Luguillano, que tras el petardo se marchó a la enfermería para nunca más volver.
La mansada de Atanasio Fernández fue una escalera de hechuras, sólo igualada por su falta de clase y bravura; los atanasios anestesian desde hace años al más pintado.
Márquez paladeaba todavía su puro y los recuerdos del día anterior de la ensoñación del principio de faena de Curro Díaz, que con todas las deficiencias que se le pudieran sacar después al menos es distinto. Lo pensaba cuando Javier Valverde tanteaba al colorado segundo y muleteaba con oficio las irregulares embestidas a media altura o trasteaba con voluntad sorda al grandón quinto, encogido después de un puyazo horrible en la querencia.
Iván García quiso con el escurrido tercero, y de tanto querer, más que poder, sacó un buen natural y abundantes derechazos. No siguió más de una tanda por el pitón izquierdo, por donde el toro parecía más atacable, y mató de estocada delantera; el zambombo sexto fue basto como él solo en todos los sentidos. Y García volvió a mostrar sus deseos, inconclusos de nuevo.
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