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18ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del miércoles, 29 de mayo de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Tres toros de
Valdefresno (dos fueron rechazados en el reconocimiento) y tres de
Fraile Mazas (uno también rechazado), desiguales de presentación -el 2º,
impresentable-, muy blandos; nobles 1º y 2º y deslucidos 3º, 4º y 5º.
El 6º fue devuelto y sustituido por otro de Pérez Tabernero, también
devuelto, y salió en su lugar uno de El Serrano, manso y violento.
Diestros:
- Juan Mora, estocada
muy baja (ovación); dos pinchazos y metisaca en los bajos (pitos).
- Rivera
Ordóñez, pinchazo, media -aviso- , un descabello y el toro se echa
(silencio); 10 pinchazos y un descabello (bronca).
- Fernando Robleño,
dos pinchazos, casi entera y un descabello (vuelta); pinchazo, casi
entera perpendicular y un descabello (petición y vuelta).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, Diario de
Sevilla.
El País.
Antonio Lorca. Robleño,
a sangre y fuego
Fernando Robleño quiere ser figura a base de sangre y fuego. Pone
las plazas a revientacalderas por su valentía y pundonor, cualidades
que derrocha a manos llenas. Pero rara es la tarde que no se mancha con
su propia sangre, lo cual es muy preocupante, especialmente para él que
es a quien le hacen pupa. El arrojo debe estar presidido por la técnica
y la inteligencia para que la faena no sea un permanente sobresalto que
emocione más por el miedo que por la grandeza del toreo que se ejecuta.
Lo antes dicho no pretende en modo alguno restar un ápice de
importancia a la magnífica labor de Robleño ayer en Las Ventas. Pero
quien avisa no es mal amigo, y el torero parece empeñarse en intimar
con los médicos, lo que está muy bien pero fuera de la enfermería. Lo
cierto es que si mata a la primera tras la faena al tercero de la tarde,
hoy se estaría hablando de un triunfo de clamor. Aun así, dio una
triunfal vuelta al ruedo con la cara teñida de rojo y el cuerpo
maltrecho y dolorido tras la voltereta recibida al cobrar una estocada
casi entera, que llegó después de otra costalada cuando toreaba con la
derecha.
A pesar de posibles torpezas, hay que reconocer que este torero
quiere ser figura por encima de todo. Y para ello se juega la vida. Y
como vivimos época de toreros frágiles y acomodaticios, pues es muy de
agradecer. Ayer se valoró, sobre todo, su sincera disposición para el
triunfo. Recibió a su primero con tres largas cambiadas de rodillas, se
estiró a continuación en unas limpias verónicas y quitó después por
chicuelinas que abrochó con una larga templadísima. Muleta en mano,
tardó en cogerle el aire a un animal que medía por ambos lados, pero
sometió la embestida por su valentía y perfecta colocación. Es torero
de casta y eso se extiende como la pólvora. Y cuando un torero manda,
el toro obedece. Y Robleño mandó en una templada tanda de redondos,
otra de largos naturales y unos adornos finales de auténtica orfebrería:
una trincherilla, unos ayudados, dos derechazos más con la muleta a
media altura, dos cambios de manos torerísimos y llegó el delirio
antes de fallar con la espada. Se fue a la enfermería, donde le
apreciaron un puntazo leve en la axila izquierda, y salió con el valor
intacto. El sexto no se lo puso fácil, la faena no fue templada, pero sí
intensísima por la seguridad del torero y la brusquedad del toro.
El resto de la corrida no tuvo historia. Mora, que es torero de
calidad, toreó con garbo y sin emoción a su inválido primero. Al
cuarto, un toro sin clase, lo pasaportó con rapidez. Y también estuvo
Rivera Ordóñez; estuvo, pero muy mal. Fue una auténtica sombra de sí
mismo. Hundido en la mediocridad, se mostró muy vulgar con su primero y
dio un mitin con la espada en el otro, impropio de quien se autodenomina
matador de toros.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Robleño,
por el camino de la emoción
Fernando Robleño blindó su corazón. Otra vez. Robleño se volvió
a entregar por el camino de la emoción desnuda, la emoción dramática
y el valor como recurso. En tiempos de precauciones, se agradece un tipo
que se enfrenta a las adversidades sin coraza. Pero, ojo, que ese camino
debe arroparse de mejoras técnicas, especialmente con la espada. No es
por ser repetitivos, ni los más listos de la clase, mas conviene
insistir en una idea manejada en su última comparecencia venteña: o
mejora a la hora de hacer la suerte suprema o lo van a reventar. No se
puede resolver a pechugazos, porque, como siempre se ha dicho, a cojones,
el toro. Y además tanta cogida acabará por mermar el blindaje de
bizarría.
Ayer, de nuevo, pinchó, y de tal coraje se empapó que en el tercer
embroque pronunció mentalmente un allá voy con todas las
consecuencias. Claro, las consecuencias fueron que el toro lo prendió
entre el pecho y la axila y lo despidió como un frontón. La plaza se
estremeció. F.R. había conseguido su propósito de hundir la espada en
lo alto a costa de su sangre. Enseguida se apreció que iba herido. Lo
incorporaron con la cara embadurnada, de otra voltereta anterior.
El toro de Valdefresno había evidenciado peligro sordo a lo largo de
toda la faena, con un ojo puesto en la muleta y otro en el torero.
Valiente Robleño, que concedió distancia, la media, y trató, con
desigual ajuste, de sacar partido. En el remate de la primera tanda
diestra recibió un aviso de cuidado: otra serie por el mismo lado
transmitió tensión; en ambas pareció que faltó algo de temple y
sobraron tirones y barullo. A izquierdas todavía el bruto escondía una
guasa mayor: Robleño no se arredró. Respondió mejor el toro en unos
derechazos de mano baja, pero al tercero no tragó y se lo echó a los
lomos. Afortunadamente, no pasó a peor, aunque los segundos en que
revolotearon los pitones sobre el tendido cuerpo del matador fueron de
insufrible angustia. Volvió a la cara enrabietado a robar los últimos
pases, en el mismo son que esta segunda mitad de obra. Y luego agarró
hueso con el acero y se volcó kamikaze, que ya está narrado. El gesto
de recoger el puñado de arena se tradujo por un «moriría por esta
plaza». Y la verdad es que disposición le sobró al matador alcalaíno
desde las tres largas cambiadas de rodillas en el tercio y una lidia en
torero. Su quite a Ángel Luis Prados a la salida de un par quizá sea
el más oportuno de esta Feria.
Regresó de la enfermería en medio de un clamor general mezclado con
la bronca a Rivera, que había pinchado diez veces a un quinto toro
imposible. Entre la tibieza de uno y la voluntad férrea del otro había
un abismo. Devuelto el sexto, que se despanzurró en el caballo y
arrastraba los cuartos traseros, todavía lo arrolló en un despiste de
todos. Se corrió a continuación un sobrero de J. Pérez Tabernero que
tomó bien los vuelos del capote pero que no podía con la penca del
rabo. Al segundo sobrero, de El Serrano, cabezón y serio, lo paró en
los medios por chicuelinas que más bien fueron atragantones, carnaza
para el pueblo. Otra vez estuvo valentísimo, arrancando muletazos a
aquellas embestidas reticentes y a media altura: técnicamente se
encontró más. Volvió a sentir el calor de un público que valoró su
constante persecución del triunfo a toda costa. La espada, de nuevo, se
interpuso en este camino de emoción emprendido por Robleño. Poco a
poco, hay que ahondar en la técnica, torero.
Juan Mora desprendió sabor por cómo anduvo con el blando, noble y
manso toro que estrenó la tarde y que nunca descolgó. Mató con
habilidad, una habilidad que se convirtió en horrible metisaca con el
imponente cuarto, con el que nunca se confió.
Rivera, nada del otro jueves, tuvo un lote que no sirvió, como la
corrida en general, muy desigual dentro de la seriedad y deslucida. El
segundo no tuvo celo ni entrega, andarín y justo de cara; el quinto, ni
eso, infumable. Sobresalió Joselito Gutiérrez en su cuadrilla con
capote y banderillas.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Robleño, a
sangre y fuego
La corrida de la familia Fraile, con los
hierros de Valdefresno y Fraile Mazas, encaste de Lisardo Sánchez,
ofreció de todo, menos facilidades. Espectáculo de convulsiones,
sustos y hasta milagros. Tarde en la que quedó plasmado, a sangre y
fuego, el valor temerario de Robleño. Y tarde en la que se libraron de
cornadas fatales el propio matador madrileño en varias ocasiones y los
banderilleros Ángel Luis Prados y Joselito Gutiérrez.
Fernando Robleño se jugó la vida de manera temeraria ¡Y cómo lo
hizo! Despertó al personal al recibir al tercero con tres largas de
rodillas en los tercios. Quite por chicuelinas en el que marcó mal los
tiempos en la primera y sufrió un serio achuchón. En banderillas, Ángel
Luis Prados se libró de una cornada cantada por muy poco. El toro le
lanzó un hachazo rajándole la taleguilla. El peón cayó al suelo y,
bocabajo, debió sentir el aliento del astado cuando le pasó los
cuchillos rozando la espalda y el cuello. Revuelo de capotes y... primer
milagro de la tarde. En la muleta, Robleño, que brindó la faena a los
futbolistas Zidane, Roberto Carlos y Michel Salgado, se cruzó y tragó
lo suyo. Faena de cara o cruz con un toro complicado, que desarrolló
sentido. Cuajó una tanda con la diestra. A cambio, en uno de los cites,
fuera de cacho, le empaló de la pierna derecha. Por si fuera poco, en
la tercera entrada a la hora de matar, tras dos pinchazos, el toro le
esperó y le dio un hachazo a la altura del corazón. Escena de infarto.
Colgado del pitón lo lanzó por los aires como un pelele. Todo quedó
en un puntazo en la axila izquierda, donde precisamente sufrió hace
escasas fechas una cornada. La plaza se convirtió en un volcán. Dio
una clamorosa vuelta al ruedo sin ningún voto en contra. Robleño debe
resolver de manera urgente su manera de matar. No se puede entrar, como
lo hace casi siempre, a topacarnero y sin bajar la mano para que
descubra la muerte el toro.
Después de ser curado en la enfermería salió a matar al sexto. Ovación
de gala. Lo recibió con una larga de rodillas y lanceó vibrantemente
en los medios. El toro, que fue devuelto, estuvo a punto de coger a
Prados y al propio Robleño, que perdió pie y cayó al descubierto
delante del animal.
Como sobrero saltó un astado de Juan Pérez Tabernero, devuelto tras
flaquear en varas. Como sexto tris, sobrero de El Serrano -procedencia
Juan Pedro Domecq y El Ventorrillo-, feo y corraleado. Un pavo con mucho
que torear. Robleño se la jugó nuevamente, con el apoyo del público.
Labor de esfuerzo, de tensión, más que lucimiento. No acertó con la
espada y se le esfumó un trofeo, prácticamente cantado. Aún así dio
otra vuelta al ruedo tras petición minoritaria.
Juan Mora pasó de puntillas. El extremeño cumplió sin más ante el
primero. Labor de pases sueltos, con trincherillas o pases de la firma
de buen corte, ante un toro de nobleza bobalicona que manseó en los
primeros tercios.
Con el difícil cuarto, Mora anduvo con muchas precauciones.
Rivera Ordóñez no tuvo su tarde. Fuera de cacho, aburrió con el
manejable y sosísimo segundo, que fue protestado de salida por su
flojedad.
El quinto rebrincó en los lances de recibo de Rivera. Joselito Gutiérrez
se jugó literalmente la barriga en dos pares de banderillas. A punto
estuvo de cogerle en el segundo. En la muleta sacó intenciones aviesas.
Era de cama. Y el diestro resolvió con un trasteo breve. No servía
para otra cosa. Con la espada dio un mitin; siempre con el pajarraco a
la espera.
Espectáculo no apto para cardiacos en el que Fernando Robleño, a
sangre y fuego, se alzó como triunfador.
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