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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 27 de julio de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de El Jaral de la Mira,
de juego desigual.
Diestros:
Entrada: un cuarto de entrada.
Incidencias: En la enfermería fue atendido Rafaelillo de una
«herida en región preauricular izquierda de dos centímetros y otra
herida en región submandibular izquierda. Contusiones y erosiones múltiples,
de pronóstico leve».
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, El Mundo
El País.
MA. CUADRADO. Doble confirmación y corrida
remendada
Otra tarde más de doble confirmación en Las Ventas. En esta ocasión
por añadidura, con una corrida remendada de El Jaral de la Mira.
Confirmó Rafaelillo la alternativa, para hacer honor al título de
matador de toros. Pues a sus manos llegó un toro de barba y respeto,
colorao, que fue cambiando en los diferentes tercios, y llegó al último
mirón, incierto y reservón. Rafaelillo lo recibió con hondos lances
de capote rodilla en tierra, lo llevó al caballo muy gallardamente. Y
al coger muleta y espada, puso el corazón en tal empeño. Para
aguantar, ganarle la partida al toro que se tornó marrajo, y terminar
por tumbarlo de un estoconazo sin puntilla.
En su segundo, Rafaelillo, en fin, otra guerra sin cuartel ante un
toro manso, probón y con sentido. Toro que no tenía un pase y que le
propinó un pitonazo al cuello al cobrar una estocada en la suerte
natural. Había sufrido el bravo torero murciano dos volteretas
tremebundas, en su primero y en el tercero, de las que salió con la
taleguilla y la chaqueta torera echa unos zorros. Bien por los espadas
valientes.
López Chaves confirmó la alternativa con un toro noble y blando,
que le dejó desarrollar poco el toreo. Protestado el toro por su falta
de fuerzas, no fue cambiado, permaneció en el ruedo, y la función se
fue difuminando hasta quedar sin color ni sabor. Unos lances limpios de
salida y los muletazos templados de tanteo en el comienzo de faena, es
todo lo reseñable de valor y precio. Mejoró su actuación el torero
salmantino en el sobrero de Guillermo Acosta, un burel que manseó en
los dos primeros tercios, y que en la muleta tuvo unas cuantas
arrancadas que López Chaves supo aprovechar, con la virtud de dejar la
muleta por delante, templar y ligar los pases. Alberto Ramírez
enseguida se echó la muleta a la izquierda en su primero, tras dos
suaves muletazos de tanteo. A media distancia, el terreno adecuado,
adelantó el trapo rojo, citó, prendió la embestida y le enjaretó
tres naturales templados, rematados por bajo, de muy buen trazo. Pero el
toro se paró. En el sexto, tampoco tuvo suerte.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Vueltas al
ruedo de auténtica ley para Rafaelillo y López Chaves
Tres fueron los renacimientos de Rafaelillo, que se ganó, como López
Chaves, una vuelta al ruedo de auténtica ley, de las que pesan y valen,
como antiguamente, antes de la moda joselitista de despreciarla como
premio. Uno y otro confirmaron alternativa y posibilidades, con sitio,
resolviendo una encerrona que les hace opositores por derecho propio a
una repetición; Alberto Ramírez, aun sin conquistas, se sobrepuso a
las circunstancias, con retazos del buen corte que porta.
La empresa recompuso un conjunto capitidisminuido de El Jaral de la
Mira con un trío de toros de Sánchez Ybargüen y un sobrero cinqueño,
alto como un caballo y largo como un tren, con cara de viejo, que
pertenecía al hierro de Guillermo Acosta como podía hacerlo al de
Saldos Arias.
Decíamos que tres fueron los renacimientos ayer de Rafaelillo, por
tres veces en las astas de los toros, por las mismas indemne, o casi,
que el cuarto, un marrajo de Ybargüen que no le decapitó a la hora de
matar de puro milagro: el hachazo fue directamente al cuello, rasgando
la piel como un cuchillo afilado. Ésa fue la última, por la que pasó
a la enfermería. Pero anteriormente, con el tercero, en el tercio de
banderillas, cuando se disponían los peones y los matadores tomaban
posiciones, el toro se le precipitó, cruzado, como en un quiebro
tenebroso, y se lo llevó prendido por el pecho, por la misma pañoleta,
por las chorreras de la camisa; nuevo renacer. Y otro más con el de su
confirmación, que rompió plaza y la taleguilla a la altura de la ingle
cuando lo ponía en suerte en el caballo, en una revolera en la que la
bestia de El Jaral se frenó. Con este toro Rafaelillo estuvo
importante, tremendamente valiente en las distancias cortas. Desde el
tercio anterior, había esperado en banderillas, sobre todo por el pitón
derecho, por el mismo por el que luego tardearía todo y más en sus
cortos y frenados viajes; no mejoró por el izquierdo, por donde el
diestro murciano tragó quina. Se tiró a cobrar una estocada que le
valió un sólido paseo del redondel, respaldado con la solicitud de un
trofeo. Con la misma fe se fue tras la espada con el cuarto, y a poco le
cuesta la cabeza.
Al segundo, muy fino de cabos, bajito como un zapato y armado como la
Legión, le fallaron las fuerzas en exceso, aunque tenía buen aire. López
Chaves, inédito, se creció, nunca mejor dicho, con el cinqueño y
manso sobrero (quinto bis) que le sacaba un palmo a su estatura.
Sorpresivamente, rompió en tres series diestras de buen temple y largo
trazo, muy asentado. Fue todo lo que duró el animal, que no quiso más
pelea por mucho que le insistió el salmantino. Como lo mató por arriba
a la primera se hizo acreedor de una vuelta ganada a pulso. Interesante,
muy interesante este Chaves, para volverlo a ver cuanto antes.
Alberto Ramírez robó unos naturales de porte y estética a su
primero, que apenas humillaba. El muy manso no se dejó engañar más y
dio problemas con sus distracciones y su mirada ida para morir. El
sexto, con mucha cara y poca culata, careció de posibilidades, parado y
a la defensiva.
El Mundo. VICENTE
RUIZ. Confirmaciones sin toros
¡Qué follón esta nueva moda de confirmar un par de alternativas
cada domingo! Por segunda semana consecutiva sucedía tal efeméride,
pero esta semana se complicaba aún más el asunto al ser más veteranos
los confirmantes que el padrino. Pero como este dato no deja de ser
meramente anecdótico, lo verdaderamente importante es que Madrid sigue
echando por sus corrales toros con evidentes dificultades para embestir
y que constituyen un auténtico muro en el que se estrellan los toreros.
Ayer la tarde la protagonizó Rafaelillo, sobre todo por el
dramatismo que acompañó su actuación. Cuando llevaba al caballo al
primero del festejo recibió la primera voltereta. Fue un aviso de las
intenciones de un astado que iba a traer en jaque al torero durante toda
la faena. Valentón, el murciano aguantó sucesivos parones durante la
faena de muleta, para ir sacando muletazos sueltos que tuvieron la
virtud de la emoción. Mató con habilidad y eficacia y dio una vuelta
al ruedo.
Volvió a ser zarandeado dramáticamente por el tercero en el tercio
de banderillas, milagrosamente sin consecuencias. En su segundo, tras
una lidia desastrosa, el toro llegó a la muleta sin una embestida que
ofrecer. Rafaelillo lo macheteó como bien pudo y, tras varios sustos más,
al entrar a matar el toro le tiró otro gañafón que lo hirió a la
altura de la oreja.. Tarde de sobresaltos para el torero murciano.
El segundo en recibir su confirmación fue el salmantino López
Chaves, que también paseó el anillo tras la faena al quinto
toro.Recibió con verónicas demasiado lejanas a su primero. Éste duró
poco, pero los muletazos que aguantó los acometió con nobleza.Aunque
dispuesto, López Chaves no terminó de aprovechar en su totalidad al
burel.
Tras complicar la vida a todo el mundo en los primeros tercios, el
grandón sobrero de Guillermo Acosta aportó transmisión y cierta
nobleza al ejercicio muleteril de López Chaves. En un par de series de
redondos, el trasteo llegó al tendido porque el toro enviaba ese recado
de emoción en sus embestidas y porque el torero consiguió que los
muletazos se sucedieran ligados y sometiendo al animal. Sin embargo, el
toro se paró pronto, quizás por su excesivo volumen, y la faena no
pudo terminar de crecer. La estocada casi entera con que lo finiquitó
le facilitó la vuelta.
El encargado de apadrinar tanto acto formal fue Alberto Ramírez.Lo más
brillante de su actuación aconteció en el inicio de faena al tercero
de la tarde, al que llevó en un ramillete de naturales de mano baja
bien rematados. Pero la faena sufrió demasiados parones. Un gran
muletazo en la serie posterior resultó lo más interesante de esta
labor. Cuando cogió la diestra el toro decidió pararse
indefectiblemente.
Con el que cerraba plaza apenas tuvo opciones porque el toro se paró
sin remisión hasta echarse.
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