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11ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del martes, 20 de mayo de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Mari Carmen
Camacho, (uno rechazado en el reconocimiento), impresentables, inválidos
y descastados; el 6º, devuelto y sustituido por uno de Navalrosal,
manso y brusco. El primero, de Antonio López, inválido y soso.
Diestros:
- Uceda Leal,
estocada caída (ovación); estocada (oreja).
-
Antón Cortés, cuatro
pinchazos y estocada atravesada (silencio); dos pinchazos -aviso-,
pinchazo y estocada (silencio).
- Serafín Marín,
casi entera trasera (ovación); pinchazo -aviso-; tres pinchazos y
estocada baja (ovación).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC
El País.
Antonio Lorca. Madrid
ya no es lo que era
La afición de Madrid está desconocida. O, mejor, desaparecida.
Madrid ya no es lo que era: la depositaria de una afición sabia y
exigente, una plaza en la que un triunfo era un pasaporte para la
gloria, en la que a los toros se les exigía trapío, y vergüenza y
conocimiento a todos los protagonistas del espectáculo.
Madrid, ayer, fue una verbena, una plaza de pueblo, una portátil,
una auténtica vergüenza para esta fiesta que algún día estuvo en
manos de gente seria bajo la vigilancia de una afición auténtica, y
que hoy está dejada de la mano de Dios y mantenida por un público
complaciente y festivo que lo aplaude y lo aguanta todo.
No es posible hacerlo peor. No es posible mayor burla ni más grande
ofensa a una tradición a la que están desangrando a borbotones entre
la desidia general.
La ganadería de María del Carmen Camacho no puede lidiar en Madrid
porque sus toros son sardinas. Los de ayer, impropios de una plaza de
primera categoría. Y si los toros los contrata la empresa, deben ser
rechazados por la autoridad. Pues, contratados y aprobados.
Inexplicable. Los toros, además, salieron absolutamente inválidos y
descastados, inservibles para la lidia. Y el presidente sólo devolvió
el sexto. Increíble. La lidia del quinto, moribundo desde que salió
por la puerta de chiqueros, fue un desprecio a la inteligencia.
Pero todo no acabó ahí. El público de Madrid, cansado quizá de
tanto despropósito, concedió a Uceda Leal una oreja barata, injusta e
impropia de esta plaza. Es torero serio y responsable y se esforzó
durante toda la tarde, pero su toreo no mereció un trofeo. Ocurrió en
el cuarto, el único que se mantuvo en pie y tuvo algunas embestidas por
el lado derecho. El torero, encimista y valeroso, consiguió algunos
redondos estimables y un largo pase de pecho. Pero su labor no tuvo carácter
de faena ordenada y de peso. La estocada fue buena y de efecto rápido,
lo que tampoco justificó la oreja. Pues Uceda la paseó sonriente, como
es lógico, mientas la fiesta se hundía un poco más. En su primero se
colocó muy cerca de los pitones y consiguió un derechazo y una
trincherilla. El toro no dio para más.
El lote de Antón Cortés fue una ruina de fuerzas. Pasó inédito
por Las Ventas. Y Marín volvió a demostrar un valor impecable,
especialmente en el sobrero, muy bronco y deslucido. El torero ganó la
partida porque impuso su técnica y pisó terrenos comprometidos.
Emocionó al respetable, pero todo lo echó a perder con un pésimo
manejo de la espada.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. La elegante superioridad de Uceda Leal
Uceda Leal marcó los tiempos, en corto.
Uceda vació el altivo viaje, con la mirada clavada en la misma cruz,
donde se hundió la espada hasta la gamuza. Pocas, muy pocas veces, se
ve en una plaza la rectitud del volapié de tan perfecta ejecución, un
auténticoa espadazo -a pesar del derrote al pecho- que alumbró esa
elegante superioridad que presidió toda su actuación. Sólo la
estocada, desnuda, sin más, hubiese merecido la oreja que unos pocos
protestaron, aficionados que se inclinan por el impactante atragantón a
topacarnero, a lo bruto, voltereta incluida y muleta por los aires a
poder ser. Pero además el momento de Uceda Leal en la cara del toro es
admirable. La colocación, el cite, la presentación del engaño,
amarrado por el centro del palitroque, la naturalidad y la clase de
siempre,la seguridad en terrenos comprometidos, la fibra ganada y
desarrollada, los dientes apretados cuando hay que apretarlos para
descararse con los pitones, incluso la energía de la voz. Todas estas
virtudes hay que valorarlas ayer, con un lote que no ofreció ni calidad
ni facilidades, que a las faenas redondas nos apuntamos todos corriendo,
como a los toreros cuajados.
El volapié al cuarto, al que había que llegarle mucho con la muleta
al hocico para que rompiese, culminó una faena básicamente diestra -a
izquierdas el toro se quedaba-, con derechazos cumbres, de mano baja y
pronunciados hasta donde la cintura quiebra, y algún que otro pase de
pecho de soberana ejecución. Faltó continuidad en las embestidas, y
eso que el pupilo de Mari Carmen Camacho quizá fuese el mejor, porque
el quinto apuntó clase en medio de su suprema invalidez. O sea que
imaginen los restantes, muy justos de todo, de presencia y fondo.
Uceda había salido airoso de la lidia del cinqueño que abrió
plaza, de Antonio López, musculado y con un velamen de órdago. A los
aficionados de Madrid nos descubre la empresa cada año hierros que no
se ven por ningún lado: ¿se acuerdan del famoso Ángel Sánchez?
Provocó con firmeza las arrancadas, imposibles y violentas al natural.
Sobró la última tanda, sin mucho, o ningún, sentido de la medida.
El otro protagonista de la tarde fue, otra vez, Serafín Marín, que
con su cara de quinto que no ha roto un plato se jugó la vida de nuevo
con un imponente sobrero de Navalrosal que no humilló ni para morir. Mérito,
muchísimo mérito, adquirieron los muchos minutos que estuvo en la
cara, muy cruzado, hasta que al final de la faena sometió al bruto en
una serie importantísima y un obligado de pitón a rabo sensacional.
Puso al gentío en pie con un depósito de valor para hacer diez
toreros, insisto, tragando lo indecible a izquierdas. Las manoletinas
sin espacio, inverosímiles, prepararon a la Monumental para el triunfo,
que se evaporó con la espada: el animal le esperó con la cara en las
nubes. Se sucedieron los pinchazos, una pena. Pero, ojo, que, a
contracorriente, demostró que como un toro le meta la cara con
transmisión... No sirvió el colorado tercero, lidiado con primor por César
Pérez, dando los capotazos justos, dándolos de verdad; una verónica y
media de Uceda destellaron en la lejanía.
A Antón Cortés no le prestó el personal atención con el tetrapléjico
quinto, que el presidente mantuvo ilógicamente. Cortés, entre un mar
de protestas, no perdió la concentración e hizo cosas que por las
circunstancias no se valoraron, aunque pecó de exceso de metraje. Como
con el infumable segundo, que sacó sentido por los dos pitones, no atinó
con los aceros.
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