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10ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del lunes, 19 de mayo de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Novillada picada
Ganadería: Novillos de Fuente Ymbro,
(uno rechazado en el reconocimiento) muy bien presentados, bravos y
encastados; al 6º se le dio la vuelta al ruedo.
Diestros:
- Raúl Velasco, seis pinchazos, casi entera baja -aviso-, tres
descabellos y el novillo se echa (algunos pitos); dos pinchazos,
casi entera -aviso- y un descabello (gran ovación cuando se cortó
la coleta).
- Luis Miguel Vázquez, estocada baja (pitos); dos pinchazos y un
descabello (silencio).
- Manuel Escribano,
estocada baja perdiendo la muleta (ovación); estocada caída
(silencio).
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC
El País.
Antonio Lorca. El
gran espectáculo de la bravura
¡Qué gran tarde de toros! El gran espectáculo de la bravura se
hizo presente ayer en Las Ventas de la mano de la ganadería de Fuente
Ymbro. Enhorabuena al ganadero porque la novillada fue de época por
presentación y comportamiento. Una auténtica corrida de toros que dio
un juego extraordinario en los caballos, acudió con alegría en
banderillas y embistió con codicia y acometividad en la muleta. Una
novillada brava y encastada que exigía toreros de una pieza. Una gozada
para los sentidos. Todos los novillos fueron largamente aplaudidos en el
arrastre, y sólo el tercero y el quinto bajaron en el tercio final.
Busque y anote el teléfono de este ganadero, por nombre Ricardo
Gallardo, quien quiera hacer una ganadería brava de verdad. Dicen que
tiene más de 300 vacas y 16 sementales. Es la hora, pues, de mandar al
matadero la cabaña brava española y comprarle vacas a don Ricardo.
Enhorabuena, ganadero, por los momentos tan felices que ayer vivieron
los aficionados. La tarde acabó entre el entusiasmo general con la
vuelta al ruedo del sexto y una cerrada ovación al mayoral de la
ganadería.
Pero, junto a la alegría, el drama. Tras la muerte del cuarto
novillo, Raúl Velasco salió muy decidido del burladero y se cortó la
coleta entre la sorpresa general. El chaval volvió cabizbajo al callejón,
pero la plaza, emocionada por el gesto, se puso en pie y le obligó a
salir para dedicarle una gran ovación por su gesto sincero. Acababa de
morir un novillo bravo y noble al que Velasco le hizo una faena
desordenada y vulgar. Un novillo con las orejas colgando que se encontró
con un torero de toscas maneras y con la ilusión por los suelos. En su
primero pasó, posiblemente, uno de los peores momentos de su vida. Y es
que le tocó en suerte un auténtico toro hecho y derecho que derrochó
casta y codicia para hacer una ganadería. Y Velasco, como la inmensa
mayoría de sus compañeros, no está preparado para semejante empresa.
Era mucho novillo para un torero moderno, y lo desbordó, lo arrolló, y
se hizo el amo de la plaza con insultante suficiencia.
Vázquez las pasó canutas ante el segundo, codicioso hasta el
cansancio. Con pocos recursos y la muleta siempre retrasada, el
novillero salió indemne del encuentro, lo que ya es un éxito; en el
quinto, el más soso de la tarde, se limitó a defenderse. Escribano
derrochó valor. Recibió a su lote a porta gayola, lanceó a la
verónica con decisión, pero en ambos bajó mucho el tono con la
muleta. Banderilleó muy bien al sexto, y se hundió en el tercio final
al no encontrar el camino a una embestida repetidora que exigía un
dominio y un temple de los que no hizo gala.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Un vendaval
de casta y viento,
Durísima prueba para los novilleros. Dura
por la casta de los serios utreros de Fuente Ymbro, por el vendaval de
embestidas y el vendaval de viento; dura por la evidente inclinación de
la plaza con el ganado, con razones la mayoría de las veces o sin ellas
otras; y dura por el tratamiento a tres noveles que fueron juzgados como
si fuesen figuras consagradas. A Raúl Velasco, que en un arranque de
desesperación se cortó la coleta, a Luis Miguel Vázquez y a Manuel
Escribano no se les olvidará esta tarde en sus vidas.
Prueba de fuego, prueba para haberla afrontado sin Eolo encabronado,
que al menos se hubiesen podido ver las carencias o virtudes de los
torerillos sin luchar además contra los elementos. No era poco trago
toda la carga de bravura para que encima soplase por todo el ruedo un
aire tremendo, terrible, despiadado.
Al final, saludó el mayoral, una vez que el cadáver del sexto
recibió el premio por el conjunto de jandillas, sin entrar en sus
propias características. Fue el cuarto el más completo con diferencia
sobre el resto, y el quinto, el más bravo en el caballo junto con el
tercero; el segundo manseó con genio todo y más -y murió en la misma
puerta de toriles-, pero ya entonces el personal había decidido que los
novillos resultarían los vencedores del encuentro, como sucedió luego
por su fortaleza, su empuje y movilidad, un espectáculo en sí mismo
que la gente disfrutó sin mirar ni siquiera un poquito por los tres
torerillos, que bastante tenían con tratar de lidiar. A muchos de los
que ejercen de matadores por las ferias de España nos hubiera gustado
verles con los novillos de Fuente Ymbro. Si saliesen corridas así, la
mitad del escalafón superior, a casa. Ya el otro día, con la corrida
de Cuadri, afirmamos que hoy en día ni público ni profesionales se
hallan preparados para bregar con la ley del toro-toro; ¡cuánto menos
una terna de incipientes chavales! Vendrán en días sucesivos
reconocidos nombres de neón con la mandanga, la tristeza, la desgana, y
se irán de rositas. Demasiado inclementes las condiciones, las
circunstancias y las exigencias de ayer.
Fue el cuarto, que ya se ha dicho, un novillo de Puerta Grande. Raúl
Velasco trató está vez de buscar el refugio del viento en los terrenos
del «1», y alguna vez se entonó, como en una tanda de derechazos o en
el final de obra. Hizo lo que supo o pudo. Insuficiente para la calidad
del enemigo, mas tampoco para asarlo, achicharrarlo a gritos y pitos,
que el joven no corrió, ni huyó, ni se encogió, aunque naufragase.
Del disgusto se cortó la coleta; los mismos que antes le abroncaron
entonces le ovacionaron caritativos.
El airazo no le permitió centrarse con su bravo primero bajo los
tendidos del «7», donde más rebrincado y a gusto se crecía Eolo. En
un par de remates de las series se le coló. Mucha tela para tanta duda.
Luis Miguel Vázquez se peleó con el vendaval y un manso geniudo que
lo trajo por la calle de la amargura. Todo le salió al revés. Ni una
verónica, que es su fuerte, ni nada. Tragó en los medios con las
broncas arrancadas, firme y sin tecnicismos, con una muleta que parece
demasiado pequeña. No importó que después de morir en la querencia
que siempre buscó recibiese el bicho una ovación. El quinto, muy en
hechuras, soportó tres puyazos con acometividad y entereza, con un público
a revientacalderas, entregado con su poderoso ser. La muleta flameaba
como las banderas, el toro repetía y repetía, sin que Vázquez lograse
embarcarlo y, por tanto, sin que nadie lograse ver el verdadero
recorrido del toro. La plaza era un clamor en apoyo del utrero, que no
paró de embestir, recrecido y dueño de la situación. Mucho motor y
escasas posibilidades para templarlo.
Escribano salió igual de malparado que sus compañeros. Acudió a
portagayola en los dos, banderilleó con escaso tino al tercero, bravísimo
en el caballo, y no tan notable como quisieron venderlo en la muleta,
especialmente por el pitón izquierdo, que lo voló en una voltereta
espeluznante. Tal vez fallase en la distancia en los derechazos. No
remontó, pese a que se justificó con los palos, con el sexto, que era
como una inagotable fuente, un tanto pegajoso, pero que aguantó un
fuerte castigo en el peto. Ya se escribió aquí una vez: Fuente Ymbro,
manantial de casta y bravura. A lo que hay que añadir hoy: mejor en
condiciones para tratar, al menos, de hacer el toreo.
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