GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

9ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del domingo, 18 de mayo de 2003
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería: Toros de Conde de la Corte, (uno rechazado en el reconocimiento) -2º, 3º y 4º, con el hierro de María Olea-, desiguales de presentación, mansos, descastados e inválidos; destacó el 4º por su movilidad.

Diestros: 

  • El Fundi,casi entera, perpendicular y baja (silencio); estocada baja (pitos).
  • Manolo Sánchez, cuatro pinchazos y un descabello (silencio); estocada baja y dos descabellos (silencio).
  • Dávila Miura, pinchazo y estocada trasera (ovación); estocada (silencio). 

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. Antonio Lorca. Brindis a Curro

Dávila Miura pidió permiso al presidente para matar a su primer toro y buscó con cara de despistado un rostro conocido en la barrera. La gente, que es muy lista, le indicaba "ahí, ahí", aunque el torero no había preguntado por nadie. Pero no se equivocaron. Buscaba a Curro Romero, que ocupaba una barrera del 10, para brindarle el toro. El maestro retirado, muy repeinado, con algunos kilos de más, enfundado en un elegante terno azul, se levantó sin mucha convicción mientras Dávila, embelesado ante el ídolo, le dedicaba un largo parlamento. Tras el brindis, una parte de la plaza le dedicó a Romero una sentida ovación de reconocimiento y cariño.

Fue el momento más torero de la tarde. Pues, cómo sería la corrida... Hombre, de recuerdos también se vive, y la figura de Curro -inmortalizada ayer en un azulejo en Las Ventas- evoca momentos mágicos que quedarán para siempre en la memoria del buen aficionado.

Dávila aprovechó las justas fuerzas del toro para pasarlo por alto con pinturería y abrochó los primeros compases con un excelente cambio de manos. Aún tuvo tiempo de pasarlo con la izquierda en dos largos naturales que ligó con el de pecho; pero, cuando quiso continuar, el toro se agotó y dijo que embistiera el torero. Unos ayudados garbosos pusieron punto y final a una entonada actuación que comenzó con una larga cambiada en el tercio y unas verónicas sin hondura pero ejecutadas con mucha decisión.

Se acabó el espectáculo. Punto y final.

Lo anterior y posterior no tiene más historia que un nuevo capítulo torista de invalidez, de bueyes de carreta, de decadencia absoluta y de unos toreros sin ilusión ni recursos.

Llama la atención cómo se guardan las formas en esta fiesta, cómo se mantienen leyendas y se dedican hipérboles inmerecidas, aunque la incontestable realidad sea más tozuda que las medias verdades. Legendario hierro del Conde de la Corte, decía ayer el programa de mano; reses de pura casta Vistahermosa, añadía la reseña de la ganadería. Pues será legendario y descenderá de uno de los troncos de la ganadería brava, pero lo que ayer se lidió en Las Ventas era pura basura ganadera por su falta de fuerzas, su ausencia de casta, de movilidad y de pujanza.

El Fundi, gladiador de antaño, apareció apagado y triste. Su primero no tenía un pase, pero quedó en total evidencia ante el cuarto, el único que se movió por ambos lados. Sánchez estuvo, pero no se notó; sin toros, pero muy precavido y con pocas ideas. Lo mejor, el recuerdo de Curro Romero. Quien no se consuela...


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Un toro dio la cara por la vieja casta condesa

De la vieja casta Vistahermosa poco ha sobrevivido a los años en los toros del Conde de la Corte. Aunque a la baja, un toro dio la cara por el legendario hierro. Uno o dos, si sumamos el encastado cuarto. Pero fue el tercero el más bravo de los seis condesos. Bravo y noble. Al fin y al cabo, en su lidia se condensaron todos los elementos positivos de la tarde. La brega de Joselito Rus, por ejemplo, medida, perfecta, con los capotazos justos. Para el primer par ninguno, y dos para los siguientes. Plata de ley en tiempos de baja cotización para el gremio.

El toro se había empleado en el caballo, sobre todo en un eterno puyazo, con la salida tapada innecesariamente, un duro castigo que luego le pesó a Eduardo Dávila Miura en la muleta. Probó las embestidas en un quite, y comprobó la obediencia y su calidad. Ya entonces sangraba a chorros, y, aunque midió mucho la otra vara, quizá ya fue tarde. Otra vez, metió la cara abajo y se durmió en el peto.

Brindó Dávila a Curro, que presenciaba la corrida en una barrera en un alarde de afición. Y después se salió para los medios, con un pase del desprecio. Presentó la izquierda, que se batía con el viento, y consiguió dos naturales de mano muy baja y el de pecho. El condeso se empezó a desfondar y a quedar, mientras el matador sevillano seguía firme al pie del cañón. Faena digna cerrada con unos ayudados por alto. ¿Por qué se perfiló en la suerte contraria para matar a un toro bravo? Pinchó, aunque en otro volapié agarró la estocada. Punto en boca. Fue ovacionado con fuerza en el tercio.

El otro representante del Conde que se salvó fue el cuarto, que acudió con alegría al caballo, aunque se escapó en cuanto pudo. El Fundi se lo dejó crudo, y, claro, cuando ya no se está para muchas batallas, pese a haber sido un profesional en estas lides, el riesgo era mucho. Qué difícil es el toreo. En menos de veinte líneas pasamos de decirle a un torero que se pasó de castigo para señalarle a otro que pecó de generosidad para con el toro, que se acordó de sus antepasados y repitió las embestidas, sin el mismo temple que su hermano, mucho más descompuesto y complicado. Cuarteó con los palos El Fundi, que clavó siempre con holgura, a cabeza pasada, y muleteó en abundancia, sin dominar y someter el fuelle que le atosigaba. Una vez que se descubrió, a punto estuvo de ser herido; el toro no perdonaba y se impuso al final con un derrote y un desarme.

El resto bajó mucho

El resto de la corrida bajó mucho. Bien presentada, menos el segundo, algo más escurrido de culata, suspendió el examen de la casta, bajo mínimos en los cuatro por contar. El que abrió plaza se escupió de caballos y capotes, sembrando un caos notable en el ruedo. Fundi pinchó con los palos, y el bicho, aun noblote, no se empleó nunca, con una embestida cansina y al paso.

Manolo Sánchez se llevó un lote aburridor. Flojo uno y sin recorrido otro. Con aquél, la cuadrilla naufragó con los rehiletes en un espectáculo ya nada inusual en esta feria. Y su matador, por cierto, se olvidó de su profesión en pinchazos timoratos.

Cerró la corrida un animal deslucido al que Dávila le hizo una faena que arrancó decidida y se volvió densa y voluntariosa en su transcurrir, un tanto perfilero en el cite y con la muleta oblicua en exceso. La plata de ley de Joselito Rus destelló ahora en banderillas.