GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

7ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del viernes, 16 de mayo de 2003
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería: Toros de Puerto de San Lorenzo en general bien presentados y descastados. El mejor, el sexto, noble. En quinto lugar, un sobrero de El Serrano, serio.

Diestros: 

  • Jesulín de Ubrique, en el segundo, media y un descabello (silencio). En el cuarto, dos pinchazos y el toro se echa (silencio).
  • Morante de la Puebla, en el tercero, seis pinchazos y tres descabellos (silencio tras aviso). En el quinto, dos pinchazos y estocada (silencio).
  • Iván García, en el primero, dos pinchazos y estocada (silencio tras aviso). En el sexto, pinchazo y estocada (oreja). 

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, ABC


El País. Antonio Lorca. La verdadera decadencia

La decadencia está en el toro. Es una perogrullada, pero conviene recordarlo de vez en cuando. Han acabado con el poderío, la casta, la fiereza, la bravura y todas las cualidades que algún día adornaron al toro de lidia. El de hoy es un animal enfermo, debilucho, inválido y manso, más parecido a la mula de carga que a la vaca que lo trajo al mundo.

De todos modos, la verdadera decadencia reside en la aceptación diaria del fraude por un público de feria indocumentado y benévolo al que han convencido de que debe abonar un dineral para ver a unos cuadrúpedos rodar por la arena y a unos señores vestidos de oro que hacen alardes de valor ante un cadáver. Este público es el primer defensor del sistema implantado por los taurinos y no duda en recriminar a quien se resiste ante la tomadura de pelo. Ayer, sin ir más lejos, mientras unos protestaban la manifiesta invalidez del primer toro de Morante, otros gritaban: "Lo que tienen que hacer es prohibirles la entrada".

A eso se llegará, sin duda si esta Fiesta continúa por los derroteros actuales. Pero no será necesaria la prohibición; se irán solos, perdida la ilusión y la esperanza.

Mientras tanto, deben aguantar tostones como el de ayer, protagonizados por toros de feas hechuras, inválidos, descastados e inservibles para despertar la más mínima emoción. A pesar de todo el público entusiasta aprovecha cualquier motivo para aplaudir, y otros, como la familia de al lado, para ponerse morados. Cuando el aburrimiento se apoderaba de la plaza, sus tres integrantes dieron buena cuenta de suculentos y hermosos bocadillos de jamón, una cajita de donuts y unas rosquillas bañadas en crema. El padre de familia coronó la gesta con un puro de aquí te espero. A ver quién es el guapo que convence a esta familia de que la Fiesta está en decadencia. Pero así es la vida.

La decadencia también se contagia. No hay más que mirarle la cara a los toreros: qué tristeza, qué aflicción, qué agobio, qué falta de inspiración... Cualquiera diría que Jesulín lo intentó después de su obligada ausencia. A su primer toro lo protestaron con energía por su manifiesta invalidez. El presidente resistió y el toro sorprendió a todos. Era una sardina, pero se movió con celeridad y pudo con Jesulín. Su faena resultó desordenada, desligada y sin hondura. Quiso arreglarlo en el otro, pero la falta de casta se lo impidió. Morante es la tristeza misma. Ausente, cansado y sin ideas, dibujó tres verónicas y su ingenio no dio para más. Muchas probaturas y más precauciones ante un lote de inválidos. Iván García cortó una oreja por su enorme decisión ante el sexto, el único que embistió. Es torero de buenas maneras, y banderillero fácil. Su éxito no redime a la Fiesta de la verdadera decadencia.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  Iván García confirma con éxito

El triunfo le sonrió a Iván García, que confirmó alternativa. Un éxito labrado con el toro de mayores posibilidades de un encierro manso de Puerto de San Lorenzo, con el añadido de un sobrero de El Serrano, deslucido. Una corrida en la que el mejor, por nobleza y humillación, fue el que cerró plaza.

El rubio torero madrileño es el último matador de toros de la Escuela taurina de Madrid. Hace el ciento uno, tras Matías Tejela. Iván cuenta tan sólo 19 años y algo más de un mes de alternativa. Muy nuevo, pero con una gran ambición, tuvo en suerte el mejor lote. Salió a por todas y, con los nervios más atemperados, consiguió salvar a última hora una tarde que transcurrió sin brillo. Esa luz del triunfo llegó con el sexto, un toro noble, que humilló, al que entendió perfectamente el confirmante. No se perdió en probaturas. En las afueras, con la derecha, dibujó una tanda en la que primó la ligazón. Luego, llegó otra mejor, bajando la mano y tirando muy bien del astado, aguantando en un férreo pase de pecho. En la siguiente el toro le protestó en el remate de una trincherilla. Con la izquierda tan sólo tragó en una serie de naturales con categoría. Pese a un feo pinchazo, cobró una estocada para ganar una merecida oreja.

Muy diferente en condiciones fue el primero. El toro de la efeméride, bien hecho, con nobleza y una gran calidad por el pitón izquierdo, no fue propicio para el éxito. A su mansedumbre se unió la falta de casta y el exceso de castigo. Suelto en los primeros tercios se paró en la muleta. Iván García completó el tercio de banderillas sin brillo alguno. Tras la cesión de trastos por parte del padrino -Jesulín de Ubrique-, Iván García realizó una labor porfiona, sin interés, con un astado tardo que no molestaba, pero con el que no saltó jamás la emoción. Para los amantes de las efemérides: Billetito, negro, marcado con el número 17 y con un peso de 538 kilos.

Jesulín de Ubrique pasó sin pena ni gloria. Mal con el manejable segundo, un precioso burraco. En las rayas, en lugar de en las afueras, se esforzó en un trasteo muy destemplado, con numerosos enganchones.

El cuarto, Joyito, más que joya, fue un pavo, alto, con mucha leña y manso. Jesulín -¡vaya director de lidia!- se hartó de dar capotazos por alto, sin ton ni son. Con la muleta, el animal embistió en una tanda. Luego, totalmente rajado, el de Ubrique no sacó nada provechoso. Mató muy mal.

Morante de la Puebla, con un mal lote, tampoco dio una buena imagen. El tercero fue una porquería. Descastado, manso, acometía cuando encontraba ventaja. En la muleta, gazapón. Morante no tuvo opción. Eso sí, a la hora de matar hizo de las suyas. Se marchó a Cuatro Caminos. Dio seis pinchazos, seis, y tres descabellos.

El quinto fue devuelto tras derrumbarse en varas. Morante se estiró bien a la verónica. Como sobrero saltó un jabonero de El Serrano, bien armado. Con éste le ganó la partida Iván García, en un ajustado quite por chicuelinas y una media parsimoniosa. Morante, con el ánimo justo, no logró nada positivo con la franela y mató con desconfianza.

Iván García convenció. El rubio torero, listo y con valor, confirmó que tiene madera para andar en el toreo.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Como una plaza de pueblo

Juraba en arameo un vecino de localidad. Juraba por sus antepasados. Juraba y juraba en falso, porque no daba crédito que esa plaza, su plaza, fuese Madrid. Ni por lo que acontecía en el ruedo ni por lo que escuchaba y veía en los tendidos. Aquella capea, esos supuestos profesionales deslidiando, los banderilleros de pares sobaqueros, los picadores de trituradores instintos, ese público de moquero fácil, pipas y «¡música!».

Madrid, qué fue de Madrid, del Madrid donde los toreros procuraban no dar un paso en falso, hacer las cosas conforme a los cánones clásicos de la tauromaquia, donde un matador de más de un millar de corridas, o incluso el más modesto, ya se cuidaba de no hacer el ridículo por no saber poner un toro en suerte, mover los caballos o desconocer el oficio.

Qué fue del Madrid donde los ganaderos se desvivían por traer una corrida pareja, rematada, lustrosa, y no una escalera de toros feos como la de ayer de Puerto de San Lorenzo, que la empresa nos coló.

El vecino de fila seguía jurando y casi se muere de infarto cuando la pañolada se extendió como un virus por los tendidos a la muerte del sexto para obsequiar a Iván García con una oreja cateta, barata, insustancial. «¡Una oreja!», fueron sus últimas palabras antes de partir cabizbajo y avergonzado por el espectáculo presenciado.

García, el hombre, le pone voluntad, hace de todo y no dice nada. Y de esa voluntad y esas ganas de agradar se enamoró el personal, hastiado de tanto aburrimiento. Banderilleó: tres pares por el pitón izquierdo y los tres caídos. Muleteó con proliferación por el pitón derecho, alguna vez con atisbos lejanos de profundidad, y un poco por el zurdo, antes de que el toro se rajase y muriera de un pinchazo y una estocada desprendida. Y cayó la oreja. Una oreja pueblerina, sin categoría, que la masa celebró contenta.

Iván García había estado digno en el toro de la confirmación, algo mejor con los palos, excepto en el que se le fueron al suelo. Muy abajo se vino el bruto en el tercio último.

Jesulín pasó por Madrid, o lo que queda de Madrid, como se preveía, de puntillas, entre voces y chuflas. Era la tarde marcada. A los que le esperaban con la escopeta cargada, el vareado y blando segundo les dio argumentos. Luego, hasta que puso al largo cuarto en suerte en el peto, se sucedieron tropecientos capotazos, porque le hacía hilo. Pero una y otra vez Jesulín se iba por la querencia del animal, con lo cual la situación se repitió hasta la desesperación. Desde entonces se movió rajado o a punto de hacerlo. La faena se desarrolló en los terrenos del «4». Una serie de derechazos y sanseacabó, que las tablas llamaron al bueyuno, al que le esperaba el adiós a la vida con un sartenazo en los bajos .

Morante esbozó cuatro flamenquerías con el basto y terciado tercero, que no se tapaba ni por la cara, y otras cuatro, dos verónicas barrocas incluidas, con el jabonero y noble sobrero de El Serrano, un colador tras su paso por las manos del piquero. Con la espada incrementó las precauciones. En el viejo Madrid lo hubieran «crujido»...