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5ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del miércoles, 14 de mayo de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de El
Ventorrillo, (tres rechazados en el reconocimiento), bien
presentados, flojos, nobles y dóciles; inválido el 3º y bravo y
rajado el 5º.
Diestros:
- Joselito, media
atravesada y perpendicular (algunos pitos); casi entera caída
(bronca).
- Fernando Robleño,
tres pinchazos sin soltar -aviso-, casi entera atravesada, un
descabello y el toro se echa (silencio); estocada (oreja).
-
Matías Tejela, que
confirmó la alternativa: estocada caída (ovación); pinchazo y
estocada (ovación).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, El Mundo
El País.
Antonio Lorca. Merengues
Los toros los vendían ayer en las pastelerías de la calle de Alcalá.
Toros de dulce embestida y noble condición, dispuestos para el triunfo.
Bien es verdad que unos más azucarados que otros. Almíbar derrochaba,
por ejemplo, el primero de Tejela; dos merengues le tocaron en suerte a
Joselito, y de encastada nobleza el segundo de Robleño, aunque rajado a
mitad de faena. Toros bravos y artistas de la casa Domecq con los que
tanto sueñan los toreros. Toros para el regusto, para el toreo relajado
y hondo; toros, también para la desesperación cuando el torero, por
pasividad o incompetencia, no dibuja el toreo.
De esto sabía mucho una abuela, entendida y exigente aficionada, que
se presentó en la plaza con su nieto pequeño dispuesta a enseñarle la
verdad de la fiesta. Pasó un mal rato la señora, vistió de limpio a más
de uno, a Joselito sobre todo, y disfrutó de lo lindo con las maneras
de Robleño y algunos pasajes aislados de Tejela.
Ella no entendía cómo a esos toros tan dulces no les hacían faena
todos los toreros, y se removía en el asiento viendo cómo el primer
toro se le escapaba a Tejela, que se fajó en unas ceñidas chicuelinas,
pero, después, se dejó enganchar repetidamente la muleta y todo quedó
en unos pasos de bella factura y muchos trapazos. Se emocionó cuando en
el último se estiró en unas bellas verónicas, pero perdió toda
esperanza al comprobar que el dulce toro, aunque de corto recorrido, se
iba con las orejas al desolladero tras una faena cargada de altibajos.
Con Joselito sufrió una profunda decepción. Por la mañana, había
cogido al nieto y ambos se presentaron en el hotel para saludar y
desearle suerte al matador. Cuando el público abroncaba al torero tras
la muerte del cuarto, la abuela cogió al niño por las hombreras y le
espetó: "¿Sabes lo que te digo? Que le retiramos el saludo".
La verdad es que no era para menos. Joselito estuvo muy desafortunado
con los merengues que le presentaron en la mesa. Precavido, sin sitio, a
años luz del torero poderoso de otras épocas, no es ni sombra de lo
que fue. Un misterio insondable el de este torero que se presentó en
Las Ventas desganado, se colocó mal en todo momento, despegado siempre,
apático y afligido. Cuando el público se lo recriminaba mientras
trapaceaba desconfiado a su segundo, el torero cortó por lo sano, cogió
la espada de verdad y la bronca fue de campeonato. Al final quiso
arreglarlo en el sexto con un quite del perdón por chicuelinas, bien
dibujado, ésa es la verdad, pero la abuela dijo que nones.
Disfrutó el nieto con Robleño -desordenado en su primero- ante el
noble y encastado quinto; tanto es así que insistió a la abuela para
tirarle la gorrilla durante la vuelta al ruedo. Y la abuela le
aconsejaba: "No, no, que éstos no te la devuelven". Pero el
chaval consiguió su propósito y a fe que el torero se lo merecía. El
toro, muy bravo en el caballo, galopó en banderillas, puso en apuros al
cuerpo de subalternos, especialmente a Luis Miguel Calvo, que se libró
de la cornada por auténtico milagro. Lo citó Robleño por estatuarios
ajustados y tres pases de la firma que supieron a carteles de toros. Era
toreo de verdad. Siguió por derechazos enjundiosos y un auténtico
trincherazo. Pero cuando más feliz estaba la abuela, el toro se rajó.
Quiso entonces enmendarlo Robleño sacándolo infructuosamente a los
medios. Se tiró a matar como un león y la abuela sonrió feliz cuando
el nieto volvió con su gorrilla.
El Mundo. JOSÉ LUIS VADILLO.
El príncipe destronado
¡Cómo caen los mitos en Madrid! Siempre ha público dispuesto a pasar factura a las figuras de antaño, ahora que lo son sólo en los carteles. Y con qué rapidez hay jóvenes matadores dispuestos a ocupar su lugar. Joselito, Fernando Robleño y Matías Tejela son los protagonistas hoy de esta historia repetida tantas veces, eterna en realidad.
José Miguel Arroyo anda con el ánimo decaído, con el espíritu torero cojo. Tanto, que se ha clavado rodillas en tierra para recibir con una larga cambiada a su primer astado. Un gesto inusual en él que lo delata, que explica hasta qué punto comprende José que debe mejorar, incluso en su actitud en el ruedo.
Sus dos enemigos le han permitido poco, es cierto, pero sí algo. Y Joselito no ha hecho más que enfadarse con el público, consigo mismo y con el mundo, como el Joselito de las peores tardes.
El mayor candidato de la tarde para ocupar el puesto del príncipe destronado era Matías Tejela, otro madrileño que confirmaba la alternativa. Ha dejado buena impresión, sin duda. Su primera faena ha sido de menos a más, con una buena tanda de derechazos. En el toro que cerró plaza, comenzó acelerado, con prisas por triunfar, y finalizó incluso algo apagado, tras unos naturales de mérito.
Quien estaba, a priori, fuera de lugar, era Fernando Robleño. No son estos los toros que acostumbra a lidiar, pero ser ha convertido en el triunfador a base de tesón, conocimiento de los terrenos y todo el arte torero que atesora, que es limitado.
Robleño ha recogido los frutos de una labor precisa en el quinto, un ejemplar de estampa espectacular y pitones de infarto. Buenas tandas con la derecha, ligadas y templadas, con trincheras como remates. Al final, una lucha imposible con el toro totalmente rajado. La estocada, volcándose sobre los cuernos, ha sido decisiva.
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