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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 13 de abril de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Fermín
Bohórquez (nobles y faltos de fuerza).
Diestros:
Entrada: un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa: ABC, El
País
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Toros y toreros se
inspiraron al ritmo discontinuo de la lluvia
Todos los elementos se confabularon sobre
Ventas, su puente, la plaza. Un viento huracanado arrastró las nubes
negras, una lluvia débil que se creció, a rachas, durante la tarde.
Toros y toreros se inspiraron al ritmo discontinuo de las ráfagas
inclementes del tiempo, y todo se empapó de esa carencia de
continuidad. La corrida de Fermín Bohórquez no mantuvo un tono parejo
en su comportamiento, aunque cumplió. Pasó de una primera parte floja
y noble, casi chochona, a una segunda mitad de mayor motor y fortaleza
de pies, incluido el manso y avisado cuarto. Éste y un inválido,
incapaz de desarrollar su bondad diestra, compusieron el lote de Dávila
Miura.
A ratos, Alfonso Romero y Rafael de Julia encontraron la veta que les
llevó a sonar, apenas un par de temporadas atrás, entre la afición y
el mundillo taurino. Desde entonces la suerte les sonrió mellada y
sobrevinieron los altibajos, la desconfianza de los empresarios y de sus
propios mentores, y tal vez la de ellos mismos con su ánimo.
Hace ahora un año, o al menos era también Domingo de Ramos pero sin
tanto paraguas, se cometió un «crimen» con Alfonso Romero, que traía
las esperanzas casi intactas de un buen concepto del toreo: Casas &
Patón, sus apoderados, admitieron una gigantesca corrida, casi pasada
de edad, atacada de kilos, de los Chopera, comprada para la «ocasión»
por los Lozano. Un auténtico despropósito. Ahí arrancó una cuesta
desmoralizante, el ocaso de un torero que apenas había despertado.
Entre unos y otros nos hemos encargado de hacer de la Fiesta una fábrica
de toreros cojoneros e impersonales que corten orejas todas las tardes.
Como churros.
Romero dice algo distinto, desde una dicción que a veces parece frágil,
pero que merece la pena proteger. Las verónicas aquéllas se trajeron
envuelto en aires caros el volumen un tanto basto del bohórquez, todo
apariencia: la potencia no acompañaba tanta carrocería. Sangró lo
justo en el caballo,para que después el pelirrojo matador murciano se
fuese acoplando hasta cuajar una tanda de redondos espléndida y
sentida. Fue el cénit de la faena. La siguiente serie sólo se igualó
en el remate de los soberanos de pecho; el paso por la izquierda, el
peor lado del toro, breve y discreto, antecedió a un nuevo amago de
despegue por derechazos y a unos elegantes ayudados por bajo del final.
La colocación rinconera de la espada provocó algunas protestas en el tímido
saludo.
El muy armado quinto sacó más transmisión. Todo lo que aconteciese
tendría importancia. Afortunadamente, obedecía y humillaba, porque ese
pronto inicial de violencia podía equivocar. Alfonso Romero le tragó a
derechas, y descubrió el más largo viaje del pitón izquierdo, por
donde bajó la mano, dejó la muleta en la cara y empalmó una tanda
notable que conectó con los tendidos. A partir de ese momento, la
inspiración, la lluvia que iba y venía, el toro, la falta de
contratos, no se sabe a ciencia cierta qué ocurrió para que nada fuese
igual. La estocada hizo guardia y terminó por aguar la cosa.
No se ve fácilmente a dos matadores en una misma tarde mover bien el
capote -a la verónica, ojo, que por moverlo lo mueven hoy día hasta más
de la cuenta-. Pues, un Rafael de Julia muy decidido siempre cargó la
suerte en los excelentes lances de recibo y volvió a dibujar una verónica
cruzada en un quite que se desdibujó solo. Medido el castigo en varas,
embistió el murube jerezano a cámara lenta, sin maldad ninguna. Había
hasta que esperarlo a veces, tocar en el instante oportuno, pero sin
tirones. La obra resultó fiel a la tarde en su discontinuidad, en
alguna ocasión por culpa del viento. Mas pasajes hubo a cámara lenta,
bien concebidos y ejecutados, como los ayudados por alto postreros. Los
aceros, como en el sexto, de otra vibración más intensa, le
traicionaron.
El País.
MA. CUADRADO. Nobleza
no correspondida
Llovía cuando arrancó el paseíllo. Salió el primer toro y se
desató el aguacero. En castizo se diría que jarreó agua de lo lindo.
Después remitió la lluvia, que estaría toda la tarde como jugando al
ratón y al gato. Al igual que el astro rey, que tanto en el cuarto toro
como en el sexto salió para iluminar durante breves instantes los altos
del tendido del seis. Y mientras tanto iban saliendo toros nobles, que
blandeaban más de la cuenta y que, en definitiva, no serían
correspondidos del todo por la terna, que ayer, domingo, en Las Ventas
no terminó de inspirarse.
Los toros de Fermín Bohórquez carecieron de casta brava; de
acuerdo, pero tuvieron en sus astas, de desigual configuración,
embestidas incluso dulces, en buena parte desaprovechadas por los
espadas de turno.
Dávila Miura recibió a su primero con una larga cambiada de
rodillas, muy arrimado a tablas. Y una vez recobrada la sagrada
vertical, lanceó con apuros al bonito toro de Bohórquez, que le apretó
más de la cuenta y no acertó a fijar a base de temple y mando. Arreció
entonces el agua llegada del cielo, y comenzó Dávila su faena de
muleta al son del líquido elemento, y de un pintón derecho bonancible
del que no logró sacar partido. En su segundo, que se rajó en el último
tercio y se puso a la defensiva, estuvo justificado tan breve trasteo,
que se le agradecerá.
Romero, frío y elegante
Alfonso Romero saludó a su primero con verónicas de excelente vuelo
por el lado izquierdo, y con la muleta nos brindó unas pinceladas de
exquisito gusto, que no calentaron, en una faena que no acabó de
cuajar. En su segundo llegó como a despertar cuando se echó la muleta
a la izquierda, sin acabar de romperse. Tan frío como elegante en todo
su hacer a media luz.
Rafael de Julia hizo lo más acabado y artístico del festejo en su
primero, al saludar de capote con verónicas limpias, muy templadas, la
cintura acompasada al corazón torero, una corta sinfonía de percal.
Después, con la muleta intercaló el buen gusto, los enganchones y
algunos muletazos tan templados que nos dejaron con las ganas, muy a
nuestro pesar, de ver una faena maciza, rotunda y ejemplar. En el sexto
reunió muy bien banderillas Pedro Vicente Roldán, que tuvo que
saludar. A ese ejemplar vareado de Bohórquez, Rafael de Julia le buscó
el temple y la gloria mientras embistió, hasta que se fue parando, tal
cual nuestra breve esperanza lluviosa e intermitente. Una esperanza que
no fue colmada, queremos decir satisfecha
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