GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

3ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del lunes, 11 de mayo de 2003
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada picada

Ganadería: Novillos de La Quinta, bien presentados, encastados, sosos, deslucidos y parados en el tercio final; bravo el 5º.

Diestros: 

  • Luis González, casi entera tendida y un descabello (silencio); estocada caída (algunos pitos); pinchazo y casi entera (silencio).
  • Salvador Cortés, estocada trasera (algunos pitos); estocada caída (silencio).
  • Manolo Martínez, media estocada y un descabello (silencio).

Entrada: tres cuartos.

Incidencias: Manolo Martínez sufrió herida por asta de toro en el tercio superior de la cara posterior del muslo derecho con una trayectoria ascendente de 12 centímetros, sin afectar a los músculos de la zona. Luxación de hombro derecho. Pronóstico menos grave.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. Antonio Lorca. La casta ¡ay la casta!

Andaba Manolo Martínez muy afanoso tratando de llevar a su primer novillo al caballo cuando, en el último recorte, resbaló y cayó en la arena. El animal lo vio por el rabillo del ojo, se volvió como una exhalación, y lo buscó con rabia desatada. El chaval de Córdoba dijo aquello de pies, para qué os quiero, y corrió como un gamo. Pero lo alcanzó, vaya que si lo alcanzó, y lo volteó sin compasión.

Acababa de salir el tercero, un bueno mozo con pitones como alfileres, y Cortés se dispuso a capotearlo. El animal se fijó el corbatín y no se lo quitó de milagro. El susto fue de órdago.

Así se las gastaron los novillos de ayer. Todos derrocharon casta y acudieron a los caballos con mayor o menor genio, a excepción del cuarto, muy fijo y con pujanza. Ninguno se dejó capotear y todos presentaron muchos problemas en la muleta. Presos de insoportable sosería, se paraban a mitad del muletazo y decían a usted lo conozco yo de algo, y ese usted, novillero a la sazón, debía actuar con rapidez y retirarse del encuentro porque la cogida se presagiaba inminente.

Vaya por delante que los novilleros estuvieron mal, pero los novillos no merecieron el favor recibido del público. La casta debe llevar implícita la codicia y una buena dosis de bravura y nobleza para que sea posible el arte de torear. Y esos novillos de sangre Santa Coloma ni fueron bravos, a excepción del cuarto, ni conocieron en su vida la nobleza; sólo muchos pies y picante agresivo.

Claro que, por otro lado, estos novilleros de hoy no están preparados para novillos de este tipo. A ellos les enseñan a torear a un novillo artista, pero no a un desaborío con mala uva. Pero, ¿acaso algún destacado miembro del escalafón de matadores actual hubiera triunfado con estos novillos? Quede la duda en el ambiente y la sospecha de que todos huyen de hierros de este tipo como gato escaldado.

Lo cierto y verdad es que los chavales pasaron un mal rato y, lo que es peor, echaron un borrón sobre sus incipientes carreras. Los tres son valientes y a fe que se dejaron llegar los astifinos pitones hasta las mismas taleguillas. Ninguno de ellos es un exquisito, y eso también se nota. A veces, demasiado, y ése sí que es un problema. Sobre todo, cuando el tendido aplaude emocionado a los novillos y el torero mira hacia arriba incrédulo y con cara de no entender nada.

Luis González tuvo que matar tres novillos por la cogida de Martínez y sólo pudo decir que está placeado, que maneja con soltura el capote a la hora de bregar y que se gusta poco con la muleta en la mano. Dio muchos pases, como es habitual en la novillería andante, y ninguno bueno, lo cual también es pecado general. No se coloca bien, desplaza los novillos hacia afuera y su toreo es mudo. Sus novillos, también es verdad, una birria de marca mayor.

Valiente de verdad es Salvador Cortés. Se ciñó por gaoneras muy ajustadas en el que abrió plaza y por chicuelinas en su primero. Con la muleta no conoce la exquisitez, pero destacó en una tanda de naturales a pies juntos, y en el inicio de faena al quinto, al que recibió en los medios, derecho como una vela, con un emocionante pase cambiado. A ambos los mató por derecho, con enorme fe, aunque la espada cayera defectuosa en ambos casos.

Y Manolo Martínez poco pudo hacer, más que aguantar en el ruedo tras la paliza del listo que lo persiguió con saña. Muy andarín y soso en el tercio final, no permitió descubrir si en Martínez hay o no torero para el futuro.

Y dos apuntes artistas: los subalternos Curro Javier y José Chacón saludaron tras unos emocionantes pares de banderillas. El picador José M. Romero hizo bien la suerte ante el cuarto.

Si los toros actuales derrocharan la casta agresiva de ayer, el escalafón trabajaba en los albañiles. La casta, ¡ay la casta!


ABC. ZABALA DE LA SERNA. La Quinta, aun lejos de su mejor momento, superó la monotonía de los novilleros

Los novillos de La Quinta, aun lejos de sus mejores tardes, superaron la monotonía conformista de los novilleros. El personal se inclinó manifiestamente por los utreros santacolomeños, obviando no pocos matices y salvedades que se escondían en su incansable movilidad y en unas embestidas pastueñas en apariencia; donde sí se armó de razones fue ante la actitud de los noveles, reiterativos hasta la saciedad. Su toreo se repetía como el ajo, como una letanía impersonal, como cibernético, querido Parada.

A Manolo Martínez se le disculpa, pues lidió con una cornadita sin hacer gestos o aspavientos. Perdió pie y capote al poner en suerte al tercer pupilo quinteño, que le hizo hilo hasta los medios en una huida salpicada de puntazos y derrotes en las caras posteriores de los muslos y donde la espalda se bifurca en glúteos.

Sonó mucho el estribo en las dos varas; entretanto, Luis González se pasó muy cerca los puñales de las astas en unas gaoneras más próximas a la mariposa de Lalanda por su movida interpretación. Presentó muchos problemas, ya durante la brega, que no fue ejemplo de nada. Y mantuvo la tónica en la muleta, sobre todo en las coladas que se sucedieron por el pitón izquierdo. Martínez terminó como empezó, por bajo. De ahí pasó a la enfermería, acrecentado el corinto de la taleguilla con el rojo de la sangre.

Así que Luis González se apretó un novillo más. A González se le vio avezado en las lides de lidiar. Recogió al suelto primero en el capote con aire de buen bregador, un tanto agachado, y luego lo lució en el caballo. Se ciñó por chicuelinas ajustadísimas, a las que replicó Cortés con gaoneras de mínimo espacio. (De gaoneras y chicuelinas, sobre todo de éstas, hubo empacho).

Pero en la muleta la conexión no surgió con aquellas embestidas nobles y sin celo que se perdían al final de los pases con la carita a media altura, muy en santacoloma ido, que, ojo, ganadero, de esto, algo o mucho, tuvo la novillada. González puso técnica, no alma, y así es imposible.

Al cuarto lo ovacionaron en el arrastre, con la memoria puesta en las tres veces que se arrancó al caballo con bravucona alegría, olvidando que de los tres encuentros salió de naja; la suerte de varas la interpretó Romero con suma torería. La faena resultó un amontonamiento de muletazos a un cúmulo de embestidas sin continuidad.

Ante el sexto destacó otra vez el concepto de lidiador de Luis González, pero por mucho que trató de hacerle las cosas por bajo no logró limar las embestidas altas, altísimas, del complicado santacoloma, que elevaba sus pitones al corbatín. González, por cierto, por equilibrar su línea de muletero gris, es un resolutivo estoqueador.

Salvador Cortés se enfrentó al mejor novillo de la tarde, que fue el segundo. Cayetano Tirado picó bien -la tarde en el plano de subalternos es reseñable- y su jefe de filas quitó por chicuelinas, ¿les suena? «Chocolatinas» les llamaron en una época; camino vamos. La labor muleteril, desigual y larga, halló en una tanda de naturales a pies juntos el momento destellante. Había que bajar mucho la mano, algo que no siempre ocurrió. Mediada la faena, perdió el sentido de la medida, queriendo suplir con cantidad la inalcanzada calidad. Embistió hasta el fin por bernadinas el buen utrero.

En el quinto, Chacón arrancó con los palos las únicas ovaciones de la lidia. Cortés no rompió su fría imagen con una obra de igual corte a la anterior; el novillo mereció más.

Parte facultativo: Manolo Martínez sufre una «herida en el tercio superior, cara posterior, del muslo derecho con una trayectoria de 12 centímetros, no afectando músculos. Luxación acroneoclavicular de hombro derecho que se infiltra, pendiente de estudio radiológico. Pronóstico menos grave».