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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del sábado, 11 de octubre de de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Puerto
de San Lorenzo, desigualmente presentados e inválidos. Primero,
sobrero de los Derramaderos, devuelto; segundo sobrero de los
Derramaderos; cuarto sobrero de Alcurrucén, bronco; quinto, sobrero de
Palomo Linares, peligroso.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada
Crónicas de la prensa: El
País, ABC
El País.
MA. CUADRADO. Intolerable carrusel de
inválidos
Que desastre de corrida. Vaya numerito de fiesta brava de la emoción
y el arte. Los toros por el suelo, el prestigio del espectáculo en las
catacumbas. Es intolerable contemplar ese desfile de inválidos del
Puerto de San Lorenzo, así como de los sobreros de Los Derramaderos.
Esto no hay quien lo aguante ni corazón de aficionado que lo soporte.
Claro que de esta manera se cargan este tinglado. Hoy más que nunca con
esta farsa eterna, con tal fraude de toros blandos, descastados y
sobrados de vete a saber qué alimentos malignos. Porque si no es así,
que comen cosas chungas, cómo es posible tal mierda de toros. Quitan la
afición hasta el lucero del alba, que no se la culpa que tiene el pobre
en este numerito.
Luis Miguel Encabo paró a su primero, suave de ánimos, al que lanceó
con maneras, y luego pasó de muleta por el pitón derecho sin obligar,
pulcro y técnico, sin poder decir nada, pues nada decía el toro. Le
devolvieron el cuarto del Puerto a Encabo y le salió un sobrero de
Alcurrucén que nada más catarlo se puso a canturrear su mansedumbre, a
mirar y comportarse como bronco e innoble. Probó el dulce amargo, tan
ácido al fin, por los dos pitones y enseguida decidió machetear e irse
a por la espada, que manejó con poco acierto, pues se lió a pegar
pinchazos y no encontraba el momento de terminar.
Juan Diego tuvo que parar hasta cuatro toros, ya que le fueron
devolviendo, en medio de una protesta fenomenal, era insoportable tanta
estafa, su primero, y después otro toro del Puerto de los demonios, y
un tercero de Los Derramaderos. De esta ganadería probó de muleta, una
pena ante la blandura manifiesta, los dos pitones con suavidad y sin
emoción posible. El quinto y sobrero de Palomo Linares, le propinó una
voltereta al tercer lance de saludo, y quedó tendido de mala manera
sobre el albero. Se incorporó y continuó la lidia. Pero dado el
peligro del toro, poco pudo hacer en la faena de muleta. Al final pasó
a la enfermería, en donde le apreciaron una contusión y ligera conmoción
cerebral de pronóstico reservado.
Serafín Marín procuró templar al tercero, que no aguantaba ni un
alfiler en su piel de toro manso, y nada de interés consiguió. Sin
embargo en el sexto, que tuvo bondad y mantuvo la vertical, aunque
llegara a perder las manos varias veces, le cortó una oreja al
conseguir lances sueltos de templado trazo, y unos naturales de frente
en su trasteo de muleta, de uno en uno, tal vez exquisitos, que el santo
público celebró después de una tarde aciaga, inverosímil, para
despotricar sin parar de ganaderos y taurinos. Es de contar que Serafín
Marín cobró una estocada al primer encuentro, de excelente ejecución,
que merecía la oreja sólo por esa forma tan torera de volcarse sobre
el animal.
ABC. SUAREZ GUANES. Serafín
Marín, como una vela de luz intensa en un oscuro largometraje
Como una aparición en la noche cerrada,
en el tramo último de la oscuridad de un largometraje de toros tullidos
y sobreros esperpénticos de negras ideas, como una vela de luz intensa
se apareció Serafín Marín, envuelto en seda de perlas. Marín, en el
son de su templada actuación en Zaragoza, escribió un mensaje por
naturales y apuntaló la sensación que con sus altos y bajos, frutos
todavía de inmadurez y precipitación estratégica, ha transmitido
desde San Isidro: que además de valiente sabe torear.
Hace unos días, en visita devota a la Virgen del Pilar, hallé en
los vuelos de su capote, en los del espigado catalán, claro, las verónicas
más lentas del año. Tanto que Ernesto González, subido del rincón de
El Puerto, y yo las brindamos. Ayer poco faltó para que igualase
aquella calidad con serenos lances de saludo al sexto y una media verónica
de categoría. A estas alturas de la corrida debía de ser S. M. el único
que veía con nitidez para irse al platillo y ofrecer al respetable la
futura obra. El principio desprendió templanza, que no le sobraban las
fuerzas al último representante de los hierros Fraile que se lidiaba en
2003 en esta plaza, y esperemos que por tiempo. Dio larga distancia,
sobre la derecha, con buen aire, pero en cuanto obligó la embestida se
le fue al suelo. Sería al natural la cumbre: una serie con medio compás
abierto, reunidos los muletazos, antecedió a dos a pies juntos en la
que los buidos pitones lamían las espinillas tras un trazo limpio,
caro, terso. Joder con el quinto despistado. Unas manoletinas sin
espacio y una estocada hasta la bola le entregaron una oreja de oro que
le sitúa como nombre a tener en cuenta para la próxima campaña. No
había durado nada el tercero, al que sólo le ensayó verónicas.
Encabo estuvo en torero con el que descorchó la infame tarde. Le
faltó a la faena la chispa del toro, de noble pitón derecho, lado por
el que se abría con holgura, hecho que los listos de turno aprovecharon
para censurar la colocación del diestro, que ligaba sin rectificar. Al
malísimo sobrero de Alcurrucén lo asó a pinchazos.
Al pobre Juan Diego todo se le torció. Le devolvieron el segundo.
También el segundo bis, corrido el turno. Y ya se tragó un espantoso
sobrero de Núñez, un uro, rechazado por el pañuelo verde. Y otro, de
nuevo de Los Derramaderos, que se desplazaba a topetazos. Y todavía
puede dar gracias a Dios de que el suplente de Palomo que hizo quinto no
lo masacrara en el volteretón de salida.
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