GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

2ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del domingo, 11 de mayo de 2003
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería: Toros de Hernández Pla, bien presentados, excepto el primero, muy justo; astifinos, bravucones, flojos, sosos, descastados y deslucidos..

Diestros: 

  • Oscar Higares, media caída perdiendo la muleta, cinco descabellos y el toro se echa (silencio); casi entera delantera y atravesada y seis descabellos (pitos).
  • Canales Rivera, pinchazo, pinchazo hondo perdiendo la muleta, un descabello y casi entera (silencio); dos pinchazos y bajonazo (silencio).
  • Gómez Escorial, dos pinchazos (división de opiniones); cinco pinchazos -aviso- y tres descabellos (silencio).

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, ABC


El País. Antonio Lorca. Mala, malísima

En dos palabras: mala, malísima. Así fue la corrida que se lidió, es un decir, ayer en Las Ventas de la ganadería de Hernández Pla. Se la esperaba con expectación tras el triunfo del pasado año, pero, amigo, cualquiera echa un borrón. Claro que el ganadero echó seis, que son muchos para una corrida. Preciosos de lámina, eso sí, bravos algunos en el caballo, también, pero flojos, distraídos, sosos, descastados, parados, correosos, deslucidos... Salió hasta un hermano del famoso Guitarrero, pero resultó ser el garbanzo negro de la familia. En fin, un fracaso en toda regla; una decepción ante unos toros de imponente arboladura, pero ayunos de casta y de codicia. Mucha fachada, pero nada de nada.

¿Y los toreros? Pues hoy es un día para poner a caldo a los toreros. Para empezar, no torearon, luego lo de toreros... Y tampoco mataron, luego lo de matadores de toros... Pero tampoco sería justo olvidar sus circunstancias: en primer lugar, se enfrentaron a una ganadería que no quiere nadie -no había más que ver el cartel-, y, después, se pusieron delante de unos toros duros, correosos, que se frenaban en los capotes, desparramaban la vista y buscaban el bulto para abrirlo en canal; toros que se vinieron abajo, miraban al tendido entre pase y pase y se paraban para siempre.

Lo dicho, sin embargo, no debe sonar a justificación. Ellos saben mejor que nadie el puesto que ocupan en el escalafón y el que van a seguir ocupando a partir de hoy. Si no se engañan o los engañan, saben que con actitudes como las suyas nunca alcanzarán la gloria soñada.

Los tres se fueron a la puerta de chiqueros en sus primeros toros, y Gómez Escorial, en los dos. Pues ninguno llegó a dar una larga cambiada, que también es casualidad. Higares aguantó impertérrito la mirada de su primero y salió como pudo del encuentro; Canales se tiró a la arena para evitar ser atropellado, y Escorial sufrió, primero, una voltereta de espanto de la que salió milagrosamente ileso, y también se tiró en plancha en el otro. En suma, mucho valor, pero ni un capo-tazo.

Con el percal, nada para el recuerdo. Higares intentó lancear al que abrió plaza y le fue ganando terreno -el toro, claro- de tal modo, que, si no se sale, lo estampa contra las tablas. Un quite moderno por navarras de Canales, y unos capotazos que querían ser verónicas de Escorial en el último.

¿Y la muleta? Brilló por su ausencia, ésa es la verdad. Higares parece no querer verla porque ha perdido el sitio y la ilusión. Desganado, apático, con pocos recursos, mal colocado, estuvo por allí como el que lleva el carro de la mezcla en una obra. Sus toros no valían nada, pero en Madrid y sin corridas, se espera otra actitud.

Por ejemplo, la de Canales, porfión, valeroso, con interés, pero su toreo no es de oro, precisamente. Lo intentó por la izquierda con gallardía en su primero, y todo quedó en un quiero y no puedo ante su soso lote.

El más decidido, Escorial, con ganas de ser torero, pero con ciertos reparos. Al tercero, una buena tanda de derechazos, un natural largo, tres trincherillas, unos ayudados, y no fue capaz de poner Las Ventas boca abajo. Mala señal. Se colocó bien en el otro, que fue bravo en el caballo y una birria al final.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Esperando a «Guitarrero»

Esperando que apareciese otro «Guitarrero» como el de la pasada isidrada acudió la gente a la plaza. Y esperando a «Guitarrero» se fue la tarde y se fue la gente, sin que «Guitarrero», claro, apareciera. Bueno, «Guitarrero» de nombre hubo uno, pero nada que ver con aquél que barría la arena con el hocico a rastras, codicioso y encastado, de hace un año.

Pretendía ser ésta una crónica amable para José Antonio Hernández Tabernilla, que lidiaba como propietario de Hernández Pla por última vez, a nada que las cosas hubieran rodado. Mas la corrida no hay por dónde cogerla. Ni siquiera en una presentación homogénea, que pasamos del fino y entipado hasta los límites primero al más basto cuarto o al último, precioso de lámina y hechuras. Éste, por juego, se despegó de los demás. Porque humilló más y se desplazó en la muleta hasta el final de los pases, aun al paso y muy despacio, quizá castigado en exceso en el caballo. Pero el resto no rompió. Ni por asomo. Medias arrancadas, distraídos, gazapones, descastados...

Gómez Escorial destacó sobre sus compañeros con el mejor lote, o el menos deslucido, y también porque estuvo generoso en las distancias. A portagayola se plantó como aperitivo de su actuación. Higares y Canales ya habían pasado por el mismo trance, comprobando como los toros se frenaban o se revolvían con peligro. En el caso del barbateño se evidenció que las cuadrillas ni desde el burladero del «4» ni desde el del «1» llegaban a tiempo al quite; por eso El Boni se parapetó tras la barrera del «3», profesional y previsor. Efectivamente, Ángel Gómez Escorial sufrió el parón y el atragantón. Cuerpo a tierra y el toro que se regresó sobre su ida, pisoteándole el cuerpo. Milagro que no atinara, cuando los santacolomas se caracterizan por su certeros derrotes; milagro el capote de Boni, que apareció cual ángel de la guarda. Se levantó dolorido de una rodilla, que no fue impedimento para que se doblase con él en el prólogo de faena, con un cambio de mano notable. La muleta la abandonaba el toro con la vista perdida en lontananza, despistado, con la cara alta. Noble sí que fue, pero se escupía de los pases, sin continuidad. El madrileño fue generoso en la distancia de los cites, y estuvo por encima, con algún pasaje sobre la mano izquierda ilusionante. Le encontró bien el sitio; sin embargo, ese querer alegrar y ayudar permanentemente al enemigo, por si con metros de por medio se desplazaba más tras el trapo, confundió a muchos, que ovacionaron sin justicia al toro en el arrastre y protestaron la salida al tercio del torero. Si algo cabe reprocharle es esa regularidad en la irregularidad con la espada: ataca la suerte demasiado en largo. Por cierto, que Pablo Saugar «Pirri» se ganó el sueldo en la brega.

Belleza cárdena

El último, después de mucho esperar, era una belleza cárdena clara, ojinegro, fino de cabos, un poco apablorromerado pero menos chato. De nuevo se postró a portagayola. Esta vez se libró con bien y lanceó afanoso. Pero no midió el castigo, excesivo para la justa fortaleza del toro, que se dormía bajo el peto.

Gómez Escorial se ciñó en un pase cambiado por la espalda en unos compases previos llenos de esperanzas. El santacoloma había perdido mucho o casi todo el gas, aunque seguía la muleta a cámara lenta, descolgado y hasta el final. Tuvo el matador algunos problemas de colocación, había que esperar mucho a que metiese la cara. Careció de transmisión la obra, y ya se sabe que este torero luce más con el toro de poder. Con la espada lo emborronó todo.

Óscar Higares se encontró con un «Guitarrero», pero no era el que se esperaba y tocaba desafinado. Gazapón y bastorro, apretado de carnes, no hizo nada bueno en el capote. Boni se creció en dos buenos pares e Higares malgastó el tiempo en una faena que, aun sin muchas opciones, no debió ser tan deslavazada, un tanto trapacera por el más asequible pitón izquierdo. El terciado primero, en tipo hasta los límites, flojeó y embistió muy pegajoso, quedándose por debajo. En el balance del matador de Usera, se anota el aguante de una portagayola no apta para cardiacos.

Canales, que ya se ha dicho, también fue a la boca de los miedos. Se tuvo que hacer el quite el solo por la lentitud de la cuadrilla. Las varas se sucedieron traseras, todo lo contrario que necesitaba el toro para descolgar. Pasó pocas veces en la muleta, sin fijeza y gazapón. Ni la más mínima posibilidad de lucimiento le dio el quinto con sus toponas medias arrancadas.

José Antonio Hernández Tabernilla se retira con el orgullo de «Capitán» y «Guitarrero» en su historial y supongo que con el dolor de vender el hierro familiar y la tristeza de no haberse despedido de Madrid con el honor de una corrida brava.

Ahora el que venga detrás que arree