GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 10 de agosto de 2003 
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA


Triunfo de Juan Diego

Ganadería: Toros de Francisco Javier Araúz de Robles, correctos de presentación.

Diestros: 

Entrada: un cuarto de entrada. 

Crónicas de la prensa: El País, ABC.


El País. MA. CUADRADO. Juan Diego hace el toreo eterno y sale en hombros

Juan Diego hizo el toreo ante un cuarto de plaza, asombrada y encantada de haberse conocido, y salió a hombros por la Puerta Grande camino de la calle de Alcalá.

Pero ¿cómo fue el prodigio?, se preguntará quien no tuvo el privilegio de estar en el coso venteño, cuarenta grados a la sombra, sudor y arte. Pues, sencillamente, en su primero Juan Diego dio el toreo eterno con un noble y flojo toro, al veroniquear hondo y exquisito en el saludo, en especial por el pitón derecho. En la muleta, faena medida, templada, interpretada con gusto y naturalidad. En redondo o sobre la mano izquierda, se entretuvo en recrear el toreo; además, se adornó con sabor y templanza infinita. Para rematar la obra de arte con una estocada en todo lo alto. Sufrió una voltereta cuando más entregado estaba, que no le impidió acabar por firmar con la espada, ya lo dijimos, tanta belleza derramada por el albero.

En el quinto, en fin, Juan Diego se templó, sujetó y le inventó una faena a otro toro noble, aunque bastante blando de Araúz de Robles, que ahí quedó para quienes deseen saber qué es eso de parar, templar y mandar con arte, a un burel que, en otras manos menos inspiradas, hubiera rodado por la arena con pena y sin gloria. Series por los dos pitones, alternando con temple y gusto; ahora, el toreo en redondo; luego, el natural despacioso sobre la mano izquierda con muñeca de lujo. Y unos ayudados por bajo y a media altura, para que los dejara sobre sus carteles cualquier ilustre pintor de la fiesta de nuestra cultura más enraizada y popular.

López Chaves estuvo meritorio, valiente y con muchas ganas en sus dos encastados toros, a los que intentó siempre someter y mandar, y a los que nunca volvió la cara, pues puso corazón en el empeño. Dos trasteos de coraje y amplias pretensiones. Que de haber sido mejor terminados con la espada, le hubieran reportado mejores resultados en cuanto a premios. Siempre la muleta por delante, ¡muy bien, torero!, y ese afán de ligar a toda costa. Sergio Aguilar estuvo frío ante un lote demasiado inválido para torear y que aquello trascendiera. Poco placeado todavía, apuntó no obstante sentido del temple y buenas maneras.

¿Y cómo salió el personal?, seguirán preguntándose quienes no tuvieron el privilegio de ver al torero de "Salamanca la blanca, quién te mantiene...". Pues dando naturales a las farolas, saboreando arte puro.


ABC. GONZALEZ LINARES. Juan Diego conquistó por su toreo y salió por la Puerta Grande

Triunfo grande de Juan Diego en Madrid, un triunfo que estaba cantado, pues se había ganado la repetición en Las Ventas en la presente temporada en dos ocasiones por sus buenas actuaciones, aun a pesar de que en ninguna los toros le ayudaron, pero en ambas ya se dejó notar muy especialmente por su clase torera. Juan Diego es uno de esos toreros con personalidad y calidad que tanto escasean hoy en el escalafón. Torero de concepto muy puro, recio y de un gusto exquisito en la interpretación.

Esta vez se le vio incluso con ambición y creyéndoselo más en la plaza. Tal vez ésa fue la clave de su éxito, porque ninguno de sus dos toros fueron un dechado de virtudes. A los dos de Arauz que mató les fallaron las fuerzas, aunque la nobleza de ambos le permitió expresar su toreo, las excelencias de su buen toreo. Con el capote, fue un deleite durante toda la tarde. Hubo empaque y elegancia, cadencia y pulcritud en los lances y en todas sus intervenciones, que remató también de forma muy sentida. Todo, con mucha autenticidad.

Y con la muleta, más y mejor. Su primer toro blandeó, aunque fue noble y se dejó torear. La faena llevó el sello de la calidad en las series que intercaló sobre ambas manos, todas de trazo muy limpio y con un magnífico temple. Los remates, unas veces por abajo y otras con los de pecho, también de mucha torería. Se empeñó el torero incluso en torearlo a pies juntos al final, con el toro ya más quedado, y no se libró de la voltereta. Juan Diego se volcó en la estocada, cobrando un espadazo contundente que le sirvió para cortar la primera oreja.

Pero habría más, mucho más en el quinto, un animal flojito y que llegó a la muleta muy apagado. Juan Diego se creció y completó una tarde de inspiración para él, cuajando una bellísima faena, de las que hacen gozar al aficionado más exigente. Nadie apostaba por el animal, aunque fue el temple, el mando y a la vez la suavidad para tirar del astado lo que hizo posible la faena. Hubo toreo fundamental de derechazos y naturales extraordinario, de una excelente compostura y plasticidad, todo ello cimentado sobre la base del buen gusto. Faena que transcurrió entre el jaleo de oles. Esta vez se interpuso un pinchazo antes de la estocada, y eso no importó para la petición de un nuevo trofeo, que, orgulloso, paseó Juan Diego, el que le abría la Puerta Grande de Madrid, y ojalá que de todas las ferias.

El otro salmantino del cartel, López Chaves, también tuvo una entonada actuación. En sus dos toros salió con ambición y ganas de triunfar. Su primero se dejó hacer en la primera parte de la faena, que tuvo pasajes de interés porque el torero le supo aprovechar el pitón derecho. Muy valiente, se jugó incluso la voltereta. Con el sobrero se dobló muy bien por bajo y destacaron algunas series sobre la derecha.

Sergio Aguilar quedó prácticamente inédito en sus dos toros, los dos muy sosos y que no colaboraron para que su toreo de quietud y verticalidad calara en el tendido.