GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 6 de julio de 2003 
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Monteviejo (complicados).  

Diestros: 

Entrada: Más de un tercio de entrada. 

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. MA. CUADRADO.  Esos naturales largos de Rodolfo Núñez

Antes de comenzar la corrida se guardó un minuto de silencio por la muerte de Pepe Dominguín, último integrante de una dinastía torera que tanta gloría diera a la Fiesta. Este Dominguín, además de estar considerado como tal vez el mejor rehiletero de la historia de la tauromaquia, también tenía una pluma fina, sencilla y elocuente, y ha dejado testimonio escrito de relatos y añoranzas en torno al mundo de los toros, que guardados están en la memoria de la afición.

Después salieron los toros de Monteviejo y pudimos ver una corrida variopinta, en general mansa, con trapío y capas lustrosas, que salvo en dos ocasiones no facilitaron la labor de los toreros. No les sobraron las fuerzas a los pupilos que Victorino guarda como oro en paño y con los que está experimentando los famosos patasblancas de origen Barcial.

El Fundi se las tuvo que apañar con un primero que echaba por los pitones chiribitas, de fondo cruel y manso, engañoso en el caballo, donde tomó dos puyazos en los que se enceló. Después, en el último tercio, hizo esgrima, avisado y montaraz. Había echado las manos por delante en los primeros lances que intentó darle y se había cruzado un par de veces cuando amagó embestir. Todo eso lo desarrolló para mal llegado el tercio de muerte, donde el Fundi estuvo lidiador y seguro ante el marrajo.

En el cuarto, El Fundi toreó bien de capa en las verónicas primeras de buenas tardes a un toro noble, que tomó dos varas en las que cumplió. Buen quite por chicuelinas muy templadas, pares de banderillas que reunió fácil y garboso, para concluir una faena de muleta de comienzos que prometían, pero que terminó a menos. Se paró el tiro tras unos primeros muletazos templadillos, en los que Fundi se fue buscando. Luego se metió entre los pitones y quiso atornillar, y sacar pases imposibles. Su estoconazo al segundo viaje en la cruz fue de nota, aunque perdiera la muleta.

A José Ignacio Ramos para abrir boca, le pusieron en mala suerte un morlaco de fuerzas no del todo correctas, manso y reservón con ideas chungas en la recámara al que lanceó de salida con buen criterio y que se coló por el pitón izquierdo con helado presentimiento. Banderilleó junto al Fundi donosa y certeramente, y luego consintió en la muleta en un par de agrias embestidas y en los arreones del buey irascible. Para terminar por mandarle una estocada de torero recio y valiente, en lo alto, al primer envite, que la prenda de saldo no se merecía. Tuvo otro regalito, el quinto, con el que estuvo digno, y que volvió a estoquear con sinceridad y valentía.

Rodolfo Núñez hubo de tomar el olivo tras perder el percal en los lances de salida a su primero. Un toro que fue bien picado por Andersón Murillo, en especial en un segundo puyazo en el que se agarró donde debe, arriba y sin alevosía. Y ese toro embistió con nobleza en la muleta, pero era menester comprenderlo, y tener un temple sobrado para llevarlo embebido y muy pulsado, algo que Núñez hizo con elegancia y hondura y corazón, pues había que esperarle y llevarlo muy lento y a compás, uno a uno y muy cruzado. Lo que el espigado torero de Villamanta hizo por el pitón izquierdo y al natural, largo, en pases empastados, podríamos decir que hasta suculentos. En el sexto, Núñez no pudo hacer demasiado ante un toro al que se le fueron las fuerzas a vete a saber dónde. Pero ahí quedan esos naturales profundos, como interminables, en la retina de los presentes que quisieran ver y paladear.


ABC. ROSARIO PÉREZ. Decepcionaron los patas blancas de Victorino, que se movieron poco

De Burgos a Madrid. Del ardor de César Jiménez y la esperanza de José María Manzanares a un paseíllo, con los diestros desmonterados, en homenaje a Pepe Dominguín, al que se le guardó un minuto de silencio. Torero de dinastía: hijo de matador de toros, hermano de un gran estoqueador y hermano de un gran lidiador, que paseó su nombre por todo el mundo. Pero Pepe deja en el recuerdo aquellos inolvidables pares de banderillas de poder a poder. Esta tarde han banderilleado sus dos toros El Fundi y José Ignacio Ramos. Individualmente sus segundos, pues en sus primeros el de Fuenlabrada le cedió los palos al burgalés y, luego, el de Castilla al madrileño. Casi todos fueron vulgares, y sólo salvamos alguno de Ramos en su primero y el tercero de los de El Fundi, en que resultó comprometido, en el cuarto.

El Fundi tuvo ante sí a los dos monteviejos que más se encelaron con los caballos. En el que abrió plaza se decidió por un macheteo eficaz pero breve, pues nos quedamos con las dudas de si el toro encerraba alguna cosa positiva. Vistos los resultados de los siguientes, fue, seguramente, una cosa ilusoria. En el cuarto, El Fundi se lució al torear por verónicas y en un quite por chicuelinas. Ligó con brío una tanda con la derecha, pero su oponente empezó a perder gas y, entonces, no pudo mantener el ritmo en las dos series siguientes. Encontró mayor cauce posteriormente, aunque le recriminaran excesivamente, desde los tendidos, alguna ventajilla.

José Ignacio Ramos no pudo hacer otra cosa que una labor de trámite en sus dos enemigos. El primero de ellos ofrecía pocas garantías, pero José Ignacio dejó ver su gran estilo de estoqueador con un magnífico espadazo.

Mantuvo la dignidad en el quinto, pero en esta ocasión la estocada le resultó algo baja, necesitó el verduguillo y no pudo refrendar su justa fama de artífice de la tizona.

Lo mejor de la tarde lo hizo Rodolfo Núñez, que es merecedor de volver pronto al coso venteño. Perdió el capote nada más abrirse de capa en el tercero. Al quedar sin engaño, saltó la barrera y cayó de bruces en el callejón. Con la flámula logró momentos de muy buen toreo, especialmente al torear al natural, a pesar de que tuvo que recurrir al unipase y torear a cuentagotas. Cuando pudo alargar el muletazo, éstos estuvieron llenos de sabor. Su antagonista empezó a quedarse y sólo pudimos vislumbrar la calidad de este diestro de Villamanta que, repetimos, debe torear más. Se le ovacionó con ganas. Muy poca fuerza portaba el sexto. La lidia transcurrió entre variadas protestas por esta circunstancia. Rodolfo Núñez no pudo hacer otra cosa que aliñar.


El Mundo. VICENTE RUIZ. Infumables patasblancas

Volvían los patasblancas de Monteviejo a pisar el ruedo de Las Ventas. Otra vez más, otro año más, ¿por qué? Probablemente alguien lo sabrá, pero lo que ayer salió al coso venteño tiene muy poca similitud con lo que conocemos por toro de lidia. De todos modos, El Fundi, José Ignacio Ramos y Rodolfo Núñez no serán los últimos en lidiar una corrida de este hierro en esta plaza.

El Fundi realizó lo más torero del festejo cuando recibió con elegancia, relajo y templadas muñecas al cuarto de la tarde.Ya con la muleta, se fue a los medios para iniciar una labor que no terminó de tomar vuelo. Terminó ente los pitones de su oponente, pegándose un arrimón, tratando de extraer los muletazos de uno en uno. Muy profesional toda la tarde, ante su primero nada pudo hacer y abrevió.

Rodolfo Núñez fue quien se encontró al monteviejo que más se dejó. Fue el tercero de la tarde y permitió al torero madrileño ir labrando una faena muy trabajada, en la que los muletazos iban surgiendo de uno en uno, pero algunos con largura y mucho mérito. Los pases de pecho sí nacían ligados al muletazo anterior.Incluso se relajó en un par de trincherillas postreras. Un pinchazo y la impericia del puntillero dieron al traste con cualquier posibilidad de triunfo. Con el inválido sexto nada pudo hacer.

Completaba la terna José Ignacio Ramos, al que su lote no dio demasiadas concesiones. Banderilleó a sus dos toros (al primero junto a El Fundi) sin excesiva fortuna, y sólo resultó reseñable el tercer par al quinto toro por el riesgo que entrañó. Su primero no se tragó ni uno y prefirió no alargar mucho su labor. Lo mató de una gran estocada. El quinto, como la mayoría de sus hermanos, se paró en cuanto llegó al último tercio y tampoco le dejó un sólo resquicio por el que entrarle.