GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

26ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del jueves, 5 de junio de 2003 
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de José Escolar, (tres fueron rechazados en el reconocimiento), el 3º, devuelto; bien presentados, a excepción del 1º; mansos, inválidos y de mala clase; el 6º y el sobrero, del Marqués de Albaserrada, bien presentados, mansos y deslucidos.

Diestros: 

  • Fernández Meca, herido.
  • José Ignacio Ramos, dos pinchazos y estocada (silencio); estocada baja (ovación con algunas protestas); pinchazo perpendicular y un descabello (silencio). 
  • Juan José Padilla, pinchazo, media estocada -aviso-, un descabello y el toro se echa (silencio); casi entera atravesada, cinco descabellos y estocada caída (silencio); estocada baja (silencio).

Incidencias: Fernández Meca sufre, según el parte médico emitido, "una cornada en el tercio medio cara interna del muslo derecho de 15 cm de trayectoria ascendente, que contunde vasto interno y vasos femorales. Pronóstico menos grave".

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla, ABC


El País. Antonio Lorca. Cogida menos grave de Fernández Meca

El diestro francés Fernández Meca resultó herido menos grave en el muslo derecho al ser volteado por el primero de la tarde cuando toreaba por redondos. El toro lanzó un derrote seco, y en cuanto el torero se levantó se vio claramente que estaba herido. Le aplicaron un torniquete y quiso continuar la lidia, pero el dolor le impidió llegar de nuevo a los terrenos de su oponente. Con el rostro demudado, se echó en manos de las asistencias que lo trasladaron a la enfermería.

Todo ocurrió al final de una faena larga, cuajada de altibajos, a un toro muy mal presentado, manso y encastado, que exigía una muleta poderosa y que embestía con largura y fijeza cuando se le citaba por derecho. Un toro que pedía sometimiento, con el que había que jugársela a cara o cruz para conseguir el triunfo. Pero Fernández Meca anduvo precavido, rectificó después de cada muletazo y toda su labor resultó muy desvaída. No fue capaz de dominar al toro, ni plantarle cara, y prefirió dar muchos pases sin mando y sin orden. Cuando parecía que el animal había atemperado su casta, el torero se acopló en una tanda con la derecha, y entonces llegó el derrote y la cogida.

Ahí se acabó el festejo. El resto fue un mano a mano entre Ramos y Padilla, y entre ellos dos y los toros compusieron una tarde más de aburrimiento a causa, fundamentalmente, de la invalidez, la mansedumbre y la mala clase de los ejemplares de José Escolar, que tampoco aportaron ni un grano de arena a la supuesta semana torista de final de feria. Toros astifinos, pero ayunos de fuerza, de bravura y de casta, y con exageradas dosis de aspereza y malas ideas en sus embestidas. Ni los de Escolar ni los dos de Albacerrada permitieron el más mínimo lucimiento en otra tarde para el olvido.

El burgalés José Ignacio Ramos cuenta con escasas oportunidades, y las que se le presentan no son peritas en dulce, precisamente. Tras matar al que hirió a Fernández Meca, se las vio y deseó con un lote imposible, lo que no fue óbice para que, al menos, demostrara que es torero valiente, de voluntad decidida y sinceros deseos de abrirse camino. Banderilleó con desigual fortuna, y se ganó una espectacular voltereta sin consecuencias en su primero cuando intentaba pasarlo de muleta con la mano derecha. Era un toro difícil, que lo medía constantemente y que hizo todo lo posible para volver a levantarle los pies del suelo. En el otro, muy parado, lo capoteó con decisión a la verónica y ahí se acabó la historia de un buey de carretas.

Y Padilla no tuvo una tarde afortunada. En su haber, un poderoso par de banderillas al cuarto y unas verónicas al sexto. El resto fue el naufragio cantado de un torero de escasos recursos y nula estética. A su primero lo citó siempre fuera de cacho y con la muleta retrasada; en el cuarto, muy deslucido, protagonizó un mitin con el descabello, y en el último, muy manso, no le permitieron que banderilleara y su labor fue breve, cosa que agradeció el público, que abandonó a oleadas la plaza antes de que el toro cayera definitivamente.


Diario de SevillaLUIS NIETOCorrida de José Escolar, 'victorinos' de antaño

El francés Fernández Meca pagó su osadía con un toro muy serio y de respeto, que tuvo mucho que torear. Persistió por el pitón derecho hasta que la fiera le cazó y le propinó una cornada certera en el muslo derecho. En el suelo se agarró a ese pitón para zafarse de una nueva cornada. Padilla le quitó el corbatín y le hizo un torniquete. Sangraba abundantemente. Y se impuso la lógica. Las asistencias lo trasladaron a la enfermería. Primer herido de consideración en San Isidro, tras una faena desigual, que había brindado a César Rincón. Lo despachó José Ignacio Ramos. Ya en el capote, al sacar al toro del caballo, Fernández Meca fue arrollado. El astado le dio un gran golpe con la pala en un muslo y se libró en ese caso de una cornada por el canto de un euro. Mucho toro, mucho peligro.

Y es que por hechuras, por comportamiento, estos toros tiran más a aquellas alimañas de los sesenta de Victorino Martín, que los victorinos de hoy en día. Es decir, los toros de Escolar son los victorinos de antaño. Y lo demostraron ayer, por su presentación y juego, en el ruedo venteño. Serios, hondos, listos, de cuellos ágiles. Con una gran dosis de fiereza. Toros para empaparles en la muleta en corto y jugarse el éxito y la vida a cara o cruz. Vendieron caras sus vidas. Es bueno recordar que José Escolar Gil compró en 1981 una vacada a Fernández Durán y Vergara González que, entre otras procedencias, tenía reses de Victorino, únicas que dejó. El encierro fue completado con dos toros de Marqués de Albaserrada, deslucidos.

La corrida quedó en un mano a mano entre el salmantino José Ignacio Ramos y el jerezano Juan José Padilla, quien por cierto hizo el paseíllo con el capote de paseo desliado. Por la cogida, al matar el primero Ramos, Padilla tuvo que lidiar tres y Ramos, dos. Ambos cumplieron en banderillas.

Padilla dejó una imagen grisácea. Anduvo con precauciones con el veleto segundo, que no humilló. Con el cuarto, astifino y gazapón, se mostró anodino, muleta retrasada y mal colocado. Y liquidó al noblote, pero deslucido, sexto sin convencimiento.

Ramos cumplió en su única tarde y ante papeleta difícil. Se fajó con el complicado primer sobrero, que tuvo mucha movilidad. A cambio, el toro, con un cuello agilísimo, le dio un varetazo y le rajó la taleguilla. Ejecutó muy bien la suerte de matar, aunque no quedara en lo alto el acero. Como quinto, al correr turno, salió un sobrero de Marqués de Albaserrada, con una cornamenta tremendamente abierta y exagerada y de juego complicado. El salmantino porfió lo indecible en una labor que, en su conjunto, resultó digna.

La tarde se saldó con el primer herido de consideración del presente San Isidro, en un festejo en el que pisaron el ruedo toros que recordaron a aquellas alimañas de victorino.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Sangre sobre una corrida intolerable

Fernández Meca cayó herido y la cosa se quedó en un mano a mano incierto, con malos augurios planeando sobre Ramos y Padilla. Ésa fue la noticia, triste noticia, de la tarde: la cornada del matador francés en el primero, que le había avisado ya en una voltereta con el capote y en varios amagos con la muleta, que tomaba al paso, con un ojo en la tela y otro en la taleguilla. En los segundos muletazos de cada serie, el toro mosqueaba, aunque en ocasiones, cuando lo mandó y se adelantó a la acción, lo llevó largo. Pero el albaserrada de Escolar nunca olvidaba que se dejaba algo atrás. Hasta que llegó la puñalada, seca y certera, a pesar de la escasa cara del enemigo; la pesada envergadura del torero ayudó. Quiso seguir, con un torniquete en el muslo, y no pudo, con la sangre manando por el boquete, sangre sobre una corrida desigual hasta límites intolerables. ¿O acaso el cuarto, un toro raquítico y cabezón, era admisible? ¿Y el claudicante sexto, con las manos desolladas, inflamadas e infectas? ¿Y el escurrido y devuelto tercero, que se tapaba solamente por la cara? ¿Cómo se compran y se aprueban semejantes ejemplares? Las cantinelas se repiten, que si rechazaron tres -que siempre en versión de empresarios y ganaderos poseían más cuajo y seriedad que éstos-, que si se estropearon dos, que si se enverdinaron...

La corrida de José Escolar podría haber embestido más o menos, que ésa es la eterna incógnita. Pero a Madrid no se viene con un conjunto así, que es todo menos conjunto y que para colmo no respondió ni se aproximó a aquella buena tarde de agosto de la pasada temporada. Al personal le dio, en principio, por aplaudir los toros en el arrastre, y luego se cansó. Por aplaudir aplaudieron hasta al cárdeno que corneó a Meca, algo de mal gusto y peor educación taurina. Un tratado sobre las buenas maneras en una plaza habría que escribir, querido Ussía. Aunque hay días, Alfonso, en que se entiende que se pierda la paciencia, lo cual no justifica nunca los malos tratos premeditados y gratuitos hacia determinados toreros; algunos perdemos el ánimo antes que la tranquilidad. Ayer volví a tener nuevos vecinos de localidad por todos los flancos, y así, más o menos, ha sucedido jornada tras jornada, hasta conformar un público distinto al viejo público madrileño, diferente cada tarde e impersonal.

El festejo fue un baile de toros, un correturnos permanente. Devuelto el tercero, que en realidad era el segundo, salió el quinto.... Muy serio, éste sí. Ramos y Padilla compartieron las banderillas en un tercio que se inclinó a favor del burgalés en un arriesgado par de poder a poder. Desarrolló peligro la bestia, que se revolvía y buscaba por el pitón derecho y no tenía ni uno por el izquierdo. Hasta que no prendió a José Ignacio Ramos no paró; se escapó de milagro, con la taleguilla rota; fueron momentos en los que planeaba la mala sombra de otro percance y la posibilidad de que Padilla apechara con cuatro toros. Al valeroso diestro se le escapó la mano a los bajos en la hora final. No sirvió tampoco el sobrero de Albaserrada que hizo quinto: mal tercio de banderillas y faena tesonera ante la guasa, especialmente a izquierdas.

Juan José Padilla -¿por qué hace el paseíllo sin liarse?- banderilleó con poder al segundo, que también sacó ideas perversas. La obra muleteril tuvo su mérito, pues de un principio marcado por las aviesas intenciones del burel se pasó a una mitad de faena en la que sacó un par de series de derechazos óptimos y plausibles.

En el cuarto, una rata gazapona con aparatosa cabeza, Padilla no pasó de ramplón con los palos; el toro, muy deslucido, con la cara arriba siempre, consiguió desarmarle tres veces en un mitin con el descabello; con el claudicante y desollado sexto no sucedió nada más que aburrimiento y unas enormes ganas de escapar.