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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del sábado, 4 de octubre de de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros
de El Pilar, tercero y
quinto devueltos por inválidos. Desigualmente presentados, muy blandos
y de mal juego; primero y segundo sobrero de El Sierro, el segundo
encastado.
Diestros:
Entrada: más de media plaza.
Crónicas de la prensa: El
País.
El País.
MA. CUADRADO. Incidentes
El cartel había levantado muchas expectativas y, como suele ocurrir
más de lo deseado, el espectáculo terminó como el rosario de la
aurora. La corrida resultó un auténtico fiasco por el juego de los
toros, que resultaron mansos y tan blandos, tan de mala casta en
general, que se cargaron la tarde, las ilusiones del público, que
esperaba ver arte del grande, y de Salvador Vega, que hubo de confirmar
alternativa con un lote pésimo. Encima ocurrieron incidentes y
accidentes de muy malos presagios.
El segundo toro de la tarde salió distraído de chiqueros y, poco a
poco, pero sin pausas, se llegó hasta el burladero de cuadrillas, por
cuyas cercanías saltó como un rayo justiciero, se incorporó en el
callejón, que barrió sin contemplaciones, cogiendo a quien no le dio
tiempo a saltar al ruedo ni resguardarse en algún burladero interno. Y
cuando salió por la primera puerta que le fue abierta, hizo por quienes
habían saltado al ruedo y todavía no habían podido incorporarse. Y
allí volvió a cornear a varios de los caídos.
Terminó por sacárselo a cuerpo limpio el peón Juan José Trujillo
hacia los medios y apartarlo en carrera emocionante. El resultado del
incidente son dos cogidas que impresionaron a la gente, que observaba cómo
se llevaban las asistencias a dos paisanos desmadejados hacia la
enfermería. El primero era el mozo de espadas de Salvador Vega, Alfonso
Romero Iglesias, que sufre fractura abierta de la pierna derecha de pronóstico
grave; y el segundo, Juan Manuel Aguado, que tiene fractura de muñeca
izquierda de pronóstico reservado. Al final, cogidas de no tan malas
consecuencias como hacían presagiar los derrotes de la fiera y el
aspecto de los heridos camino de la enfermería. Menos mal.
Javier Conde se las vio con el ejemplar de marras, protagonista de
momentos tan angustiantes, y la verdad es que lo pasaportó con todas
las precauciones del mundo. En medio de un aire que no facilitaba para
nada la lidia del morlaco, que precisaba mucha técnica y poderío. A
medias aseado, resolvió sin apreturas y sin comprometerse. A su
segundo, inválido como casi toda la corrida, le quitó las moscas con
suspicacias y una brevedad comprensible. En ese toro habían realizado
un tercio de banderillas excelente Paco Peña y Óscar Reyes, que de
alguna manera salvaron el honor, queremos decir la torería posible,
ante el elemento con cuernos de El Pilar. Morante de la Puebla, en su
primero, sobrero de El Sierro, tiró líneas de suave concepto que
quedaron en leve música de viento vano. Parecía que la cosa iba a
remontar en el quinto, tras unas verónicas de buen hacer y miaja de
arte, pero Morante no terminó de cogerle el aire al segundo sobrero de
El Sierro, manejable, en una faena deslavazada.
El peor parado fue Salvador Vega, que venía, pues, ha confirmar la
alternativa, y a ese su primero de la ceremonia tan torera no pudo darle
ni un pase decente de tan inútil como estaba. La honra del buen torero
que es pudo librarla en un quite por verónicas en el quinto, de
pellizco y suave trazo, y en una faena al sexto en la que estuvo por
encima del manso y desagradecido toro del hierro titular, que nos amargó
la tarde a todos. Y la verdad es que no nos lo merecemos. ¿Quién elige
estas corridas tan nefastas de juego? Es menester que se cubra de
sonrojo...
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