GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

22ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del domingo, 1 de junio de 2003
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Barcial, bien presentados y deslucidos.

Diestros: 

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla, ABC


El País. Antonio Lorca. Fina estampa

Los toros parecían recién salidos del salón de belleza. Guapos de verdad, limpios, lustrosos, bien vestidos, todos con calcetines blancos, como si vinieran de la primera comunión, bajos de estatura, pero bien hechos y armados. Toros de fina estampa. Una preciosidad estos patas blancas que presentaba Barcial.

Pero algo hacía pensar que había truco. Todos salieron andando, sin prisa, con cierto aire de chulería en el semblante. Se paraban en la misma puerta de chiqueros, oteaban el horizonte y ponían cara de despistados. Ciertamente, aquella no era la fiesta para la que con tanto esmero se había acicalado. No hacían caso a los capotes y cuando, por fin, acudían se declaraban consumados expertos en el regate y el frenazo. Era evidente que lo de embestir no iba con estos presumidos.

Todos empujaron en los caballos, más por genio y mala casta que por bravura. Y como no eran claros en su comportamiento, los de la vara, con la anuencia de los matadores, les dieron de lo lindo. Llegado el tercio de banderillas, estos guaperas cortaban el viaje y buscaban el bulto con auténtica saña. Toros guapos, pero vaya con la belleza...

Y todos cantaron la gallina en la muleta. Con muy mala clase, sin codicia, parados y descastados, quizá sólo el segundo embistió más de un par de veces seguidas, aunque sin convicción alguna. Todos plantearon excesivas dificutades. Desarrollaron sentido y las malas ideas fueron en aumento. En conclusión, puro maquillaje el de estos toros de Barcial. Fina estampa mentirosa, porque pronto se les corrió el rímel y quedó al descubierto que están podridos, que son pura ruina y que sólo sirven para el matadero; toros con mucha guasa, imposibles para el toreo de ahora y de antes.

Muy desconfiado se mostró Frascuelo toda la tarde. Sus toros no le permitieron el menor descuido, pero con el capote por lo alto y perdiendo pasos y con la muleta retrasada, demostró que no está en su mejor momento.

Flojo de ánimo y recursos apareció el cordobés José Luis Moreno. Le tocó en suerte el único toro que se dejó dar dos muletazos seguidos, y allí anduvo perdido en una labor desordenada, con la muleta siempre enganchada y sin saber qué hacer para remediarlo. En el quinto, no pasó de discreto. Y el más animado de la terna, Alberto Ramírez, se la jugó sin cuento con capote y muleta, pero no había nada que hacer. Muy decidido en unas verónicas a su primero, mantuvo una valerosa porfía ante un bonito armario, pero armario al fin. Lo intentó sin desmayo en el sexto, al que le hizo un quite por verónicas que casi le cuesta una voltereta; se metió, después, entre los pitones para demostrar, al menos, que es un valiente a carta cabal.


Diario de Sevilla. BARQUERITO. Los toros patasblancas de Barcial, un sonado chasco

Imponente artillería de una pintoresca corrida de Barcial. Pero pólvora mojada. Mansos, deslucidos, sin agresividad, sólo cumplidores en el caballo, al paso, andarines, sin celo: toros para aburrir a cualquiera. Y alguno, como el cuarto, con peligro. Digno Frascuelo. Entregado y soberbio con la espada José Luis Moreno. Firme y sereno Alberto Ramírez. Misión imposible.

Cárdeno berrendo, lucero, calcetero y coletero. La segura estampa del patas blancas clásico. Para abrir el paisaje de la corrida y marcar el camino. Enterado, frenado a los capotes, sin emplearse en dos varas duras. Mal asunto. Frascuelo, casi arrollado cuando, lidiando, le perdió la cara, estuvo con él muy paciente. Y muy suave. Se lo sacó fuera de las rayas, el único terreno donde curiosamente no se frenó el toro. Pero tampoco se vino. Encogido, mirón, gazapón. Algo largo ese digno trabajo que Frascuelo remató con habilidad. Sin duda, fue el toro más potable de los seis.

El cuarto, calcetero y lucero pero fuera de tipo, hizo salida fierita, barbeando, buscando en las troneras. Regateó en los capotes, se frenó, buscó. Se arrancó a los caballos, pero corrido y por su cuenta. De ritmo muy irregular, vino a resultar el más peligroso de los seis. Probón. Se le vino al cuerpo a Frascuelo con insólito descaro. El toro esperó a Frascuelo a la hora de la muerte. Un respiro verlo arrastrar.

Amplio, metido en carnes, badanudo y barrigón, de muy ancha cuna, el segundo tuvo incierta salida, cumplió en dos varas defectuosas, cortó en banderillas y se plantó en la muleta con mortecina embestida. Se quedó debajo, se revolvió. Muy estimable una paciente y consentidora faena de José Luis Moreno. Y una gran estocada sin puntilla.

Berrendo en cárdeno, escapulado, cornalón y cabezón, de imponente estampa, el quinto fue una de las grandes decepciones, porque en son manso les ganó a todos los demás, Andarín, a cabezazos en el caballo, puesto en guardia, queriéndose huir, ni sombra de ganas de pelea. Mansedumbre a rabiar. Moreno lo mató por arriba con otra estocada excelente.

El tercero, largo toro, se volvió dos veces de salida, pero tomó los engaños al galope y repitió con codicia, y Alberto Ramírez le pegó un garboso puñadito de lances de recibo. Al caballo también galopó el toro. El toro salió de una vara roto. Y fue desde entonces otro. Otro incluso en varas, pues se repuchó de la segunda. Y otro después: parado en banderillas, más apagado que ninguno en la muleta, seco, puesto por delante, cerrado en defensiva. Alberto sólo pudo abreviar y matar con decisión.

El sexto, agresivo de salida, se volvió luego toro cazador. Lidiado y picado con cuidado, mimado se diría. Pero no hubo manera. Alberto Ramírez se sobrepuso a un aviso de cogida -el toro, al bulto- y, sereno y entero, se metió entre pitones, manejó con tesón y firmeza el asunto, se inventó cuando pudo. Importante la tranquilidad. Indicio de torero en buen momento.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Carne mala para bistec ruso

Los toros de Barcial tiraron por tierra un supuesto espectáculo con la mala sangre que riega su mala carne, para filetes rusos después del paso por las manos de las minipímer con castoreño.

Los toros de Barcial salían todos igual, distraídos, idos, tontos, mirando al tendido. Pero de tontos luego no desarrollaban nada, aunque los tontos también dan cornadas. Los matadores se curaron en salud con la acorazada de picar, que trituraba los lomos, los brazuelos, con terroríficos puyazos. Claro que la culpa no es del todo suya, o sea de Frascuelo, José Luis Moreno y Alberto Ramírez. El toreo está del revés, que no hay quién lo conozca, ni la madre que lo parió, como si lo hubiese cogido Alfonso Guerra. Desde que se anunciaron los carteles, chirriaban los nombres de esta terna de buen concepto con semejante ganadería. La cosa parece clara: son lentejas. Hace más o menos una semana alumbró la Casa de Misericordia de Pamplona San Fermín. Los ojos de cualquier aficionado medio se fijarían en que Alfonso Romero y Antón Cortés se hallaban entre quienes mataban los toros de Dolores Aguirre, un sinsentido, un contradiós, lentejas... «Raúl, chico, o juegas en la demarcación de central o a la caseta». «Pero «míster» que mi posición natural es...» «Nada, que le den el «5» o el «13»». ¿Se imaginan?

Los toros de Barcial hicieron exhibición de sus bellas capas, su estampa diferente, su anulada casta, sus complicaciones... Apareció el primero, con la edad recién cumplida, bajo y corto como un zapato, acucharado, cárdeno, calcetero, y se quedó con la mirada fijada en el vecino de localidad, como después harían todos sus hermanos. Apretó en el capote, buscando detrás de la tela, especialmente por el pitón izquierdo, por donde se cruzaba de tal manera que parecía con problemas de visión. Frascuelo le quiso corregir el posible astigmatismo con una vara durísima, tapada la salida, y otra de postre. Luego acortó los viajes en la franela; por la derecha medio se tragó los muletazos, y por el lado zurdo, nada, como desde un principio. La imponente cabeza del cuarto traía ideas perversas. Llamó la atención lo poco que sangró a pesar del castigo. En los compases iniciales metió la directa contra el cuerpo de Frascuelo en un arreón que confirmó su naturaleza infumable. Al menos, el torero estuvo más breve.

A José Luis Moreno la suerte no le ha sonreído con justeza a sus condiciones. Ni siquiera con los apoderamientos... Su toro se venía al paso, aunque sin aparente maldad por el lado derecho. Moreno lo esperó mucho y lo templó en tres buenos derechazos y uno de pecho que constituyeron el cénit de la obra, porque después, tras un desarme, los tornillazos tropezaron siempre la muleta. Indescriptible fue el bajonazo en el costillar. El quinto, que sí tuvo una salida espectacular, manseó hasta acabar rajado y como un colador por el brutal abuso de la caballería.

Alberto Ramírez se estiró con ánimo a la verónica, pero visto el percal optó por triturar al animal, imposible en la muleta. El sexto no guardaba presentiación para Madrid con esa culata inexistente. Ramírez sufrió una colada y un desarme en el principio y derrochó voluntad en un arrimón como única salida.