GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 31 de marzo de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería:  Toros de Los Millares, flojos y deslucidos.

Diestros: 

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa: La Razón, ABC, El Mundo


La Razón. LAURA TENORIO. La invalidez de los toros protagonizaron otro sainete ganadero en la plaza de Las Ventas

Sólo Jesús Millán, ovacionado en el tercero, sembró durante unos minutos la emoción en el ruedo

La corrida de Juan José González anunciada en Las Ventas ayer, Domingo de Resurrección, fue rechazada al completo, íntegra. Sí, el correspondiente equipo de veterinarios la echó para atrás. ¿Las razones? El que los toros no dieron el peso mínimo exigido -460 kilos para plaza de primera, según dice el Reglamento- y el que carecieran igualmente del trapío mínimo para la Monumental venteña.

En su lugar se anunció un encierro de Millares, con mejor presencia que los rechazados, pero baldíos de fuerzas. Inválidos. Dos de ellos, primero y sexto, fueron devueltos por sus continuas claudicaciones.

El que abrió plaza, que por presencia era «un toro de Madrid», que dijo un aficionado en los bajos del Uno, evidenció además una mansa condición que hizo quedar inédito de capa a Fernando Cepeda. Tras entrar al caballo y desparramarse por el piso, el palco mostró el pañuelo verde. Se corrió turno y salió el de Millares que estaba reseñado como cuarto.

El toro resultó ser otro inválido, aunque esta vez el animal no claudicara como su predecesor. El de Millares cumplió bien en el peto, pero en banderillas tardeó y esperó mucho. Cepeda, abierto más allá del tercio, llevó a cabo la primera parte del sainete. Fue breve. El toro, sin apenas pasar y defendiéndose, así lo hizo posible. Cepeda, por su parte, desde luego que no se dio coba.

El segundo, agresivo de pitones, fue igualmente protestado por blando. Las protestas no cesaron hasta el último tercio. Ni qué decir que el palco las obvió y el animal siguió en el ruedo. «¡Peor que el Atleti está el toro!», dijo una voz esta vez desde el Siete. Entre tanto a Dávila Miura no le quedó más remedio que hacer oídos sordos, presentarle la tela a la altura de las banderas y cumplir el expediente. La tarde había empezado mal. La invalidez se adueñaba del ruedo.

Al pisar plaza el tercero, el soniquete de las protestas continuaba. Éste sólo enmudeció al parear con eficacia y decoro Carlos Casanova y Jesús Arruga, peones a las órdenes de Jesús Millán. El toro no era toro de brindis, mas el torero lo brindó. El de Millares, puro desrazamiento, se lo intentó poner difícil al maño. Valiente, muy valiente se mostró el torero. Hizo lo que pudo, mucho más sin duda de lo que el burel se merecía. Su trasteo, largó y vacío de toda estética, tuvo pasajes emocionantes. A Millán no le importó jugársela. Y lo hizo. A pesar de la mala rúbrica con los aceros, recogió desde el tercio la ovación que los tendidos le brindó.

Al salir el sobrero de Criado Holgado sonaron los únicos olés de la tarde: Cepeda meció su capote y bordó el toreo a la verónica. Pero todo quedó ahí. Porque el sainete continuaba. Si bien el comienzo del trasteo muleteril, doblándose con el toro y buscando los riñones al animal tuvo su aquél, lo que vino a continuación, ya fuera sobre la mano diestra o la zurda, apenas merece mención. Fueron muletazos de saldo de un Cepeda que tiene cuasi agotado su crédito venteño. ¿Volverá?

El quinto, un colorao de 587 kilos, resultó manso de carné. Hizo tres entradas al peto saliendo de las tres suelto y muy crudo. Dávila Miura pidió el cambio. Apostó. El toro debió gustarle. El sevillano se dispuso a enjaretarle tandas en redondo, ceñidas y ligadas, en los primeros compases de faena. Gustaron a juzgar por los aplausos. También se hizo aplaudir toreando al natural. La faena, sobre todo por el cambio a bueno del animal en la muleta, tuvo también su emoción. Pero el diestro no supo mantenerla. Intermitente en sus logros, finalizó su actuación entre divisiones del respetable, quien tomó partida por el animal al aplaudir su arrastre camino del desolladero.

El sexto volvió a toriles por carecer de fuerza. Y, lo dicho, en su lugar pisó plaza un sobrero de Criado Holgado. Picado al relance en la primera de las entradas que hizo al peto, manseó en el tercio siguiente. En la muleta resultó deslucido, sin clase. Millán abrió el trasteo con doblones firmes, pero la indiferencia fue la respuesta del público.

A esas alturas de la tarde, la gente no tenía ganas de más sainete. Quería irse. Y olvidar, porque ¡vaya Domingo de Resurrección el de Madrid!


ABC. Destacó Dávila Miura en una tarde en la que prevaleció lo gris

La corrida dominical arrancó de un modo tormentoso. El primer toro de la divisa titular empezó a flojear, tras un largo corretear por el ruedo, hasta que terminó cayéndose dos veces cuan largo era. Era un verdadero inválido. Tuvo que ser retirado a los corrales, se corrió turno y salió en su lugar el que hubiera sido cuarto.

Nada en el haber de Cepeda al torear con el percal y sólo unos doblones en los comienzos de su faena de muleta. Su antagonista tenía medio recorrido y el sevillano no pudo hacer otra cosa que desprenderse de él con celeridad. También el primero de los que correspondieron a Dávila Miura tuvo muy poca fuerza. En los primeros compases de Eduardo también se cayó el toro. Un espectáculo lamentable. Dávila lo mimó para que no se volviera a derrumbar. Cuando insistía, el burel volvía a coger tendencias genuflexas; cuando no, se arrodillaba del todo. Después el diestro tardó en matar, porque le costó un mundo cuadrar la res.

En el resto de la corrida cambió la trayectoria. Los toros fueron más enteros. Destacó la labor de Dávila en el quinto, un toro que manseó con los piqueros y en banderillas, pero llegó bien a la muleta. Dávila, que toreó bien por bajo, remató su buen hacer con sendos pases de pecho por los dos lados. Puso coraje y ganas en dos tandas con la derecha y mayor ligazón y ajuste en una tercera. Desde las alturas se le recordó aquello del pico. Pienso que Dávila lo empleó para dar largura al muletazo. Anduvo bien al torear al natural y en algunos detalles postreros, aunque alargó excesivamente la faena. Personalmente a mí me gustó la actuación del torero, pero quizá debió apretar más el acelerador ante un buen rival.

Fernando Cepeda toreó bien con el capote al cuarto. Una de las verónicas que instrumentó, así como la media, le salió bordada. Seguramente, de haber medido más el trasteo muleteril, habría conseguido mayores plácemes. Toreó con suavidad y temple, aunque faltó el engranaje que da el ligar. Mejor los comienzos de los muletazos que los remates. Su labor, que tuvo relativo buen tono al pasar a su enemigo por la derecha, bajó al torear con la zurda. El cómputo final resultó grisáceo.

Jesús Millán anduvo muy valiente en su lote. Mejor en el tercero, al torear al natural, que al hacerlo con la derecha. Anduvo sobrado de valor y ganas, pero faltó un punto de continuidad. Había estado bien al veroniquear al sexto, que luego fue devuelto. Con el sobrero no hizo nada con el capote y se mostró tenaz y constante con la franela, aunque no llegara a la brillantez.


El Mundo. VICENTE RUIZ. Una tarde de penitencia

No se salvó nadie. Creyentes o no creyentes; católicos o protestantes. Todos tuvimos que cumplir penitencia durante la corrida de ayer en Las Ventas. Penitencia a la que nos condenó el deslucido e inválido encierro de Millares desde que comenzaron a asomar sus amplios pitones por la puerta de chiqueros.

El primero se paró cuando a Cepeda le tocaba torear de muleta.Ese toreo que ayer ni siquiera pudo ofrecernos con el capote.Una buena verónica a su segundo y una media marca de la casa fueron todo el balance. Y eso que ese segundo que se dejó lancear de capa fue de lo más salvable de la tarde y quizás su pitón derecho hubiera ofrecido algo más de toreo con un poco de decisión.

El segundo no llegó ni a pararse porque ni tan siquiera arrancó a moverse, quedándole a Dávila Miura el cartucho de su segundo.El segundo se movió en oleadas. Humillaba mucho y por ello transmitía.Dávila trató de someter al animal con largura por ambos pitones, pero al trasteo le faltó plasticidad y continuidad. Se alargó demasiado hasta recibir un aviso cuando iba a tirarse a matar.Recibió una ovación pero quizás hubiese podido robarle a su oponente algún trofeo.

Jesús Millán mostró el lado más entregado del festejo. Con el tercero de la tarde lo intentó por ambas manos. Con la izquierda el toro se tragaba un muletazo y la mitad del segundo, pero luego se paraba, miraba y buscaba. Surgió algún momento de emoción y Millán dio la cara.

Con el sobrero que cerraba plaza volvió a poner voluntad. Voluntad que no sirvió para animar las insulsas y desclasadas embestidas del burel. Las palmas que lo despidieron reconocieron una seria actuación.