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20ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del jueves, 30 de mayo de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Novillada picada
Ganadería: Novillos de Román
Sorando,el 3º devuelto, desiguales de presentación, muy flojos
(especialmente, 2º y 5º), mansos y nobles. Sobrero de Navalrosal,
manso y noble.
Diestros:
- Matías
Tejela, estocada (oreja); gran estocada (oreja). Salió a hombros
por la puerta grande.
- Salvador Vega,
tres pinchazos, estocada -aviso-, un descabello y el novillo se echa
(ovación); casi entera en lo alto (ovación).
- Iván García, pinchazo en los costillares y pinchazo (ovación);
estocada (oreja).
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Sevilla, La Razón.
El País.
Antonio Lorca. Voces
del tendido
Gritó una voz popular: 'Ésta es la
primera plaza del mundo y no se pica; ¡qué vergüenza! Y le respondió
otra: 'Cállate, borracho'. La primera surgió de los tendidos de sol, y
por el timbre pertenecía a un aficionado constante; la segunda, de la
sombra y, apuéstense lo que quieran a que era su primer festejo en este
San Isidro. El de sol continuó su denuncia y otras voces de la sombra
lo volvieron a vestir de limpio. A todo esto, el presidente sacó tajada
de la situación y dejó al novillo en el ruedo y se consumó, una tarde
más, el engaño. El de sol no se calla, pero tiene más razón que un
santo. En la sombra, por lo general, prefieren hacer la vista gorda.
Cosas del diálogo norte-sur.
Y así nos va. Por cierto, no hay
constancia de que el aficionado de la solanera hubiera empinado el codo
más de la cuenta. El borracho era el segundo novillo, cuya invalidez
provocó tan edificante diálogo. Lo cierto es que Salvador Vega pagó
los platos rotos y se las tuvo que ver con una largatija beoda que sólo
le permitió mostrar buenas maneras. A eso, el de la sombra no dijo ni pío.
A pesar de todo, a pesar de los novillos
mal presentados y ayunos de fortaleza, los tres novilleros demostraron
unas enormes ganas de triunfo, manejaron los engaños con variedad y
torería y dejaron abierta la esperanza para el futuro.
Uno de ellos, Matías Tejela, salió a
hombros por la puerta grande después de recetar dos buenas estocadas,
-sobre todo la segunda-, lancear con mérito por faroles y gaoneras y
manejar con soltura la muleta. Especialmente vistoso resultó un galleo
por chicuelinas que cerró con una larga cambiada de rodillas. En su
primero hizo una faena larga en la que destacaron dos tandas de
naturales bien ligados con el de pecho. En el otro, voluntarioso y porfión
ante un animal parado.
Vega sólo pudo lucirse con el capote
por chicuelinas muy ceñidas y una media de cartel.La invalidez de su
lote le impidió incidir en el buen toreo que, sin duda, encierra.
Y el tercero, Iván García, buscó el
triunfo con ansiedad. En el primero, se lució con el capote, colocó
banderillas con espectacularidad, trazó bien los muletazos y los ligó
con la planta muy quieta. Cuando tenía la oreja ganada, la espada cayó
muy baja y el chaval se llevó las manos a la cabeza. En el otro falló
con los garapullos, pero exprimió con temple las cortas embestidas de
su oponente. Esta vez, no falló con la espada, y el público le premió
con una merecida oreja.
Diario de Sevilla.BARQUERITO.
Matías Tejela abre al Puerta Grande y triunfa
como novillero
Abrió boca y apetito una sólida, seria y valiente
faena de Matías Tejela; de amontonar méritos, muy seguida,
premeditada, llena de muletazos; de notable ajuste y general quietud,
con el toro por ver y la muleta plegada, fue espléndida la apertura:
bellos muletazos cambiados, espléndido uno de pecho. Remiso por el pitón
derecho, éste, mansito y bondadoso, fue novillo de mano izquierda. Dócil,
la carita arriba, noble y apurado por ese pitón hasta la última gota
por Tejela. Eran sus ganas de hacerlo todo. Absolutamente. Diminuta
muleta, toreo vertical, algo encimista, de perfil pero embraguetado.
Tenso asiento, seguro poder, seco garbo. Y una estocada inapelable que
le dio a la faena más valor y más peso del que tuvo en directo. Estuvo
fría la gente.
Tejela, que está en plena metamorfosis, sumó todavía más méritos
después. Ahora a favor de ambiente y toro. Este cuarto fue uno de los
dos mejores de Sorando. Humillado temple, fijeza, cara calidad. Sólida
de nuevo la faena. Tan ambiciosa que pecó de acortar distancias a
destiempo y de castigar demasiado por abajo. De acumular muletazos
cuando más pausas pedía el toro. Todavía más firmeza que antes. Y de
nuevo el colofón de un espadazo que abría al torero de Alcalá de
Henares las puertas de la fama.
Bonita faena de Salvador Vega a su primer novillo. Tapado y escondido
en el primer muletazo de cada serie, mejor colocado en el segundo,
rebozado en el tercero y casi roto luego, en el cuarto y en los remates.
Plegando y desplegando los brazos sobre el eje de los codos. Toreando
cada vez más para adentro. Un pulso especial para marcar los muletazos
como si los dividiera en varios tiempos. Pero ese primer novillo, aunque
administrado, fue de más a menos. También la faena. Y malo el remate
con la espada. Al quinto, garbanzo negro por deslucido de la buena
novillada de Sorando, lo mató Salvador de gran estocada contraria. Pero
topón y hundido, descastado, el toro no le dio la menor opción.
El primer novillo que Iván García mataba en las Ventas fue un
encastado sobrero de Navalrosal que tuvo pies, codicia, entrega,
recorrido y alegría. Quiso mucho Iván. Lucido en lances de amplísimo
compás y manos altas, sobrado de facultades en tres pares de
banderillas certeros pero de mucha carrera y no del todo acoplado en una
faena acelerada. La clase del toro desbordó a ratos al torero nuevo. El
sexto, en cambio, le dejó estar mucho más a gusto. Fue novillo de nota
en la muleta, y ahora Iván le tomó la medida, acertó con el sitio y,
desplegando su amplia muleta, lo llevó muy toreado con la mano
izquierda. Fue faena con baches y sin remate, pero una estocada de mucho
corazón provocó un premio de última hora.
La Razón. JUAN
POSADA.
Matías Tejela, dos orejas, abrió la puerta grande
Menos mal que por fin llegaron a Madrid en San Isidro dos novilleros
que justificaron la confianza puesta en ellos: Matías Tejela e Iván
García. También Salvador Vega dio muestras de conocimiento, aunque no
se dio tanto como sus compañeros, que actuaron más de verdad. Ni que
decir tiene que todavía se les apreciaron defectos, pero más de forma
que de fondo. Posiblemente si Matías Tejela hubiera dado más espacio a
sus dos novillos, seguro que el éxito podría haber sido mayor. No
obstante, tanto éste como Iván García, basaron sus actuaciones en
unos grandes deseos de triunfar. Así y con ilusión, aparte de la
juventud que tienen, las cosas son más fáciles.
Ayer también se comprobó que la presencia y la fuerza de las reses
ayudan muy mucho a los toreros, cuando son nobles y bravas, además de
poseer una presencia digna. Por ejemplo, la primera oreja de Matías
Tejela fue concedida con menos calor que la segunda, realizada con un
novillo de mucha más presencia. Igual ocurrió con Iván García, ya
que el sexto, al que desorejó, era un torito, aunque bueno, con trapío
y peso. Y es que en Madrid, para novilleros y matadores, la dignidad del
oponente es en cualquiera de los casos, beneficiosa para los toreros. Si
son buenos y nobles, adornan mucho la faena. Si tienen dificultades, las
acentúan y dan más mérito a lo que se les realiza.
Uno de los más bonitos momentos de la novillada acaeció durante el
tercio de varas del primer novillo, al que, Salvador Vega realizó su
quite correspondiente, con muy buenos modos, y la respuesta de Matías
Tejela, su matador, no se hizo esperar. Ya eso hizo que la atención y,
por qué no, las simpatías de los tendidos se acentuaran. El caso es
que, en Madrid y en todas las plazas, se observa, sopesa y estima los
detalles como éstos, indicativos del celo, la rabia y las ganas
novilleriles
También se apreció que Tejela quería el triunfo con anhelo al
citar con la muleta plegada en la izquierda al primero. Al finalizar el
pase cambiado y proseguir con la izquierda, ya tenía ganado medio
trofeo. Buenas formas al situar la muleta, siempre adelantada, lo justo.
Por ello ligó la tercera serie, francamente bien. La última, con seis
naturales seguidos y el de pecho, muy buena. ¿Para qué las manoletinas
en medio del silencio de la gente? Con lo que había hecho hasta
entonces bastaba, ya que todo fue procurando realizarlo lo más puro
posible. Sólo faltó haberse cruzado un poquito más a la salida de
cada natural. Con la espada, derecho como una vela.
Con el cuarto, bien con el capote y en el quite por gaoneras, muy
ajustado. Mejoró técnicamente con la muleta ya que, aparte de dejarla
siempre en el sitio, se cruzó más y, si le hubiera dado un pelín de más
espacio, le hubiera costado menos trabajo llegar al público. Pecó, si
acaso, de ahogar las arrancadas al final de la faena y aunque el novillo
continuó sus francas embestidas, fueron más cortas y dificultosas. Se
perfiló en corto y atacó muy decidido. Excelente estocada.
Salvador Vega inició su primera faena con ayudados por alto de buen
estilo. A causa de la flojedad del novillo, los muletazos rematados
siempre a media altura. Una vez enderezada la faena, debió cruzarse más
y no forzar tanto la figura, defecto manierista muy usual en su tierra
andaluza. No obstante, se le vio fácil aunque un tanto superficial, más
atento en componer la figura que en consumar los lances con ortodoxia.
Con el quinto, mansón, abusó del pico y de situarse en la pala del
pitón. Las buenas calidades demostradas por Vega aconsejan que deseche
esas formas mentirosas, que no le van. Estocada entrando a ley.
Iván García es un novillero que ha avanzado mucho desde principio
de temporada. Manejó el capote con soltura y gusto y colocó a ese
primer novillo muy gallardamente en el caballo. Emotivo en banderillas y
macizo con la muleta. La situó siempre adelantada y, como el novillo
repetía, siempre la encontró dispuesta para ligar los pases. Los
naturales no resultaron tan completos, pero las intenciones fueron
buenas. Los ayudados finales, con mucha clase. Pinchó mal y perdió el
trofeo.
Mejoró en el sexto con el que también se lució en el segundo
tercio. Bien colocado, se templó a la buena arrancada del novillo
aunque se vio que era el torero quien dominaba la situación. La faena,
por su buena compostura y excelente son, fue digna de un matador de
toros, hecho y derecho. Así fue la estocada final: derecho, decidido y
marcando los tiempos a la perfección. Casi listo para la alternativa.
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