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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 28 de abril de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Novillada con picadores
Ganadería: Novillos de Fuente Ymbro,
encastados en líneas generales.
Novillero:
- César Jiménez,
palmas, ovación, ovación tras fuerte petición de oreja, silencio
tras aviso, oreja y oreja.
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, El Mundo, Diario
de Sevilla.
El País.
M.A. CUADRADO. Conseguir el objetivo soñado
El nuevo valor de la torería ha llegado y besado el santo, según el
conocido dicho, que lo mismo sirve para un roto como para un descosido.
Pero dejemos las reflexiones sanchopancescas y al toro.
Estuvo César Jiménez sobrado con la espada, a pesar de algún
pinchazo. Variado con la muleta y no con el capote, bien utilizado en la
brega, pero sin lucimiento ni limpieza cuando tocaba pintar la verónica
o hacer quites vistosos y de variado concepto. Y muy a su pesar, por
debajo de la encastada novillada de Fuente Ymbro.
El joven valor digamos que no acabó de encajar el picante del
primero, y que al segundo no le cogió la distancia, aunque diera algún
derechazo de nota. En el tercero empezó el trasteo de rodillas y se
vislumbró color y maneras, al embarcar el muletazo, mas acentuó el
pernicioso codilleo y seguía dando medios muletazos. En el cuarto
prolongó más el toreo sin rematar en el talón contrario, y cierta
tozudez y hacer mecánico.
Pero salió el quinto, que se vino arriba en banderillas, y que había
recibido con dos largas cambiadas de hinojos en el tercio, y César Jiménez
ya fue gente con la muleta. Entonado en el torero en redondo y profundo
en dos series ligadas de naturales, al buen novillo noble y encastado.
Decidido
Salió decidido en el sexto, que recibió con una chicuelina
comprometida en el platillo, y realizó una faena en donde una serie de
redondos de rodillas, como prólogo, fue lo más acabado. Después el
codilleo y el toreo posmoderno. Ahora, se tiró a matar sin trampa ni
dudas, agarró un espadazo, fue arrollado sin consecuencias, y consiguió
salir a hombros.
Tras despachar seis novillos, sin agobios ni pinturería, serio y
arrojado siempre que se sacudía la mandanga y olvidaba la faena
estudiada en la pizarra. Unos que sí y otros que non, y el joven
madrileño aupado camino de la calle de Alcalá. Casi nada. Gloria
bendita para el César.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. El
triunfo de la capacidad de un debutante y la bravura de una magnífica
novillada
«Sobrado de todo menos de arte»; «El triunfo
de la capacidad frente a la calidad de Fuente Ymbro»; «La virtud de la
facilidad fue su mayor enemigo»; «Puerta Grande con alfileres»; «Dos
orejas de doce»; «La tranquilidad de un debutante y la bravura de una
magnífica novillada»; «Al final se abrió el paracaídas».
Cualquiera de estas frases o un cóctel de ellas podría encabezar el
titular de una crónica nada fácil. ¿Por qué? Pues porque César
Jiménez se presentaba en la Monumental de Las Ventas. En solitario para
más inri. Y, aparentemente, no le pesó la tremenda responsabilidad ni
le atenazaron los nervios. Es más: su tranquilidad, su dominio de la
técnica, una enorme facilidad, su valor frío, una cabeza despejada y
el sitio que tiene con la espada hicieron olvidar en muchos momentos que
se trataba de un debutante. Puestas todas estas cualidades en un
platillo de la balanza, ésta se decantaría con claridad a su favor.
Musas en huelga
Pero la calidad no vino de su mano, sino de las embestidas
de los novillos de Fuente Ymbro, que le pusieron en bandeja un triunfo
de dimensiones incalculables, de una repercusión mucho mayor de la
obtenida. Durante la corrida, hubo momentos en que la sensación de que
la tarde tomaba una imparable cuesta abajo se palpaba en el ambiente,
proclive a valorar las virtudes de los «jandillas» de Gallardo por
encima de las labores de Jiménez, que no calaban, que no subían por
los tendidos, huérfanas del toque mágico de las hadas de la
inspiración, musas en huelga. El repertorio con el capote se quedó
cortito además y tampoco la variedad presidía las faenas de muleta.
Así que la cosa no sólo equilibraba la balanza, sino que la inclinaba
en su contra. De ahí que la salida a hombros contenga un cierto sabor
agridulce. Aunque nadie debe olvidar que estamos hablando de un chaval
que debutó con picadores hace apenas un año en Castellón, de un chico
que acaba de empezar en esta difícil profesión y que posee dotes de
corredor de fondo más que de estilista o artista de deslumbrante y
efímero impacto.
Capítulo aparte merece el novillo que hizo quinto, «Inventor» de
nombre, premiado con una merecida vuelta al ruedo en el arrastre. Fue su
encastada embestida, franca y humillada, la que aderezó el toreo de
César Jiménez. Aportó la chispa que impulsó la faena y levantó la
tarde, sin que ello impida decir que el joven madrileño, otro producto
de la Escuela de Tauromaquia, bajó mucho la mano y dominó, que había
que estar ahí y no derrumbarse ante semejante vendaval de bravura.
Hasta entonces no habían surgido naturales de igual impacto. Cuanto
más sometido llevaba el torero al animal, más se crecía éste, más
trasmitía la obra, principiada con tres cambios por la espalda sin
enmendarse, en los mismos medios del anillo. También la mala suerte
quiso que, tras cuajar al torete, después de usar la tizona con una
regularidad loable, pinchase precisamente ahora, cuando las orejas se
hallaban ya en su esportón. Una premió al debutante; la vuelta al
ruedo en el arrastre al fabuloso «Inventor».
Arranque novilleril
La Puerta Grande se entreabría ya para abrirse luego con
otro trofeo del sexto, que lo volteó en la suerte suprema tras una
faena de arranque novilleril, un tanto precipitada por las ansias de la
gloria que se escapaba. Destacaron los naturales a pies juntos sobre el
resto, incluidos los redondos de hinojos y, por supuesto, las
manoletinas finales. Era la segunda ocasión en que abrochaba faena con
las manolas, ¡cómo si no hubiera alternativas!
Sus actuaciones anteriores se movieron entre la difícil facilidad de
quien conoce el oficio y la ausencia de inspiración de faenas un tanto
adocenadas. Entre todas las bondades de la novillada, brilló el juego
del tercero, porque el primero topaba más de la cuenta y otros contaban
con otros matices que no empañan lo más mínimo el rotundo triunfo de
Fuente Ymbro.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. A hombros, sin romper y sin brillos
César Jiménez se despedía de novillero y salió a hombros por la
Puerta Grande de Las Ventas. Pero no crean ustedes que fue la más alta
ocasión que vieron los siglos de la torería; ni que se agrietaran por
la emoción los cimientos de la tauromaquia.César Jiménez cortó dos
orejas y, en general, anduvo sin agobios a lo largo de la tarde. Eso son
cifras, contabilidad orejera, que no tienen vuelta de hoja: dos orejas
igual a Puerta Grande.Esa es la ley.
César Jiménez, al que yo he visto el año pasado alguna tarde
deslumbrante, se despedía de la novillería matando seis novillos de
Fuente Ymbro él solito. Se presentaba en Madrid y se despedía, todo de
golpe, de una tacada. O sea, hola y adiós. Y como la despedida ha sido
un éxito, dos orejas y Puerta Grande, seguro que volverá de matador.
Pronto se doctorará en la Francia y un imperio se le abre por los
confines de Iberia y más allá del mar. En las dos temporadas que lleva
con caballos, 2001 y los inicios de 2002, César Jiménez tiene un currículo
impresionante de premios y condecoraciones. Ayer Las Ventas del Espíritu
Santo le condecoró con dos orejas y el arco triunfal de la Puerta
Grande que se abrió en su honor. Mas yo espero que el joven novillero
no le dé a esto demasiada importancia, pues estoy seguro que habrá
tardes mejores.
Yo no sé si esto de unir en una tarde, en las Ventas, la reválida y
el doctorado es bueno o es malo. Yo creo que quizá no sea la solución
ideal para calibrar a un novillero, que demandan los aficionados. Más
bien parece moda y privilegio reservado a los que van para figuras. Y,
por las trazas, César Jiménez va para figura del toreo. El Juli también
lo hizo, hace tres o cuatro años: hola y adiós. Y ahí lo tienen
arrasando, aunque cada vez un poco menos. El Juli arregló la tarde,
hace años, cortándole dos orejas a un novillo de Alcurrucen y César
Jiménez ha recompuesto la suya cortándole una al espléndido quinto y
otra al sexto que también fue muy bueno.
Pese a estos dos trofeos yo creo que no fue una tarde brillante.Y que
no apareció, en su pureza, ni el estilista que deslumbró alguna vez el
año pasado, ni el aguerrido tremendista, modalidad que en ocasiones le
sale a Jiménez para soliviantar al cotarro.Por la insistencia en torear
de rodillas estuvo más cerca del tremendismo que del estilismo. Si bien
es verdad que en el quinto hubo fulguraciones de buen torero y que aquí
la gente se calentó con cierta intensidad; con tanta intensidad, que
después de un pinchazo, una estocada y un descabello, Las Ventas, la
primera plaza del mundo según dicen, pidió y obtuvo la oreja.
Los pases cambiados por detrás en la boca de riego, dos tandas de
derecha y otras dos de naturales levantaron la temperatura y el arte de
torear. A partir de aquí, la segunda y necesaria oreja casi estaba
cantada. Y cayó, pese al bajonazo. Un lance extraño de capa a punto
estuvo de causarle a Jiménez un disgusto.Y esa rara emotividad que
produce el peligro disimuló lo atropellado e inconexo de una faena de
muleta vulgar. Lo mejor, los intentos de desarrollarla en los medios.
Pero en líneas generales, sin que las dos orejas deban engañarnos,
la presentación y despedida de César Jiménez en Madrid no puede
calificarse de triunfo clamoroso. Quedó claro, que anda sobrado y
suficiente con el novillo terciadito; que se sabe el oficio y que tiene
apuntes de torero de estilo, aunque sin romper.
La novillada de Fuente Ymbro ofreció las garantías que se espera
del buen juego que están dando este año estos jandillas. Y César Jiménez,
cuyo primer novillo no vi por un indeseable error de hora, estuvo fino y
artista en ocasiones, valiente casi siempre sin arredrarse ante ligeros
accidentes. Pero también despegado, corretón, celérico, es decir,
acelerado y sin reposo. En mi modesta opinión, no es eso lo que se
espera de un novillero puntero que quiere poner todo esto boca abajo. Y
que, acaso, pueda hacerlo si se centra y para un poco más que ayer.
Diario de Sevilla. JUAN
MIGUEL NÚÑEZ.
César
Jiménez triunfa, pero no convence, en su encerrona
La apuesta era muy fuerte: seis novillos para debutar en Madrid prácticamente
en vísperas de la alternativa. Seis novillos bravos donde los haya,
arma de doble filo, que al final se le atragantaron. Uno detrás de otro
se fueron lo que se dice sin torear.
Y eso que César Jiménez tuvo algunos momentos en los que pareció
que iba a remontar. Pero se le vino encima todo y no fue capaz. El
triunfo de las dos orejas y la Puerta Grande no cuenta, es pura engañiza
en el conjunto de una tarde en la que los novillos estuvieron muy por
encima del novillero.
Lo peor fue el contraste con la bravura y el buen juego de los
novillos, ésos que sueña el aficionado y el buen torero, que en otras
circunstancias de más y mejor inspiración le hubieran encumbrado.
Porque hay que decir que César Jiménez estuvo voluntarioso y gris,
trabajador y anodino, lejos de ese torero que tantas y tan buenas
esperanzas hizo concebir en su debut con picadores en la segunda plaza
de Madrid, la carabanchelera de Vistalegre hace algo más de un año.
César Jiménez se ha paseado desde entonces por las principales
plazas y ferias de España y Francia con vitola de firme promesa. ¿Qué
ha pasado? Puede ser que no estuviera acostumbrado al torrente de
bravura que se le vino encima. Mala cosa que todo el aprendizaje de un
torero esté basado en la comodidad del toro sin importancia. El hombre
se vio vencido poco a poco, sin recursos para remontar. Una especie de
quiero y no puedo a lo largo de los seis astados.
Agobiado por el que abrió plaza, novillo que no perdonaba errores.
En éste se anotó cuatro verónicas y media muy lentas y de compás
abierto, de exquisito gusto. Pero hasta ahí, porque todo lo demás
estuvo en una irremisible cuesta abajo. Tampoco le cogió el ritmo al
segundo, un astado que tenía su temple y su distancia, con el que no se
entendió.
En el tercero, correcto pero frío, hizo un toreo limpio y en
ocasiones preciosista, aunque sin ángel, siempre por debajo de las
buenas condiciones del novillo. Larga faena al cuarto, de pases y pases,
y ningún poso.
En el quinto, con el novillo de la tarde, estuvo más a tono, pero ni
mucho menos fue capaz de llegar a la altura del noble oponente. Faena
despegadita y en la que faltó también limpieza. Y mención especial
para el novillo, que todavía está embistiendo.
Con el sexto, más de lo mismo a cargo del novillo, de una
extraordinaria fijeza y largas embestidas. César Jiménez más que
torear lo que hizo fue acompañar. Fue una vez más el triunfo del
animal.
Al final, Puerta Grande. Descafeinado triunfo. Todo al revés de lo
que el mismo César Jiménez preconizó, pues se había propuesto
convencer antes que salir por la Puerta Grande. Y sin embargo salió a
hombros sin convencer. Menos mal que la afición tuvo el justo detalle
de sacar a saludar al mayoral, porque, sin duda, el triunfo fue de la
ganadería.
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