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15ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del sábado, 25 de mayo de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Fermín
Bohórquez, aceptables de presentación, sosos y descastados.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, La Razon.
El País.
Antonio Lorca. Un
pollo para Hermoso
No hay público más agradecido que el
de los espectáculos de rejoneo: divertido, entusiasta, dispuesto
siempre al aplauso y solícito hasta el enfado en la petición de
trofeos. A veces, como ayer, el público, especialmente el de sol,
parece la representación más auténtica de la España cañí y castiza
de los años sesenta.
Cuando Hermoso de Mendoza daba una
triunfal vuelta al ruedo con la oreja de su primero, un espontáneo bajó
al ruedo para colocarle un pañuelo rojo en el cuello; otros lanzaron
botas de vino y conminaban al rejoneador para que probara el buen caldo
de la tierra, y, por último, alguien le regaló un pollo de corral vivo
y coleando atado a una cuerda para evitar desbandada molesta de última
hora. ¿Hay que ser o no hay que ser cañí para venir cargando con un
pollo por todo Madrid con la ilusión de regalárserlo al triunfador de
la tarde? ¿Y si no hay triunfador? Pues, vuelta con el pollo para el
pueblo.
¿Y qué hizo Hermoso con el pollo? ¿Lanzarlo
al tendido? No, señor. Se lo entregó a un subalterno; y éste, a su
vez, a un cuidador de los caballos, que lo puso a buen recaudo. Un pollo
de corral no es para despreciarlo en los tiempos que corren.
Seguro que Hermoso de Mendoza pensó
celebrar con un arroz el triunfo en Las Ventas. Pero, al final, el rejón
de muerte le jugó una mala pasada y no pudo redondear una tarde de
magisterio absoluto que lo confirma, una vez más, como el rejoneador más
importante del momento actual. Entre él y el resto dista un abismo. No
tiene necesidad de buscar el aplauso fácil porque su técnica depurada,
la perfecta doma de sus caballos y la pureza de su toreo conectan fácilmente
con el público. En su primero, un manso escondido en tablas, protagonizó
un espectacular tercio de banderillas de la mano de Danubio, el
sucesor de Cagancho, que desafía a su oponente con el hocico y
se lo deja llegar hasta las mismas barbas; cuando el toro arremete, el
caballo, valiente y torero, lo quiebra con la culata.
Perdió los trofeos en el último a
causa de su mala puntería a la hora de matar, y bien que se enfadó, y
con razón. Lo cierto es que había redondeado una actuación pletórica
de temple y torería. Sorprendió con los rejones de castigo al quiebro
y destacó, otra vez, con las banderillas, todas clavadas al estribo,
como debe ser. Se adornó sin estridencias, y los tendidos hervían de
emoción, dispuestos a sacar a hombros por la puerta grande al rey del
rejoneo. Pero no pudo ser, y todo quedó en una fuerte ovación y, este
mediodía, arroz con pollo, que estará para chuparse los dedos.
No hubo pollo de corral ni para Bohórquez
ni para Hernández. Tampoco lo merecieron, ésa es la verdad.
El primero no parece ya el rejoneador
perfeccionista de hace unos años. Busca el aplauso fácil -cuando sale
al ruedo saluda a todos con parsimonia por lo que pueda ocurrir-, pero
falla mucho en la colocación de los rejones y banderillas. En su haber,
sin embargo, un buen tercio con los garapullos a dos manos en el quinto.
Mató muy mal, pero le concedieron un trofeo.
Y no obtuvo ninguno Leonardo Hernández,
un rejonedaor sobrio, campero, muy voluntarioso, pero, también, muy
irregular. Falló demasiado y clavó siempre a la grupa.
En fin, que Bohórquez y Hernández se
tendrán que conformar con pollo de granja. El otro hay que ganárselo.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Hermoso
de Mendoza perdió la Puerta Grande por culpa de los rejones de muerte
Al entrar en la plaza, muchos aficionados de
corridas de a pie, a los que ha captado el arte de Pablo Hermoso de
Mendoza, discutían, todavía, sobre las dobles orejas de estas últimas
tardes. Luego, en el coso, presenciamos una buena corrida de rejones,
con un Hermoso quizá en un tono menor, un Bohórquez en forma y un
Leonardo desigual y voluntarioso, con aciertos aislados.
Decimos que un Hermoso de Mendoza menor y quizá sea injusto. Pero en
nosotros siempre estará la sombra, todavía muy reciente, de «Cagancho».
Esa manera de atar las embestidas a las colas y a las ancas del negro
caballo cuatralbo las tendremos toda la vida en la mente.
En esta ocasión, el navarro recortó bien, desde «Labrit» al que
abrió su lote. Tras una pasada en falso, colocó el hierro en su sitio
y toreó desde el caballo, como dando una especie de trincherazo con el
pecho de su montura. Bien en banderillas, montado sobre «Albaicín»,
y, tras algún paso en falso al sacar a «Chicuelo», llegó la entente
entre caballo, caballero y toro para que se conjugaran la ejecución y
la colocación. Un acabado quiebro fue preludio de unas cortas
espectaculares, pero el rejón final tardó un poco en hacer efecto e,
incluso, necesitó la ayuda de un peón. Cortó una oreja con mucha
fuerza.
Perdió una o dos del sexto -la gente estaba embalada- por una labor
que fue de menos a más: cumplió en los rejoncillos, mejoró mucho en
banderillas y llegó a su culmen con «Chicuelo» y sus piruetas.
Espectacularísimo con «Albaicín» y, más todavía, con la rosa que
colocó sobre «Mariachi», un precioso bayo, con el que falló después
a espadas. De todas maneras, siendo un Hermoso menor, en esta ocasión,
sigue siendo el mejor, a años luz de los demás.
Mayor esplendor
Y eso que Fermín Bohórquez volvió por donde solía. Su
primera labor fue siempre a más, y tuvo su momento de mayor esplendor
al actuar con las banderillas sobre «Canario», que estuvo a punto de
ser alcanzado, de tanto estrecharse el rejoneador. Combinó voluntario
ardor sobre el tordo rodado «Batán» y coronó su labor, un punto
desigual, con una nueva reunión bien hecha y la muerte rápida del
contrincante.
Pocos peros para poner en la bien ganada oreja del quinto. Si bien
toreó con el palo del rejoncillo, como si fuera una garrocha, o luego,
con el sombrero, mejoró mucho con los palos, con las banderillas, sobre
todo en los pares a dos manos, realmente conseguidos. Lo certero de la
espada le dio el trofeo.
Leonardo Hernández hizo un alarde de monta en su primero, en el que
combinó el buen toreo con los alardes espectaculares. La tercera de las
banderillas fue modelo de precisión geométrica, pero faltó en el
conjunto una mayor transmisión, al ir de más a menos. En el cuarto
anduvo voluntarioso, pero contruyó una faena de largo metraje.
La Razón. JUAN
POSADA. Bohórquez y Hermoso, una oreja por
coleta
El público de las corridas de rejones ha cambiado. Hasta hace bien
poco privaban las galopadas, los caballazos y las faenas basadas
exclusivamente en los adornos. En la actualidad se mira y remira la
mejor doma, la compenetración del caballero con la bestia y,
especialmente, la templanza. Es decir, no se acepta ni el vocerío ni
los gestos excesivos. Las diferencias entre los diversos rejoneadores
está muy marcada. La sobriedad, herencia de la escuela lusitana, priva,
aunque no se desdeñe, la pirueta y los alardes, siempre que el temple
impere en las acciones.
Así, ayer el público se mostró un tanto frío pero correcto
durante la lidia de los dos primeros toros. A pesar de que Leonardo y
Bohórquez culminaron sus faenas con certeros rejonazos, las peticiones
de oreja fueron muy leves. Puede parecer que el respetable no había
entendido la actuación de los dos rejoneadores, pero no fue así. Las
compararon con las calidades de las reses y, igual que juzgan a los
toreros de a pie, actuaron en consecuencia.
Otra de las consideraciones es que desmerecen a sus ojos cuando los
caballos son tropezados por los pitones o se nota que los arriesgan en
demasía, sin resultados exitosos. En definitiva, el arte de rejonear ha
elevado sus calidades y el espectador las aprecia en su justa medida
cuando son aceptables y la rechaza o se calla cuando no está de acuerdo
con sus convicciones.
Ayer hubo una gran diferencia en la actitud del respetable durante la
lidia del tercer toro con respecto a los dos anteriores. Hermoso de
Mendoza paró de salida a su enemigo sin aparentemente forzar a la
montura, lo que puso un punto y a parte con respecto a los ejercicios más
violentos que habían efectuado sus compañeros en el mismo trance.
Leonardo y Bohórquez aprendieron la lección y en sus segundas
actuaciones cambiaron el ritmo y acentuaron la templanza. Por ello, la
segunda parte de la corrida fue mucho más interesante que la anterior.
Leonardo Hernández dejó que le tropezaran el caballo
a la primera de cambio en el rejón de castigo. Mejoró en el segundo y,
muy nerviosamente, puso cuatro banderillas que aumentaron el nivel de su
actuación. La última, muy superior a las demás, aunque sin llegar a
calentar en exceso. Cierto que estuvo variado y animoso, aunque en
algunos momentos confundió la frialdad con el temple. Frialdad que
contagió al personal.
Le echó genio a su segunda actuación parando al toro un tanto
destempladamente, y así falló al clavar. Mejoró en el segundo y, ya más
templado, la primera banderilla, con donaire; la segunda bajó un tanto
y la tercera y cuarta, bien, especialmente la última. Un quiebro final
elevaron el tono de su actuación. La pena fue que se precipitó en un
par a dos manos que hubiera culminado en exitosamente su labor, muy
mejorada en este toro, a pesar de que el público ni siquiera lo hiciera
dar una vuelta al ruedo.
Fermín Bohórquez estuvo bien de salida en su
primero, aunque un tanto precipitado. Alegre en la preparación de las
banderillas y la primera y la segunda entrada, correcta. Adornó mucho
el cite de banderillas a dos manos, aunque sólo clavó una. Luego remató
muy bien el segundo intento. Con las cortas, correcto. Actuación
alegre, un tanto desigual pero emotiva, posiblemente pecara de más
velocidad de la aconsejable y aunque el rejonazo fue sin puntilla, el público
no respondió con demasiado calor.
Se le notó mucho más templado en el quinto, al que sólo puso un
rejón de castigo, seguramente, para dejar al toro con más brío. El
tercio de banderillas, muy clásico y sin concesiones, gustó al
personal y también los pares a dos manos y los adornos finales: pasadas
ante la cara del toro con el pecho del caballo que prácticamente fueron
medias verónicas. Volvió a clavar muy bien y remató acertadamente.
Hermoso de Mendoza no comenzó demasiado bien. Acentuó
el primer quiebro demasiado y falló el primer rejón de castigo. Mejoró
en banderillas con pares muy ajustados y derrochando personalidad. Ya
los cambios fueron ajustados, dando la cara al toro y embrocando muy
bien. El tercero, inverosímilmente citado en corto, excelente, lo mejor
de la tarde. Las cortas, muy emotivas, elevaron el clímax. Labor dinámica
con visos artísticos aunque, posiblemente a causa de la ambición,
desigual en los embroques.
Con el sexto, mejor aún. Perfecto dominio de sus caballos, «Labrit»,
«Chicuelo» y «Batista» que estuvieron cumbres en las banderillas y
en los quiebros. Las piruetas de «Chicuelo» a milímetros de los
pitones, levantaron clamores. Los adornos, tras las rosas, del teléfono
y las pasadas con la grupa rozando las grupas del toro, enardecieron.
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