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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 24 de marzo de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Pablo
Martínez Elizondo, mansos en general.
Diestros:
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, El
Mundo
El País.
MIGUEL ANGEL CUADRADO. Mansos, bastos y de carreta
Un tiempo espléndido para estar
sentados en los tendidos y ver una corrida de toros auténtica. Que en
el caso de Las Ventas era la primera de la temporada. Una primera
entrada generosa de público, que acudió al reclamo de un cartel apañado
de tres estilistas de diferente trazo y mando. Y una corrida de toros más
de sopor que de emoción, angustias y comentarios diversos, interesados
y calientes. La culpa, que se la echen al maestro armero. Aunque mejor a
los toros, atacados de kilos, y que se comportaron más como bueyes que
como animales de casta indómita y sangre brava.
Había voces que susurraban que íbamos
a ver una corrida de puro encaste santacoloma, y abrigaban sus
esperanzas. Que en buena parte se disolvieron cruelmente cuando leyeron,
en el programa de mano, que en 1992 se había eliminado todo lo anterior
y la procedencia actual era de Sepúlveda y de unos toros que una vez su
dueño los llamó artistas: en tarde de pasión y propaganda.
Sólo el segundo toro, sustituto de un
titular que no pasó el reconocimiento, tuvo eso que se llama casta,
incluso su aquello de genio, y con el mentado estuvo Uceda Leal
dispuesto y desafortunado. Comenzó doblándose por bajo con sabor y
torería, y luego se estiró por fuera de las rayas, para no acabar de
dominar la situación y perderse en un piélago de enganchones y falta
de mando. En su segundo, Uceda Leal estuvo voluntarioso, se trabajó
unas series de redondos de cierta prestrancia y luego se perdió con el
buey en tierras inciertas de chiqueros, con la espada muy mal afilada, y
los avisos fueron cayendo uno detrás de otro.
Manolo Sánchez bregó bien de capa en
su primero, un inválido llamado Taquillero. No sabemos si el
nombre es una clave o una coincidencia con guasa. Y en su segundo robó
algunos lances templados, a favor del viaje del toro, y desarrolló una
faena que impacientó al público, que pedía, por favor, que terminara
cuanto antes.
Para terminar con lo sucedido en la
tarde luminosa, sensual y soporífera de autos, nos queda Alfonso
Romero, quien en su primero demostró su buen corte y elegancia,
mientras el mansurrón embistió, y en el sexto dimitió ante el boyacón
y estuvo pelma y ofuscado con la espada.
O sea, que de alegrías, pocas. Una lástima
de espectáculo, de arte enterrado y mentes pensantes que eligen toros
fofos, blandos y sin maldita casta que haga cantar loas. Adiós.
El Mundo. L.
CAJITÁN. El toro sin atributos
La sensación de vacío fue infinita. La primera corrida de la
temporada en Las Ventas se convirtió, toro a toro, en un concurso de
carne a granel, de carne mansa e ignominiosa. Es la hora del toro sin
atributos con licencia de Musil . Es decir, del toro deshabitado: manso,
deslucido, sin ápice de bravura ni nobleza. ¿De quién es la culpa?
No cabe entonces desesperación mayor o insulto más lacerante.Se
esperaban toros y se recibieron bueyes huidizos, desnortados y
renqueantes por momentos. Y ese mismo desasosiego se apoderó de los
diestros. Manolo Sánchez sufrió, quizá, el peor lote de la tarde.
Apenas se vislumbró que había torero hasta que llegó el tercio de
muleta de su primero.
Pero la cosa se notó para mal. Sánchez estuvo absorto y en
tinieblas, sin cruzarse, con la muleta a media altura. Apenas un
muletazo limpio, y acabó la faena con estocada caída después de
pinchar.El cuarto astado apuntaló su mansedumbre tras salir del caballo
y sufrir una brega vulgar y belicosa que tan sólo brilló con unos
pares de banderillas de Valentín Luján.
Manolo Sánchez tanteó con la muleta los dos pitones, pero el toro
iba apagándose al mismo ritmo que decreció la faena del vallisoletano,
entregado a unos arrimones finales que acabaron con dos pinchazos y
media estocada. Lo dicho, tinieblas.
Con voluntad pero sin convencimiento se mostró Uceda Leal. Quizá
tuvo el mejor animal del conjunto siempre dentro de las limitadas
calidades de la corrida de ayer . Recibió a su primero con una serie de
verónicas poco asentadas y remató de capa con una media mejor
perfilada. Sin embargo, con la franela y ya en los medios, Uceda no
terminó de acoplarse a la embestida de un animal que pedía muleta
baja, sometimiento. Lo despachó de cuatro pinchazos y estocada caída.
El que hizo de quinto malo fue una apisonadora rematada en astas:
casi 63 arrobas de peso 700 kilos , al que el madrileño le sacó
escasos muletazos con palanca. Con la espada otro desastre de pinchazos
y descabellos a discreción, regados de avisos.
Ni siquiera Alfonso Romero, que era el atractivo del cartel, pudo
dejar esos ribetes de arte que ha derramado ya en esta plaza.Le tocó en
último lugar un morlaco abrasivo con el que nada pudo hacer, sino errar
con la espada. Del primero de su lote sacó unos derechazos limpios pero
sin hilván. Escasos destellos de buen gusto que culminaron con una
habilidosísima estocada recibiendo de la que cayó el toro sin
puntilla. Al diestro de Murcia también le supo a poco, y quedó
divagando sin alma por la arena.
ABC. ZABALA
DE A SERNA. Y para arar, qué haremos
Si para torear echan bueyes, ¿para arar, qué haremos? El tractor
soluciona el problema agrícola, pero el taurino no. Cuesta mucho,
demasiado, entender cómo para una terna más que interesante se puede
preparar la gran bueyada. Se hace duro de comprender por qué sucede
algo así desde el punto de vista ganadero -¿cómo se viene con
semejante corrida a Madrid, señores Chopera?- y desde el plano
empresarial -¿cómo se selecciona en el campo algo más propio para
formar una cuadra de percherones que toros para embestir, señores
Lozano?- .
Que uno funcionara por el pitón derecho con nobleza no exime de
culpa a aquéllos ni a éstos. Y quizá tampoco a Alfonso Romero, quien
mostró su buen aire con cierta frialdad, sin calentarse ni centrarse a
fondo. Hubo derechazos de nota y pinceladas toreras, a dos manos
principalmente, o un pase de pecho. Pero todo careció de conexión. Por
el pitón izquierdo, apenas tanteó las posibilidades. Mató a toro
arrancado con una eficaz media estocada.
Una mole de 666 kilos
Al sexto, una mole de 666 kilos, lo despenó a sablazos,
como si los tres seises le provocaran un mal rollo de tintes diabólicos.
Habrá que esperar para comprobar si cristalizan las expectativas que
hay depositadas en él o, por el contrario, su carrera se desliza hacia
derroteros como los de José Luis Moreno o Uceda Leal, cuyas
prometedoras carreras se estancaron casi de igual manera.
Uceda, por ejemplo, que toreaba, y torea, como se vio en unas verónicas,
como pocos, se encuentra ahora en una situación difícil. Y, para
colmo, ayer se estrelló contra un barrabás cornalón y pendenciero de
Navalrosal, un manso violento que tiraba tornillazos con la cara arriba
y se revolvía a la altura de las ingles con el instinto de Jack el
destripador. Sólo el vibrante principio se elevó sobre la complicada
papeleta. Anduvo mal con el acero, y tampoco vio la luz con el topón
quinto, 695 kilos de carne de matadero.
La veteranía de Manolo Sánchez se transformó en picardía para
masacrar a sus toros, que además de no servir, aunque con el cuarto
surgen dudas, quedaron triturados bajo el peto.
Nota: se echó de menos una ovación para Alfonso Romero, que
reaparecía en Las Ventas tras regar su arena con sangre el pasado Otoño,
y sobró la otorgada al manso y peligroso 2º en el arrastre
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