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13ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del jueves, 23 de mayo de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Guardiola
Domínguez, 1º y 2º, bien presentados, bravos y flojos; 5º, de
excelente presentación, peligroso; y Guardiola
Fantoni, todos de gran presencia: 3º, bravo y encastado; 4º, bravo
y noble, y 6º, bravo y encastado.
Diestros:
- Fernando
Cepeda, estocada que hace guardia y un descabello (silencio);
dos pinchazos y el toro se echa (pitos).
- Uceda Leal, casi
entera trasera (silencio); estocada y un descabello (pitos).
- Antonio
Barrera, que confirmó la alternativa: pinchazo, estocada -aviso-
(ovación); bajonazo (vuelta).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, La Razon, ABC, Marc
Lavie (en francés).
El País.
Antonio Lorca. Un
bajonazo
Muchos espectadores pidieron la oreja para Antonio Barrera, y eso no
está nada bien. Un bajonazo tan descarado como el que propinó al sexto
de la tarde emborrona la labor de un jabato que se jugó la vida sin
cuento en una búsqueda desmedida del triunfo. No se olvide que los
toreros son, ante todo, matadores de toros, y no matarifes, dicho sea
con todo respeto para la profesión. Porque a los matarifes no les piden
orejas por muy buenos profesionales que sean.
O sea, que no. Que los pañuelos hay que guardarlos para ocasiones más
señeras, señores.
Así y todo, Barrera dio una triunfal vuelta al ruedo porque su
actuación en los dos toros fue un derroche de decisión, de valentía,
de pundonor y de arrojo. Y eso hay que premiarlo, qué caray.
Sobre todo, estuvo hecho un jabato en el último, un toro con cuajo,
bravo en el caballo y encastado y con recorrido en el tercio final.
Inició la faena con dos pases cambiados por la espalda que abrochó con
sendos de pecho. Con la muleta en la derecha aguantó impertérrito las
violentas embestidas del animal, y las dominó con quietud y un valor
desmedido. Otras dos tandas surgieron rápidas, pero muy emocionantes
por la pelea a ley que mantenían toro y torero. Citó con la izquierda
y resultó espectacularmente volteado sin consecuencias. Pero no se
arredró. Por el contrario, volvió a la cara del toro, mientras la
plaza entera rugía de emoción. Se perfiló por derecho para matar,
pero la espada cayó excesivamente baja. Un borrón inmerecido para una
faena de torero valiente, no exquisito, pero dominador y seguro.
Ya había presentado sus credenciales en el que confirmó la
alternativa, un toro que empujó con fijeza en el caballo y le dieron de
lo lindo. Tanto le dieron, que el torero pagó con creces la penitencia
de su pecado. El animal se quedaba a mitad del viaje, y todo quedó en
una demostración de voluntad y porfía.
Lo cierto es que la corrida estuvo muy bien presentada, especialmente
los dos últimos; hizo una buena pelea en varas y tuvo un juego desigual
en el tercio final.
Muy noble el cuarto, del lote de Cepeda.
Ay, Cepeda... Cuántas ilusiones ha roto este torero. Cuánta calidad
en sus muñecas y cuánta tristeza de ánimo.
Su carrera la inició con un aldabonazo serio en esta plaza hace ya
algunos años y, desde entonces, no se ha recuperado de aquel éxito. De
cualquier manera, es un privilegiado. Otros, en su lugar, llevan años
en su casa.
Es un artista del toreo a la verónica. Menos mal, porque ayer lo
intentó con alfileres y no le salió ni una que mereciera la pena. Cría
fama... Los artistas son así. No sería su día. Pues, hombre, para una
sola actuación en San Isidro ya podría haber hecho un esfuerzo.
Que no y que no. Cogió la muleta en ese cuarto noble, que exigía un
torero dispuesto, alegre y confiado. Y el toro se encontró con un
torero inhibido, triste y precavido. Y así no puede ser. Además,
ventajista, como un moderno cualquiera. Y así, menos. Dos redondos,
dos, dignos de mención cuando el toro embestía una y otra vez y el
torero se quitaba, se colocaba en terrenos inapropiados y se dejaba
enganchar la muleta. Pero, hombre de Dios, si está la gente esperando
un detalle, un solo detalle para encumbrarlo. Pero el torero, por lo
visto, prefiere vivir de las rentas de un capote mágico que, ayer, sin
embargo, se tornó vulgar.
En el primero fue muy molestado por el viento -hombre, una
justificación válida- y por un toro que se había dejado el alma en el
caballo. Después se dirá que el toro llegó aplomado a la muleta, que
llegó, pero no caiga en el olvido la leña que le endilgó el señor
picador.
Y salió el tercero con aires de manso. Olisqueó el albero, no le
gustó la plaza y buscó la salida con carita de pena. Y, como no la
encontró, decidió vender cara su vida. Embistió con violencia al
capote de Uceda Leal, que aguantó como pudo la avalancha de fiereza.
Salió disparado, hincó los pitones en la arena y dio una vuelta de
campana auténticamente espectacular. Plaff... se escuchó en toda la
plaza. Y ya se levantó con menos humos. Le midieron el castigo en
varas, acudió con codicia en banderillas y llegó con bríos a la
muleta. Pero la muleta de Uceda no era tan poderosa como el toro. Así,
resultó una faena vulgar y ventajista. Eso ocurre cuando se torea hacia
fuera, cuando manda el toro, cuando el torero se siente desbordado,
cuando se mueve la muleta sin decoro ni sosiego, cuando... Porque torear
no es sólo dar pases. Y eso lo nota cualquiera.
Sin embargo, le pitaron en el quinto injustamente. El toro, muy
peligroso y bronco, no admitía un pase.
Un pase tuvo la vuelta de Barrera. Una vuelta para un torero
valiente. Sí, señor.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Una
durísima voltereta se interpone en el camino de la feliz confirmación
de Barrera
Regresó el toro y la tranquilidad con una seria
y honda, interesante y desigual, corrida de Guardiola. La plaza recuperó
la normalidad y se respiraba paz tras días de exaltaciones y disgustos,
jornadas de despropósitos. Una pregunta: ¿cuál es la sanción para el
presidente que aprueba y bendice toros anovillados, impropios de Madrid,
o para aquél que abre la Puerta Grande sin criterio o para éste que se
salta el Reglamento? ¿Ante quién responden José Manuel Sánchez, que
le impone ahora, después de una tarde aciaga, una multa a El Juli, o
Luis Torrente, la mano tonta de la ley con generosopañuelo incluido? No
sigo, porque había anunciado un solo interrogante y he colado un
segundo de rondón.
Ayer, vaya por delante, la presidencia estuvo perfecta. No hubo
problemas y cuando brotó una petición no mayoritaria de oreja se
mantuvo en su sitio.
Antonio Barrera confirmó alternativa y parte de su futuro. Barrera,
curtido en México, se jugó el tipo con el toro de la ratificación del
doctorado y se quedó a la puertas de redondear una fecha feliz si una
durísima voltereta no se cruza en su camino. Fue con el sexto, que
portaba temperamento y casta en sus embestidas, que exigían poder y
sometimiento. Toreaba al natural después de vibrantes series diestras
de distinto rango, todas unidas por la emoción; importante la que
prologó la faena, decididas y arrojadas más que mandonas las demás. Y
de repente, en un visto y no visto, zas, una voltereta de las que sacan
el aire, como un puñetazo de Tyson en la boca del estomago. Emanó una
violencia estremecedora. No era la primera vez que avisaba el bruto.
Antonio Barrera se levantó desnortado y medio grogui. El golpe contra
el ruedo casi se oyó. Despejó la arena de cuadrillas, que habían
saltado al quite, y ya no volvió a la mano izquierda. A la épica
actuación de faltó un paso más. De cualquier manera, si la espada no
se le va a los bajos, corta oreja segura. Pero quiso matar al encuentro
y la mano se le fue, como a Torrente.
Antonio Barrera se había batido el cobre también con el que abrió
plaza, que de salida galopaba con tranco para, poco a poco, desarrollar
sentido. La inercia inicial la aprovechó con un juego de brazos notable
con el capote. Luego, a medida que surgieron complicaciones, el valor se
convirtió en su mejor herramienta. Tragó miradas y derrotes con
estoicismo y cierto barullo de guerrillero con hambre de victoria. Pinchó
y cobró una estocada en el mismísimo hoyo de las agujas.
Digan lo que digan
Diga lo que diga la gente, que una vez que aplaudió al bronco y malo
quinto queda descalificada, Uceda Leal estuvo muy decidido toda la
tarde, superando ese halo tímido que siempre lo envolvía. Participó
en quites -por chicuelinas y gaoneras-, toreó con decisión al tercero
por verónicas, de salida. Y mató con una seguridad pasmosa. Hubo
quienes se pusieron de parte del bruto que inauguró su lote, que se
desplazaba sin humillar por el pitón derecho; por el izquierdo, ni
siquiera eso. La impresión de desencanto no respondía a la realidad de
lo acontecido.
Fernando Cepeda no desplegó su toreo de capa y pasó de puntillas tanto
con el parado segundo, rematado por todos los frentes con seriedad, como
con el soso y noblote cuarto, que acabó por echarse tras dos pinchazos.
Algún muletazo transpiró esa calidad sin ambición que atesora en sus
entrañas. Ahí quedó.
La Razón. JUAN
POSADA. Un toro fiero y un torero hambriento
de triunfo
Contemplar a un hombre jugarse la vida conscientemente en la plaza,
como hizo ayer en Las Ventas Antonio Barrera, es el cimiento que
sostiene la fiesta de los toros. Si no fuera por ello, mucho tiempo ha
que las corridas de toros habrían desaparecido. El público de Madrid,
romántico como debe ser, fijó su punto de mira en este torero desde
que inició el primer capotazo. Emanaba de él un halo de valentía, de
ésa que no tiene trampa, que acongojaba. Un diestro que, pudiendo matar
ventajosamente al sexto y cortarle la oreja, se volvió a jugar el todo
por el todo al intentar la suerte de recibir.
Ese constante toma y daca, todo o nada, es básico en esta
manifestación cultural española que, aunque a algunos les pese, es la
fiesta de la Piel de Toro. Las reses de Guardiola también ayudaron con
su variedad a que el público estuviera pendiente. Alguno de ellos, como
el cuarto, bravo en el caballo y nobilísimo en la muleta, murió sólo
con dos pinchaduras a causa de la mucha sangre que le sacaron en los
puyazos que le dieron. Hay muchos animales que casi mueren en la plaza
por las mismas consecuencias, algo que se debería estudiar con más
atención porque desgracia a muchas reses que pudieron dar más y mejor
juego.
El cúlmen de la tarde, cuando el sexto combatió con el piquero, y
fiero aún, no se amilanó ante el torero, Antonio Barrera, que lo citó
desde largo en el centro del ruedo y se lo pasó por la espalda en dos
ocasiones. Esta suerte es muy conocida, ya casi habitual, pero no abunda
cuando el toro arremete con violencia transmitiendo sensación de
peligro. Por ello, el olé mezclado con el uy fue más fuerte que
habitualmente. Barrera, que aún tiene muchos defectos que pulir, le
plantó cara con la derecha sin importarle que el animal embistiera a
media altura, por encima de su bragueta. Así en tres series diestras,
escalofriantes. Siempre le había dado distancia a la res, también al
citarla con la izquierda, aguantó el arreón, cernido a las ingles, y
la adrenalina de la plaza, por las nubes; al segundo natural, voltereta
aparatosa y torero que se levanta rabioso y perseverante. Faena corta,
sin exquisiteces, pero con una verdad tan grande, como todo lo que se
hace cuando la vida y la muerte están por medio.
La faena a su primero, de corta y molesta arrancada, tuvo el mismo
signo. Casi siempre vencido y sin pasar por completo en todos los pases.
Fue una pelea crujiente y emotiva. Barrera, que veía que se le iba el
triunfo, insistió con la derecha metido entre los pitones. Algunos
hicieron sonar unos pititos ridículos ¿pobres! La mayoría cerró la
acción con una fuerte ovación. Este Antonio Barrera, de seguir así y
con algunas lecciones asimiladas, que le hacen falta, tiene largo camino
por andar.
Fernando Cepeda, torero de temple exquisito, ni siquiera lo sacó del
arca. Con el descastado segundo, intentos sin demasiadas ganas y nada más.
Con el cuarto, extraordinario de nobleza, frío. Siempre a la espera,
sin provocar la arrancada y sin la alegría propia que hay que tener
ante un toro de esas características. Muy en línea, es decir, sin
cruzarse ni ceñirse, muletazos con la derecha abusando del pico y
siempre en la pala del pitón, o sea, fuera de cacho. Faena insulsa,
impropia de un torero con tanto gusto ante un toro tan idóneo.
Uceda Leal tuvo en la mano salir de la plaza con su nombre más alto
que cuando entró. Valiente con el capote en el tercero y en el quite
por chicuelinas. El toro, muy violento, no le permitía torear con estética;
había que luchar y ganar la partida. Uceda lo hizo a medias; los
derechazos, buenos los dos primeros, con el defecto del tercero
rematarlo por arriba. Mediada la faena, hizo de tripas corazón y,
valeroso, dio el paso adelante y puso la muleta en el sitio. Pero ya la
oportiunidad había pasado, el toro, se retrajo y derrotó
peligrosamente más de la cuenta. Uceda aguantó los embites y no salió
mal parado.
El quinto toro desarrolló peligro. Muchos de sus partidarios creían
que aprovecharía esa oportunidad. Era peligrosa, desde luego, pero si
quería sobresalir, había que hacerlo. Los primeros muletazos por bajo,
eficaces y la primera y única tanda de derechazos, con aguante ante la
violencia de la res. Casi lo tenía domeñado, aunque las dificultades
existían. No obstante era el momento de quedar ante la parroquia como
un torero con ambiciones. Es ese momento de angustia el triubuto que hay
que pagar para ser figura.
Mar
Lavie. ANTONIO BARRERA IMPRESSIONNE.
Si l'estocade qu'il porta "a recibir" au sixième
n'était pas tombée dans l'épaule du toro, Antonio Barrera aurait coupé
au moins une oreille. Sa confirmation madrilène laisse une très forte
impression, de torero mûr, prêt à tout, d'un courage sans faille et
sans fard, d'un torero engagé et sincère.
Après deux jours de toros pour vedettes – ce
"medio toro" d'un danger semblable mais dont la présence ne
procure guère de sensations au public – retour à Las Ventas du toro
intégral, avec une corrida brave de Guardiola, toute d'origine
Villamarta, et laissant beaucoup de forces et d'énergie dans de longues
épreuves avec la cavalerie.
Le premier prit trois longues piques, fit mine de
charger en début de faena avant de freiner et de couper court. Antonio
Barrera lui donna la longue distance et se livra jusqu'au point de
rupture. Au deuxième voyage, après avoir inversé les terrains, il porta
une splendide estocade, l'une des plus belles de cette feria.
Le combat du sixième fut un grand spectacle. Il
s'agissait d'un fauve imposant, grand, offensif, armé de deux poignards,
qui renversa spectaculairement le picador Manuel Sánchez à la première
rencontre, avant de prendre avec bravoure deux autres piques appuyées.
Malgré ce châtiment, l'animal garda beaucoup de mobilité et de nerf. Le
banderillero Pepín Monje posa avec courage deux bonnes paires et, même
si la deuxième fut mal clouée, le public le fit saluer pour son
engagement. Barrera commença sa faena au centre par deux passes dans le
dos qui furent deux frissons. Le toro venait de loin mais gardait la tête
à mi-hauteur et il fut conduit grâce à un énorme effort du torero,
dans trois séries droitières à la longue distance, la troisième terminée
par un double pecho, et une série de naturelles au cours de laquelle
Barrera fut pris, soulevé, le toro lui faisant faire un saut périlleux
en l'air, avant que le garçon ne retombe lourdement, choqué mais
indemne. Il reprit la muleta dans la main droite pour quelques passes et
malgré la situation défectueuse de l'épée, portée "a
recibir", il y eut une pétition non négligeable d'oreille et un
tour de piste chaleureux. Sans couper d'oreille, Antonio Barrera est l'une
des grandes révélations de cette San Isidro.
Beaucoup plus timides se montrèrent Fernando Cepeda,
qui ne brilla guère que sur un quite par véroniques et laissa le brave
quatrième s'épuiser au cheval, et Uceda Leal, plus entreprenant avec la
cape mais vite débordé par les difficultés à la muleta. (M.L.)
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