GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

10ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del lunes, 20 de mayo de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada picada

Ganadería:  Novillos de El Serrano, bien presentados, especialmente el 6º, con cuajo de toro; mansos, nobles y manejables; el 3º, inválido.

Diestros: 

  • Sergio Aguilar, casi entera, contraria y baja (silencio); cuatro pinchazos, un descabello, -aviso- y un descabello (silencio).
  • Jarocho, pinchazo, estocada, un descabello -aviso-, dos descabellos y el novillo se echa (silencio); casi entera baja y perpendicular y un descabello (silencio).
  • Andrés Palacios, estocada (silencio); media perpendicular, dos pinchazos, media muy baja y un descabello (silencio).

Incidencias: el subalterno Antonio Layu, el Chino, fue cogido al poner banderillas y sufrió una herida en el tercio interno del muslo derecho con una trayectoria ascendente de 20 centímetros. Pronóstico, menos grave.

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. Antonio Lorca. Vocación u obligación

El aficionado supone que tres novilleros que acuden a la feria de San Isidro se van a dejar la piel en el ruedo, se van a comer a los novillos, van a demostrar una ambición sin límites y van a decir muy alto que quieren ser figuras del toreo.

El aficionado se desespera cuando comprueba que la teoría se ha quedado obsoleta, y asiste a un espectáculo cansino, frío y aburrido, protagonizado por chavales que dan la impresión de estar de vuelta de casi todo, tristes, derrotados y sin ambición.

Y surge la pregunta inevitable: ¿estos jóvenes quieren ser toreros? ¿Están en esta profesión por auténtica vocación o porque alguien, con la mejor voluntad, les obliga a vestirse de luces?

Sería interesante conocer qué pasó anoche en el hotel. ¿Los sentarían al borde de la cama y les harían un análisis serio de lo ocurrido en Las Ventas o, por el contrario, culparían, una vez más, a los novillos de su mala suerte? A buen seguro, un rato de sinceridad puede hacer cambiar planteamientos taurinos o, quién sabe, si el futuro de una vida.Cuántos chavales se han quedado sin oficio ni beneficio después de perder su juventud en vanos intentos desesperados de un triunfo que nunca llegó.La novillada era fuerte; algunos de los novillos, como el sexto, tenían seriedad y cuajo de toro. Pero eran juampedros puros, ésos que tanto gustan a la torería andante y que, por lo general, no plantean dificultades extremas. Y estaban en Madrid, sinónimo de duro examen de grado para quien aspira a ser figura del toreo.

La verdad es que la imagen ofrecida por la terna actuante estuvo muy por debajo de los novillos y de las expectativas creadas. Es normal que no dominen la técnica; que deban corregir muchos defectos, y que, a veces, se vean desbordados por sus oponentes. Lo que llama la atención es la sensación de derrota, de tristeza, de conformismo, de ausencia de ilusión, impropia en alguien que empieza en tan difícil profesión. Lo que no es normal ni aceptable es que abusen de todas las deficiencias del toreo moderno, como el uso del pico, la mala colocación, que no carguen la suerte, y se abandonen a una suerte negra que les complica el futuro.Sergio Aguilar, por ejemplo, torea sin dar importancia alguna a su labor; no se enfada con nadie, ni siquiera con él mismo y aburrió soberanamente. Aprovechó el viaje de sus novillos, pero se olvidó de mandar y templar. Le faltó decisión para bajar la muleta, colocarse adecuadamente y transmitir emoción.

Por el contrario, lo intentó con más resolución su compañero Jarocho, muy decidido en su primero, pero se dejó enganchar la muleta, se colocó mal y, al final, todo quedó en nada. Ahogó la embestida del quinto, pero, al menos, consiguió una tanda de redondos muy aceptables cuando asentó las zapatillas y ligó con mucho corazón. Pero supo a muy poco, ésa es la verdad.

Y el tercero, Andrés Palacios, no corrió mejor suerte. Su primero, un inválido al que toreó con la muleta retrasada. El sexto, un toro al que desplazó siempre hacia fuera; le vino ancho y lo desbordó en todo momento.

¿Dónde está la ilusión de la juventud?


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Lunes de trámite para olvidar

Lunes. Habitualmente se oye a oficinistas y gentes de trabajo normal renegar del peor día de la semana. Para quienes trabajamos absolutamente todos los domingos durante ocho meses al año se trata de una jornada laboral más. Pero las musas abandonaron a los novilleros y, de paso, nos castigaron con una tarde pesada, densa e inacabable. Un tostón en toda regla. De los novillos de El Serrano, altos y manejables todos, ninguno rompió con especial calidad, aunque si las hadas de la inspiración no convocan una huelga impertinente, habríamos presenciado algo más. O simplemente con que la chispa que no debe faltar nunca en la actitud de los noveles toreros no se hubiera apagado en el alma de Sergio Aguilar, Jarocho y Andrés Palacios. En general los chicos respondieron a la tónica que preside este San Isidro en que los toros ganan por goleada a los toreros. A los tres de ayer se les disculpa más; a otros, no. Que debían haber estado mejor es seguro, pero los utreros, que no sacaron maldad ni casta, punteaban mucho en los viajes. Se sucedieron los enganchones, abundantes hasta decir basta. A este que firma no le apetece lo más mínimo juzgar a los novilleros con severidad y a la novillada con generosidad, que así eran todos los comentarios que se escuchaban a la salida de la plaza.

Sergio Aguilar persigue ser José Tomás, y, en lugar de coger lo mucho bueno, se le han pegado los defectos. Abusa del toreo a pies juntos, peca de solemne y le tocan los engaños en infinidad de ocasiones. Su primero repetía, algo rebrincado, y Aguilar se encorsetó para sacar poco en limpio, sobre todo por el pitón izquierdo. Los tropezones se repitieron en la faena al cuarto, que embestía con la cara a media altura pero desplazándose. La gente se aburrió y se impacientó con los reiterados fallos con la espada.

Labor desigual

Roberto Martín «Jarocho» creó una labor muleteril bastante desigual con el suelto y mansote segundo. Ora se acoplaba, ora no, aunque siempre quiso ligar los muletazos. Ante este novillo estuvo valiente con los palos El Andujano, que después dirigió la faena de su matador desde la tronera del burladero a voces: «Échasela al morro, venga, al morro» o «toca, toca». Sea más discreto, hombre. Pues ni echándosela al hocico ni con el toque levantó vuelo la cosa, que concluyó en desarme. Al quinto lo saludó a portagayola. Fue una suerte que no le arrancara la cabeza. También arriesgó por gaoneras, y se adocenó con la muleta, que acabó por perder en un nuevo enganchón postrero.

A Andrés Palacios se le intuyen una formas y un concepto del toreo excelente. Acusa, es lógico, la falta de rodaje y una cierta frialdad. Blandeó el tercero y le vino un poco grande el fuerte sexto, que prendió, para rematar este lunes de trámite, a Antonio Layu en un expuesto par de banderillas.

Parte facultativo: Antonio Layu «El Chino» sufrió «una cornada en el tercio medio cara interna del muslo derecho, con una trayectoria ascendente de veinte centímetros hacia el tercio superior externo con destrozos en el músculo cuádriceps, de pronóstico menos grave».