GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

6ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del jueves, 16 de mayo de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería: Toros de Arauz de Robles, uno devuelto, impresentables e inválidos; Gavira: 3º, bien presentado e inválido; 4º, devuelto. Sobreros: el 4º, de Criado Holgado, flojo y manso; el 6º, de Gavira, inválido.

Diestros: 

  • Vicente Barrera, pinchazo hondo y un descabello (silencio); pinchazo, estocada atravesada, un descabello -aviso- y siete descabellos (pitos).
  • Uceda Leal, estocada (pitos); estocada baja (vuelta).
  • Alfonso Romero, casi entera atravesada y un descabello (silencio); seis pinchazos y casi entera -aviso- (silencio)

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo.


El País. Antonio Lorca. Disfrutaron los caballos

Los caballos de picar se iban pasando el mensaje unos a otros. Esto es jauja, chicos, hoy tenemos vacaciones. No te creas, respondió otro, no olvides que son de Arauz. Serán de su padre y de su madre, pero te digo yo que son chiquitos y merengues; mira, ni sangre me ha dejado en el peto. Intervino un tercero: a mí me ha cogido la mano derecha con un pitón y me lo he pasado pipa; le he hecho así y ha salido corriendo. En fin, el patio de caballos era una fiesta; sobre todo, después de los malos ratos pasados en tardes anteriores.

Disfrutaron los caballos. Y cuando éstos disfrutan, se aburre el resto. Los equinos no llegaron a plantearse tal cuestión porque el miedo diario no les da para más, pero tampoco hay que ser experto para averiguar las causas.

Un fiasco, oiga. Un tratado de incompetencia taurina, decía un aficionado humano. Caliente, caliente...

Incompetencia de la autoridad, que hasta el tercer toro no entendió que se estaba cometiendo un fraude a los espectadores. Claro que ella había aprobado esos animalitos esmirriados y pensaría que los criterios hay que mantenerlos. Qué se habrá creído esta gente, se diría ella toda ufana...

Pero hubo más: los dos primeros toros rodaron por los suelos como pelotas; el público, enfadado, como es natural, y el usía, que si te he visto no me acuerdo. ¿Qué es lo que habrá que estudiar para ser presidente? Difícil cuestión después de lo acontecido. Cuando veinte mil personas ven con sus ojitos que un toro es un muerto en vida y un solo señor no lo ve, o es que está muy mal de la vista o es que sirve a otros intereses. Menos mal que el presidente debe defender los derechos de los espectadores... Pues con presidentes así, más vale que se apruebe la auterregulación de los taurinos.

Incompetencia del ganadero titular, que trae a las Ventas cuatro animalitos delgaduchos, a los que se les notaban los costillares y, encima, eran tan flojos como merengues, según captó acertadamente la cuadra de caballos al completo.

E incompetencia de la terna actuante, pesada como ella sola e insolvente para lidiar con la dignidad debida una corrida de animales impropios de ser llamados toros.

Competente la banda de música, algo es algo, que se dedicó a amenizar las esperas entre devuelto y sobrero, lo que siempre es de agradecer en tardes de fiasco tan evidente.

Y hablando de incompetencias, habría la terna un torero valenciano llamado Vicente Barrera, muy precavido él, que hizo un gran esfuerzo para iniciar la sesión de aburrimiento general. Se las vio, en primer lugar, con un pobrecito que se defendía con la cara alta y acudía a regañadientes a los cites.Un pase, y otro, y otro, echando fuera la embestida y dejándose enganchar la muleta. Le gente protesta que protesta, y Barrera volvía a colocarse de nuevo para dictar otra lección de mal toreo y de tristeza. Ni un solo pase interesante después de cinco tandas. ¿Hay quien dé más? Pues el propio Barrera, que repitió la teórica y la práctica en el cuarto, con el que estuvo desangelado y mustio, aunque es verdad que fue molestado por tachas de viento.

¿A quién sirve un torero cuando insiste e insiste ante un muerto en vida y con el público pidiendo a gritos que le ahorre el cáliz del tostón? ¿A la empresa, tal vez, que puede entender como un desaire la brevedad? ¿O a su apoderado, que, a lo peor, se las ha visto y deseado para conseguir el favor de la empresa?

A ver quién responde. Pues otro que puede responder es Uceda Leal, que se enfrentó, es un decir, a un sonámbulo. La plaza era un clamor de palmas de tango, la rechifla era general, pero allí insistía Uceda, una y otra vez, con la muleta enganchada. Un horror. Después, en el otro, le hicieron un regalo. Es verdad que se le notó el esfuerzo; es verdad que dibujó dos buenas verónicas y dos medias ajustadas; que dio dos largos y hondos redondos a base de porfiar, y otro par al final de la faena. Tampoco es mentira que mató de una estocada muy baja y que su labor de conjunto careció de continuidad. Pues le pidieron la oreja y dio una vuelta al ruedo con protestas, pero vuelta completa.

Y la esperanza de la tarde, Alfonso Romero, se tornó el frustración. Su primero era el más inválido, pero Romero mojó la muleta, se dirigió al lugar donde más viento hacía y se pueden imaginar lo que ocurrió. Pues, eso. Lo mejor, su brevedad. Y en el otro, voluntad ante un animal parado, al que despachó de manera infamante.

En la plaza quedó un run run. Era la cogorza de los caballos de picar. De campeonato.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. De las verónicas de Raúl a la valentía de una notable faena de Uceda Leal

Las verónicas de Raúl González, el señor de los anillos, se habían convertido, hasta la fecha, en la mejor interpretación del toreo con el capote en esta Feria de San Isidro. Raúl, embajador de la Fiesta por el mundo, rey de reyes, astuto e incansable corredor de fondo, cinceló lances rojos y gualdas para que los admiraran en los 150 países que recibieron la señal televisiva de la finalísima de Glasgow. Gracias, fenómeno, como madridista primero y como aficionado después. No se crean que es custión baladí que un tipo que «presta» su imagen a Pepsi, Adidas y no sé cuántas multinacionales más, sea también la imagen de los toros, de forma altruista y sentida, por verdadera vocación. ¿Algún taurino soñó alguna vez semejante publicidad? Igual ni lo valoran. Claro que otra lectura de la cosa haberla hayla: si las verónicas del «7» madridista se habían erigido como las mejores hasta ayer, ¿cómo transcurren los tercios previos al de muerte? Anodinos, y en la chicuelina que te crió. Menos mal que Uceda Leal bajó las manos al quinto, que no contemplábamos un lance como manda los cánones, ni una estocada, desde hace una semana.

Uceda, en resumidas cuentas, se salvó de una debacle que alcanzó a sus compañeros de pleno y que principió en los escurridos y vareados toros de Arauz de Robles, indignos de esta plaza. ¿Cómo es posible presentar animales famélicos y asardinados tal cual aparecieron? Mire usted que este tipo de toro es bien guapo, tocado por un cierto aire saltillo en la cara, apablorromerados. Pero tan flacos, con tan escasas carnes para una caja larga y aparente, no lucen. La otra pregunta habría que hacérsela a la Autoridad (in)competente y a un equipo de veterinarios serios y entendidos habitualmente, que o recibió demasiadas presiones y peca de entreguismo o la resaca de la novena duraba aún. Y, para colmo, blandearon. Si el presidente no se atrinchera en su tozudez, tres o cuatro se van con Florito.

En cuanto a los toreros, Uceda Leal brilló sobre la opacidad de Alfonso Romero y Vicente Barrera. A Barrera, peinado con un aire Beatle de los lejanos setenta, se le ofuscó la torería y se le escapó un sobrero de Criado Holgado presto a ser desorejado. Es más: lo mejor de su lidia fue la brega de Roberto Bermejo, candidata a premio por su templanza y economía de capotazos. Más que en su formas algunos se fijaron en los marcados pliegues de su engomado capote creyendo que se trataban de varillas, y se lo recriminaron a voces. Su jefe de filas, entre el viento y la ausencia de inspiración, no encontró el camino para desarrollar su personalidad, por explicar sin molestar demasiado lo rematadamente mal que anduvo. Ante el soso, blando y chico primero, más de lo mismo.

José Ignacio Uceda Leal se entregó de verdad en la faena al rebrincado quinto, que saltó al callejón antes de tomar el capote cabal del diestro madrileño. «¡Coño, unas verónicas!», exclamó un aficionado ayuno de la savia del tronco del toreo de capa. Y recogió los brazos Uceda en una media para nota.

Muleta en mano inició en el tercio una faena que fue una guerra de guerrillas. El toro punteaba, tiraba tornillazos y rebañaba a la salida de los pases, con peor estilo del que hasta entonces había demostrado. Sorprendieron sus complicaciones, y no sé si a Uceda también, que había brindado al público muy confiado. Sobre los cimientos de la valentía construyó una labor notable, de torero capaz. Cada derechazo era un ay cuando se aproximaba al final del trayecto, eso si antes no habían surgido derrotes en el transcurso del mismo. No se arredró para ofrecerle la izquierda, por donde se revolvía a la búsqueda de las pantorrillas rosas para teñirlas de rojo. A base de sobarle y tragarle, terminó por ceder en la penúltima y última series, ésta preñada ya con la elegancia y el poder de arrastrar la muleta hasta detrás de la cadera. Los respectivos remates, un cambio de mano y una trinchera, desprendieron calidad. El espadazo, un poquito caído, fue letal y propició una vuelta al ruedo de ley, de esas que antañazo se daban en Madrid y valían casi tanto como una oreja. La estocada -«¡coño, una estocada!»-, dijo el mismo espectador de las verónicas, resultó lo mejor de su anterior obra -y la más importante de esta semana- a aquel inválido que el usía mantuvo contra toda lógica.

Alfonso Romero, aun con la excusa de su lote, se asemejó a una fantasmal proyección de sí mismo, dubitativo y sin decisión.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Tranquilos, irán a los infiernos, o no

Puestas así las cosas, lo mejor es ponernos en manos de Dios. A los humanos poco nos queda por hacer. El frente crítico se ha debilitado, es obvio; crece el rodillo del taurinismo con mayoría en todas las circunscripciones. Si tomamos como referencia Las Ventas, la que dice ser y llamarse la primera plaza del mundo, oscuros nubarrones ensombrecen el horizonte. Y encima temen por ahí, en la Bética mayormente, que Las Ventas exporte el toro inmenso por todos los rincones de Iberia. Por el contrario, la capital del reino se ha rendido al público multirracial que viene de todas las españas. Lo de ayer, de Araúz de Robles, fue una novillada impresentable y los remiendos de Gavira voluminosos y deslucidos.

O sea que tranquilos, Madrid no va a colonizar a nadie ni a nada.Es más, en tardes como la de ayer es el espejo de los males que nos aquejan: el medio toro en especial e independientemente de su volumen. El toro derrengado y sin casta. Uceda Leal apuntó algunas cosas pero, en verdad, al rebrincado quinto no le halló el pulso.

Pero todos se van a condenar, seguro. Dios no abandona a los buenos aficionados. Cuando llegue el juicio final y la carne resucite y haya manadas de toros agraviados por el valle de Josafat, se alzará el ángel de la venganza y se llevará al infierno a presidentes consentidores, veterinarios complacientes y ganaderos rendidos a la lógica y al ímpetu del Sistema. ¿Qué podían hacer con semejante material Barrera, Uceda Leal y Alfonso Romero?

Ante los novillos que salían al ruedo el palco presidencial permanecía impávido. Lógico. Es una actitud coherente, corroborar y legitimar el desafuero perpetrado en el reconocimiento. Pero el tercero ya era demasié; el tercero no se tenía en pie. El señor Sánchez sacó pañuelo verde y el sobrero, más respetable, también era blando de remos y flojo de casta.

Inédito Romero

Alfonso Romero, la gran esperanza rubia, inédito. O sea sin explicarse; como Uceda Leal, como Vicente Barrera que tiene la negra con las Ventas. Pero tranquilos. Cuando el buen Virgilio nos lleve a visitar los infiernos como al Dante, nos encontraremos un círculo para los ganaderos, otro para los veterinarios y presidentes, otro para algunos toreros. Y otro, seguramente, y a lo peor el más feroz y horrible, para los periodistas. Allí estarán, allí estaremos, que no se sabe nunca cuáles son los criterios del dios de los taurinos. Al devolver el cuarto, el señor Sánchez empezó a hacer méritos al menos para el purgatorio. Dos toros devueltos, aunque por ahí digan que eso es norma de Las Ventas, no se ven todos los días.

El sobrero de Criado Holgado, nada más salir, le tiró un navajazo infernal por el pitón izquierdo a Vicente Barrera; un toro del infierno con el que bregó muy bien Roberto Bermejo. Después Barrera descubrió cierto son aprovechable del animal en un par de series por la derecha, una de ellas magistral pero aquello no rompió.Barrera no acabará en el infierno aunque del purgatorio, como poco, no se salva. A Vicente Barrera se le ha atravesado Madrid.Tendemos a llamar destino a una secuencia de hechos que se suceden con un sentido idéntico. Barrera tiene en Madrid un destino adverso.Cuando no es una cornada, es una tarde que se pone cuesta arriba desde el primer momento.

Sartre decía que el infierno son los otros. El infierno puede ser una plaza de toros tardes como la de ayer: todos estábamos en él. Y Alfonso Romero, en el que cerraba plaza, mucho más: en el infierno y en la desesperación. Pareció que iba a redimirnos Uceda Leal en el quinto: sus verónicas, su valor verdadero aunque ineficaz... Y algunos derechazos en que bajó la mano. Insuficiente para que un público, condenado también al infierno, le pidiera la oreja. Todos a las calderas de Pedro Botero; pero no hay que fiarse. A lo peor quienes somos condenados por siempre jamás amén son los protestones y la guerrilla del 7. Y mientras tanto los taurinos, felices y contentos, gozando de la presencia de Dios por los siglos de los siglos.