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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del jueves, 15 de agosto de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de El Sierro,
desigualmente presentados, de juego irregular; 5º, encastado; 3º,
devuelto por inválido, sobrero de Juan Antonio Ruiza, deslucido.
Diestros:
- Ignacio Garibay,
media desprendida -aviso- y dos descabellos (silencio); pinchazo,
media arriba y descabello (silencio).
- Fernando
Robleño, estocada delantera que escupe (petición y vuelta); dos
pinchazos, espadazo delantero, cuatro descabellos -aviso- y se echa
(ovación).
- Iván Vicente,
pinchazo, estocada ladeada -aviso- y descabello (palmas); pinchazo y
estocada (ovación).
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC
El País.
MIGUEL ANGEL CUADRADO. Una corrida de El
Sierro te voy a regalar
Por ser el día de la Paloma, una corrida de El Sierro te voy a
regalar, dijo la empresa al respetable madrileño. Quien acudió
ilusionado a los toros, e incluso llegó a vestirse a la usanza chulapa,
en el caso de los más entrañables castizos del Foro. Ciudadanos del
mundo. Y dí que sí.
Aunque los pupilos de El Sierro tuvieron más mansedumbre que casta,
no lograron aguarnos la fiesta, pues hubo toreros dispuestos que, por
encima de las adversidades, sacaron lo mejor de sí mismos.
El primero de los espadas que salió con bien de la empresa fue
Fernando Robleño, que para empezar realizó una faena de aguante y
distancias adecuadas. Se dejó ver, adelantó la muleta y sacó partido
de un burel al que no era fácil meter en la pañosa, obligar y hacer
seguir la senda templada de los redondos de factura gustosa que el
torero de San Fernando de Henares logró, a base de conocimiento y de
pisar el terreno con fe y sentido del toreo. Le robó unos naturales
cuando el morlaco olía las tablas y se adornó con galanura, amén de
gracia que es muy de agradecer. Si no cortó oreja, qué más da, la
torería triunfó. Además que, en el quinto, Robleño mejoró su
actuación. Está vez el fallo con la espada sí le dejó sin premio.
Pero el resultado fue que tanto con el percal como con la muleta dejó
demostrado que tiene personalidad, calidad, y que domina el sentido de
las distancias. Terminó por encandilar en el toreo al natural de
frente, y, en el cierre de faena a dos manos, puso el alma en la tela
roja, a la que le sonaban campanillas de gloria torera.
Iván Vicente solo pudo apuntar sus buenas maneras en su primero,
descastado ejemplar. Y se superó en el blando sexto, al que construyó
faena a media altura, de empaque, así como de un envidiable clásico
sentido del temple. La cintura quebrada, suavidad y gusto. La estocada
fue encima de soberbia ejecución. Un respeto, por favor.
Ignacio Garibay tuvo el peor lote, y poco partido pudo sacarle. Se
llevó una voltereta en su primero, de la que salió con la taleguilla
rota, en el que consiguió una serie en redondo aceptable. Y porfió sin
suerte en su segundo, soso y reservón. Ya vendrán los buenos
tiempos...
ABC.
GONZÁLEZ LINARES. Robleño
acarició la Puerta Grande
Se
esperaba más público en tan emblemática fecha taurina en Madrid, la
festividad de La Paloma. Pero el atractivo del cartel sirvió a la
postre únicamente de reclamo a los aficionados clásicos de Las Ventas
y no tanto para el gran público. También es verdad que la tarde, gris
y plomiza, quizá restara más asistencia aún. Pero fue Robleño quien
se encargó de arreglar la tarde, con una actuación firme y talentosa.
Para Fernando Robleño, uno de los nombres jóvenes que salieron
impulsados el pasado San Isidro, este compromiso en Madrid, en pleno mes
de agosto, significaba un arma de doble filo. Pero las cosas no le
salieron mal, al contrario, incluso acarició la Puerta grande y, pese a
que no tocara pelo, sale aún más revalorizado. Faena firme y bien
planteada a su primero, tan justo de presencia como de fuerza. Robleño
lo supo cuidar durante toda la lidia para mantenerlo en pie y lo empujó
con suavidad en la embestida. Un comienzo a media altura y con
despaciosidad y cierto gusto fue el prólogo de una faena con tandas por
los dos pitones muy medida, pero con muletazos largos y templados,
rematados además con torería. Lástima que el animal terminara
rajándose porque el torero estaba dispuesto a mucho más. Aun así
manejó la espada con acierto y se le pidió la oreja por mayoría. El
presidente no atendió a la petición, de ahí la bronca que se llevó.
Pero habría más en el quinto, otro toro flojo y al que también
tuvo y supo cuidar para sacarle partido. Con éste se lució en un quite
por chicuelinas y, muleta en mano, la faena fue más maciza que la
anterior. Prácticamente, todo al natural, se sucedieron muletazos de
calidad, por la compostura y el empaque de los mismos. Muy asentado
Robleño, sin dudar nunca y acertando siempre en la colocación.
Destacaron unos naturales de frente con los que la gente vibró. Tenía
la oreja ganada, aunque él estuvo pésimo al matar y el premio se le
esfumó.
Iván Vicente demostró igualmente ser un joven a tener en cuenta, a
pesar de que las oportunidades se le ofrecen con cuentagotas. Pero posee
cualidades para funcionar y, algo fundamental, un concepto bueno del
toreo. Estilo depurado, finas formas como demostró ante el sexto, que
se dejó pese a su flojedad, al que aprovechó en una faena basada en la
diestra, por donde su toreo llegó a tener esplendor, por la profundidad
de los muletazos, de mano baja y muletazo limpio. Una faena que hubiera
tenido recompensa de haber matado con contundencia.
Antes, en el tercero, lanceó con cadencia en el saludo, mas en la
muleta le faltó material. El astado tuvo escaso recorrido y fue tardo y
las buenas intenciones de Vicente no fueron suficientes.
Garibay movió con soltura el capote al que abrió plaza, un toro que
llevó lo suyo en varas, motivo por el que quizá se paró con prontitud
en la muleta. Sólo dio para una larga porfía del mexicano sobre ambas
manos, sufriendo incluso una voltereta cuando quiso pasar al animal por
el lado izquierdo.
Al cuarto lo llevó al caballo con un vistoso galleo por chicuelinas
que fue lo más lucido de su actuación, pues luego en la muleta estuvo
mucho tiempo en la cara del toro, que fue muy molesto porque punteaba
continuamente. Garibay puso empeño, sin poder resolver.
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