Salieron al ruedo cinco toros de Carmen y Araceli Pérez, ganadería
que ayer adquiría antigüedad en Las Ventas, y, en fin, el debú resultó
desangelado, plomizo. Con lo que estuvieron, por fortuna para ellos, los
dos toreros que confirmaban alternativa, Rafael González y Luis Vilches,
por encima de los mulos con cuernos que a la postre fueron los toros
anunciados.
Rafael González estuvo entonado en su primero al que templó algún
muletazo gustoso. Y valiente en su segundo, entregado, muy dispuesto a
torear por naturales en diferentes distancias. Luis Vilches sólo
demostró buenas maneras en su imposible primer toro. En el sexto de
Barcial, toreó muy bien de capote en el saludo, y en el último tercio
montó una faena de buen corte malograda con la espada. Óscar Higares
estuvo desafortunado ayer tarde, pues su lote no fue el más apropiado
para hacer el toreo. Encima le molestó el aire en sus dos faenas, de
las cuales la segunda alcanzó breves momentos de cierto interés.
Las Ventas acogía dos confirmaciones en una ventosa tarde en la que
se confirmarían otras cosas. A la vez que confirmaban alternativa
meritoriamente Rafael González y Luis Vilches, se confirmaba lo difícil
que es ver embestir un toro en esta plaza.Se confirmaba que no sólo la
isla del Perejil había sido invadida.Un variado mosaico multiétnico
tomó los tendidos venteños como cada domingo estival. Y se confirmó
que lo normal en los toros, sobre todo en Madrid, es aburrirse. Tan
normal, como que hay gente que lo tiene tan claro que acude a la plaza
con un cartel para expresarlo: «Me aburro», proclamaba un aficionado
desde una grada. Y yo también.
El último toro del festejo lavó la cara a la tarde. El encastado
barcial exigió al sevillano Luis Vilches en todo momento firmeza y
claridad de ideas. Lo lanceó con exquisita torería de capa para, ya
con la muleta, mostrar una serenidad torera en todo momento que lo
confirma como un torero a seguir. Falló con la espada y por ahí se le
escapó algún trofeo. Con su primero nada pudo hacer porque no quiso
saber nada de su muleta.
Rafael González estuvo valiente y dispuesto en todo momento y
confirmó que con más oportunidades podría funcionar. Si ante su
primero alternó demasiados enganchones con algún buen muletazo; con su
segundo dio una dimensión más clara de su toreo. Tragó mucho en
algunos parones del más peligroso de los toros del encierro, para
obtener algunos buenos naturales en el epílogo de la faena.
Lo único que pudo confirmar Oscar Higares es que anda muy bien con
la espada. Su primero fue un marmolillo, pero le faltó confianza con el
que hacía quinto, el único potable del hierro titular, que pedía que
le dejaran la muleta puesta y le atacasen.