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4ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del martes, 14 de mayo de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de El
Ventorrillo, bien presentados, a excepción del cuarto, sin cara,
mansos, flojos y nobles; el 1º, de Criado Holgado, grandote, feo y
manso.
Diestros:
- Víctor
Puerto, media tendida, -aviso- (gran bronca); pinchazo, -aviso-, y
media (leve petición, gran ovación y algunos pitos).
- José Pacheco «El
Califa», cuatro pinchazos, -aviso-, y tres descabellos (silencio);
pinchazo y media (silencio).
- Rafael de Julia,
un pinchazo y dos descabellos (silencio); dos pinchazos y estocacada
tendida (silencio).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, El Mundo, Marc
Lavie (en francés).
El País.
Antonio Lorca. La
bronca y el perdón
La bronca fue de campeonato, de ésas que se recuerdan durante mucho
tiempo; le llamaron a coro chulo y más que chulo, le mentaron a su
familia entera, y más de uno se lo quería comer. Las palpitaciones,
por las nubes; que llamen a un médico, por favor, que a este hombre le
ha dado algo malo; la vecina, con aires de gran señora, sofocadísima;
al marido, por las pintas ya jubilado, se le salían las venas por la
garganta. Un número. Un enfado monumental. De época.
¿Y qué fue lo que pasó? Pues tampoco fue para tanto, señora
sofocadísima. Mire usted: lo que ocurrió es que Víctor Puerto (a éste
es al que llamaban chulo, más que chulo) decidió no utilizar el
descabello en su primer toro y esperar a que doblara las manos. El
animal se refugió en tablas, se tragó la sangre y aguantó en pie un
buen rato. Suena un aviso, el toro da unos pasos, y comienza a sufrir
unas convulsiones, leves al principio y muy violentas al poco tiempo que
provocan el gran escándalo. Cuando el toro cayó patas arriba, la plaza
parecía un manicomio, y Puerto, impertérrito, aguanta que te aguanta
lo de chulo y la retahíla familiar.
Ciertamente, la imagen era muy desagradable, pero el torero no fue más
que el responsable involuntario. No parece justo imputar a Puerto las
convulsiones del animal. Pues cuénteselo usted al marido de la señora
sofocadísima.
La verdad es que el toro era un buey de carreta, soso y descastado.
El torero lo intentó sin mucha convicción y, cuando estaba allí con
mala cara, soportando el acoso de una parte del público, un malencarado
le dirigió un insulto muy desagradable. El torero tiró del toro y se
lo llevó a los terrenos de donde había salido el improperio. Se
equivocó porque eso se hace para poner la plaza boca abajo y callar a
los disidentes. No fue posible y los ánimos subieron de tono. Después,
llegaron las convulsiones y el gran broncazo. ¿Se entiende ahora lo de
la señora y el marido con las venas sobresaltadas?.
Afortunadamente, todo no quedó ahí. Después, vino lo bueno y quien
quiso disfrutar, bien que disfrutó con el mismo torero al que momentos
antes habían abroncado sin piedad. Resultó que Puerto sale a hacer el
quite en el primer toro de De Julia. Renace la bronca, y el torero como
si no fuera con él. Tres chicuelinas ajustadísimas y una media de
rodillas. Toreo del bueno.
Y llegó su segundo toro, un manso, noble y con recorrido. Puerto salíó
dispuesto a conseguir el perdón. Lo recibió con una larga cambiada en
el tercio y unas verónicas trazadas con mucho gusto. Con la muleta
entre las manos dibujó un toreo de altísima escuela, auténtico y bellísimo:
estatuarios ceñidos, el pase de la firma, dos ayudados por bajo y un
largo pase de pecho. Una tanda de redondos muy ajustados, hondos,
ligados en un palmo de terreno con un magistral pase de pecho. Pocos
pero buenos naturales y finos ayudados por bajo. Se perfila para matar
en el centro del ruedo, pero, ay, le faltó el estoconazo para recibir
la absolución. Aún así, muchos le aplaudieron con fervor. El toreo
había sido de muchos quilates.
A eso venía a Madrid El Califa, a demostrar que su toreo tiene
fundamentos artísticos. Se le reconoce su decisión, su afán de
triunfo, que pisa unos terrenos muy comprometidos y que posee cualidades
para el toreo fundamental, pero no le acompañaron los toros. Eso fue
todo. Su primero se vino abajo muy pronto, y el otro era un cobarde que
aceptaba a regañadientes el primer envite y huía como un descosido al
segundo. Aún así, en ambos inició la faena de muleta con un pase
cambiado por la espalda después de citar a bastante distancia. Toreó
muy bien por redondos a su primero, pero el animal resbaló y se rompió
el encanto; lo intentó sin descanso en el otro, pero tuvo que desistir.
Y Rafael de Julia tocó con lo peor: con sus propias carencias. Muy
desanimado en apariencia toda la tarde, toreó con vulgaridad a su
descastado primero, y se superó en el otro. Con la muleta retrasada y
al hilo del pitón no es posible que alguien se emocione. Tras el éxito
isidril del año pasado, lo de ayer ha sido un borrón.
Es de esperar, sin embargo, que no haya sido nada lo del matrimonio
enfadado con Víctor Puerto. Hay gente pa tó.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Desencuentro
y reconciliación de Víctor Puerto con Madrid
No se sabe a ciencia cierta cómo principió la
trifulca. De repente, sin venir a cuento, se oyó un zafio berrido
contra Víctor Puerto: «Torero de mierda» o algo así. Puerto, que
iniciaba todavía faena, tiró del toro a punta de muleta hacía debajo
de los tendidos de donde provenía tan injustificado alarido. La faena
con el manso y basto ejemplar de Criado Holgado que abría plaza no pasó
de voluntariosa y correcta. Pero el ambiente se palpaba crispado,
enrarecido, como si existiese una invisible acritud contra el matador.
Había ya un cruce de cables generalizado, en el actuante y en el público.
Media estocada, el toro se amorcilla, agonizante, y Víctor Puerto que
se emperra en no descabellar. No sé si por su seguridad en la
efectividad del acero o por tozudez y desplante. El gentío chillaba,
ahora con cierta razón, mientras los estertores se hacían
convulsiones. Puerto se empecinó en mantenella y no enmendalla. Y la
bronca creció y creció, hasta que la muerte aterrizó sobre el cuerpo
negro del animal y le robó el alma.
Mentar la madre
A veces ocurre: te mientan la madre, sueltas la mano y eres
un violento y un chulo. Puerto se ofuscó, sí, pero antes le tocaron el
orgullo de manera gratuita y paleta: ¿a qué venían tan groseras
palabras?
Después su tarde consistió en remontar el ambiente a base de torear
y punto. Y lo consiguió con el cinqueño cuarto, que manseó, como toda
la corrida, pero que rompió en la muleta. Víctor Puerto se esmeró con
el capote, por ceñidas chicuelinas en una especie de quite del perdón
al tercero, y en el saludo a la verónica a este segundo de su lote.
Galleó de nuevo por Chicuelo y quiso luego otra vez lucirse por el
mismo palo, aunque acabó en la verónica. Muleta en mano, bordó un prólogo
de faena con una trincherilla y un pase de pecho superiores; bajó la
mano derecha en redondo en una serie y en otra más honda y ligada aún.
Se sentía la reconciliación, que surgió finalmente, aunque la comunión
debería haber sido más profunda si evita las absurdas pausas con las
que peca habitualmente y si presenta antes la franela en la zurda. La única
y solitaria tanda al natural anotada tuvo su aquél, como la faena en
conjunto, que exigió además un esfuerzo extra de concentración para
abstraerse del ambiente. El epílogo sobró. Un pinchazo y una media
estocada propiciaron un saludo desde el tercio como el abrazo de
Vergara, pese a las reticencias de los más rencorosos.
El Califa, salvo en algunas fases brillantes, anduvo sin brújula:
pisó todos los terrenos en sus dos faenas, deslavazadas y sin unidad de
terrenos, a merced de las querencias que marcaban sus mansotes
oponentes. Si al quinto le hubiera dejado la muleta más en la cara,
quizá hubiese evitado las continuas fugas para lograr una mayor
conjunción. Los arrojados principios de sus obras, con el pase cambiado
por la espalda o pendular, perdieron fuelle en el transcurso de las
mismas. Aunque cuando ligó los muletazos la electricidad conectó con
el personal. Con la espada, no desentonó de la tónica de estos cuatro
días isidriles: no se recuerda una estocada como mandan los cánones.
Rafael de Julia contó con el peor lote, uno gazapón y otro de
vulgaridad supina en las embestidas, circunstancia que justifica sólo
en parte una actuación gris y sin chispa. Otro, por cierto, que con el
acero naufragó.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Intolerable actitud de Víctor Puerto
El cartel de ayer lo formaban tres triunfadores de San Isidro de los
últimos años; tres puertas grandes en el redondel, oiga, tres. Tres héroes
de Las Ventas, o sea la Biblia en verso, la gloria derramándose por el
albero. Pues la verdad es que no se notó mucho. Pero vayamos a lo
primero. Y lo primero fue el homenaje a Juan Barranco Posada por la mañana,
recuerdo del quincuagésimo aniversario de su alternativa. Evocación
del toreo al natural de Juan Posada.
Ninguno de estos tres triunfadores de Las Ventas se acercó ni de
lejos, según dicen los más viejos del lugar, a los naturales de
Posada. Recuerdos: la tarde aquella de un inmenso cornadón en Las
Ventas, tras torear Juan al natural, y dos orejas sin entrar a matar,
antes de que llegara a la enfermería. La alternativa de Posada como
periodista taurino es más reciente: celebraremos también su
aniversario número 50.
La verdad es que esa condición de triunfadores de Las Ventas no se
notó mucho ayer ni a Víctor Puerto, ni a El Califa, ni a Rafael de
Julia. Rafael de Julia, hermético de toreo y de expresión,
voluntarioso que no es, precisamente, una virtud torera por la que haya
que subir a los altares. Claro que la principal culpa de todo la
tuvieron unos toros de El Ventorrillo, cuya presencia se justifica más
en la arada que en una corrida. El Califa sin ver claras las cosas. O El
Califa recupera el califato o la morisma se lo come. O lo manda a
galeras. La morisma taurina anda levantisca con El Califa, que el año
pasado hizo una temporada aciaga y lleva camino de lo mismo. No entendió
ciertas posibilidades que le ofrecía su primero; y no valieron dos
tandas de derecha y algunos naturales, con su sello, para evitar el
sepulcral silencio que soportó. Y tampoco le valió un pase cambiado
por la espalda, escalofriante de tan ceñido, para convencerse de que no
está en el buen camino.
El lado abrupto
Los detalles fueron verdaderamente los de Puerto, sobre todo el
detallazo que tuvo en el que abrió plaza. Fue el momento de la tarde,
fue la perversión de la Fiesta, el lado abrupto de la crueldad.
Del infame espectáculo de ese primer toro sólo tuvo la culpa Víctor
Puerto. De esa larguísima y penosa agonía, que algunos atribuirán a
la convicción del torero de que el toro iba a doblar, sólo Víctor
Puerto es reo. De los horrores que debió de padecer el pobre animal, en
ese tiempo interminable, mientras Víctor Puerto lo contemplaba impávido,
sólo Puerto es responsable. El descabello está para aliviar el penoso
trance de la muerte, para evitar una agonía eterna entre estertores y vómitos.
Puerto dio orden al peonaje de que se alejara del toro y consintió,
provocó y alargó unos momentos patéticos.
A la gente le repugnó aquella exhibición de indiferencia y de desdén.
Y los tendidos, casi unánimemente, mostraron su repulsa quizá con más
educación de la que había demostrado Víctor Puerto y, sin duda, con
mucho más comedimiento del que había mostrado la intolerable actitud
del torero manchego. No está el horno para bollos y, aunque la
complacencia y la piedad sean el distintivo de los aficionados taurinos,
que Víctor Puerto ande con ojo.O que haga examen de conciencia y pida
disculpas: estas cosas pasan factura. Por mucho que pensemos que un mal
momento lo tiene cualquiera. Y a Víctor Puerto los cables se le cruzan
con demasiada frecuencia.
Quien siembra vientos, recoge tempestades, y algo de esta tormentosa
resaca continuaba en el cuarto, mientras Puerto toreaba muy bien por la
derecha y un poco menos bien por la izquierda. Hasta este momento no había
dado una y parecía imposible la reconciliación con el público. Le
desarmó el cuarto, le pegó una carrera frenética y le salvó un magnífico
quite de Delgado. Ni la solemne apertura de faena por estatuarios ni los
ya reseñados redondos y naturales, algunos de ley, algunos del Víctor
Puerto de las mejores tardes, hizo olvidar el intolerable espectáculo,
la inaceptable actitud que había mantenido en su primero. Puede que una
voz extemporánea le hubiera desquiciado. Mas por un culpable no puede
perderse el respeto a la plaza, al toro y a sí mismo.
Marc
Lavie. Y-A-T-IL UN TORERO DANS L'ARÈNE ?
À l'exception de la bonne faena de Víctor Puerto au
quatrième, mieux commencée que terminée, le torero du jour a donné
un bien piètre spectacle devant le bétail de "El Ventorillo"
qui, sans former une grande corrida, offrait des possibilités de succès.
Le toro de Criado Hogaldo qui complétait le lot
renversa deux fois, de façon spectaculaire, le picador Francisco Luna
mais chercha vite refuge aux barrières, manifestant ainsi une
indiscutable mansedumbre. Víctor Puerto tenta de le retenir loin des
bordures mais la faena, avec un animal de peu de mobilité et de classe,
fut peu brillante. Il la termina d'une demi lame défectueuse et ne prit
pas le descabello; L'agonie du toro fut assez pénible à voir et déclencha
la colère dans le cirque. Le public ovationna la dépouille du toropour
manifester, pensons nous, son hostilité au torero. Bien fait,
harmonieux de silhouette était le quatrième qui fut brave et noble. Le
début de faena de Víctor, avec notamment une trinchera sur la main
gauche, fut magnifique et retourna le public en sa faveur. Suivirent
deux séries à droite bien liées, une troisième sur la même main au
cours de laquelle le toro s'arrêta et une série de naturelles,
l'animal cessant de charger avec noblesse. Il le tua d'une lame courte
au deuxième essai et eut droit à la grande ovation du jour.
Le début de faena du Califa devant le deuxième, par
un changement dans le dos au centre et une bonne série liée sur place,
laissait espérer mieux. La faena fut ensuite décousue et la mise à
mort laborieuse : quatre pinchazos et trois descabellos. Le cinquième
avait tendance à fuir les leurres mais, une fois soumis, possédait une
charge franche et vibrante. Le Califa fut incapable de le retenir, pas
plus que de l'embarquer, et son toréo fut une pure calamité. Il enfonça
une demi lame au deuxième essai.
Bien pâle a été la prestation de Rafael de Julia,
qui ne s'accorda jamais avec ses adversaires. Son premier était noble
mais faible et ses multiples tentatives infructueuses furent ponctuées
par des cris "¡ qué emoción !" (autrement traduit, on
s'emm…). Une courte et deux descabellos, otro toro. Le sixième avait
les mêmes caractéristiques, alliant noblesse à mollesse, et tout fut
mécanique et sans âme. Bye, bye… (M.L.)
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