GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 14 de abril de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada con picadores

Ganadería:  Novillos de José Vázquez, codiciosos pero flojos.

Diestros: 

  • Serafín Marín, silencio tras aviso y silencio tras aviso.
  • Juan Alberto, silencio tras dos aviso y silencio tras aviso.
  • "Joselillo", palmas tras aviso y ovación.

Entrada: un cuarto de plaza.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. M.A. CUADRADO. Ausencias

Antes de dar comienzo la novillada de ayer, domingo, se realizó una acto de homenaje a Joaquín Vidal promovido por la asociación El Toro de Madrid. Acudieron al evento diversas televisiones, y estuvo atenta la afición. Se realizó sobre el asiento que fuera durante años lugar privilegiado de un señor crítico y una pluma histórica de una soberanía e independencia sin par. Sobre el asiento quedaron depositados unos ramos de flores en su honor y recuerdo. Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio que duró una eternidad. El tiempo estuvo parado y lento, profundo el sentir.

La novillada digamos que fue interesante, variada y sin mucha relevancia en cuanto a lo artístico, pero con algo que ver y su toque de emoción a trechos. La razón fue que, a pesar de la mansedumbre y la flojera de los tres primeros novillos, hubo también casta en los tres últimos, con su aquel de genio y ganas en los novilleros, que obtuvieron resultados irregulares, sobre todo porque se olvidaron del reloj y no pudieron mirarlo cuando cogían la muleta y se disponían al trasteo final, antes de apuntar al morrillo y tirarse a herir con fe.

Es un decir lo de que no miran el reloj. No lo consultan porque confunden lidia con lucimiento. Hay que hacerse cargo de que la presidencia llegó a mandar hasta siete avisos a lo largo de la tarde. ¡Que ya son avisos!

Juan Alberto manejó el capote con soltura y garbo en sus dos novillos, y no terminó de encontrar el sitio adecuado en sus faenas de muleta. Más meritoria fue la que hizo a su segundo, que desarrolló genio, y en donde extrajo algún muletazo de buen corte.

Joselillo demostró ser un buen capotero en todas cuantas veces intervino, y un muletero vistoso y de un concepto clásico en el cite y al correr la mano, aunque no siempre remató el pase. Le tocó el lote más potable y dejó un buen sabor de boca en el respetable, sin llegar a cuajar las faenas.

Serafín Marín tragó en su primero y estuvo valiente; en su segundo tuvo los momentos más lucidos y toreros de la tarde en las verónicas de saludo, mecidas, muy templadas, dichas con majeza y hondura. Fue una lástima que el novillo se le parara en los primeros compases de la faena de muleta, después de unos derechazos poderosos y mandones.

En definitiva, tarde tibia, lenta, variada y triste. Cuando falta un alma noble de aficionado en el tendido, algo se rompe; queda en el ambiente un vacío incuestionable, de una ausencia que duele y es difícil restañar.


ABC. JOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES.  El capote de Serafín Marín, oasis en una tarde gris y fría

La novillada dominical empezó con la nota sentimental de un minuto de silencio en recuerdo del gran escritor Joaquín Vidal, crítico taurino de «El País». Antes de empezar el festejo, se pudieron ver en la localidad habitual del cronista tres ramos de flores, como homenaje imperecedero al buen periodista.

Luego, lo mejor de la tarde lo haría el catalán Serafín Marín en el novillo que cerró el festejo. Toreó a la verónica, ganando pases en cada lance, con temple y con un hacer de manos bajas que, verdaderamente, llegó hasta lo más hondo de los espectadores. Anteriormente, en el segundo novillo del debutante, Joselillo, Marín había ejecutado un lucido quite por verónicas. En su paso por Madrid -como se puede ver- ha dejado traslucir un gran estilo de capeador. Con la muleta no pudo estar a la misma altura en el sexto. Sacó dos series con la derecha de gusto, para continuar con la misma mano de forma más opaca y siempre con largura.

En el tercero, puso voluntad con la derecha y dio más contenido a su toreo con la izquierda, aunque al perder el engaño en una de las tandas se disipó el momento más brillante. Su labor fue a menos y, además, terminó deslucido con las armas toricidas.

El debutante Joselillo se encontró primero con un sobrero de Félix Hernández, un punto brusco. Se dobló muy bien en los comienzos de la faena y dos buenas tandas diestras, rematadas detrás de la cadera. Consiguió ligar los muletazos con la izquierda, pero su labor se fue diluyendo y ni siquiera se salvó con los adornos finales. Por el contrario, se entregó en el segundo envite estoqueador, aunque el toro tardara en rendirse.

Brilló en el toreo a la verónica al quinto y en un par de quites posteriores. En este novillo llegó la rivalidad capeadora con Serafín Marín. Empezó bien la faena de muleta, andándole a la res por alto, toreó con cierto empaque con la izquierda, mano que fue la base de todo su quehacer. Se volvió a entregar a la hora de matar y fue cogido de forma aparatosa. Dejó buen recuerdo, pero creo que debió sacar más jugo de unos novillos que lo merecieron.

Abrió la terna el valenciano Juan Alberto, que veroniqueó al primero muy en corto y ceñido. Se volvió a lucir con el capote en el quite de turno y al recibir a su segundo. Su primera faena fue excesivamente larga, y voluntariosa, colándose el bicho en los primeros compases para luego arreglarse. Anduvo mal con el descabello. Se dobló bien con el cuarto, se mostró valiente y sufrió una colada, pero el conjunto le salió insistente y demasiado mecánico.


El Mundo. VICENTE RUIZ.  Los signos del silencio 

La ambigüedad de un término como el silencio puede esconder significados de muy distinto signo. Una plaza de toros puede silenciarse sepulcralmente para rendir un emotivo homenaje a alguien importante para la Fiesta, como ayer sucedió en Madrid para rendir tributo al crítico Joaquín Vidal.

El silencio también puede evocar expectación ante la inmediatez del buen toreo. Son famosos en este apartado los de Sevilla, pero son los de Madrid los que quizás más peso conllevan al ser menos frecuentes. Ayer, únicamente Serafín Marín se ganó el silencio expectante de Madrid, tras lancear con exquisito gusto de capa a su segundo y tras haber quitado ajustadamente por gaoneras al que hacía quinto. Pero luego, con la muleta, alternó los buenos muletazos con enganchones que deslucían el conjunto. Con su flojo primero no pudo lucir.

Los silencios más temidos son los de desánimo y hastío como los sufridos ayer por Juan Alberto y como los que pudo sufrir Joselillo si no hubiese sido por el paisanaje que lo acompañó.