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1ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del sábado, 11 de mayo de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Partido
de la Resina ( -5º devuelto por inválido-,
descastados y mansos. Sobrero de Navalrosal, grandote e inválido).
Diestros:
- El Fundi, media
perpendicular y atravesada -aviso- y un descabello (silencio);
pinchazo y media (división).
-
Miguel Rodríguez:
cuatro pinchazos -aviso- y bajonazo (silencio); cuatro pinchazos y
casi entera (silencio).
- Óscar
Higares.: pinchazo y golletazo
(silencio); cinco pinchazos -aviso-, estocada trasera y un
descabello (silencio).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, El Mundo.
El País.
Antonio Lorca. Sin
corazón
La ficha lo dice todo. La primera, en la frente. ¿De quién es la
culpa? De los toros, naturalmente, pensarán los taurinos. Como no
hablan... Los toros, se entiende. Pues, no señor. Los culpables, los
toreros. ¿Cómo se puede venir a la primera feria del mundo con esa
desgana, con esa desilusión, con esa falta de recursos? Y lo peor no es
eso. Lo peor es que la terna arrastra fama de poderosa, de dominadora,
de bailarle a los toros duros. Pues hay que cambiar la fama: estos
toreros de ayer ofrecieron toda una lección de falta de corazón y de
incapacidad para superar las dificultades de los toros de Partido de
Resina, antes Pablo-Romero.
¿Pero los toros fueron, tal vez, dulces como el almíbar que saborean
las figuras? No, hombre, no. Los toros eran de tan legendaria divisa
venida a menos, que imponen sólo con el nombre, pero que no mostraron
aviesas intenciones si se exceptúa el cuarto, un manso de libro, muy
deslucido y bronco, con el que El Fundi hizo amago de enfadarse, pero lo
dejó para mejor ocasión.
El resto de la corrida fue corretona y distraída, como es habitual en
este tipo de toros, blanda y descastada, pero se dejó torear. Sobre
todo, eran toros propicios para toreros poderosos, de ésos que dicen
que se juegan el tipo a base de poner la barriga muy cerca de los
pitones.
Quizá, el problema estaba en los pitones, que eran muy astifinos y eso
asusta a cualquiera. ¿O el problema estaba en la barriga? Cada cual es
muy libre de poner la suya a buen recuado, pero, después, no se puede
ir de torero poderoso por la vida.
El Fundi, por ejemplo, no dio la impresión de tener la moral muy alta.
No es un exquisito, pero se le supone un corazón grande que ayer le jugó
una mala pasada. Puso banderillas en sus dos toros sin voluntad ni
acierto. No se empleó nunca con el capote más que en un quite por
chicuelinas vulgares. Y con la muleta... Con la muleta, Dios mío, un
tormento. Su primero no tenía codicia, pero fue y vino en una faena
larga y tediosa. El torero se colocó siempre fuera de cacho y se le vio
muy precavido. En el otro, el manso dificultoso, hizo un esfuerzo
enorme, pero el animal se empeñó en quitarle la muleta de las manos y
no le permitió lucimiento alguno.
Tampoco se lució Miguel Rodríguez, serio el hombre toda la tarde, pero
impotente ante tamaña responsabilidad. Su primero se fue sin torear
porque el torero estuvo dominado por una permanente inseguridad, siempre
a la defensiva, sin saber qué hacer, a merced de su oponente. En el
quinto, un inválido con escaso recorrido, se repitió la historia:
muleta retrasada y las ideas fuera de la plaza.
Higares tuvo enfrente al toro más noble de la corrida, el sexto, y lo
desaprovechó de cabo a rabo. Adoptó posturas aflamencadas, que
resultaron no menos ridículas que sus desplantes o sus miradas
retadoras al toro. Pero ni un pase limpio, oiga. Un enganchón por aquí;
otro por allá, sin cruzarse en ningún momento... Un desastre.
Por cierto, la gran ovación de la tarde se la llevó Pedro Vicente Roldán,
de la cuadrilla de Higares, por dos buenos pares de banderillas al sexto
asomándose al balcón. El resto, insufrible a causa de unos toreros que
se dejaron el corazón en el hotel y dejaron pasar por alto una
oportunidad de triunfo. Por éstas que algunos toros se llevaron
colgando las orejas al desolladero. ¿La culpa? De lo toros, o ¿qué se
cree usted?
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Pablo
Romero no levanta cabeza o por qué las desgracias nunca vienen solas.
Las desgracias nunca vienen solas. A los ganaderos de Partido de
Resina, Pablo Romero por siempre, se les desgració la casi totalidad de
la corrida preparada para Madrid. Rehicieron el sexteto, dicen que con
los toros destinados a Nimes, y la cosa resultó bastante equilibrada y
pareja. Pero su juego no correspondió a su belleza exterior.
Desgraciadamente, no hay un solo atisbo de recuperación para el
legendario hierro. Ni la nobleza del primero y del último, envuelta en
la ausencia de fuerzas, justifican y salvan el conjunto. Mansearon unos,
desarrollaron peligro otros y blandearon los demás. Y la pareja que se
dejó hacer más no encontró enfrente la inspiración de los toreros. O
sea que regresamos a la teoría de las desgracias.
Hace unos días murió una mujer de pies a cabeza. Yo admiraba la
lucha de María Cecilia Sicilia contra el cáncer, su voluntad de hierro
y su entereza de roble. María Cecilia tenía casta para no doblegarse
ante las adversidades que asaltaron su camino una y otra vez durante
siete años. Hasta el final, claro, cuando las fuerzas ya no responden
ni a los más hondos deseos de vida ni al imán de los hijos ni al
aliento de la familia.
La hipótesis de que nunca una mala noticia se presenta sola se
cumplió también ayer por la mañana, fecha del homenaje en Madrid al
maestro Pepe Luis. Hacía tiempo que desde esta tribuna luchábamos para
que al dios rubio de San Bernardo se le rindiera tributo. Sencillamente,
como escribe Petit Caro, era más que justo: indispensable. Pues, tras
la sabia y acertada decisión de la Comunidad madrileña de agasajar al
Sócrates del toreo, anunciaron a quien esto firma para moderar el acto.
Y fallé con un justificado parte facultativo. Nada grave, porque la
febrícula y la cabeza dolieron menos que no estar al lado del maestro
para rememorar aquellos almuerzos en el club Pineda, con el doctor Ríos
Mozo y don Eduardo Miura.
Recuperado a duras penas, la fría tarde aportó el cachetazo al
estado lamentable del crítico. Y, para colmo, los pablorromeros
torpedearon aún más los ánimos bajos. El Fundi toreó a su estilo al
flojo y bondadoso ejemplar que inauguró el escenario de la Feria de San
Isidro, que amenaza con continuar los pésimos augurios de Castellón,
Valencia y Sevilla. Trató el diestro de Fuenlabrada de mimarlo,
mientras se apagaba como una vela. El cuarto huía y huía. De capotes,
petos y toreros. Cuando Fundi lo fijó en la muleta en los medios, el
bello bruto tiro de actitudes navajeras y canallas.
Un calvario con la espada
Miguel Rodríguez compartió banderillas con José Pedro
Prados, nombre de civil de El Fundi, en sus respectivos primeros toros.
No pasaron de voluntariosos y vulgarones. Después, Rodríguez pasaportó
un cinqueño que sólo acudía al bulto por el pitón derecho, aunque se
tragaba de manera descastada los pases al natural, y un sobrero
deslucido de Navalrosal. Horas bajas para este madrileño, que pasó un
calvario con la espada. No ve nada claro.
Higares se enfrentó a un malaje que hizo tercero. Sólo las
valientes verónicas iniciales, en el mismo platillo, destacaron en una
labor frustrada por la aviesas intenciones del pablorromero y por un
sablazo indecente.
El sexto sacó poco poderío y nobleza, sin terminar de humillar.
Pero Óscar no le cogió siempre el temple. La inspiración y el
acoplamiento surgieron sólo a ráfagas. La faena no cuajó, salpicada
de enganchones y emborronada con los aceros otra vez.
El público, al menos, encontró entretenimiento en el especial de
San Isidro de ABC, mientras meditábamos sin interrupción por qué las
desgracias nunca vienen solas.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Los 'pablorromeros',
espejo de la Fiesta
Los pablorromeros, perdón, Partido de Resina, dieron la imagen cabal
de cómo está la Fiesta: por los suelos. Yo creo que en el toro de
lidia se está produciendo una mutación y en la Fiesta también. Tardes
como ayer lo acreditan sin discusión posible. Nadie puede pedir peras a
un olmo, dicen en mi pueblo de Palencia; nadie puede exigir a un torero
que con ese saldo bastardo que salió ayer de chiqueros, sueñe «verónicas
de alhelí» y otras cursiladas líricas; pero más fundamentos técnicos,
un conocimiento del material táurico semoviente y lo que se llama
pundonor, sí cabe exigirles a los diestros.
De lo contrario, podemos encontrarnos con una situación repetida en
la que ni siquiera un lance, un muletazo, un gesto, una actitud y una
aptitud merezcan ser recordados. Vista la forma en que Rodríguez e
Higares se perfilaban para matar, eran previsibles los resultados; y
comprobables lo equivocado de los planteamientos lidiadores de Higares,
Rodríguez y El Fundi, lo único que procedía era desear que no
acabaran en el hule.
Cierto que los tres matadores de ayer andan escasos de contratos,
pero no menos cierto que con esa disposición de ánimo no firmarán
muchos más. Lo que llamamos el Sistema, está consolidado y deja pocos
resquicios a las sorpresas. Y tampoco se atisba ni la rebelión de los
llamados modestos ni la regeneración del toro de lidia, que es la
verdadera madre del cordero. Sí puede ser explicable esa apatía, o esa
incapacidad de Fundi, Rodríguez e Higares, lo que sería inadmisible es
que los toros de Partido de Resina volvieran a Las Ventas. Es una lástima
que tan bella estampa, tan hermosa morfología que acredita la
superioridad del mundo animal sobre los humanos, esté tan podrida. Los
toros de Partido de Resina son el espejo de la Fiesta: deslumbrantes por
fuera y escachifollados por dentro. No es por incordiar, mas les esperan
a ustedes en esta isidrada muchas corridas como la de ayer. El que avisa
no es traidor.
Los viejos pablorromeros, tienen tanta tradición como la Fiesta, una
genealogía igualmente gloriosa. Pero les falta presente y el futuro,
por demasiado obvio, se les presenta oscuro como a aquel de la canción
de Antonio Molina que trabajaba en el carbón.Yo deseo, aunque no lo
espero con demasiada fe, que el futuro de la Fiesta sea menos catas trófico.
Y que esta isidrada sea también lo más llevadera posible, cosa
verdaderamente difícil de creer. Primera corrida, primer petardo.
Aunque lo que vale es el balance comercial, la gran asamblea de la plaza
llena, o casi llena, aunque esté muerta de aburrimiento. Comprueben,
vean ustedes a los históricos pablorromeros, derrumbados y como bueyes
de carreta. Y saquen conclusiones.
Ni este encierro aspirará a ser la mejor corrida de la Feria ni
Fundi, ni Miguel Rodríguez, ni Oscar Higares aspiran al trono, vacante
según acertado diagnóstico del suplemento taurino de EL MUNDO hace
unos días, de la torería. No hay un number one, nadie manda en el
toreo con autoridad indiscutible. Sin embargo, según los libros reseñados
en el citado suplemento, los intelectuales y los extranjeros siguen
apostando por la mística enigmática de José Tomás. Anya Bartels ha
resumido en medio millar de fotografías todo su fervor tomasista;
modestamente el que esto firma ha apoyado el despliegue del ejército
fotográfico alemán con un ensayo sobre la ceremonia, el rito y los
toros que hace tiempo venía pergeñando. Pero la verdad es que, pese a
libros, fotografías y entusiasmos, lo que afirmaba la cordura del
aludido suplemento, sobre el vacío hegemónico, es un hecho.
Y ciertamente no vamos a pedir a toreros como Miguel Rodríguez,
Oscar Higares y El Fundi que tiren del carro, pues bastante hacen con
sobrevivir a las relaciones que marca el cruel mercado taurino.Por lo
demás, Miguel Rodríguez y Fundi torearon mal y banderillearon peor.
Higares se limitó a muletear de trámite. Ver banderillear a los
matadores, salvo algunas tardes de Esplá, es un castigo innecesario.
Clavan peor que los subalternos y encima necesitan la ayuda del peonaje
para poner al toro en suerte. Si un matador no se basta a sí mismo ¿para
qué banderillear? ¿Qué aportan que no puedan aportar los subalternos?
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