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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 10 de marzo de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Novillada
Ganadería: Novillos de
Félix Hernández Barrera, deslucidos en líneas generales.
Diestros:
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, El
Mundo
El País.
MIGUEL ANGEL CUADRADO. Tarde de
medias tintas
Para qué andarse con medias tintas; en corto y por derecho, debemos
decir que la tarde de ayer fue de trámite en Las Ventas, una de esas en
las que no ocurre nada destacable, artísticamente hablando, aunque
siempre sucedan cosas y haya momentos de interés en la lidia, por
aquello del peligro sordo -que dicen entre profesionales- desarrollado
por algún burel. Y porque nunca faltan lances o muletazos conseguidos
según prescribe la ley taurina. A poco que se mire.
Los novillos de Félix Hernández hicieron todos una mala pelea en
varas, y no propiciaron el llamado tercio de quites, del que en toda la
tarde no hay nada que reseñar. Y luego es verdad que no siempre se les
hizo la suerte en buena consideración y se les tapaba la salida, que
solía ser de franca huida, fruto de su mansedumbre en la mayoría de
las ocasiones, distraída y amodorrada.
Sólo al cuarto se le pudo apreciar cierta casta, y Martín Quintana
no terminó de aprovecharlo, a pesar de que lo había recibido bien de
capote, en lances donde lució un buen juego de brazos. Se puso a torear
sin ningún preámbulo, fuera de las rayas del tercio, la muleta por
delante, y aunque le bajó la mano y tiró del novillo con bríos y
mando, lo hizo demasiado rápido, sin templarse lo necesario. La afición
estaba con el novillo, al que jaleaba sus embestidas, y la faena se vivió
entre vaivenes y división de opiniones. En su primero, el novillero de
Quintana de la Serena estuvo espeso. En su descargo vaya que el
marrajillo apenas pasaba por los dos pitones.
Jarocho se mostró sereno y lo que se dice puesto toda la tarde. Dejó
que a su primero le dieran demasiado en el caballo y luego se le paró.
Y en su segundo, que tuvo más movilidad, consiguió algún derechazo
estimable y ayudados y trincheras de buen corte. A sus dos novillos los
mató por arriba, dio el medio pecho y descubrió el morrillo del burel,
según ordenan los cánones. Una forma cabal de estoquear toreramente.
Luis Rubias aprovechó las primeras arrancadas de su primero y le pegó
unos redondos enjundiosos, que no tuvieron continuidad, y hubo de
renunciar enseguida a torear al sexto, que hizo cosas feas ya de salida
y montó un mitin en el tercio de banderillas, en donde protagonizó
varias pasadas en falso de los subalternos, avisados de las intenciones
espurias de la mala prenda, de nombre Avispado, o sea, y al
segundo muletazo Rubias se fue por la espada.
En la templada tarde marceña el público se puso de parte de
Jarochito, rehiletero de poca estatura y corazón bien engrasado, que
además tiene la virtud de estar bien colocado y pendiente de la lidia,
como es menester en todo buen profesional.
Como se puede colegir, quien no se consuela es porque es un pesimista
recalcitrante y sin remisión. Que su lugar tiene en el planeta taurino.
Por supuesto.
ABC.
JOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES.
La inauguración de las novilladas
resultó fría y sin brillo
Después del triunfo de Julio Aparicio y de los
detalles que vimos en el festival del sábado, nos sumergimos en una
tarde anodina en la primera de las tres novilladas previstas para
inaugurar la temporada presente en nuestra plaza. No acompañaron los
novillos de Félix Hernández Barrera -antiguos parladés de Guardiola
Soto-, pues sólo los lidiados en tercer y cuarto turno tuvieron el
tranco suficiente, que sus matadores no supieron aprovechar.
El torero extremeño Martín Quintana volvía a Madrid, después de
sus éxitos septembrinos. Borroso con el capote en el que abrió plaza,
tanteó bien a su rival en los inicios de la faena. Luego, no se acopló
para nada al torear con la derecha y hasta se vio, en algún instante,
rebasado por el genio de la res. El novillo terminó muy paradote y sin
que Quintana pudiera sacar frutos. En el cuarto, veroniqueó con gusto.
Su labor muleteril resultó intermitente. Toreó bien con la derecha al
comenzar la faena. También, en unos naturales mediado el trasteo, y,
casi al final, volvió a coger sitio con la mano diestra. Pero después
no encontró nunca la entente, anduvo por debajo de su rival y el
conjunto resultó de lo más desvaído. (Silencio tras aviso en ambos).
Entrega de Jarocho
El Jarocho también había triunfado en la última novillada
del año. Recuerdo que la espada le privó de la Puerta Grande. Esta vez
no ha hecho nada con el capote, se ha mostrado valiente y voluntarioso
con la muleta y ha matado con acierto a sus dos oponentes. A pesar de
todo, sus dos labores resultaron largas y, en conjunto, grises. Pero
nadie le quita la entrega a la hora de volcarse con la espada. (Saludos
desde el tercio en ambos).
El tercer novillo de la tarde derribó a picador y equino en una de
las varas. Un tercio que, por otra parte, resultó larguísimo. Luis
Rubias, que no hizo nada a la hora de capear, anduvo deseoso en una
larga faena, en la que prevalecieron los deseos sobre otra cosa. Toreó
sobre ambas manos, puso ganas en la refriega y, al alargar el trabajo,
se diluyeron las notas positivas. No hizo nada digno de mención en el
sexto, en el que perdió el capote a las primeras de cambio y vio cómo
se hacía presente un infumable tercio de banderillas. (Palmas y
silencio).
El Mundo. VICENTE
RUIZ. Complicada corrida para
abrir boca
Arrancaba ayer oficialmente la temporada
tras el homenaje a Vidrié y no será un comienzo que pase a la
historia. Si la novillada no dio demasiadas facilidades, lo poco potable
no fue del todo aprovechado. Y fue Jarocho, a quien correspondió el
peor lote, quien saldó esta primera prueba con una mejor nota, mostrándose
técnico y valiente en la lidia de sus dos complicados novillos.
Su esperanzadora actuación contrasta con la labor de Martín
Quintana, uno de los novilleros que mejor sabor de boca dejó en Madrid
el pasado año, al que se vio indeciso y sin recursos ante su segundo.
Luis Rubias dio los mejores muletazos de la tarde durante la faena a su
primer enemigo.
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