GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

27ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del jueves, 6 de junio de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería: Corrida de José Escolar, bien presentados, astifinos, fibrosos, que desarrollaron genio y agresividad en todos los tercios; sólo el 6º fue bravo en el caballo y noble en la muleta. 

Diestros: 

  • Fernández Meca, estocada (silencio); dos pinchazos, casi entera y un descabello (silencio).
  • Óscar Higares, dos pinchazos y estocada (silencio); estocada contraria, nueve descabellos -aviso- y seis descabellos (pitos).
  • José Ignacio Ramos, pinchazo, estocada atravesada, dos pinchazos y un descabello (pitos); estocada baja y dos descabellos (leve petición y gran ovación).

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla, ABC, Marc Lavie (en francés).


El País. Antonio Lorca. ¿Por qué?

¿Quién es el responsable de la corrida? El presidente. ¿Dónde está? En el palco. ¿Cómo se llama? Don José Manuel Sánchez García. Pues este señor hurtó a los espectadores la integridad del espectáculo, puso en serio peligro el físico de los toreros y benefició a la empresa. ¿Por qué? Que se lo pregunten al ministro del Interior, que es su jefe.

Llovió durante toda la tarde, arreció media hora antes del festejo y el agua caía torrencialmente a las siete en punto, cuando, inexplicablemente, sonaron clarines y timbales indicando el comienzo del festejo.

El ruedo era una auténtica piscina llena de agua y fango, el público se guarecía como podía de la lluvia y muchos protestaban con gritos tales como 'sinvergüenza, sinvergüenza' y 'fuera del palco'. A la gente no le gusta que le tomen el pelo... Pues el del palco, como el que oye llover, que él sí podía oír, pero no se mojaba, porque el tal palco está resguardado. Lista que es la autoridad.

A los espectadores se les hurtó la corrida porque no es posible un desarrollo normal de la misma en un barrizal, con los toreros preocupados por mantener la verticalidad, y con atípicas reacciones de los toros.

A los toreros se les puso en serio peligro porque allí no se podía torear. Es más, intentar hacerlo era una auténtica temeridad. Si no llegó la cornada fue por un verdadero milagro.

Además, lo que había en los corrales no era precisamente un encierro de toros artistas, sino seis ejemplares de una ganadería considerada dura y que, como después se comprobó, desarrollaron peligro, genio y agresividad.

El señor del palco puede argumentar que los toreros querían torear. Creíble, pero inaceptable. Los tres carecen de contratos y para dos de ellos era su única oportunidad en la feria. Pero para eso está el señor del palco, para evitar que las necesidades se tornen en tragedia.

Y la única beneficiada, la empresa. Curioso.

Si se suspende la corrida, la empresa sólo cobra el seguro, que es una cantidad muy inferior a lo que entra por taquilla. Si no se suspende, los beneficios son altos porque el papel está vendido y la terna es barata.

¿Por qué no se suspendió el festejo? Un misterio.

¿Quién se atreve ahora a enjuiciar a tres toreros que pasaron un auténtico quinario delante de unos toros de mala condición y en un piso enfangado hasta los tobillos?

Si ellos dieron su conformidad para la celebración de la corrida, en su ingenuidad llevan la penitencia. El triunfo era prácticamente imposible.

Fernández Meca lidió a su primero mientras caída el diluvio universal. Bastante hizo con sortear sus peligrosas coladas; y el quinto no tenía un pase, con la cara por las nubes en todo momento.

Higares dio un mitin con el descabello, pero se mostró más decidido que en su actuación anterior. Y Ramos banderilleó bien a sus dos toros, nada pudo hacer ante su violento primero y arrancó muletazos muy estimables al sexto, el único que embistió a la muleta. Antes lo había toreado con mucho garbo por verónicas y en un buen quite por chicuelinas.

En el tercer toro dejó de llover; a las nueve salió el sol y se hizo presente un frío helador. El engaño se había consumado. ¿Por qué? Que se lo pregunten al ministro.


Diario de Sevilla. BARQUERITO. El toro más difícil de la feria

El paseíllo se hizo bajo la lluvia. El ruedo, embarrado y parcheado; las rayas, sin pintar; algunos pitos de protesta al empezar una de las corridas más temidas de San Isidro: dentro de ella, el toro más difícil de la feria. Pero también uno de los más bravos del abono. Los dos en el mismo lote.

El toro que abrió, de mucha culata y corto cuello, flojeó y se frenó de salida, como si patinara en la arena mojada. Cumplió en dos varas y se vino en banderillas pronto, pero lució y duró en la muleta muy poco. Antes de apagarse apoyado en las manos, una docena de embestidas rebrincadas y cernidas por los dos pitones. Nada más. Bajo un chaparrón y sorteando charcos, firmeza y oficio de Fernández Meca, que debutaba en San Isidro, y una estocada de mucho corazón.

Héroe en plazas francesas con corridas de albaserradas muchas veces, Meca se vio sorprendido esta vez por un toro de sangre hermana de los victorinos. Un cuarto descarado y sillote que tropezó demasiadas veces la capa de salida y todavía más la muleta en la apertura de una faena de buenos deseos. Engallado, crudo de varas, enterado en seguida, el toro, con carácter en las primeras arrancadas, vio al torero muy pronto y a partir del décimo muletazo ya no le dejó estar. Pelea desairada de Meca.

El tranco y el son de salida fueron presagio de que el segundo, astinegro, cabezón y badanudo, iba a ser un toro notable. Su alegría y fijeza en dos varas de poca pelea y poca sangre confirmaron los indicios. Luego se arruinaron los buenos auspicios: el toro se vino abajo en la muleta. Noble y bondadoso, sí, pero de parca embestida y viajes siempre con la cara alta. Ni las hechuras ni la conducta clásica de lo que tiene procedencia Albaserrada. Higares, muy suelto con la capa, se encontró sin opción. Se pidió brevedad. Al tercer viaje Higares cobró gran estocada.

Aplaudido de salida, el quinto le entró a la gente por los ojos. Toro con plaza y también con partidarios. No tuvo mal son, pero sí el problema de gazapear. Muy pegado en el caballo, justo de fuerzas, se acabó quedando muy cortito. Afanosa faena de Higares, que abusó de torear a la voz y de esperar al toro en los momentos clave.

Con diferencia sobre cualquier otro de los ciento y pico lidiados en feria, el tercero resultó el toro más difícil de San Isidro. Fiero, con mucho sentido, genio, agresivo al defenderse. Hizo hilo, escarbó, olisqueó, se encastilló. Aire de toro pregonado, una prenda, un marrajo. Le comió la moral al banderillero que intentó sin éxito lidiarlo. Estuvo a punto de llevarse por delante dos veces a José Ignacio Ramos con el capote y le enganchó por el mismo chaleco en el embroque de un tercer par de banderillas prendido con enorme pundonor. El solo gesto de Ramos de cubrir el tercio a la vista del toro y de lo malo del piso fue algo heroico. Puesto por delante, avisadísimo en la muleta, el toro no permitió más cosa que un macheteo de pitón a pitón que el torero burgalés ejecutó con oficio y no demasiada comprensión. Su siempre certera espada no lo fue tanto esta vez.

El destino compensó a Ramos con un sexto que, en bravo, fue el toro de la corrida. Por galopar, moverse y querer. Poder, empleo y seriedad. Ramos lo toreó de capa vibrantemente, lo banderilleó con exposición y mérito y lo muleteó con criterio en una faena entregada y desigual. Con baches. Buenos logros por la mano izquierda, la mejor de las dos. Y el detalle de atacar con la espada en los medios para enterrar estocada ladeada de lento efecto. El toro fue, con su carácter, de triunfo.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Heroica actuación de José Ignacio Ramos

José Ignacio Ramos arriesgó la vida como un héroe, y el personal ni se enteró. Todavía se sacudía la mayoría el aguacero de encima, que los clarines del miedo sonaron cuando arreciaba un diluvio similar al que arrastró el arca de Noé durante cuarenta días y cuarenta noches. Llovía a mala leche desde las seis y media de la tarde, pero el presidente estimó que apenas eran cuatro gotas, sirimiri norteño. El señor Sánchez, que debe velar por los intereses de los espectadores, sólo se ocupó de evitar que una suspensión o el aplazamiento dañaran la cartera de la empresa. Los toreros habían dicho que «p´alante» -a ver quién es el guapo que se niega a hacer el paseíllo con el aforo vendido y luego pretende volver a Madrid-. La razón de que los espadas «quisieran» torear no vale como único argumento para autorizar el comienzo de una corrida bajo un auténtico temporal. Fue una decisión inmoral de cara al público, que le dedicó al palco repetidas lindezas durante las dos primeras lidias: «¡Sinverguenza!», «¿A quién defiende la Autoridad?», y así. Por supuesto, el usía, parapetado en el «sí» de los matadores, puso en juego su integridad y la de sus cuadrillas sobre un ruedo convertido en cenagal. ¿Alguien se dirigirá a don José Manuel Sánchez y le exigirá explicaciones? ¿Quién sanciona a los presidente por actuaciones tan sumamente irresponsables? Menos mal que escampó a la muerte del segundo toro.

Y fue en el tercero, una fiera corrupia, cuando José Ignacio Ramos principió su heroica actuación. Ya en el saludo esquivó, entre resbalones traicioneros, las oleadas que buscaban detrás del capote la presa. Ni tres puyazos como soles frenaron los instintos asesinos de la bestia. Desasistido por una cuadrilla superada y acongojada por las circunstancias -Luis Miguel Calvo soltó el capote en cuatro ocasiones para poner pies en polvorosa-, afrontó un tercio de banderillas para quitarse el sombrero. Coger los palos con la arena en semejante estado, ante un barrabás como aquél, ya merecía una ovación. El tercer par, de dentro a fuera, arrancando desde el estribo, con el toro dispuesto a esperar a Ramos y luego perseguirle hasta Burgos, nos hizo descargar la adrenalina acumulada. En la reunión, el pitón de lamió el pecho y le desabrochó el chaleco como un navajazo errado. La carrera fue agónica hasta que alcanzó el burladero, desde donde Higares y Fernández Meca intentaron el quite.

Muleta en mano emprendió el trasteo por bajo, para lidiar y liquidar breve la papeleta, e incluso así le desarmó con violencia en un ataque directo al pecho. La gente se puso injustamente de parte del bruto: la ovación en el arrastre ha sido la más inhumana de toda la Feria.

Sensacional de valentía y disposición estuvo de nuevo el burgalés con el sexto, que resultó el mejor de la corrida, lo que no quiere decir fácil. Banderilleó sobre el barrizal; el segundo y tercer pares, con el toro en galopada veloz, sobrecogieron; quedaron reunidos en todo lo alto, en una moneda de euro. Cuando Pedro Calvo lo cerrada en tablas con el capote perdió pie y salió ileso de un derrote en el suelo de milagro. La faena de José Ignacio Ramos emanó un mérito enorme sobre una y otra mano. Contuvo firmeza y limpieza, poder y mando, valor y un par de... Cobró una estocada en un volapié importante y necesitó del descabello. La oreja no cayó, pero aquí se la damos con todos los honores.

Tampoco se sabía muy bien qué quería el respetable que hiciera Fernández-Meca con el cuarto, otro terrorífico elemento. O por la lluvia o por el atractivo de los toros floreció en los tendidos el pana serrano por doquier. El francés lo pasaportó como pudo, peor que a su flojo primero, cuando pegó un espadazo contundente a través de la cortina de agua que caía.

Óscar Higares toreó a la verónica con decisión en el saludo al quinto, que después gazapeaba, miraba y medía. Los aceros del descabello le traicionaron. Resultó mejor enemigo el anterior de su lote. La primera parte de faena se construyó sobre la mano derecha y la templanza. Mas después de un paso nada lucido por el mal pitón izquierdo Higares no volvió a encontrar el temple. La muleta debía pesar ya entonces un quintal, empapada por la pertinaz lluvia.

En semejantes circunstancias, a los tres se les podría tildar de héroes, a Ramos más que a ninguno. Y a un cuarto, de incompetente. ¿Adivinan a quién?


Marc Lavie. UN TORO BRAVE D'ESCOLAR.

La course fut sur le point d'être reportée. La pluie redoubla quinze minutes avant le paséo. L'empresa laissa entendre que le spectacle pourrait être reporté au dimanche 9. Mais les toreros décidèrent de toréer contre vents et marées et José Manuel Sánchez, le président nodolépidoptérophile de Las Ventas, obtempéra.

Dans les chiqueros, une très belle corrida de José Escolar Gil, de pure origine Victorino Martín, entièrement dans le type de la maison mère.

La paséo et le combat du premier toro se déroulèrent sous le déluge et sous les protestations de la majorité des spectateurs en place, estimant qu'en payant un billet au prix fort, on peut avoir droit à un minimum de confort… Une grande partie de l'assistance resta dans les galeries des arènes pendant les deux premiers toros, suivant le déroulement des opérations sur les moniteurs du circuit de télévision interne.

Autant dire que ces deux premiers toros intéressèrent peu de monde et la piste glissante laissa planer le doute : le premier toro patinait-il sur le sol ou était-il vraiment faible ? Les tentatives de Meca, pataugeant dans les flaques, n'eurent d'autre écho que les cris de "¡ fuera el palco !" repris à la collégiale. Le deuxième, coincé sans pitié par le picador, sembla brave et noble, plus court à gauche qu'à droite, et Higares ne fut guère convaincant.

Le panorama changea avec la sortie du troisième. La pluie cessa, les spectateurs retardés prirent place mais le sol resta humide. Plus de glissades, plus de doutes : il y avait bien un toro, un vrai, en piste. D'un incroyable difficulté. Il coupa, tel un tigre en chasse, le terrain à José Ignacio Ramos lors des premières passes de cape. Le torero glissa et s'en tira par miracle. L'animal prit trois piques avec plus de force que de réelle bravoure. Ses charges incertaines, avisées, peu à peu vicieuses, semèrent la panique en piste. Ramos assura avec une remarquable sérénité le tiers de banderilles. La troisième paire, un "sesgo por fuera", fut à couper le souffle, la corne lui déchirant le gilet. Une pose qui en valait des centaines d'autres. Dominant la panique de sa cuadrilla, Ramos imposa une courte faena de châtiment pour calmer la violence et l'agressivité de ce terrible fauve, l'un des plus dangereux de cette feria. En venir à bout fut une performance, valant en mérite, sinon en gloire, bien des faenas à des toros qui passent tous seuls. José Ignacio fut moins heureux qu'à son habitude avec l'épée, s'y reprenant à six fois. Une partie des spectateurs ovationnèrent la sauvagerie de la bête au retrait de sa dépouille.

Le quatrième fut un autre client, qui fit le tour du cheval à la première rencontre et renversa avec fracas le picador portugais Rafael da Silva. Il prit deux autres piques et le deuxième tiers fut assuré avec efficacité par Christian Romero. Le vent et la charge violente de l'Escolar ne laissèrent pas une seconde de repos à Meca, qui mit en évidence la violence de son adversaire avant de le tuer de deux pinchazos, une demie en travers et un descabello.

Le cinquième reçut un châtiment appuyé, poussant sous deux longues piques, mais ne s'employa pas à la muleta, chargeant avec distraction et terminant sur la défensive. Higares fit mine de tenter des choses, avant de tuer d'une entière contraire et d'échouer… quatorze fois ! avec le descabello.

Le meilleur, le vrai toro brave de la corrida, fut le dernier, un animal long, sérieux, qui poussa bien en deux rencontres. Ramos eut de bons moments avec la cape – notamment un quite par trois chicuelinas dans les flaques et une demie – mais la lidia fut déficiente, le nombre de coups de cape inutiles dépassant l'entendement. Meca fut récriminé pour un quite inopportun. Le tiers de banderilles fut la meilleure chose que réalisé José Ignacio Ramos avec ce toro, le laissant venir pour trois paires impeccables. Avec la muleta, il ne sut, ou ne put, contenir la caste et la noblesse franche du toro d'Escolar qui domina les débats. Dans les rares séquences où il parvint à le soumettre par le bas, l'animal mit la tête en chargeant avec classe et vibration. Mais la muleta de Ramos manqua de pouvoir et de profondeur. Il termina d'une estocade d'effet lent et d'un descabello. À n'en pas douter, l'un des toros importants de cette feria. (M.L.)