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PLAZA DE TOROS DE LAS
VENTAS
Tarde del sábado, 5 de octubre de 20012
Corrida de toros
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Alcurrucén
y Carlos Nuñez,
desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa: El
País
El País.
MA CUADRADO.
Un paso adelante y otro detrás
No estuvo del todo mal la primera
corrida de toros de la presente feria de otoño. Pero tampoco bien, no
seamos triunfalistas. Se vieron pasajes interesantes, momentos que
rozaron la brillantez, sin llegar a explotar debidamente. Y más que
nada por mor de un ganado que blandeó mucho, y en el caballo no fue un
prodigio de bravura. Aunque entre el ir y venir, las voces y los ecos,
Rivera Ordóñez acertó a cortar una oreja a su segundo toro. Trofeo
algo discutido, que no lo hubiera sido,si no hubiera intercalado, con
reposo y templanza, un paso adelante y otro atrás.
En el primero de la cálida tarde,
Rivera no se dio mucha coba, ante el noble y flojo toro castaño de Núñez
del Cuvillo. Se le notó algo molesto por el quite de El Fandi, quien en
el remate de unas tafalleras, con revolera enganchada entre los pitones,
no le hizo demasiado favor que digamos. Y Rivera estuvo discreto, sin
meterse con el toro, sin obligar u otras menudencias de lidiador.
Muletazos sueltos templados, y una desgana que saltaba a borbotones. Él
sabrá qué de malo tenía el toro, manejable, a la postre un alma cándida.
Cambió el panorama para Rivera, pues,
en su segundo, al que pareció mirar con buenos ojos, desde los primeros
lances de saludo. Entonces fue que se paró, templó y gustó por ambos
pitones, en muletazos sueltos que imprimieron suavidad, despaciosidad y
buenas intenciones. Y un toreo por bajo a dos manos, algun trincherilla
bordada, de arena arrastrada a compás. Pero como no se decidió a ganar
terreno al final de cada pase, algo fundamental en tal toro, la
encomiable ligazón no fraguó. Terminó, sin embargo, por arrancar una
oreja, porque la suerte suprema la hizo a ley.
Eugenio de Mora se llevó una voltereta,
al probar el toreo al natural, que dolió a toda la plaza. No le impidió
el percance continuar en la lidia, y realizó una faena de muleta con
altibajos, tiempos muertos y momentos en los que llevó al toro al
ralentí, suave y largo. En su segundo apenas pudo estar digno y
valiente. Se rajó el inválido claudicante en la muleta y De Mora
abrevió.
El Fandi no tuvo un lote afortunado y él
no estuvo muy inspirado. Dio espectáculo con las banderillas, y en sus
dos faenas, se le vio como atorado, tristón. Si no acompañan los toros
y la cabeza no está despejada, entonces, no hay paso adelante, ni paso
atrás, si no un paso hacia un lugar llamado ninguna parte.
ABC.
JOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES. Templado otoño
de esperanzas
El templado otoño de Madrid se encontró con la esperanza, como los
aficionados con Rivera Ordóñez y Eugenio de Mora. Tal vez no esté
todo perdido.
Francisco Rivera suma ya dos ferias otoñales madrileñas de notable
balance, como si por éstas fechas hallase en la capital de España -¿se
puede decir España sin herir sensibilidades?- un algo especial. Aunque
ese algo bien podría llevar el nombre del toro de Alcurrucén que hizo
cuarto ayer y de aquél de Manolo González del pasado año. Y digo yo
que nunca es tarde, que en momentos como los de la faena que le supuso
una oreja, momentos como una serie izquierda de trazo curvo y el cierre
torero por bajo, el futuro se torna más claro, con posibilidades de
recuperación, también vislumbrada sobre la mano derecha a ratos,
cuando la colocación y el cite traspasan la costumbre viciada de
situarse siempre en la pala del pitón y vaciar los viajes hacia afuera.
Ahora que el invierno se nos antoja largo, ahora que, por ejemplo, su tío
Curro Vázquez cuenta con todo el tiempo del mundo, ¿por qué no
hablar, entrenar, retomar los orígenes que nunca se debieron perder? Ése
es el camino, como la rectitud de la estocada.
Toda la actuación de Rivera Ordóñez se mantuvo presidida por la
tranquilidad y un halo de torería que se palpó desde en el manejo del
capote hasta en la vuelta al ruedo con el percal bajo el brazo. El toro
que inauguró la tarde no fue malo, ni mucho menos, pese a las
querencias, sus huidas del peto y, en definitiva, su tono mansote. El
principio de labor, interrumpido por un derrote y un desarme, tuvo su
aquél, como un par de derechazos y otra pareja de trincheras. Pero la
cosa no despegó.
De Mora también dejó abiertas las puertas del mañana. Un quite por
ceñidas chicuelinas precedió una faena seria de planteamiento y
ejecución ante el encastado astado de Núñez del Cuvillo, al que había
que llevar muy tapado. La dura voltereta de los inicios hizo recomponer
al toledano la táctica, cerrar más al enemigo en el tercio, que era el
terreno, y adelantar mucho el trapo. Largo y templado, toreó de veras,
aunque debió coger antes la izquierda; la faena creció cuando así
fue. Hubo pañuelos y una vuelta al ruedo de ley, protestada por quienes
tras una petición pretenden borrar el premio de pasear el anillo.
El quinto no sirvió: embestía violento y a oleadas. Como tampoco
valió el lote de El Fandi, que calentó los tendidos en banderillas,
especialmente conlos pares de la moviola. El tercero bis, de Alcurrucén,
construyó un muro con su incierta mansedumbre, y el sexto, de Gavira,
fue otra pared con su invalidez. Mantiene Fandila la línea de crédito
ganado a lo largo y ancho de la temporada, que dio la cara en Madrid, y
eso hay que valorarlo.
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