GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

26ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del miércoles, 5 de junio de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería Corrida de Palha, tres fueron rechazados en el reconocimiento-, bien presentados, a excepción del 2º, anovillado y sospechoso de pitones, mansos, broncos y muy deslucidos. El 6º, de Carmen Borrero, manso y descastado.

Diestros: 

  • Dávila Miura, -aviso-, pinchazo, media y estocada perdiendo la muleta (ovación); estocada caída y un descabello (silencio).
  • Juan Bautista, estocada perpendicular y baja y un descabello (silencio); tres pinchazos, estocada caída -aviso- y un descabello (silencio). 
  • Jesús Millán, pinchazo y estocada (silencio); estocada baja y un descabello (silencio).

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla, ABC.


El País. Antonio Lorca. No puede ser tan malo

No, no, no... No es posible que Palha sea tan malo como ganadero. No puede ser. Alguna razón oculta debe encerrar el misterio de la malísima condición de sus toros: un virus, una bacteria, un resfriado mal curado o quién sabe si un toro forastero, jovenzuelo y buen mozo, pero chusquero al fin y al cabo, que se saltó la valla una noche de luna, y se benefició a todas las vacas en edad de merecer.

Sea como fuere, es de suponer que el ganadero habrá convocado en su casa un comité de crisis y no le quedarán ya lágrimas en los ojos después del desastre. La verdad es que lo tiene crudo: o investiga el ADN de todos los toros mozos y juerguistas de los alrededores o mata la ganadería al completo. Si se decide por lo segundo, debe darse prisa porque, como se corra la voz, no se la van a comprar ni para carne. Claro que, bien pensado, si todo ganadero con un producto de saldo -el de Carmen Borrero parecía hijo de mismo padre- eligiera el camino del matadero habría que celebrar las corridas con el carrito de entrenamiento.

En fin, parece imposible que seis toros reúnan todos los defectos posibles de la ganadería brava: mansos, duros, ásperos, broncos, distraídos, deslucidos, violentos, descastados, y todos aquellos otros adjetivos que signifiquen lo más lejano al toro bravo, encastado y noble. Todos salieron sueltos del caballo, apretaron en banderillas y embistieron a oleadas y con la cara por las nubes.

Añádasele a esta cuadrilla un ventarrón de película de miedo, una tarde gris, triste y un cielo entoldado que presagiaba un diluvio que no descargó. Imagínense lo peor.

Un ejemplo: andaba Dávila Miura intentando zafarse del viento y de la violencia desatada del primero, cuando el toro vio en el suelo una banderilla que se le había caído del lomo, olió su propia sangre, miró al torero, y salió en estampida tras él como alma que lleva el diablo; los subalternos corrieron en ayuda del maestro y también recibieron su merecido en forma de loca carrera. Un susto morrocotudo.

Los tres toreros salieron de la plaza por sus pies, lo cual ya es un triunfo. Había que tener muchas agallas para matar con dignidad una corrida tan mala. Y lo hicieron, cada cual a su manera en una lucha desigual contra los elementos.

Dávila se marchó de la feria sin refrendar su triunfo sevillano. Se salvó de la cogida en su primero y se mostró precavido en el otro, tan difícil como los demás, y que exigía un torero con más dotes lidiadoras. Estar allí ya era un mérito.

Juan Bautista demostró que tiene un problema añadido: nadie le ha enseñado los fundamentos del arte del toreo o no es un buen alumno. Se da todas las ventajas y su técnica se reduce al instinto de supervivencia. Dio muchos pases, pero todos muy malos.

Y Jesús Millán estuvo valiente, aunque perfilero y con la muleta retrasada en su primero, y porfió muy cerca de los pitones ante el parado sexto que, al final de un largo trasteo, se cansó y corrió en estampida buscando la dehesa.

La gente se llevaba las manos a la cabeza: 'No puede ser tan malo este ganadero; no es posible'.


Diario de Sevilla. BARQUERITO. Dávila Miura, aprobado alto en una tarde de vendaval

Decepcionante corrida de Palha en el regreso de la histórica divisa a San Isidro después de casi tres décadas, el viento infernal, de nuevo protagonista; frustradas las ilusiones de Juan Bautista y Jesús Millán en su única oportunidad de la feria, Dávila Miura, arrojado y serio, hizo buen papel.

El hondo primero fue toro distraído y huido. Se blandeó en el caballo, se salió suelto y sólo arreó al hilo o con la presa encima. Un punto incierto, tuvo la virtud de moverse y venir al toque. Sin movilidad ni entrega de bravo, pero no sin fondo. Y el defecto mayor de salirse distraído por el izquierdo. Abierto fuera de las rayas, Dávila Miura lo vio bien y lo entendió enseguida. Su decisión y su estrategia tropezaron con una insuperable barrera: el vendaval. Resultó dificilísimo, y a ratos imposible, gobernar la muleta.

Dávila anduvo por encima de las circunstancias y los elementos. Armó laboriosa faena y, paciente, explotó la mano mejor del toro, la derecha, para ligarle dos tandas buenas de muletazos traídos por delante pese al aire. Un derrote en la ingle le abrió en canal la taleguilla, pero no se descompuso el torero sevillano, tan tenaz. Y un bonito detalle: después de escuchar un aviso antes siquiera de hallar la igualada, cobró, tras dos medias, una soberbia estocada que tumbó sin puntilla al toro.

El único toro de la corrida de Palha que embistió por abajo, pero sólo por la mano derecha, completó el lote de Dávila Miura. El viento sopló a modo durante toda su lidia. Al viento, inclemente de nuevo, vino a sumarse desde un principio también una pega: el toro se distrajo ligera pero constantemente y por la mano buena, la diestra, desparramó la mirada. Acoplarse a la velocidad del toro por el pitón bueno fue problemático, porque no se podía embarcar el viaje por delante. Los intentos, sinceros, fueron mayores que los logros, que también los hubo. La faena en conjunto tuvo cuerpo, seriedad y entrega. Valiente, firme Dávila Miura a pesar de los elementos. Y muy acertado con la espada.

Justo de trapío, por romo, pero en tipo y hechuras de su procedencia Ibán, el segundo fue protestado sin exageración. No se le dio tampoco importancia. Y hasta sonó algún miau. Castaño lombardo, acucharadito de pitones, fue toro manso con una punta de violencia en los remates. Se cansó de pelear en seguida, se defendió bastante. No se arrugó Juan Bautista, en quien se hizo visible esta vez un buen rodaje. El torero de Arles se puso por los dos pitones, dejó visto el toro y resolvió con paciencia.

El palha de más cara, cuajo y carnes fue el quinto. Pero este fue toro átono. Mansito en el caballo, se paró en la muleta muy pronto. De uno en uno y de compromiso fue tomando muletazos cansinos y generosamente trazados por Juan Bautista. La manera de ser del toro y las ráfagas de viento dejaron la faena en un mero saber estar del torero francés, que anduvo en profesional pero inseguro con la espada.

El tercero tuvo sólo cara y se protestó levemente. Fue sumamente deslucido. Trotón y gazapón, rebotado de un caballo a otro de picotazo en picotazo, listo y cobardón, se orientó en seguida en la muleta: se metió por debajo, pegó cabezazos, acabó rajado. Jesús Millán anduvo suelto y resolvió con carácter. No hubo más opción que la de abreviar sin apuros.

Cuando por fin se echó el viento, a última hora, saltó un sobrero de Carmen Borrero con mucho tonelaje y ninguna voluntad. Toro tardo, reservón, aplomado y sin viaje. Millán le pisó el terreno con descaro y ganas. Muchas gente exigió despiadadamente brevedad. El esfuerzo honrado del torero aragonés apenas contó.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. La peor corrida del mundo

Una vez titulé «Probablemente, la peor corrida del mundo». El ganadero se enfadó, claro, y en cuanto se presentó la ocasión hubo la impertinente recriminación al crítico, que suele ser injusto, duro, ácido, irrespetuoso con la tradición de la casa, «toda una vida entregada al toro». Ahora, ha venido el centenario hierro de Palha a Madrid y de paso se ha hecho acreedor a aquel título pero sin el adverbio dubitativo. Porque no cabe la más mínima duda: la de ayer es ya la peor corrida del mundo. Infumable, impresentable, indecentemente mansa, indecorosa, infatigable en las huidas, incompleta en número, incómoda en todo, incompetente de bravura, incongruente con su pasado...

Y así seguiríamos hasta la amanecida. Hace falta muy poquito amor por la leyenda de Palha para presentar en San Isidro semejantes piltrafas, y eso que suponía el regreso de la divisa portuguesa a la Monumental de Las Ventas. Para venir de esta guisa, mejor no venir. Cada toro era diferente, a cual más feo, y sólo les unificaba la mansedumbre, el rechazo del castigo en los caballos, la doliente postura en banderillas, la ausencia de fijeza en la muleta, los cabeceos. Hasta tal punto se aburrió el personal que en el quinto se escapaban por los vomitorios, y alguno desistió antes. El frío y el tenaz viento acompañaban el lamentable espectáculo. No había ni ganas de protestar. También influía que ninguno de los tres espadas respondía a la categoría de figura, que si no la escandalera se escucha en Tallín, donde Rosa no celebró nada, ni en castellano ni en inglés granadino.

De la terna, Dávila Miura salió mejor parado, por su firmeza. Luchó lo indecible con el arrollador bruto que rompió plaza y con Eolo. Entre las oleadas de uno y otro se debatió el valeroso sevillano. Cambió de terrenos, se fue bajo los tendidos del «6» y ni por esas. Y creo que en otras condiciones igual el resultado hubiese mejorado, pues a Eduardo se le notaba dispuesto, con ganas de refrescar su imagen. Bajó la mano, tragó quina, y en un remate el toro se le venció y le rajó la taleguilla por el muslo derecho como si portase una cuchilla. Fue larga la faena y tuvo su mérito.

Para estoquear al cuarto, de cara lavada y culo de pollo -vaya con los veterinarios y la Autoridad, que tan severos se han cerrado en banda en alguna que otra reciente ocasión- se arreglo el terno con un vendaje tipo Zidane en Corea. Brindó a su tío, Sancho Dávila, Sáncho Álvaro en los carteles, y muleteó con tesón aquellas embestidas sin clase, peores, si cabe, a izquierdas.

Jean Baptiste Jalabert se estrelló con el terciado y colorao segundo, que se quitó el palo en varas y cabeceó todo y más en el tercio final, y con el reservón quinto, que se paraba a mitad de los pases y arreaba traicionero después. De cualquier manera, el joven galo no está como para alistarse en la Legión Extranjera ni para muchas batallas.

Millán tampoco obtuvo algo más positivo del tercero o del remiendo de Carmen Borrero, que se contagió del descastamiento de los palhas, no sin peligro por el lado izquierdo. Cabría haber exigido lidias más acordes a las condiciones bueyunas, mover más eficazmente los caballos... Quien más brilló fue Jesús Arruga con los palos, un tercero de lujo.