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25ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del martes, 4 de junio de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Manolo
González, bien presentados, mansos, broncos y ásperos.
Diestros:
- Manuel
Caballero, media baja y dos descabellos (silencio); cuatro pinchazos
y estocada caída (pitos).
- Antonio Ferrera,
estocada baja (vuelta); dos pinchazos y estocada (ovación).
- Miguel Abellán,
media trasera y aviso (palmas); media atravesada y un descabello
(palmas).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Sevilla, ABC, Marc
Lavie (en francés).
El País.
Antonio Lorca. Jugarse
la vida
Lo que hizo ayer Antonio Ferrera fue
jugarse la vida. Así de claro y rotundo. Se la jugó sin trampa ni cartón,
con el corazón por delante, dispuesto para el triunfo o la cogida.
Ferrera llegó convencido de que abría
la puerta grande o la de la enfermería. Y las dos tuvo entreabiertas;
la primera se cerró por el mal manejo del estoque, y la otra, por su
seguridad y también por suerte, que todo hay que decirlo.
Pero, qué disposición, señores, la de
este torero. Qué intensa emoción hizo vivir ayer a la plaza de Las
Ventas con su valor heroico y su espíritu luchador. Se jugó la piel
sin cuento, sin trucos, con la única verdad de su arrojo frente a las
negativas condiciones de los toros.
Lo cierto es que la disposición marca
grandes diferencias entre los toreros, al margen de otras cualidades
personales. Unos se visten de luces para cumplir un trabajo, y se
presentan en el tajo con cara de pocos amigos, como si estuvieran
agobiados por el último atasco y hartos de aguantar a la familia. Se
les nota tristes, torpes, cansados, y todo les sale mal: el viento es un
vendaval, el toro parece el más malo y el aburrimiento que proyectan es
insoportable. Esa fue la imagen que ayer ofreció, por ejemplo, Manuel
Caballero.
Otros, por el contrario, se visten de
luces para triunfar, qué caray. Y se les ve alegres, sueltos, seguros,
y derrochan una ilusión envidiable. Como un recién casado con piso
nuevo y la hipoteca saldada. Y todo les sale rodado: el viento se
aplaca, el toro embiste, el torero se crece en la dificultad y el público
se emociona con el valor heroico de un torero grande. Ese fue el caso de
Ferrera, que había salido hace sólo unos días por la puerta grande de
esta plaza, resultó cogido después en Francia y se presentó ayer con
los puntos todavía frescos, pero con la mente tan lúcida como la
primera tarde. Sus dos toros desarrollaron genio y aspereza suficientes
para desanimar a cualquiera. Pero este Ferrera parece hecho de otra
materia. Manejó con soltura el capote para capear la fiereza de su
primero, y colocó un segundo par de banderillas, dejándose llegar los
pitones hasta la misma taleguilla, sencillamente extraordinario. Coge la
muleta y... psss, que hay un torero en la plaza. No se oye una mosca.
Cita con la izquierda. El toro se vence, se queda corto, echa la cara
por las nubes y vende cara su vida. Pero el torero no está dispuesto a
perder la pelea. La faena no pudo ser limpia, pero sí emocionantísima.
La muleta siempre delante, adelantada la pierna contraria, en la
distancia justa, y surge un pase aquí y otro más allá, pero todo
rezuma toreo auténtico.
El esfuerzo realizado no le impidió
volver por los mismos fueros en el quinto, al que banderilleó
primorosamente por dentro y al quiebro, y sometió después por bajo en
pases largos y profundos. El toro, más deslucido que el anterior, no le
permitió un momento de respiro, pero Ferrera lo dominó de cabo a rabo
en una magistral lección de torería.
Caballero fue la cruz de la tarde. El
viento le molestó mucho, pero no menos que su falta de motivación. ¡Qué
conservadurismo el de este hombre! Desaprovechó al primero, único toro
que embistió, y naufragó ante el dificultoso cuarto como un torpe
principiante.
Y Abellán aprendió la lección.
Valiente toda la tarde, no encontró el terreno apropiado en su primero,
y se la jugó de verdad en el último, un toro tardo y corto, al que
aguantó y dominó con gran seguridad.
Diario de Sevilla.
BARQUERITO. Antonio Ferrera se confirma como
torero revelación
Sin cortar orejas ni repetir un triunfo de las
dimensiones del que hace dos semanas le abrió la puerta grande, Antonio
Ferrera confirmó con toros difíciles su categoría. La corrida de
Manolo González, en día de implacable viento, no se pareció en
calidad para nada a la muy notable lidiada el pasado Otoño en las
Ventas.
Tres veces acudió al caballo el primero, pero las tres se dolió,
antes o después, y las tres se salió suelto. Ese antojo de huirse
volvió a aparecer más veces luego. Sin tanto viento, habría sido toro
manejable. Andarín, esperó en banderillas y se acostó por el lado
derecho, pero Caballero lo sintió noble, lo tuvo encajado siempre y
llegó a pasarlo en una tanda buena por el pitón izquierdo. Bonitos
muletazos ayudados de mano baja y ligados en el sitio. Una sola tanda.
Se echó atrás el toro según estaba previsto.
Ninguna fortuna en el segundo turno para el torero de Albacete. El
cuarto, puro cuajo, manseó en el caballo, sólo se dejó pegar, hizo
hilo en banderillas y, sometido por abajo en los primeros cuatro
muletazos de faena, se puso reservón y se frenó. De mala nota el toro,
lidiado con muchos apuros porque arreció el viento de sudoeste
entonces. Breve, expeditiva faena de circunstancias en medio de un
vendaval.
La faena primera de Antonio Ferrera fue de alto riesgo. La faena de
muleta y lo que hubo por delante: el valeroso asiento de tres o cuatro
lances bien volados y, sobre todo, el sitio, el imponente ajuste y la
entrega de tres pares de banderillas de poder a poder que pusieron de
pie a la gente. De los dos últimos salió Ferrera apoyado en los palos
tras haber sentido el pitón del viaje en la misma faja.
El viento no dejó ni elegir terreno ni terminar de someter a un toro
con mucho que torear. Dócil sólo en los primeros viajes, enterado en
seguida, derrotando unas veces, quedándose corto otras. Un toro hermosísimo.
Por la pinta: cárdeno claro capirote salpicado y botinero. Por el trapío,
el hondo cuajo, la intimidante presencia. Y problemático y agresivo.
Toro, en fin, de los que encarecen estar y poder con ellos.
Estar de la manera en que estuvo Ferrera: entero, muy firme y,
sabedor de lo que se traía entre manos. De manera que nunca le
sorprendió el toro. Ni siquiera cuando protestó defendiéndose a última
hora. Y, puesto todo en la balanza, poderle como y cuanto Ferrera le
pudo por abajo a pesar de verse descubierto tantas veces. Algo largo, el
trasteo, sin dejar de tener su temblor, sí fue perdiendo brillo. Además,
problema capital del toro fue su falta de ritmo. Ferrera remató de
buena estocada.
La capacidad de saber, arriesgar y apostar de Ferrea quedó clara con
un quinto toro paradote, cobardón y violento. El tercio de banderillas
volvió a tener épico acento. Se celebraron a modo un segundo par por
dentro y un tercero al quiebro en los medios. La faena, valerosa, fue de
recursos. Un cuerpo a cuerpo en apariencia temerario. Pero bajo la
impresión de un toma y daca, la seguridad de obligar al toro todo lo
que el toro pudo, que no fue nunca más de dos muletazos seguidos. A
tenaza, a machamartillo, como fuera, la faena, de mucha esgrima para
sortear cabezazos, tomó pronto cuerpo y se vivió con calor. Pero la
estocada, excelente y hasta la mano, no entró hasta el tercer viaje.
El tercero, de hechuras clásicas en el encaste Núñez, salió frenándose,
mansenado y pegando cabezazos. Repuchado en el caballo, galopó en
banderillas, pero ahí lo hizo por última vez. El viento le puso a
Abellán la muleta por montera y, después de tropezar el engaño, el
toro se puso imposible. Testarazos en cadena y sin cuento. Una faena
terca de torero valiente.
El sexto, muy aparatoso, con pinta idéntica a la del segundo de
corrida, fue toro bondadoso. El que mejor metió la cara de los seis.
Pero tardo y cada vez más apagadito, no dejó a Abellán redondear una
faena sabrosa, de buen gusto y notable aire. Por lo que tuvo de fondo,
un trabajo que confirma el papel al alza de Abellán.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Ferrera, como perro que guarda la
finca
Volvía Antonio Ferrera después de la cornada grave de Vic-Fezensac
y la Puerta Grande de Madrid. Ésta antes que aquélla, y ni una ovación
a la ruptura del paseíllo. Insisto: la sensibilidad se ha perdido.
Ferrera sustituía a Joselito y defendía el título imaginario de campeón,
que ya veremos este año la cosa de los premios. El chico guardó el
cinturón como el mastín la finca, como el perro que vigila el redil,
como un ránger el M-16, la vida y el mástil. Antonio Ferrera se arrimó
y no devolvió nada, que todo podía ser. La supervivencia sostiene al
gladiador, cada día a cara o cruz, gloria o regresar al sur de Francia
a batirse el cobre en la Galia de Astérix y Le Pen. No quiere soltar la
veta hallada, el manantial de oro y mimbres dorados, la posibilidad de
entrar en las ferias, con las acomodaticias figuras respetadas, que
igual no quieren saber nada de este extremeño, reencarnación de algún
expedicionario de Cortés. Y Luis Álvarez, detrás, alentando al
zapador. Otra joya, don Luis. De momento, para esta temporada y la
venidera, que ya es. Además, por ahora, Madrid, a favor. Se lo ha
ganado. Todo le aplaudieron, lo cual es signo de que Ferrera más que
salir ha entrado por la arcada que desemboca en la calle de Alcalá.
Recuerdos de Rincón, el César, ¿verdad Luis? Otra vez no se negó a
la sustitución, y una vuelta al ruedo más que hemos sacado. Fue con el
segundo, cárdeno salpicado, guapo, escarbador y suelto de principio, al
que recogió hacia atrás, cambió los terrenos y despidió con dos
medias curiosas. Quitó en verónicas muy jaleadas tras un puyazo de
Gardel, nombre porteño e histórico de la triste y desahuciada
Argentina: mejoró en el recorte. En banderillas, citó siempre en las
distancias cortas, como el anuncio de colonia de oficinista, y cuarteó
y clavó a toro pasado para cubrir con emoción los otros pares. Arriesgó
con la muleta, ayudado por la espada para evitar los empellones del
viento. No siempre obtuvo limpieza, mas la entrega ante un enemigo que
empeoraba y se metía no admite discusión. Enfiló la muerte breve, por
derecho, y cobró una estocada eficaz. Hubo petición y paseo del
anillo.
Armónica corrida
Ante el quinto, muy fuera de tipo dentro de la armónica y
guapa corrida de Manolo González, se desenvolvió con arrojo. Rehiletes
en mano fue al cuarteo, valiente por los adentros y agresivo a
topacarnero o de poder a poder, según. Tragó en el tercio último con
arrancadas sin clase ni humilladas.
Esta característica se convirtió en el denominador común de la
corrida, que se movió y no se cayó, que no es poco. El que abrió la
tarde era muy núñez y terciado: su encaste pide un poco más pero no
mucho. Embestía mejor a izquierdas. Caballero se tapó entre el viento
y su técnica. No tuvo fijeza el cuarto, durante cuya lidia algún listo
gritó que es el torero de los periodistas: como las esporas, los tontos
se multiplican en los días de aire.
Abellán, y apenas queda espacio, despachó un tercero que más que
fijeza tenía fijación con su cuerpo. Un cabrón, en resumidas cuentas.
El sexto humilló y se desplazó a pesar de los 606 kilos que lo
lustraban. La faena se desarrolló con altibajos para al final concluir
que ni Miguel ni Manuel apretaron al perro guardián de la finca:
Antonio Ferrera.
Marc
Lavie. FERRERA DANS LE VENT.
Ce fut bien difficile de toréer avec le vent infernal
qui balaya le sable de Las Ventas. Le vent fausse tout : il soulève
importunément les leurres. Il n'y a donc pratiquement plus de
"toques", ni de "temple", qui sont les deux diapasons
du toréo. Le toro ne peut pas, lui non plus, exprimer toutes ses vertus,
car il faut le combattre à l'abri du vent, hors des terrains adéquats.
Nous, aficionados de l'Aquitaine, ne savons pas la chance que nous avons
en n'ayant pas à souffrir des caprices d'Éole. S'il n'y a plus de plaza
dans une ville aussi taurine que Cadix, ce n'est pas un problème
politique ou économique… Le vent, qui souffle avec violence sur la
pointe de la Péninsule, en est le principal responsable.
Mais ces conditions atmosphériques détestables n'ont
pu masquer la magnifique corrida de Manolo González, la mieux présentée
de la feria, sans la moindre exagération, avec le poids juste, des
armures correctement développées mais extrêmement fines, de superbes
silhouettes et des pelages variés. L'un des grands acquis de la gestion
des Lozano à Madrid a été de parvenir à réduire le volume du toro.
Loin d'être monstrueuse, la corrida de Manolo González ne pouvait guère
être plus sérieuse et impressionnante. Cette présence du toro en piste
a été soulignée par un comportement mobile, encasté, avec beaucoup de
tempérament. Le plus brave fut le sixième, qui poussa avec force jusqu'à
provoquer une chute spectaculaire d'Angel Rivas et à passer sur le
malheureux picador, sans le blesser.
La rudesse du climat n'a pas davantage freiné
l'engagement total de Miguel Abellán, et, surtout, d'Antonio Ferrera,
lequel avait acquis à sa cause le public madrilène lors du triomphe du
17 mai. Sans parvenir à toréer aussi bien qu'il y a deux semaines,
Ferrera a maintenu deux combats intenses, prenant tous les risques avec
les banderilles – deux tiers qui dressèrent la plaza – et faisant un
énorme effort à la muleta. Il commença sa première faena en citant en
naturelle de trente mètres mais les rafales ne lui permirent pas de
totalement profiter de la noblesse caractérielle du toro de González. Il
tua d'une estocade en avant, et le public demanda l'oreille, conspuant le
président qui la refusa. Au cinquième, ce fut une bataille, Ferrera
tentant de soumettre, jusqu'au point de rupture, mais échoua deux fois
avec l'épée avant de loger une bonne entière. Il a maintenu son cartel
à Madrid. C'est le torero qui sort avec le plus de force de cette San
Isidro.
Abellán prit également tous les risques devant le
troisième, devant changer plusieurs fois de terrains à cause du vent.
Lors d'une accalmie, il lia une série très bien conduite à gauche,
exprimant le bon son de son adversaire qu'il tua en deux temps. Excellent
début de faena devant le sixième, avec de jolis doblones et une deuxième
série à droite contenant des passes très longues. Le cornu avait laissé
beaucoup de forces à la pique, se montrant très brave, et termina hésitant
et peu mobile, ce qui ternit la fin de la faena.
Caballero fut gêné par l'air, même si son premier
sembla noble à gauche, et resta prudent devant le quatrième, plus
difficile.
Aujourd'hui, seuls quatre toros de Palha ont été
admis par les vétérinaires. Le cartel a une consonance française, avec
la présence de Juan Bautista aux côtés de Dávila Miura et Jesús Millán.
(M.L.)
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