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23ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 2 de junio de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Gerardo Ortega,
desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Sevilla, ABC.
El País.
Antonio Lorca. Espectacular
Fandi
No se puede negar que es un torero de
una gran espectacularidad. Todo corazón. Se da por entero desde que se
abre la puerta de toriles hasta que el toro dobla las manos. Y esa
actitud se traslada con facilidad a los tendidos, y suele convertirse en
intensa emoción. Ya se sabe que la base de esta fiesta tan singular es
que se le pongan a uno los vellos de punta, que te veas de pie sin saber
cómo, te duelan las manos de aplaudir y el corazón bombee sangre a
velocidad de vértigo.
Ésa es la emoción. Si, además, quien
protagoniza la gesta en un artista y le da por destapar esencias,
entonces ya te puedes morir de placer.
Bueno, bien pensado, tampoco hay que
exagerar que, quien más quien menos, está cansado de tantas tardes de
aburrimiento como para morirse así, de pronto, porque un torero se
ponga flamenco.
Lo cierto es que El Fandi quiere ser
figura del toreo. Mejor aún, es un torrente de ilusión, y un hombre
dotado de envidiables facultades físicas. Como todo no se puede tener,
el arte no le cubre con su manto. Pero que nadie se equivoque: la
voluntad, la decisión, el ansia de triunfo y la confianza en sí mismo
pueden llevarle muy alto.
Ayer, ofreció toda una lección de
pundonor y arrojo, de torero valiente y de raza; y el público se
emocionó, se divirtió y le premió con una oreja arrancada
materialmente a base de corazón.
No es un primor con el capote en las
manos, pero sí muy variado. Quitó por gaoneras en el primer toro de
Moreno, recibió a la verónica a su primero, muy quieta la planta, y
cerró con media de rodillas y una serpentina. En el sexto, se arrodilló
para ejecutar una larga afarolada en el tercio y, después, se apretó
por chicuelinas. ¿Alguien da más?
Pues lo da El Fandi. Coge las
banderillas y se transforma en un portento. Un par de poder a poder y
dos andando hacia atrás de tan intensa emoción que pusieron la plaza
en pie. Toma la muleta y se nota ese runrún propio de las grandes
ocasiones. Con las dos rodillas en tierra consigue dos buenos derechazos
y uno de pecho. De pie, cierra con una trincherilla y otro largo de
pecho. La plaza hierve. Se separa de su oponente, cita de lejos, el toro
se arranca con codicia y embarca la embestida en una tanda corta de
redondos que hace presagiar faena grande. Pero el toro no estaba por la
labor y se paró. Y El Fandi se empeñó en demostrar que es un manta
con el estoque y lo estropeó todo. Ya lo dijo Billy Wilder: nadie es
perfecto.
Más emocionante si cabe fue el tercio
de banderillas en el sexto, especialmente un par al violín en todo lo
alto -¿técnica o casualidad?- y otro al quiebro, citando de rodillas,
sencillamente extraordinario. Brindó al público, comenzó largo por
bajo, un cambio de manos y un pase de pecho de suprema torería. Pero el
toro desarrolló genio y se dispuso a fastidiarle la fiesta al matador:
media arrancada, la cara por las nubes y espérate que como te coja...
Pero, qué decisión la del torero, qué ganas de triunfo... Aguantó
tarascadas y dominó la incierta embestida con depurada técnica y
valor. La espada cayó baja, pero el público, que había sentido el
pellizco de la emoción, pidió con insistencia el trofeo.
¿Merecido? Sin duda. No hubo toreo
excelso, es verdad. Pero había un torero henchido de poderío.
La verdad es que le acompañaban dos
toreros más, pero, entre la mala condición de sus toros, y su escasez
de ánimo, pasaron tan de puntillas que ¿estuvieron o no estuvieron en
las Ventas?
Liria es un valiente que ayer estuvo de
capa caída. Honrado, pero muy triste e incapaz de superar las
dificultades de sus toros. Y Liria tiene condiciones para eso y para más.
Pero ayer no fue su día y ya está. Moreno, otro que te vi, sin toros
potables, pero con la ilusión por los suelos. Nada con el capote y
pesado con la muleta. Pero, ¿para qué está la cabeza sobre los
hombros?
Diario de Sevilla.
BARQUERITO. El Fandi repite trofeo y se
convierte en torero de feria
Todo lo que hizo El Fandi en su segunda tarde de San
Isidro tuvo sinceridad, carácter y fuerza. O casi todo, porque su empeño
ciego en matar en la suerte contraria a un bravo toro de Sepúlveda, el
tercero, le hizo pinchar cuatro veces, arriba las cuatro, y de pinchazo
en pinchazo, en ataques de menos fe, se fue yendo al limbo un sonado
triunfo. Lo hubo después. Al sexto, de Sepúlveda también, pero de muy
otra condición -manso, violento, probón-, El Fandi le cortó una de
las orejas más difíciles de San Isidro. Pudo ser día de puerta
grande. Sin serlo, y por tan poco, sí fue la tarde del gran espaldarazo
de El Fandi. La que le convertirá en torero de todas las ferias.
Ninguna sorpresa en la decisión del torero granadino. La misma que
exhibió cuando confirmó la alternativa hace dos semanas. Pero esta vez
sorprendieron sus recursos. Sobre todo los de la faena tan de fondo al
difícil sexto toro. Y la mayor de las sorpresas: su soberbio estilo al
torear a la verónica y su capacidad para intercalar acento muy caro en
algunos muletazos de estilista.
La apariencia de El Fandi es espectacular. Por definición. Por detrás
del escaparate asoma a ratos un torero de gran expresión. La primera
tanda de redondos en los medios al buen tercero tuvo tanta calidad que
hasta hizo mella en el torero. Todo lo que siguió, con toreo ligado y
limpio, se vio perjudicado por una comparación inevitable. Con la mano
izquierda, además, El Fandi se abrió en exceso y el toro no tuvo por
ese pitón tanta calidad como por el derecho. De modo que tan
distinguida faena vivió de pronto un bache. Los pases de pecho fueron
monumentales. Arrebatador un final de rodillas salpicado, como todo lo
que hace El Fandi, de espectáculo y expresión.
Si esa primera faena se midió en función de un noble toro, mecido y
traído por delante, la otra también. Y aguantarle al sexto sus
violentos cabezazos, sus arreones de genio y sus probaturas de manso fue
cosa bastante heroica. Muy importante el peso todo de esa faena, la de más
fondo de las cuatro que El Fandi ha hecho en San Isidro. Con algunos
muletazos memorables. Y el remate de un estoconazo a morir. Los seis
pares de banderillas prendidos fueron otros tantos bombazos. Con ellos
se embalaron la gente y el propio torero, que no perdió por eso la
cabeza.
De la corrida prevista de Gerardo Ortega sobrevivieron sólo dos
toros. El hondo primero humilló pero no tuvo viaje, fue pegajosísimo y
acabó probando y en tablas de toriles. El muy astifino quinto se rompió
en el caballo y en la muleta no hizo más que pegar trallazos y
derrotes. Pepín Liria anduvo muy poderoso y en buen torero con el que
abrió plaza. Expuso, lució el toro en los medios a donde se lo sacó
por salvarlo, le aguantó. José Luis Moreno no pudo más que defenderse
de los gañafones terribles del quinto.
Los otros dos sepúlvedas fueron muy deslucidos. El buen manejo que
Liria hizo del cuarto equivocó a muchos, que dieron al toro por bueno.
Faena trabada y seria, algo acelerada al principio, boicoteada por los
impacientes al final. José Luis Moreno no tuvo opción con un segundo
rajado y parado que no quiso pelear con nadie y que, por ser poco toro,
apenas fue tenido en cuenta .
ABC. ZABALA DE LA
SERNA.
La alegría y el bullicio de El Fandi
La tarde se convirtió en un funeral sólo
interrumpido por la alegría y el bullicio de El Fandi, que arrea
candela con las banderillas. El Fandi montó un lío en los tercios
iniciales de mucho cuidado. Torea con decisión a la verónica, no
perdona un quite y con los palos se juega la vida sobre el argumento de
unas facultades apabullantes. Otra cosa es con la muleta, pero ayer
Fandi, todo valor y arrojo, destellaba con luz intensa al lado de la
gris inspiración de Pepín Liria y José Luis Moreno, a quienes no les
salió nada, ni toros ni toreo.
Entre tanta tristeza de oficio, los ataques incansables de los
mosquitos y El Fandi nos mantuvieron despiertos. Sol y moscas dijeron.
Nadie habló de mosquitos y bichos diversos, que se precipitan contra el
personal de los tendidos cercanos a toriles como kamikaces. Habrá que
recurrir para la semana que resta al zotal en casa. Cosas de los toros.
Lanceó el joven granadino con verónicas de notable juego al tercero
y abrochó el saludo con una media de rodillas. El toro, de Sepúlveda,
como otros tres parches de la deshecha corrida de Gerardo Ortega, cumplió
con creces en el caballo y galapó en el tercio siguiente, cuando El
Fandi revolucionó los hasta entonces sonnolientos tendidos. Al cuarteo
ganó la cara con demasiada facilidad antes de poner la marcha atrás
-si a Camacho le falla un lateral que no dude en convocar a David
Fandila- y sorprender con un par de poder a poder imponente de riesgo y
autenticidad. En el tercer encuentro, quiso clavar con la sorista
interpretación de la moviola pero falló y una banderilla cayó al
suelo. Todavía con la frescura del par anterior, la plaza hirvió en
una atronadora ovación. Muleta en mano, la faena principió de
rodillas, y en pie trazó una trincherilla curiosa. El tono se mantuvo
en una serie ligada sobre la mano derecha, con muchos metros de por
medio en el cite. Desde ahí la intensidad bajó gradualmente y tampoco
remontó en el natural. Sólo cuando recurrió a una cadena de molinetes
de rodillas, o sea al bullicio, recuperó la conexión con el gentío,
que enseguida respondió a la llamada de atención del alegre diestro.
Pero pinchó varias veces y se desinfló todo.
Recibió luego al sexto con un farol deslumbrante de hinojos. Hizo
sonar el toro el estribo en el peto, hasta que rompió la vara con sus
violentos cabeceos. De nuevo El Fandi demostró poderío al cuarteo,
entusiasmó con el par del violín y revolucionó el cotarro al cambio.
Citó de rodillas y se incorporó con el tiempo suficiente para quebrar
el viaje con un valor de asombro. La olla hervía otra vez. Se dobló
para arrancar la faena. Había mucho que someter. Un cambio de mano,
genuflexo, destacó sobre todas las dobladas. Soportó derrotes y cuando
bajó la mano de verdad obtuvo meritorios muletazos. El bruto, aun
complicado, en cuanto se entendía vencido reaccionaba con cobardía.
Buscó Fandi el arrimón final, como última salida a la faena, que
desembocó en una estocada baja. Supongo que el afán del torero por
agradar, su contagiosa frescura, su arrojado estar a lo largo y ancho de
su actuación y, sobre todo, el recuerdo de los expuestos tercios de
banderillas fueron motivos para obviar otros defectos y conceder la
oreja. Su entrega sí que es indiscutible.
Liria que es un tipo honrado como pocos se ha estrellado este San
Isidro con mansos de intenciones torcidas. Uno de los dos toros de
Ortega que quedaron, lidiado en primer lugar, se paró casi desde su
aparición, y el cuarto, a pesar de que medio se dejó por el pitón
derecho, acabó distraído y difícil de matar. El matador murciano, al
hilo de la pala, no superó la tonalidad voluntariosa y simplemente
cumplidora.
José Luis Moreno tampoco encontró la fortuna de un lote que
embistiese. Pero tan desastrado es difícil estar. Apenas contamos pases
limpios en sus destempladas faenas. Sabe torear mucho mejor, señor
Moreno. A pesar de los escollos, no caben excusas. Su situación no
parece que sea para parecer conformista. Otra vez será. Esperemos.
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