GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del jueves, 2 de mayo de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida goyesca

Ganadería:  Toros de Alcurrucén y tres de Carlos Núñez, desiguales de presentación y juego.

Diestros

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo.


El País. M.A. CUADRADO. La goyesca descafeinada

El cartel prometía lo suyo, pues estaban anunciados dos toreros muy de las Ventas, lidiadores buenos y que tienen por bandera la torería y una tauromaquia que contempla todos los tercios con sabiduría, amplitud de miras y que no dejan nada al libre albedrío de ya saldrá el sol por donde pueda. O sea, que están atentos a cualquier detalle de la lidia. Sí, la goyesca prometía, pero quedó descafeinada y muy sosa. Sólo hubo detalles y puntuales instantes, en tal quite o tercio de banderillas.

Los toros fueron mayormente los culpables, ya que puede decirse que se pararon en el tercio de muleta en su mayoría, y que dieron pocas opciones a lucir quites, que de todas maneras los hubo. Tanto Esplá como Encabo acertaron a realizar interesantes quites por navarras, chicuelinas o a veroniquear por delantales o la pura verónica de diferente corte.

En banderillas nos brindaron en el primero un tercio que hizo concebir una tarde rutilante de torería y lances de todo tipo que iban a hacer las delicias de la afición y concurrentes. Luego empezaron a mansear los toros, tanto los terciados como los mejor presentados, a venirse abajo y hacer cosas feas, y los doctores en tauromaquia tuvieron que conformarse con sentirse toreros y hacer las cosas bien. Encabo banderilleó con facilidad y maneras en sus dos últimos toros, en los terceros pares por los adentros principalmente, con riesgo y un ajuste envidiable. Y Esplá en su primero dictó lección de terrenos y poderío en un su segundo par, en el cual paró al toro, que quedó encelado con el cuerpo, le provocó la embestida en corto, y tras quebrarle, con pies y dominio, le clavó un soberano par de banderillas en todo lo alto.

El mejor momento de la tarde entoldada fue cuando Encabó recibió al sexto por verónicas. Le echó el capote abajo, y en el segundo lance lo fijó. Se estiró luego en cuatro soberbias verónicas, embraguetándose, que tuvieron de colofón dos medias arrebujadas y una larga lenta y sabrosa. Pero el toro salió suelto, se fue a chiqueros, donde el Niño de Santa Rita tuvo tal fallo, que a poco le cuesta un serio disgusto: se cruzó en la galopada del toro, que fue recibido por el picador de puerta, quien le dio un puyazo tal que salió resentido. Fue devuelto el toro y salió el sobrero. Y con el mismo Encabo hizo lo más cuajado de la tarde, en una faena de muleta larga, sobrada de querer y poder, sin ligar dadas las condiciones del toro, que estropeó por su mal manejo de la espada.

Luis Francisco Esplá es un torero al que da gusto verle andar por el ruedo, que llena con su torería innata. Nunca sales defraudado de su actuaciones porque está en el lugar justo y en el momento oportuno. Y tiene la virtud de hacer la faenas medidas, sin muletazos de más ni pingüis inecesarios. Estuvo muy bien en su dos primeros con la espada y pinchó en el quinto. Es de libro verle comenzar los trasteos de muleta, en el estribo, por alto o por bajo, sobre los pies o amarrado al muletazo sobrio y poderoso. Digamos que en su segundo hizo lo mejor de toda su actuación, al fijar de salida al toro, el capote abajo y luego en lances hacia afuera por los dos pitones, muy templados, hondos y largos.

No fue tarde de chispazos ni de arte grande, pues para que exista tal tiene que haber toros. Tal vez si ese sexto que se invalidó tras el alevoso puyazo al relance, en chiqueros, no sé, se hubiera mantenido en pie. O Luis Miguel Encabo fuera un estoqueador seguro, enterado y le viera claro la muerte a los toros. O puede que sí se hicieran las faenas en el tiempo correspondiente, el que pide cada burel, y lo decimos por Encabo, que estuvo tesonero y desmedido en todos sus trasteos.

Malaya la poca casta y los tercios interminables. Dos horas y media duró el festejo. Tomen nota.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Los toros lastraron en los tercios finales una interesante Goyesca

El mal tiempo no ha fallado a la cita con los toros en mayo. Frío, viento racheado, nieve en El Escorial, agua en la capital, abrigos y paraguas en los tendidos. El gentío, venido de todos los rincones de la Comunidad de Madrid, se pertrechó para admirar a Esplá y Encabo, vestidos de goyescos. A uno siempre le había causado esta corrida la sensación de carnavalada, pero ya que algún listo afirma, con una parcialidad acongojante, que Francisco de Goya aborrecía la Fiesta, ahora nos gusta más, aunque sólo sea como pataleta contestataria.

¿Se habrá creído Alberto Ruiz-Gallardón, oidos prestos constantemente a la modernidad, las nuevas teorías sobre la Tauromaquia de Goya? ¿Quizá por eso no acudió a Las Ventas? Preguntaron por usted, don Alberto, a voz en grito: «¿Dónde está Gallardón?» Por el palco de la Comunidad se encongieron de hombros.

La tarde arrancó luminosa y espectacular y se desarrolló con desigual suerte, mas interesante en conjunto, a pesar de que los toros de encaste Núñez, vía Alcurrucén o Carlos Núñéz, se vinieron abajo en el tercio final. Y las expectativas que se creaban durante la lidia, prolífica en quites y detalles, se hundían con ellos.

Por ejemplo: el núñez que hizo segundo, negro zaino, astifino y bien construido, se empleó de tal manera en el caballo que luego se desfondó. Yo creo que a Encabo también le gustó, y por ello brindó al respetable después del bello toreo de Pimpi a caballo hasta provocar la arrancada del segundo puyazo, más medido que el anterior. Los ayudados por alto precedieron una regular experiencia sobre la izquierda y una posterior tanda diestra, muy afortunada, por cierto. Pero no hubo más, y la insistencia del joven matador sobró. Como ocurrió con el cuarto, un ejemplar hondo y enorme que fue a menos. Luis Miguel Encabo se mostró valiente y hecho otra vez un pinchaúvas, «virtud» por la cual perdió un premio mayor con el sobrero de Lozano Hermanos, que embestía con temperamento. En esta ocasión se le perdona el fallo a espadas porque los pitones apuntaron con violencia al pecho en los volapiés, al margen de que evidenció firmeza y mano baja en muletazos por ambos lados.

A pesar de que uno de los alicientes eran, en principio, los tercios de banderillas, estos no brillaron con especial relieve, sobre todo por parte de Esplá. El veterano alicantino no encontró la veta del lucimiento, más que esporádicamente, con el tardo alcurrucén que abrió plaza, ni con el tercero ni con el penúltimo, que duró poco y sólo por el izquierdo. De nuevo, como ocurrió casi de principio a fin, los momentos más felices se vivieron con el capote, en floridos quites por chicuelinas, navarras o rogerinas, serpenteos o recortes. Y, por supuesto, en las verónicas con que Encabo saludó al buen sexto. ¡Qué pena que se lesionase!


El Mundo. L.CAJITAN. Encabo pierde la oreja por la espada

.- El diestro Luis Miguel Encabo pudo haber cortado trofeos de no fallar con la espada en el sexto, al que cuajó un importante y meritoria faena, en la corrida goyesca celebrada en Madrid.

La festividad de la Comunidad de Madrid se celebró con una interesante corrida goyesca, en la que actuaron mano a mano Esplá y Encabo. Tarde cargada de detalles. Los toreros llegaron en coche de caballos y derrocharon tecnica, oficio, torería y un extraordinario sentido de la lidia.

El que abrió plaza cumplió en todos los tercios, aunque se apagó y tardeó con violencia en la muleta. Esplá estuvo técnico y con oficio, desde los quites y el emocionante tercio de banderillas, compartido con Encabo, hasta la eficaz estocada final, aunque sin poder redondear faena.

Maestría ante todo
Porfió con maestría y profesionalidad con el tercero, ante el que se lució en un quite por rogerinas y en un par por los adentros. El astado, con problemas, no le permitió confiarse, y Esplá toreó con poder, sin opción al triunfo.

Con el quinto brilló en un quite por navarras, y aunque no banderilleó cuajó naturales de buen trazo, aunque sin la suficiente continuidad para alcanzar el triunfo. Pinchó antes de la estocada y fue silenciado.

Encabo estuvo muy decidido toda la tarde, particpando en todos los quites, como el ceñido por chicuelinas que realizó al primero o la espectacular larga de rodillas con la que recibió al segundo. Precisamente ese segundo se arrancó con fijeza al caballo, aunque se complicó en banderillas.

Mérito de Encabo
Encabo brindó al público y comenzó con ayudados por alto, luego el animal se quedó corto, revolviéndose en el toreo al natural. Fue una labor de mérito, sin lucimiento por las condiciones de su enemigo, que tampoco se lo puso fácil al matar.

Muy entregado se mostró con el cuarto, que colaboró poco y ofreció complicaciones, con el que Encabo estuvo muy valiente, pero sin posibilidad de triunfo y con poco acierto al matar.

Al sexto le cuajó vibrantes lances de recibo, pero perdía las manos y fue devuelto. Con el sobrero emocionó en los primeros muletazos, citando de lejos, aguantando la violencia y sometiéndo a su enemigo por el lado derecho. Al natural arrancó pases ligados y de mano baja, firme y con mando. Incluso dibujó algunos de buen trazo, como los torerísimos trincherazos finales. De no haber pinchado hubiera "tocado pelo".