GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del miércoles, 1 de mayo de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada con picadores

Ganadería:  Novillos de Garcigrande, mansos y de poco juego en líneas generales, excepto el segundo, noble. 

Novilleros

Entrada: media entrada.

Incidencias: Jarocho sufre cogida en su primer novillo. El parte médico destaca que el novillero sufre "una herida por asta de toro en el tercio medio cara interna del muslo izquierdo, con una trayectoria hacia afuera de 18 centímetros y contusión de la arteria femoral, alcanzando la cara externa del muslo. Ha sido intervenido bajo anestesia general. Pronóstico menos grave, que le impide continuar la lidia". Jarocho es trasladado a la Clínica La Fraternidad.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo.


El País. M.A. CUADRADO. Cogida de Jarocho y mucho aire

Empezó la miniferia de la Comunidad con hule, drama y aire, ese que tanto molestó toda la tarde y que impidió a los toreros realizar la lidia con garantías. Siempre que los engaños vuelan y los terrenos en donde torear dependen del favor de Eolo, allí donde mejor estar protegidos, la corrida está mediatizada por tan caprichoso dios, que en el Olimpo esté. Y que sea para bien.

El drama fue que Jarocho resultó cogido en su segundo, cuarto de la tarde, muy aparatosamente, y llevado por las asistencias hacia la enfermería, ensangrentado y conmocionado. Ocurrió muy al principio de su faena de muleta. Que comenzó con unos estatuarios, y a continuación remató con dos pases de tanteo por la cara a media altura.

Jarocho se estiró entre las rayas del tercio sobre la mano izquierda, ofreció la muletilla de lejos, y el novillo castaño de nombre Catavino se arrancó, no respondió al cite y se fue directamente al cuerpo del novillero. Dio la impresión de que el aire colaboró y meneó algo la muleza. En cualquier caso embistió sin disimulo al cuerpo de Jarocho, lo campaneó, dejó inerte sobre la arena y luego volvió a hacer por el torero caído en la candente, que diría el maestro. Las cuadrillas se lo quitaron de encima y con alarma se lo llevaron hacia la enfermería. Acabó por estoquear al novillo Leandro Marcos, tras unas probaturas de correr la mano en redondo.

En su primero Jarocho tuvo la generosidad de empezar la faena de muleta sin pruebas ni cataduras en los medios. La pañosa en la mano izquierda y, ven, torito valiente, que de tal tenía muy poco, era un mansón que terminó por rendir sus fuerzas en la boca de chiqueros. El novillo se había alegrado en banderillas, pero en el último tercio evidenció su mala clase y peor embestida. El trasteo fue una porfía en diferentes terrenos, sin llegar al puerto más adecuado, a resguardo de las malas ideas y del viento traicionero.

Lendro Marcos en su primero se paró entre las rayas del tercio y consiguió una faena de buena factura, casi toda por el pitón derecho. Estética y armonía al correr la mano, su algo de pico al ofrecer el trapo en el cite, y unos resultados de alta escuela en los muletazos de tanteo por ambos lados, en especial al escanciar un pase de la firma para un cartel de Ruano Llopis. En el que cerró plaza, sin embargo, el pucelano, estuvo voluntarioso y tesonero, bien compuesta la figura y detrás de otro manso remiso a meter la cara en los vuelos de los engaños, inundado de fe y buena esperanza. Mejores ocasiones tendrá.

Y nos queda Andrés Palacios, que en su primero replicó por chicuelinas a Jarocho, quien en su turno de quites se ajustó por gaoneras con buen estilo. Brindó al respetable Palacios, algo de bueno le vería. Mas la realidad se tornó cruel, en figura de manso de embestida precaria y dudosa. Se le columbra corte artístico al novillero de Lerida, que debe pulir y cimentar en la experiencia, que siempre es la madre de la ciencia, incluida la de la tauromaquia. En el manejable quinto volvió a repetir el mismo guión.

No dió para más la aireada y fresca tarde de primavera venteña. Los novillos de Garcigrade dejaron que desear en cuanto a su bravura y la terna pisó el albero decida y cada cual con sus maneras, conocimientos y puesta a punto de valor y disposición. Después la suerte se repartió caprichosa y sin programación, en forma de aire, hule y drama.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Las cornadas del viento

El viento se pasó toda la tarde tirando cornadas. Nada nuevo en Las Ventas, donde los toreros soportaron una vez más los derrotes, las tarascadas y los tornillazos de Eolo. Golpes traicioneros que querían robarles los engaños ante la mirada incierta del toro. No digo que la cogida de Jarocho fuera directamente por su culpa, porque el valeroso joven se descubrió demasiado delante de aquella embestida descompuesta y mansa y quizá le ofreció la izquierda sin antes domeñar las furibundas arrancadas; el novillo de Garcigrande se le fue directo al cuerpo, obviando la retrasada muleta, invisible a sus ojos. El volteretón fue de una violencia descomunal, pues las distancia entre la bestia y el novillero era amplia en el momento del cite. Y en el ruedo lo buscó con saña y además con acierto.

Jarocho había estado valiente con el único utrero que estoqueó, al que recibió a portagayola y al que el picador decoró como un colador. Muleta en mano acudió a los medios, sin una sola probatura, en lo que podía haber sido ya la voltereta que luego fue. Allí, que era terreno equivocado por las inclemencias, tragó con los cabezazos, cuando todavía el torete sólo se enteraba a medias de quién movía el trapo rojo. Después sacó más guasa y peor clase aún.

Desarrolló poco bueno y mucha mansedumbre en los caballos la novillada de Domingo Hernández, aunque el insistente vendaval condicionó todo. Salvo el colorao y precioso segundo, que fue, con mucho, el mejor representante del hierro anunciado. Sobre la raya principió Leandro Marcos la faena con torería, y bajó la mano diestra en estéticos muletazos, algunos francamente bellos. Pero al natural faltó mando, aunque la embestida no era igual. Un desarme enfrió la cosa, que ya no levantó vuelo. Un nuevo y frustrado intento sobre la izquierda y unas manoletinas cerraron una labor entonada a secas.

En el que mató por Jarocho, de forma indecorosa por cierto, no le permitieron centrarse algunos silbidos que pedían absurdamente que no hiciese faena. Ante el sexto, que humillaba poco, emborronó su voluntad de corte derechista con la espada.

Palacios trató de buscar los refugios del viento, que se sumó a su corta experiencia y a un lote nada claro para complicarle la vida. Estuvo animoso en quites por chicuelinas y gaoneras.

Parte facultativo: Jarocho fue operado de una cornada menos grave en el tercio medio cara interna del muslo izquierdo, con una trayectoria hacia afuera de 18 centímetros y contusión en arteria femoral, alcanzando la cara externa del muslo.


El Mundo. L.CAJITA. La cornada  el grito del viento

El viento vino a hacer ayer una barricada en el coso de Las Ventas. Quien más lo sufrió fue Roberto Martín, Jarocho, que en un aleteo de su franela quedó al descubierto cuando comenzaba una tanda con la mano izquierda al cuarto de los novillos, y éste sólo tuvo que alzar la testud para rasgar aparatosamente con su pitón el muslo del novillero.

Jarocho encajó dos revolcones trepidantes que arrancaron un runrun de tragedia en los tendidos. La culpa fue del viento.

En su primer novillo, el madrileño se vio desbordado por la climatología y por la heterodoxia de un animal manso y traicionero al que recibió a portagayola y al que no sacó ni una serie de muletazos limpia. Aquello parecía un concurso de enganchones de muleta, una verbena de perplejidades ante un astado que le iba comiendo terreno con desafiante soltura.

Acusaba así Jarocho cierta inmadurez torera que los apoderados suelen achacar al mal fario de los lotes lidiados, pero que es inmadurez torera, repito. Entretanto, también es cierto que el novillero soportó coladas directas a la pechera. Y quizá por ello, se tomó su propia venganza con un sartenazo infame y trasero como broche a la nada.

Salió después Leandro Marcos, con esencias de torero antiguo.Se encontró con el mejor novillo de la tarde y perfiló ensueños de matador enfrascado en los dilemas del arte. Le bajaba la mano, ligaba los muletazos y remataba con pases de pechos ceñidos en los que cargaba la suerte. Aquello era estampa fina, buen gusto sobrio y castellano.

Aquello era otra cosa, hasta otro día y otra corrida. El novillo se había venido arriba en banderillas y eso lo supo Marcos, o lo intuyó al menos. Cerró la faena con un adorno de manoletinas en un palmo de arena y una estocada algo atravesada pero suficiente, que despertó el entusiasmo frío del público mientras, la afición callaba y puso en los tendidos un zureo de pañuelos tibios que no quedó en trofeo.

Al de Valladolid le tocó también matar al novillo que se había llevado por delante a Jarocho y, por supuesto, al que le cayó después en suerte, el sexto, cuando se corrió el turno.

Entonces aquel hombre se autoinmoló con cilicios de tiniebla.Le dio por tirar de pico, que es como el tocomocho de los toreros, y se perdió en los tirabuzones del aburrimiento. El viento en algo tuvo culpa, decían algunos. ¿También en los cinco pinchazos que le propinó al novillo antes de despacharlo con estocada?

Y en estas apareció (o desapareció) Andrés Palacios, que se llevó el peor lote de la tarde. Demostró que era aún un novillero poco cuajado. Sus faenas fueron largas, con indicios de entusiasmo, pero sin romper.

Estuvo espeso en sus dos oportunidades, alargándolas en exceso.Al final los novillos se rajaban, desistían o se aburrían, directamente.Quién sabe lo que piensan los toros, aunque puestos a especular, lo más probable es que se aburran en circunstancias así.

Y más aún después de la lidia que sufrieron los seis novillos de ayer. Por momentos pasábamos del frío de Las Ventas al rebujo de una capea, así estaban las cosas.

Hubo una vez un tiempo en que a esta plaza se venía a torear, a por todas. Ahora se viene a cumplir sin más y a quedar aseadito para encabezar la lista de interinos del toreo. Es decir, aquellos que guardan cola para las posibles sustituciones que surjan.Algo de eso se vio ayer, con viento y con unos novillos que podían haber dado mucho más de sí. Sobre todo si uno viniese como futuro torero, y no en plan becario.