GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del domingo, 25 de marzo de 2001
Novillada con picadores

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Félix Hernández-El Serrano, de discreta presencia, enterizos excepto 5º -inválido-, mansos, manejables.

Diestros: 

Entrada: media entrada.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, El Mundo


ABC. JL SUÁREZ GUANES. La personalidad de Reyes Mendoza

El oficio y la técnica imperan, ahora, en los nuevos toreros más que la personalidad. Por la mecánica y los tecnicismos no llegan a transmitir las cosas que se hacen, muchas veces, al gran público. Reyes Mendoza, cuando está inspirado y en trance, sí llega. Realizó cosas buenas mezcladas con los verdores propios de los comienzos de la profesión. De este modo, cuando estaba toreando mejor, en el tercero, optaba por intentar pases cambiados por la espalda que, casi nunca, le salían con limpieza absoluta. Esbozos al lancear, forma estoica en los pases por alto estatuarios; no mucho acoplamiento con la derecha; buenos principios al torear al natural, sin acabar de rematarlos, y toreo de cercanías conseguido en una versión Dámaso González-Ojeda. Aunque agarró una estocada, la petición no fue suficiente, y la vuelta al ruedo la emprendió por propia iniciativa.

Las ganas con que estuvo toda la tarde se volvieron a ver en un quite hecho al quinto, compuesto de tafalleras y larga de rodillas. En el sexto —que era su turno— empezó la faena de muleta con unos pases por bajo, verdaderamente sobresalientes. Intercaló un par de tandas de derechazos de muy buen tono, un desplante torero en la cara de la res y un personalísimo pase por la espalda, con momentos en que se le vio carente de sazón. Le faltó un punto de ligazón y acertar con la espada. Pero hay que verlo porque tiene madera.

Hacía su debut en Madrid el sanluqueño Ángel Romero, que denotó cierto empaque al veroniquear y al dejar el novillo preparado para la ejecución de la suerte de varas. Su primera labor con la flámula tuvo como nota buena la colocación, el modo de rematar, de forma galana, algunos pases, pero el defecto de caer, algunas veces, en la rutina y en la mecánica de que hablábamos antes. Sobresalió su toreo con la izquierda. Recetó una certera estocada y, aunque existió derrame, mereció mayor reconocimiento. Claro que el trasteo resultó excesivamente largo. En el quinto sacó muletazos de excelente trazo; tropezó con el frío reinante.

José Luis Triviño se limitó a estar sumamente voluntarioso en dos faenas larguísimas, no exentas de torería.


El País.  LUIS M MORCILLO.  Más puyazos que en Valencia

La novillada de Las Ventas se llevó más puyazos que cualquiera de las corridas de toros de las Fallas de Valencia. ¿Tiene lógica el asunto?

Y no se crea que salió una de esas novilladas de aquí te espero, grandotas y corpulentas. Por el contrario era novillada hecha tercios -tres y tres-, terciada la llaman, en tanto las corridas falleras de Valencia eran de las de alto copete, con figuras en el cartel, y los toros rodaban lastimosamente por la arena. ¿Se puede aguantar?

Y como no hay quien lo aguante, alguien con responsabilidad en la vaina debería intervenir, averiguar a qué obedece semejante contrasentido y desvelar si las sospechas que suscita son ciertas.

No se trata de un caso insólito. Es común en las ferias que, salvo excepciones, salgan lisiados los toros, mientra en Madrid, salvo excepciones, tienen lo que hay que tener.

Se ha llegado a tales extremos que una corrida en Madrid y otra en cualquier parte no se parecen en nada. Ni por los toros, ni por la autoridad, ni por los trofeos que se conceden, ni por las epopeyas que se glosan. Las épicas de otras plazas a lo mejor en Madrid se liquidan con la indiferencia deun silencio sepulcral.

En tanto los toros suelen salir sin la edad aparente ni la fuerza mínima en la mayor parte de las ferias, y la lidia ni existe, a pesar de lo cual llueven orejas, en Madrid (que no es lo que era, por cierto), el toro se exige, y sale, y para su lidia la afición hila delgado, y los presidentes -por lo general- ni compadrean ni van de pasmarotes.

De donde ponerles la lupa a los novilleros que se midieron con la novillada de Las Ventas daría no sé qué. La verdad es que la lupa la resistían poco, si bien las características de los novillos que hubieron de lidiar, alguno de ellos recrecido después de haberse llevado tres puyazos, mansos todos, les concede un indudable mérito.

José Luis Triviño recibió a su primer novillo con una larga cambiada de rodillas a porta gayola y a los dos de su lote, ambos manejables, los muleteó voluntarioso. Hizo excesivamente largas sus faenas, pero ocurrió lo mismo con sus compañeros de terna, todos ellos fieles seguidores de la tónica pegapasista del escalafón.

Ya se sabe: donde no hay calidad lo suplen con cantidad. El pegapasismo interminable e insoportable, las faenas-río, el palizón de pases pretende disimular la incapacidad para torear según mandan las reglas del arte; sin conseguirlo, naturalmente.

El debutante Ángel Romero dibujó unas verónicas de sorprendente pureza, embarcando la embestida en los suaves vuelos del capote. Luego decepcionó en su primera faena, pues se ponía en plan pegapases, mas en su segunda sacó par de excelentes tandas de redondos y naturales desde la naturalidad y la templanza. Claro que se las instrumentó al único inválido y auténticamente pastueño de la novillada.

El cordobés Reyes Mendoza trajo alardes temerarios y una dosis de tremendismo que alborotaron el cotarro. Bastante destemplado en su faena al tercero de la tarde, estaba empeñado en cambiarle el viaje por la espalda y se lo cambió. Con el sexto repitió varias veces el alarde, introdujo circulares de espaldas, manoletinas, esas cosas. Y no es que el derroche tremendista impresionara a la afición pero se lo hacía a un novillo que tomó tres varas y no se caía. O sea, lo nunca visto. En las fallas de Valencia, se quiere decir.


El Mundo.  Meritoria vuelta para Reyes Mendoza

Novillada manejable de dos hierros, sobre todo los de El Serrano, lidiados en los primeros lugares, aunque ninguno de los espadas han conseguido cortar trofeos. Sólo ha paseado el ruedo el cordobés Reyes Mendoza en el tercero y también ha sido el que más y mejores cosas demostró.

Triviño ha saludado al que abría plaza prácticamente en los medios con una larga de rodillas en la que se el novillo se ha frenado perdiendo el capote. Un novillo suelto y distraído al que ha intentado fijar en el inicio del trasteo por bajo, aunque el animal se ha quedado algo entero en el caballo y ha embestido en la muleta con la cara arriba. Ha puesto empeño y voluntad, pero le ha faltado sometimiento al animal que ha acabado donde ha querido, en los adentros.

En el cuarto ha estado más centrado ante un novillo soso, que no ha humillado, embistiendo a regañadientes y al que ha ofrecido siempre la muleta por delante. Triviño ha estado tesonero, aunque alargó el trasteo.

El debutante Angel Romero ha jugado bien los brazos en el toreo a la verónica, bellas y armoniosas por el pitón izquierdo. En la faena de muleta ha habido más cantidad de pases que calidad y tampoco ha terminado de cogerle el aire al novillo.

En el quinto ha vuelto a lucirse en el toreo a la verónica y en un inicio parsimonioso de faena, que ha tenido los mejores pasajes al natural, en muletazos sueltos, con calidad, pero sin hilván, incluido un circular invertido con limpieza.

Reyes Mendoza ha estado valiente en un inicio de faena por estatuarios e igualmente en el cierre, donde ha hecho el péndulo, rozando el tremendismo y las ajustadas manoletinas finales. En el toreo fundamental ha destacado en las series por el pitón izquierdo, corriendo bien la mano y alargando la embestida del astado. Se ha entregado a la hora de matar, de ahí la merecida vuelta al ruedo.

En el que ha cerrado plaza ha salido decidido, mostrándose nuevamente con un valor a raudales frente a un novillo que se ha frenado y ha salido suelto de capote y que ha manseado en varas. La apertura de faena ha sido con torerísimos doblones por bajo, gustándose mucho antes de intercalar muletazos por ambos pitones, sobresaliendo otra vez en el toreo al natural.