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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 20 de mayo de 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Carriqui, nobles.
Diestros:
Entrada: lleno.
Incidencias: Durante la lidia del sexto resultó cogido el banderillero Juan Carlos García Montegrifo.
Crónicas de la prensa: Cadena
Cope, El País, ABC,
El Mundo
Cadena Cope
JOSÉ MIGUEL MARTÍN DE BLAS. Rafael de Julia por
la Puerta Grande
Puerta Grande en San
Isidro para Rafael de Julia tras una completa actuación en los dos
toros de su lote. Impropio de un torero que tomó la alternativa hace un mes en esta misma plaza, pero propio de un torero que ha hecho su corta
carrera a base de gestos de este calibre: debutó con caballos, y al
mes, en Madrid. Ganó todos los trofeos como novillero: de Arnedo (Zapato de Oro), Arganda y Algemesí, y conoció la Puerta Grande de
Madrid. Pero no estaba en las apuestas, no en los carteles de la
novillería puntera de este año en Vistalegre ni San Sebastián, ni en
las ferias, y le cerraron casi todos los caminos. Pero Rafael de Julia
tenía una ocasión: una tarde en San Isidro.
A partir de hoy va a
tener más. No van a tener más remedio que contar con él.
José Luis Bote cerró
su paso por este San Isidro con un balance desigual. No se confió con
su primero, un toro noblote con el que comenzó con firmeza, y terminó sin verlo claro. El cuarto tuvo genio y bronquedad.
Luis Miguel Encabo dio
un curso de colocación, de sentido de la lidia, de conocimiento de las suertes y los terrenos, en el día que cumplía cinco años de matador
de alternativa. Dio una vuelta al ruedo a la muerte del segundo, un toro noble y sin clase al que Encabo sometió con una faena medida, inteligente, con un toreo mejor rematado y de mejor expresión que en
otras ocasiones. Le pidieron la oreja, que no fue concedida, y dio una
vuelta al ruedo con mucha fuerza. También hubo demostración de sitio y oficio con el astifino quinto de Astolfi, con el que siempre llevó la
iniciativa ante un animal que salía con la cara alta. Más méritos
para Encabo.
Y la gloria para Rafael
de Julia, que cortó dos orejas, que salió por la Puerta Grande en su
primer San Isidro como matador de toros. Rafael de Julia triunfó en
Madrid a golpe cantado, con dos faenas de distinto calado, pero de igual
decisión y templanza. A su primero, un toro muy noble de Carriquiri, Rafael lo templó una barbaridad, esa fue su gran virtud, acoplarse con
esa despaciosidad y esa calidad a un toro de tanta bondad. Rafael ligó sobre la mano derecha con hondura, sobre todo en dos series de altísima
categoría, a compás, una con la izquierda de menor altura, y el cierre
de faena, de nuevo con la derecha, con un fantástico redondo ligado al
trincherazo. Soberbio Rafael de Julia. Toreó muy bien, y estuvo a la
altura en la tercera corrida de su vida…y en San Isidro. Pero faltaba el sexto. Y
Rafael fue a por todas. No importaba que el toro no tuviera calidad, que no la tuvo; no importaba que fuera un toro rajadito y distraído. Rafael lo metió en el canasto con decisión, con iniciativa, con poderío
sobre la mano derecha, muy tapado el toro siempre, y obligado por una muleta tan nueva como poderosa. Torero de fondo, de fondo y expresión, que se coló en la fiesta de San Isidro con toda legitimidad. A los dos
toros los mató por arriba, con decisión y por derecho.
Faltan tres semanas de
feria y San Isidro ya tiene un triunfador: se llama Rafael de Julia.
Torero de Puerta Grande.
El País. JOAQUÍN
VIDAL. Puerta grande para Rafael de Julia
La puerta grande de la Monumental de Las Ventas es la puerta de
todos. El último en atravesarla fue Rafael de Julia, tal día como
ayer. Se le da la enhorabuena y se proclaman sus merecimientos.
Los merecimientos de Rafael de Julia se acreditan porque llevaba en
el bolsillo del chaleco las dos orejas (una por toro) que dan franquía
para la mítica puerta, y toreó sabroso por la derecha, aunque no muy
puro en muchas ocasiones (por tanto, impuro; jolín qué palabra). Ahora
bien, si uno que yo me sé hace lo mismo, le dan cuatro orejas en vez de
dos y después de sacarlo por la puerta grande lo meten de nuevo para
que vuelva a salir y así son dos las puertas que le permiten franquear
el camino de regreso a la galaxia a la que pertenece, que es la gloria.
Le correspondieron a Rafael de Julia dos encastados toros de nobleza
excepcional. No se crea, sin embargo, que esto constituyó excesiva
ventaja. A los toros nobles, si encastados, es preciso torearlos bien
pues de lo contrario son ellos los que torean y acaban llevando al
presunto torero por la calle de la amargura.
Eso, o les deslucen las faenas, ponen al descubierto sus trucos y sus
limitaciones. Tal acaeció en la tarde ferial y dominguera: que la
corrida de Carriquiri (y el remiendo de Astolfi también) salió sencillamente maravillosa por su encastada nobleza. Y aparte el tremendo
volteretón que el toro sexto le pegó al banderillero Juan Carlos Montegrifo en una imprevista arrancada, puso en un serio compromiso, cuando no dejó víctimas del oprobioso desaire, a los toreros que no la
supieron torear.
Uno de los toreros que no toreó fue José Luis Bote; ver para creer,
parece mentira. Sí, quizá su lote resultó el menos bueno, pero peores
compromisos habrá llegado a superar desde que empezó (hace ya la
tira), con su pundonor y su torería. En la presente ocasión, en
cambio, se le vio falto de recursos, quizá de ilusiones, sin asomo del
arte y la técnica que forman parte de su patrimonio. Caramba con José
Luis Bote.
Luis Miguel Encabo lanceó con aseo, banderilleó a toro pasado y bulló mucho; mas aquello de torear en sentido estricto no le acababa de
convencer. Pegó muchos pases aprovechando la pastueña condición de su
lote, y estuvo voluntarioso siempre, aunque no tanto como parar, templar y mandar. Le pidieron la oreja de su primer toro mediante un griterío tremendo lo cual no significaba que hubiese mayoría parlamentaria. Lo
que había era franca minoría, sólo que escandalosa, y además al toro
en cuestión lo había matado de un bajonazo, que no podía ser
merecedor de galardones sino de vituperios.
De lo que en realidad adolecían tanto el diestro de las orejas fallidas como el de las logradas era que no acababan de macizar. El
toreo, pontificó el sabio, o es macizo o se queda en nada. Pepe Luis Vázquez,
que no sería Papa del toreo en la liturgia de la fiesta (pues al Papa
ya lo tenía nombrado Mariano de Cavia) pero sí camarlengo y
representante en la tierra de la divinidad táurica, decía que las
faenas de capa y muleta en general y las suertes en particular han de ser masisás. Cómo, se sabe perfectamente aunque sea complicado
explicarlo. Si un torero -pongamos Rafael de Julia en muchos pasajes de
sus intervenciones muleteriles- se coloca fuera cacho, mete pico,
embarca distante, evidentemente no masisa; y si, por el contrario -volvamos
a Rafael de Julia en diversos destellos durante los mismos desempeños-,
adelanta la pañosa, se trae al toro toreado, le carga la suerte, le liga los pases y los abrocha con el hondo de pecho, eso -sí señor- es masisar. Claro que Rafael de Julia lo hacía en la modalidad que llaman
derechazo en tanto a la del natural apenas recurrió y cuando lo hizo le salió desaliñada; como si le cayera tirriosa. Y no se crea que éstas
son erudiciones a la violeta; antes al contrario, pesan cuando de
valorar las salidas a hombros por la puerta grande se trata. De
cualquier forma Rafael de Julia cobró sendas estocadas que por sí
solas valían la oreja. Y una más una son dos. Y con dos, sales por la
puerta grande; que es como si te hubiese tocado la lotería.
ABC. ZABALA DE
LA SERNA. Rafael de Julia abre la Puerta Grande al
futuro
Rafael de Julia abrió la Puerta Grande,
que se dice pronto. A los aficionados de clavel y tardes de glamour les
va a dar algo, un soponcio o así. Prestan los abonos los domingos, en
las novilladas y los días que no les suenan los nombres del cartel
porque no pintan ni en ferias ni en revistas de cuché, y luego se
pierden tardes importantes, haya salida a hombros o no. La cesión de
localidades también conlleva un público distinto, no menos aplaudidor
en ocasiones que los fervorosos seguidores de las figuras de tronío
pero más frío en general con los «desconocidos». Un ejemplo se vio
con Luis Miguel Encabo. A Encabo lo miden como si fuera matador de
ochenta corridas al año y muchos ceros en la cuenta corriente, que ya
se sabe que en España la cuestión monetaria se perdona poco. Pues
Encabo, decía, hizo un quite por tapatías perfecto y participó también en otro de ajustadas chicuelinas con menor eco en los tendidos que el
esperado. Una apuesta queda en el aire: si mañana o pasado ejecutan
malabares con el capote o lances del mismo acento mexicano toreros de merecida reputación, se desatará la locura, salgan como salgan.
Hablaremos. Aquí, unas fechas atrás, ya comprobamos ovaciones
desaforadas por seis pinchazos y dos avisos o por el mero hecho de
recoger y cerrar cual subalterno a un toro en el tercio. Las modas mandan. Nada nuevo en lontananza.
Pues Rafael de Julia, que hacía su tercer paseíllo esta temporada,
cuando ni siquiera ha transcurrido poco más de un mes desde que tomó
la alternativa, se ganó la Puerta Grande con dos estocadas de ley. Sus
estadísticas dan una idea de lo nuevo que está, y de ahí que, en
momentos, se le aprecieran problemas de colocación con el sexto. Pero
demostró un sentido del temple más que notable y un concepto del toreo clásico y verdadero. Le afearon en ocasiones la presentación del engaño,
aunque los mismos le seguían gritando «¡pico!» cuando toreaba al
natural, y ya me contarán el pico que tiene una muleta sin la espada montada.
Disfrutó De Julia del mejor lote de los cinco toros que lidió
Carriquiri —¡qué pena que no aprobaran los seis!—. Basó su
primera faena en la mano derecha, que manejó con mando y excelente trazo tras un principio de ajuste a las condiciones del animal, más apagado por el pitón izquierdo. Hilvanó un trincherazo y un redondo sensacionales y cerró por manoletinas y un espadazo inapelable. El sexto, también de noble condición pero sin alcanzar la calidad de aquel, le valió para auparse con la llave de la Puerta Grande en forma
de otra oreja. Pareó bien Montoliu, que sigue la escuela de su padre y
del maestro Honrubia de citar con la hombrera para luego darles el pecho a los toros. Otra vez predominó el toreo en redondo y de nuevo imperó
la ligazón. Del breve paso por el toreo al natural, brilló uno con luz
propia. El sobresaliente final por bajo, genuflexo y ayudado del estoque, y el ya mencionado volapié cescerrajaron el arco por el que se
asoma la calle Alcaláa la Monumental. Por encima del presente, nos
quedamos con las promesas de futuro de Rafael de Julia.
Luis Miguel Encabo atraviesa por un momento extraordinario, a pesar de que, por esa cabeza privilegiada, sea un rehiletero fácil y un poquito ventajista. Da gusto ver cómo anda por la plaza, su colocación y su
oficio. Hasta mereció la pena asomarnos al patio de cuadrillas para
contemplarle con el capote de paseo descansando sobre el brazo izquierdo, desplegada la esclavina, y la montera en la mano derecha: ¡igual que la inmensa mayoría! Principió faena con las rodillas por tierra; toreó con largura y limpieza sobre ambos lados, mejor al natural,
cuando logró instantes de sobresaliente estética. A pies juntos volvió a muletear con buen aire, sobre una y otra mano. Los ayudados por alto
finales pusieron el punto final. Lástima que el acero se hundiera caído,
circunstancia que, supongo, esgrimió la presidencia para negarle la
oreja. Espero que el rigor se aplique, señor Torrente, con la misma
autoridad en los apasionantes días de desatada euforia. Dio la vuelta al ruedo como Dios manda: la montera en la derecha y el capote a rastras.
Más importante que la valoración que interpretó el personal se le vio
con el muy astifino parche de Astolfi, quinto de la tarde, con más miga
de la que pudiera parecer. Resolvió con profesionalidad y elevado tono
sobre la mano derecha. Mató a toro arrancado. Ojalá le rueden las cosas esta temporada. Por lo menos, a uno le interesa más su sentido de
la lidia que los pegapases de turno. José Luis Bote careció de suerte. Su lucha ha sido de sombrerazo,
pero, ahora mismo, está sin sitio ninguno y desconfiado. Debe meditar.
El susto de la tarde surgió al final.El sexto se llevó clavado en un
pitón a Juan Carlos Montegrifo, que se cruzó malamente con el toro.
Por fortuna, no le caló.
El Mundo. EFE. De
Julia sueña despierto
Una de las corridas que mejor balance arrojan, con una
Puerta Grande y una vuelta al ruedo que vale tanto o más que el trofeo denegado Hay que hablar por tanto del primer triunfador serio de la feria en cuanto a matadores, que coincide que hasta hoy es modesto, y
venía con escasa experiencia, con una alternativa que ha tomado en esta misma plaza hace menos de dos meses. Esta era su tercera corrida, y ya
ha pisado la gloria. Así es la grandeza del toreo. .
A De Julia ha venido a verle la diosa fortuna en el sorteo, pues a sus
manos han ido los dos mejores toros del encierro. Bien es verdad que el
joven torero los ha sabido aprovechar, y ahí están los resultados.
Buenos toros, pero todo el mérito es suyo, ya que no es la primera vez
que se presentan estas oportunidades y otros las dejan ir.
Su magnifica disposición y su extraordinario concepto del toreo se
hicieron patentes nada más abrirse de capote en su primero, después de un saludo con larga cambiada en el tercio. Había intervenido antes en su turno de quites en el segundo, luciéndose por navarras. Pero lo bueno ha venido con la muleta. El toro, excelente, se desplazaba largo y humillado. Ha tardado quizás en cogerle el sitio, mas enseguida ha
surgido la solemnidad del muletazo profundo, llevándolo muy enganchado y haciéndole repetir.
El toro, fijo y noble, iba a todas las distancias y planeando, lo que se
dice en el argot 'haciendo el avión'. A ratos se ha notado cierta falta
de hilván, pero los muletazos tan buenos aun salpicados lo han llenado
todo. Manoletinas finales y contundencia con la espada. Primera oreja.
La salida a hombros la ha amarrado definitivamente en el sexto: otro
buen toro, con una faena a más, que ha tenido sus puntos más álgidos en los finales de cada serie, al enlazar sin solución de continuidad
muletazos con el remate de pecho, incluso con dos o tres remates. Unas alegrías por bajo finales, y otra vez la estocada, pusieron en sus
manos la segunda oreja, la llave de la ansiada Puerta Grande.
Tras la felicitación al torero, hay que tocarle las palmas también al
ganadero, por la corrida que ha echado, aún con ciertos inconvenientes en algunos toros, como los que han planteado los dos del primer espada.
Una corrida completa pese a todo, y también a pesar de haber sido remendada.
Ya el año pasado lidió Carriquiri en plena canícula un encierro en
esta misma plaza muy celebrado, que es el que en definitiva le ha traído
a San Isidro. Toros con cuajo y sin exageraciones, bravos en el caballo
y que han aguantaron mucho en la muleta, algo que no se ve con
frecuencia.
La única excepción, ya apuntada, el lote de Bote. Así el que abrió
plaza, toro con picante y genio, un punto bronco, ha echado siempre la cara arriba. Tampoco Bote ha estado sobrado de ánimo, por momentos
vencido por la desconfianza. En el cuarto ha sido todavía peor, bien
porque el animal medía mucho, probando constantemente y también sin
humillar, bien porque el torero no ha terminado de verlo claro.
Encabo no ha cortado orejas pero puede considerarse triunfador moral. De
hecho en su primero se la pidieron con mucha fuerza. Muchos más pañuelos
que hace unos días para Manuel Caballero. El palco discrimina y es
injusto, pues fue toro que tuvo también sus complicaciones, por ejemplo, la de llevar siempre la cara alta, y en la segunda parte del
trasteo quedándose muy corto.
De acuerdo a las características del toro la faena ha sido justa e intensa. Encabo, que ha intervenido en todas las oportunidades que tuvo
con el capote, quite por chicuelinas incluido, ha puesto también banderillas con facilidad. En la muleta ha acerrtado a bajarle la mano, obligándole a humillar, y los pases han tenido trazo muy firme. Series
limpias de derechazos y naturales, y un final de ayudados con remate de uno del desdén de mucha enjundia. El hecho de que la espada no cayera
lo suficientemente en su sitio no debió ser óbice para que el
presidente le quitara la oreja.
En el quinto, en el que ha tomado de nuevo los palos, ha estado
igualmente muy centrado. Faena por el pitón derecho, el menos malo, por donde más se desplazaba el toro, que también tendía a salir de los
muletazos con la cara arriba. Encabo ha resuelto esos problemas con
seguridad y torería-
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