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España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del sábado, 19 de mayo de 2001
Corrida de rejones

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Flores Tassara, buenos en general.

Diestros: 

Entrada: lleno.

Incidencias: Pablo Hermoso de Mendoza es pisado por su primer toro. Sufre fractura de fémur derecho y lesión en el brazo derecho. Pronóstico reservado y tres semanas de baja.

Crónicas de la prensa: Cadena Cope, El País, El Mundo


Cadena Cope JOSE MIGUEL MARTIN DE BLAS. Pablo Hermoso de Mendoza, lesionado

Dos orejas y un peroné roto. Es el balance, cual parte de guerra, de la corrida de rejones. Las orejas, para Joao Moura y Leonardo Hernández. La lesión, de Hermoso de Mendoza.
Fractura de peroné de la pierna derecha, además de una contusión en el brazo izquierdo que afecta al nervio radial y produce hematoma. Son las consecuencias de la tremenda cogida sufrida por el rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza en su primer toro, en el primer tercio, con el primer caballo que sacaba: Labrit. Pablo marcó mucho el cambio al pitón contrario, pasó varias veces en falso, y fue derribado con gran aparato. Sensación de escalofrío, de torero herido o lesionado, al no moverse Pablo. Pasó a la enfermería, síntoma evidente de que iba dañado. No volvería a salir. Y la tarde ya no volvió a ser la misma.
Antes del percance había cortado una oreja Joao Moura por una lidia modélica de temple con un noble toro de Flores Tassara. Cumbre al templarse en banderillas, muy en corto, sin perder la cara al toro, toreando de costado e incluso de frente. Moura no remontó la sensación por la cogida de Pablo con el tercero, y pudo cortar la oreja del quinto, con el que brilló en banderillas a lomos de un caballo bayo, dejando llegar muchísimo al toro, y abusando de los cambios. Mató malamente.
Leonardo Hernández marró con los aceros una primera faena en la que hubo sobriedad y faltó reunión. Efectista en los cites, y muy espectacular en la fase final, con un par a dos manos de gran mérito.
Con el cuarto, abusó Leonardo, y lo más destacado fue un par a dos manos, y la rueda con las cortas. Al sexto le cortó la oreja. Fue un toro de mucha movilidad, con el que Leonardo Hernández hizo más cosas cuando no estaba en la cara, que en la cara misma. Hubo más espectáculo alrededor del toro que en las suertes mismas. El par a dos manos, la rosa, el lío, el bajonazo…y la oreja.
De eso se trataba, ¿no?.

El País. JOAQUIN VIDAL. Lesionado Pablo Hermoso de Mendoza

Pablo Hermoso de Mendoza se lesionó en una caída nada más empezar su actuación y nos quedamos con las ganas.

Nos quedamos con las ganas de ver torear, naturalmente. Y encima, en aquel preciso instante, se puso a llover.

Hay días que más vale quedarse en casa. Sobre todo siendo sábado. A quién se le ocurre salir de casa un sábado, nublado, para ir a la mal llamada corrida de rejones.

Pasado el percance, que constituyó un susto monumental, cuentan que el rejoneador no podrá torear la próxima corrida de feria en la que está anunciado, pues sufre fractura de peroné. Acaeció a poco de saltar a la arena el tercer toro. Pablo Hermoso de Mendoza montaba su precioso tordo Labrit, que tiene nombre de poeta andalusí (seguramente lo es) y enceló a la res con giros en el centro del redondel. Después se marchó a tablas para emprender desde allí lo que habría de ser un rejonazo de castigo y lo clavó con apuros. Repitió la suerte y la pasó en falso.

En el tercer envite el toro alcanzó al caballo, que cayó al suelo tirando a su vez al caballero. La cogida fue, obviamente, aparatosa, y el toro, en pleno desaguisado, pisó a Pablo Hermoso de Mendoza. Se incorporó dolorido el torero, por lo que hubo de pasar a la enfermería y luego a una clínica para ser atendido de las lesiones.

Mala suerte. Y el gozo en un pozo. Porque el atractivo del cartel era Pablo Hermoso de Mendoza; él y su mencionado caballo poeta que en esta ocasión salvó el pellejo, y su maravilloso Chicuelo, y su mítico cuatralbo Cagancho, que tienen nombres de artistas. Los otros dos rejoneadores, en cambio -dicho sea sin ánimo de ofender-, están muy vistos.

No es que sean malos. Son buenos. Todos los rejoneadores (como todo el mundo) son buenos. Lo que pasa es que la película del rejoneo está ya muy vista. El motivo se debe buscar en los toros, ya que se los echan despuntados, en realidad aserrados, finalmente escofinados y, por tanto, los dejan con alma de derrota.

Toro derrotado devalúa el toreo y, por extensión, el rejoneo. Y entonces, o los caballos con sus rejoneadores encima hacen encajes de bolillos, o algo que se asemeje a las señales que precederán al fin del mundo, o acaba aburriendo.

Hay sin embargo un remedio infalible para no aburrirse en las mal llamadas corridas de rejones y es aplaudir. El público que suele acudir a las mal llamadas corridas de rejones lo sabe y se las pasa aplaudiendo. Perdimos la cuenta de las ovaciones que pegó en la tarde de autos aunque debieron ser miles. La verdad es que nos propusimos contabilizarlas, mas antes de salir el primer toro ya les habían dedicado a los rejoneadores tantas que, efectivamente, perdimos la cuenta. Además tampoco merecía la pena pegarse esa paliza contable, sólo por satisfacer una curiosidad.

Leonardo Hernández tuvo voluntariosas intervenciones, zarandeó mucho los caballos e insistió en ponerlos a dos manos para la cosa de la espectacularidad, y al sexto lo rejoneó con sobria eficacia, merecedora de la oreja que le dieron.

João Moura, aparte templar y reunir, demostró que eso de recorrer el redondel llevando al toro encelado al estribo mientras cabalga a dos pistas, y salir de las reuniones banderilleras de similar guisa, lo realiza como quien lava. Lo repitió constantemente, con gran alborozo del personal que, al terminar, marchaba exultante Alcalá arriba cabalgando a dos pistas. Y eso que faltó ver a Cagancho. Si llega a salir Cagancho habríamos ido piafando también.


El Mundo. EFE. Serio percance de Hermoso de Mendoza

La corrida tenía un nombre, ineludible e inevitable: Pablo Hermoso de Mendoza. El llenazo y la expectación, sin duda fueron obra de él. Por eso cuando ha caido derribado nada más comenzar su actuación, ha cambiado el cariz de la tarde.

En los dos primeros toros se ha visto un rejoneo bonito a cargo de Moura, que ha cortado una oreja, y de Hernández, que ha perdido igual o quién sabe si más trofeos por el fallo con el rejón final. Aunque este se llevaría un apéndice en el toro sexto.

En la plaza se respiraba ambiente de triunfo a la espera del deseado Hermoso de Mendoza. Y lo delataba la ovación misma que le ha saludado al hacerse presente en su primer toro. Pero apenas ha dado tiempo para más. El navarro ha clavado un primer rejón sin grandes estrecheces y al segundo, en la reunión, un extraño del toro ha desconcertado al caballo, que ha terminado en el suelo. Caído también el jinete, el toro ha querido hacer por él, y en el acoso ha llegado a pisotearle, produciéndole la lesión.

Moura había estado en plan maestro en el que ha abierto plaza, un toro noble como toda la corrida y que ha colaborado mucho con el jinete. Una faena muy medida, ajustada y certera, magníficamente aderezada por el temple y la torería. Perfecto en todo, casi siempre muy encima del astado, y sin hacer ruido: el rejoneo clásico por excelencia. El acierto al matar fue decisivo para cortar la oreja.

En cambio, en el que ha tenido que matar por la lesión del compañero, se le notaron los nervios al precipitarse al clavar. Ha superado este último inconveniente en el quinto, en una faena a más que ha basado en los quiebros, los mejores a toro parado. Aunque nuevamente lo ha estropeado todo en la suerte suprema.

Hernández ha cortado también un trofeo, al último de la tarde, pero se ha dejado al menos otro en el primero de su lote, en el que mejor había estado. Imperdonable su fallo con el rejón de muerte después de haber hecho la faena más completa del festejo. Cites y galopes largos, quiebros en corto y ajustados, banderillas de poder a poder y otras al cuarteo..., y un par a dos manos, el no va más. Pero, lo dicho, todo al garete por no matar.

En el cuarto ha parecido otro rejoneador, torpe y descentrado, para venirse arriba definitivamente en el sexto con una faena más que entonada y muy certera, en la que de nuevo el par a dos manos ha sido lo mejor.

El Albero

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