GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del miércoles, 16 de mayo de 2001
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de La Quinta,  buenos.

Diestros: 

Entrada: lleno.

Incidencias: Leopoldo Casasola y AJvier Valverde sufrieron sendas cogidas.

Crónicas de la prensa: Cadena Cope, El País, ABC, El Mundo, La Razón


Cadena Cope. JOSÉ MIGUEL MARTÍN DE BLAS. Javier Valverde buscó la Puerta Grande...y la encontró

Con sello propio, con la capacidad y determinación de los toreros que buscan su propio camino, Javier Valverde buscó, y encontró, el premio merecido de la Puerta Grande en San Isidro por su entrega, por su temple, con el peor lote de los santacolomas de La Quinta.
Una novillada vareada, en tipo, seria, en la que destacó la bravura del primero y el cuarto (muy importante por encastado este novillo), la nobleza mansita del segundo, y el genio y mansedumbre de tercero, quinto y sexto. Sobró la foto al mayoral con el torero triunfador, porque si triunfó fue precisamente, a pesar del lote que tuvo.
Leopoldo Casasola se vio desbordado por un lote con mucha bravura, con mucha movilidad, con mucho que torear, especialmente el cuarto, un turno en el que, por lo menos, Casasola sacó pundonor y raza en sendos quites, por caleserinas y gaoneras, y luego para matar al novillo tras la cogida con la muleta. Salió derrotado, pero en pie. Tuvo ocasión de oro. Y se fue.
Luis Vital “Procuna” demostró poderío y dominio del segundo tercio, quiso con el capote, aunque no le saliera en la puerta de toriles, y reeditó las “crinolinas” que hiciera famosas Joselito. Con la muleta tuvo muchos problemas de viento con el segundo, novillo potable, y faena aseada pese a todo. Con el quinto, que se paró, faena voluntariosa, y de nuevo, mal tino con la espada.
El de Salamanca. El de la Puerta Grande. Javier Valverde se llama. Y su seco y recio concepto del toreo empapó los tuétanos de Las Ventas, que había estado muy fría hasta una escalofriante cogida en el tercero. Ese novillo fue manso, se dolió en el caballo, no quiso pelea, pero Valverde se la propuso. Tragó muchísimo ante las dudas del novillo, no movió las zapatillas, y se templó con él. Hubo ambición callada, seca, de verdad, de la que cala en cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad. Javier Valverde se ganó, con su entrega, con su verdad, con su limpia y legítima ambición de querer ser, el respeto de Madrid. Pasó a la enfermería y tuvo que ser infiltrado en una costilla para salir, pero lo hizo, nadie lo dudaba, y me atrevo a decir que todos lo deseábamos: Javier Valverde se hizo presente de nuevo con ejemplar de La Quinta que no hizo cosas buenas. Otro mansito con problemas con el que se lució un torero de plata que hizo casi todo bien esta tarde en Madrid: Manolo Linejo, con capote en el tercero y con las banderillas en el sexto. Javier Valverde aguantó muchísimo a ese novillo, en otra faena de idéntico corte y acabado. El novillo no tuvo cuerda, pero Valverde apuró hasta que le fue posible, con la faena y el animal en la mano siempre. Muy sereno, con el oficio aprendido, y con valor para hacerlo. ¡Así se viene a Madrid! Cuadró al de La Quinta en los medios y le dio un soberano espadazo entrando a ley. El novillo, sin puntilla, y la plaza, blanca de pañuelos para sacar por la Puerta Grande a un novillero que se ganó el premio con honores de torero importante.
Javier Valverde es el primer gran triunfador de este San Isidro 2001, y no por casualidad.
¿Quién dijo que no había novilleros?


El País.  JOAQUÍN VIDAL. Puerta grande para Javier Valverde

El debutante salmantino Javier Valverde salió a hombros por la puerta grande y ahí queda eso. La puerta grande estaba abierta para él. Son cosas del destino. Únicamente tenía que hacer el esfuerzo -arrimarse, por ejemplo- y correspondió con creces.

En circunstancias normales, pues no: quizá la puerta grande se la hubiesen dejado cerrada. Pero el público había cambiado. Los días de novillada, los abonados isidros suelen regalar la entrada; se ve que eso de ir a las novilladas es de mal tono para un isidro abonado. Y la plaza adquiere otra fisionomía, los tendidos se llenan de jolgorio, llegan gentes que no vieron jamás un toro ni en fotografía. Y, ya que está ahí, la afición habitual e impenitente se pone a alternar con las personas del entorno de los isidros abonados; los hijos y las nueras, por ejemplo; la secretaria, el mecánico, el jardinero, el ayuda de cámara, el pinche de cocina, el somelier, el vallet... Los madrileños ya se sabe cómo son.

Las orejas las pidió este nuevo público con pasión y el presidente las concedió con mucho gusto. Los presidentes tienen una mina con eso de las orejas: regalarlas no les cuesta nada y encima quedan de cine.

Javier Valverde había entrado a quites y le estaba haciendo al tercer novillo, de encastada nobleza, una faena valiente. Se echó la muleta a la izquierda y por ahí el toreo le resultó peor en todos los sentidos. Uno, porque le salía algo astroso; dos, porque en uno de los muletazos se paró el novillo en el centro de la suerte y lo empitonó de mala manera.

No se arredró Javier Valverde sino que siguió dando derechazos y luego las emblemáticas manoletinas; un muletazo de origen bufo que la mayoría de los isidros no habían visto nunca y desde que se recuperó hace cuatro días lo llaman 'el pase de la muerte'. Jopé con los isidros. A mayor abundamiento, el novillo trompicó a Valverde al entrar a matar, al público estuvo a punto de darle un soponcio por eso, y entró en delirio.

Volvió Valverde de la enfermería para matar al sexto (sólo llevaba un puntazo) e instrumentó los mejores muletazos de la tarde: una tanda de naturales reunidos de verdad, hondos sin tacha, artísticos y emotivos. El novillo sacó el genio inherente a la casta y no facilitó la faena, que Valverde realizó con altibajos pero siempre valerosa y emotiva. Y como cobró un estoconazo, se ganó una oreja, que sumada a la anterior, daba suficiente para abrir la puerta grande.

Al mexicano Leopoldo Casasola le ocurrió lo contrario que a Valverde: no le aplaudían nada. Cierto que toreaba empleando formas poco estéticas, pero lo ejecutaba en pureza. Son cosas que ocurren: hay toreros que se ponen bonitos y realizan un toreo ventajista, mientras los hay que se ponen feos y resulta que están interpretando el toreo auténtico. Casasola, feo y retorcido, se traía al toro toreado de delante, ligaba los pases. Y, a pesar de ello, le pegaban broncas. Como si fuera el jefe del ejército de ocupación, pobre hombre. En el cuarto, pese a la violencia del animal, citó cruzado al natural, cargó la suerte al ejecutarlo y sufrió un volteretón terrible. Se lo llevaban las asistencias cuando se deshizo de ellas, regresó ensangrentado hecho un Cristo, acabó hecho un jabato con el novillo y se marchó a la enfermería por su propio pie bajo una gran ovación. Leopoldo Casasola se había ganado el respeto de la afición madrileña. Era evidente.

Mejor trato dieron también a Procuna, temerario al recibir a porta gayola a sus novillos; gustoso capotero según demostró en competencia con Valverde durante un tercio de quites; buen banderillero, artífice de un gran par al quiebro; y, en cambio, muletero mediocre, no se sabe si por falta de aptitudes o porque está mal enseñado. En fin, que pasó sin pena ni gloria. Y así no se abren las puertas grandes. Ni las chicas.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Puerta grande al valor de Javier Valverde

Rara vez falla el espectáculo con la casta de los novillos de La Quinta. Ayer se cumplieron las quinielas. Los utreros de Conradi dieron emoción y enfrente se encontraron con un torero muy puesto y dispuesto que, a base de valor, abrió la Puerta Grande: Javier Valverde.

A estas alturas se estará cuestionando el triunfo, obtenido con mérito y entrega y rematado con la oreja del sexto. A Valverde le funcionó siempre la «caja de cambios». Eso es indiscutible. Ya habrá tiempo para las exquisiteces y las exigencias. Su segunda faena se sostuvo sobre la intensidad de la exposición; sobre la tranquilidad del novel torero en la cara de un toro nada fácil; sobre las distancias cortas y el aguante ante los parones inciertos. Un par de desarmes pusieron la mácula y abrieron los interrogantes sobre la legitimidad del trofeo, aunque lo que realmente lo respalda es la blanca mayoría de pañuelos, la democracia del público que establece el Reglamento.

Cuando verdaderamente el joven salmantino se mostró inmenso de valentía y pletórico de cabeza fue ante el tercero, un manso complicado. Valverde lo empapó de muleta. El novillo no veía otra cosa más que paño rojo. Los derechazos se sucedieron para centrar en la panza de la muleta la vista que desparramaba el animal.

Al natural, el bicho echaba la cara arriba. En una de estas, en cuanto Valverde se dejó ver, arreó a por él, prendiéndole de fea manera por el costado. El torero se asió a las astas, con una frialdad pasmosa. Liberado e indemne, regresó sobre la mano derecha, intacto de ánimo y gesto, y luego cerró por manoletinas. No le tembló el pulso a la hora de atacar la suerte suprema con rectitud, tanta que de nuevo vino el ¡ay! en un empellón que le rompió la taleguilla y casi el alma. Había descerrojado la Puerta Grande a la mitad. Cuando de nuevo cobró una estocada corta en el último de la tarde, terminó de cumplir un sueño. Antes, lo dicho: serenidad, valor, distancias mínimas, un circular invertido y una serie sobresaliente al natural, la más limpia y clásica de la faena.

OPORTUNIDADES

El material de La Quinta ofreció otras oportunidades de éxito a sus compañeros, sobre todo con el extraordinario primero, al que Leopoldo Casasola toreó con holguras y escaso reposo. No le fue a la zaga el segundo de la tarde: aunque no se empleó en el caballo y se dolió en banderillas, rompió con clase en la muleta de Procuna, un portugués con excelente corte y portentoso poderío con las banderillas. Precioso el inicio de faena, con un cambio de mano por delante torerísimo, y una serie de derechazos muy templados. Pero el viento se encargó de dar al traste con todo. ¡Pídale cuentas a la Comunidad, que lleva tres años para elaborar un estudio! Un par de naturales, y la muleta que se bamboleaba y le descubría. Al final, una tanda sobre la diestra, a pies juntos, recordó lo que pudo haber sido y no fue. Aunque manejando tan mal la espada, difícil. Al quinto también lo recibió a portagayola y también lo pinchó. Había mucho que torear, y funcionó más la cabeza que el corazón. Interesa verle más.

A Casasola, el cuarto le pegó una paliza que le puso la cara como un Cristo. El mexicano se había crecido para contestar a las crinolinas de Procuna con unas gaoneras, pero más se creció el novillo en la muleta, imponiendo su casta.


El Mundo. EFE. Javier Valverde abre la puerta grande en su debut

El gran público se ha vuelto a equivocar. La moda de ir a los toros en la feria, sin embargo, tratándose de novillada no tiene tanta aceptación. Así que ha sido el primer día que no se ha llenado la plaza. Pero los que no han ido se lo perdieron: un interesantísimo festejo, con Puerta Grande incluida, el sueño de todos los aficionados y de todos los toreros.

Los encastados novillos de La Quinta, por su codicia y movilidad, por sus continuos ir y venir a todos los cites, desplazándose largo, la mayoría de las veces humillados, incluso el que resultó antídoto de la bravura, el manso tercero, han sido todo un espectáculo. Y más aun con la disposición que mostró la terna.

Otra cosa han sido los resultados. Dos orejas para el más joven, Javier Valverde, que ha dado la sensación de tener mejor aprendido el oficio, amén de su valor natural y el buen gusto en la interpretación. Casualidad de que a Valverde le ha tocado el único novillo manso, complicado y deslucido. Ahí se vió mejor todavía la dimensión del torero importante que lleva dentro.

Valverde ha resuelto sin agobios todos los problemas que ha planteado el astado, lanceándole por la cara para sacárselo hacia afuera cuando ha apretado en el capote. Magnífica brega, en tanto el astado coceaba al caballo y se iba suelto, doliéndose después en banderillas. El manso perfecto, que llegó a la muleta sin humillar y con muy poquita chispa, todo lo contrario de sus hermanos.

El salmantino le ha tapado tantos defectos, corriéndole la mano con gusto y temple, muy suficiente y valiente de verdad. Por un momento, al meterse entre los pitones, ha salido zarandeado de muy mala manera. Aunque nada le ha aflijido. Más toreo por la derecha, limpio y ligado, y manoletinas de muy buen corte. Por si faltaba, en la estocada se ha dajado coger. Por tanto hubo absoluta unanimidad en la concesión del trofeo. La primera oreja de esta feria.

Y un trofeo más, en el sexto, para abrir de par en par la anhelada salida a hombros. Valverde ha salido de la enfermería, donde había sido atendido de un varetazo en el pecho, y la vista clavada en la Puerta Grande. Quería redondear a toda costa, y lo ha conseguido. Faena muy variada y de muchas agallas tanto con el capote como con la muleta. En aquel un precioso quite por tafalleras, y en ésta el empaque y el aguante en el toreo fundamental. El novillo se le ha parado más de una vez para acabar doblegado a su mando y valor. Otra estocada de efecto rápido, y el triunfo que le pone camino de la gloria. Salamanca ya puede presumir de otro torero importante.

En diferente onda, los dos primeros espadas, que si bien no llegaron a redondear sus actuaciones, han dejado también la estela de cosas importantes. Los dos, con mucho corazón. Casasola ha intentado lo indecible frente al encastadísimo primero, en un trasteo muy voluntarioso, aunque al final ha ganado el incansable novillo.

En el cuarto ha salido a torear por ajustadas gaoneras en réplica a un quite de Procuna por artísticas caracolinas. El novillo, que iba largo y humillado, casi le tenía desbordado cuando ha vuelto a motivarle mucho el amor propio. Y ha sido en el arrebato de un derechazo cuando salió por los aires. Pisotón que le ha dejado conmocionado, y el gesto de volver a la carga con el rostro ensangrentado y las facultades visiblemente mermadas. El mexicano ha tenido la serenidad de pasar por su pie a la enfermería después de acabar con su oponente de una efectiva estocada. .

Procuna no ha ido a la zaga en cuanto a disposición. Muy seguro con las banderillas en sus dos astados, pareando por los dos pitones. Con el capote se ha ido dos veces a chiqueros, aunque no resolviendo el lance en ningún caso. Pero hay que volver a resaltar aquel quite en el que ha entrado en competencia con el compañero y otro en su turno al sexto.

Con la muleta, mejor en el segundo, aunque con altibajos. En ocasiones ha toreado con cadencia y buen gusto, pero la espada lo ha difuminado todo. En el quinto se ha visto algo desbordado por no someter lo suficiente.

 

El Albero

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