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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del martes, 15 de mayo de 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Valdefresno, flojos
y manejables.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: Cadena
Cope, El País, El Mundo
Cadena Cope
JOSE MIGUEL MARTIN DE BLAS. El mejor toro, al
corral
Una menos para que
termine la feria. Entre todos la mataron, y ella sola se murió. Qué
pena, qué sopor en una corrida para gozo de los masoquistas, esos que van de aficionados, y protestan los mejores toros, con una fiabilidad
estadística que para sí quisieran los de la NASA. La devolución del
tercer toro, el toro con más y mejores embestidas, con mejor tranco, con celo de bravo en todo lo que hizo hasta que el pañuelo del palco
apareció, fue el contrapunto, el punto de inflexión en una tarde que
ya no remontó.
A ese toro de Valdefresno lo había toreado Víctor Puerto con el capote francamente bien, decidido, en los medios, y de salida casi, por
chicuelinas, aguantando arrancadas fuertes, de largo, aunque por
supuesto francas y fijas. Un comienzo que denotaba ambición y claridad
de ideas en Puerto, pero la brava pelea de ese toro en varas sólo sirvió para que perdiera las manos un par de veces y fuera sustituido. Salimos
perdiendo todos, como salimos perdiendo con la devolución del sexto, un
precioso chorreado de Valdefresno que tuvo nobleza, pero pocas fuerzas. Puerto despachó dos toros sobreros: uno de Javier Guardiola y otro de
Lozano Hermanos que tenía hechuras de “samuel”. Víctor Puerto puso
oficio y seguridad con ambos, y lo más positivo, brevedad.
El resto de la corrida pasó por los deseos de Manuel Díaz”El Cordobés”, profesional con un quinto toro muy grande pero sin trapío, un toro noble y muy soso. El segundo de la corrida fue del mismo pelo, flojo y noble, y Manolo hizo lo que pudo, templado, pero con exceso de corrección
ante un toro muy protestado.
Juan Mora mató dos toros de Fraile Mazas. El cuarto se defendió y
apretó en banderillas. Tomó la muleta en dos tandas de derechazos, pero luego cambió el toro tras protestar la mano izquierda. Con el que abrió plaza, un toro noble, Juan Mora escuchó la única ovación de la corrida. El toro metió la cara, y Mora cuajó muletazos de gran expresión, y una intensa tanda de redondos, así como otros pases dispersos de esa
belleza que sabe comunicar el torero de Plasencia. Fue un trasteo breve, medido, con sabor, pero firmado con un bajonazo que bajó la cotización de esa faena de Juan Mora.
El País. JOAQUIN
VIDAL. Carne fofa
Siguen soltando en Las Ventas toros de carne fofa. No sólo en Las
Ventas, desde luego. Por ahí es peor. Lo que mostraron las primeras
ferias del año daba pena. La esperanza era que en Madrid no ocurriese
igual y empieza a resultar fallida.
Hubo dos corridas, precisamente las iniciales de la feria, que
trajeron emoción, pero la tercera y la cuarta han sido decepcionantes.
La cuarta -de ayer- parecía una tomadura de pelo. Entiéndase: el día
anterior, tan pronto se manifestaba la invalidez de los toros, el presidente los devolvía al corral. En cambio el que ayer ocupó el palco hacía el Don Tancredo.
Aún así, devolvió al corral dos de los inválidos. Claro que el primero de los sobreros, hierro Guardiola, padecía peor invalidez y lo mantuvo contra viento y marea en el redondel. De manera que sobre la
sensación de la tomadura de pelo reinaban allí el surrealismo y el
despropósito. Pobre fiesta.
Pobre fiesta y pobres de quienes la tienen ley, porque estorban en la
moderna fiesta. Una gran mayoría de ellos, desilusionados por las
continuas tropelías, han huido. Lo cual, por cierto, beneficia a
quienes viven del espectáculo, pues les llena las plazas un público
diferente, normalmente de aluvión, que no está en absoluto interesado
por la fiesta, que no exige nada principalmente porque de nada se
entera, va en masa si torean famosos, se pasa la tarde aplaudiendo y
cuando acaba la función y se va, si te he visto no me acuerdo.
En esta soporífera corrida de la carne fofa había un famoso, bendito sea Dios. No famoso por sus proezas táuricas ni por sus hazañas
bélicas sino por su peripecia sentimental y su blonda cabellera,
bendito sea Dios por segunda vez. El famoso dice ser y llamarse El
Cordobés y le aplaudían el más mínimo movimiento.
Fue maravilloso: como El Cordobés se movía mucho, el público
partidario de su peripecia sentimental tuvo constantes motivos para
aplaudirle y, obviamente, no paraba de aplaudir. El reducido cupo de
aficionados, por el contrario, le señalaba las ventajas y las carencias
de sus astrosos trapaceos, y la disensión devino ruidosa: unos que sí,
otros que no; unos que eso no es torear, otros que te calles gilipollas.
Voces sueltas tomaron el protagonismo que no conseguían tener toros
y toreros. El sobrero de Guardiola salido en tercer lugar, que parecía drogadicto, no podía tener faena alguna pese a que Víctor Puerto la intentaba y el aficionado del tendido 7 que llaman Salva hizo una proposición por las claras, para solucionar el problema: 'Mate ya esa
mierda y nos ahorramos diez minutos'. Y, al oírlo, fue Víctor Puerto,
montó la espada y lo mató. No sabe cuánto se lo agradecimos.
Al sexto toro, de apabullante presencia, cuyo poderío aniquiló
carniceramente el picador, Víctor Puerto le hizo una faena larga e insustancial, mayormente a base de aburridos derechazos, compensando con
su desmesura el ahorro de tiempo que propiciara en su turno anterior. Y la afición se lo demandó.
Para entonces llevábamos dos horas y media de corrida, se dice
pronto.
Las corridas interminables se han convertido en el otro castigo de la
fiesta. Toros fofos en corridas interminables. Qué horror. Porque, además,
rara vez surge quien sepa amenizarlas o embellecerlas empleando las
reglas del arte. Puede, sí, que haya aproximaciones. Juan Mora es uno
de los diestros que mejor fingen el arte para lo cual se pone muy
pinturero, y así obró en la presente ocasión. Mas el arte es distinto
asunto. El arte, en tauromaquia, requiere parar, templar y mandar, ligar
los pases, mientras Juan Mora pasaba de semejantes minucias y prefería
aflamencarse. Como si estuviéramos en un tablao.
Bien mirado, mejor habríamos estado en un tablao. Por éstas que sí
El Mundo. EFE.
Nueva tarde sin toros
La tarde del Patrón no se ha podido celebrar por todo
lo alto en lo taurino. Y eso que sobre el papel se había preparado un
cartel de toros y toreros de ciertas garantías. Pero han fallado, y de
qué manera, estos últimos, pues sólo ha habido un toro apto de verdad para el lucimiento. Lástima que ha salido el primero, con el espectáculo
todavía fuera de ambiente. Mora lo ha toreado bien, aunque le ha
faltado matarlo como Dios manda. Quiere decirse que entre unas cosas, la
corrida se ha perdido en las más tristes y oscuras tinieblas del aburrimiento en el tendido y la desesperación en el ruedo. Dicho está que Mora se ha lucido en el toro bueno de la tarde, el primero, al que ha cuidado mucho en el caballo en vista de
las pocas fuerzas que tenía. El buen tranco del animal se ha hecho
presente en la faena de muleta, cuya apertura ha resultado muy artística. En un primer intento en el toreo al natural, con el
toro cabeceando, Mora no se ha centrado. Pero enseguida vino el acoplamiento al ensayar una primera serie por la derecha. Muletazos
largos, ligados y de muy buena compostura. Ha seguido por ahí, en
redondo, con exquisita pinturería, y ha vuelto a tocar de nuevo por el
izquierdo, esta vez compenetrados ya del todo toro y torero. La faena ha tenido una circunstancia en contra, el viento, que ha obligado al torero a no salirse de las rayas, pues más
en los medios quizá el toro hubiera evolucionado mejor. Y, aun peor, ha tenido muy mala rúbrica con la espada, ya que con toda seguridad, si
llega a haber contundencia al matar, Mora hubiera cortado la primera
oreja de la feria.
El cuarto, toro muy abanto en el capote, ha embestido despacio al comienzo de faena de muleta. Mora lo ha toreado lento, recreándose en los pases por la derecha, pero aquello ha durado poco. El torero buscaba
"romperse", en tanto el animal hacía amagos de rehuir la
pelea, hasta "rajarse" del todo. Antes también le había
medido por el pitón izquierdo. Es decir, toro imposible.
El Cordobés ha tenido en primer lugar el más inválido de la corrida,
un animal que ni llevándole por arriba ha pasado de las medias
arrancadas. Toro noble como toda la corrida, pero que no admitía la mínima brusquedad. El hombre, empeñado en una faena imposible, tuvo la ingratitud de cierto sector del público, que por un momento se lo ha
tomado a broma. Hubo ahí una reacción inteligente y de personalidad
del torero, que finalmente les ha mirado sonriente.
El quinto ha dado también poco de sí. Corto de embestida y perdiendo las manos, soso hasta más no poder. El Cordobés lo ha matado una vez
había dejado claras las nulas posibilidades de faena.
Puerto ha sido todavía más breve en su primero, el sobrero que tal vez estuviera más inválido que el devuelto. Naturalmente que los gritones
del 'siete' no le han dejado ni hacer proyecto de faena con tantas quejas por el toro, que para más inri ha sido probón, esperando
siempre con la cara arriba. Puerto ha desistido a las primeras de
cambio.
En el sexto bis ha habido un comienzo de faena de cierta esperanza, cuando Puerto ha toreado por alto y ha puesto airoso remate. Mas
enseguida se ha desvanecido. Muy firme el torero, dándole sitio al
toro, éste no ha respondido en la medida deseada. Noble pero sin humillar, y parado. Puerto se ha metido encima, muy valiente, en intento
de arrimón, aunque tampoco ha dado resultado. Así han sido las más de
dos horas y cuarto de aburrimiento
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