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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 13 de mayo de 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Juan
Luis Fraile, mansos.
Diestros:
Entrada: lleno.
Incidencias: 'El Formidable', sufre cuatro cogidas, una
de ellas profunda y limpia. Se encuentra en estado grave.
Crónicas de la prensa: Cadena
Cope, El País, ABC,
El Mundo
Cadena Cope JOSE MIGUEL MARTIN DE BLAS. Correosos "frailes"
Correosa corrida de la rama “graciliano” de la familia Fraile. Un lote de toros astifinos, serios, que en general sacaron dificultades, se quedaron debajo, y al final terminaron muy orientados. En medio, un sobrero de Julio de la Puerta, un toro casi cinqueño de muchas carnes, que hirió a El Formidable y también volteó a Pepín Jiménez. El de Lorca se libró de milagro, y antes había corrido la mano en varios naturales de trazo largo y perfume propio. Pocos, porque a Pepín le costó hacerse el ánimo ante un toro que, pese a todo, metió la cara, pocos, repito, pero de categoría. Con el primero de la corrida, del hierro titular de Fraile, Pepín tuvo que superar el genio inicial de un toro que manseó en varas, y le arrancó muletazos de uno en uno, provocando mucho las embestidas. Hubo varios momentos en los que Madrid volvió a rugir con un torero que adora. Hizo el esfuerzo en ese toro con dignidad, y dejó su apunte particular, como en ese quite a la verónica de costadillo. Encabo pechó con dos toros que llegaron al último tercio sabiendo latín. Su primero echó las manos por delante en el capote, más tarde Luis Miguel entraría al quite por chicuelinas para llevarse, andando, paso a paso, sin darle más que la larga de pie para ponerlo en suerte. Hubo torería, y riesgo, en banderillas, con un tercer par de gran mérito. Encabo se dobló con ese toro que se acostaba por el derecho y rebañaba. Luego, el oficio de un torero que no se dejó sorprender nunca por ese toro listo. Al quinto le dio una larga cambiada de rodillas y luego se estiró de capa. Ese toro sí fue listo en la muleta, listo y con peligro. Encabo abrevió faena. Antonio Pérez”El Renco”tuvo un primer toro muy abierto de cuerna, un toro astifino al que bajó los humos en unos doblones eficacísimos. Luego el toro se quedó muy corto. Con el último de la corrida tragó con firmeza, corrió la mano El Renco, ante un toro al que llevó muy tapado en algunos largos muletazos en redondo. Abusó del toro, se cruzó con él en la corta distancia, y el toro le mandó un recado a la pierna izquierda. Una faena de mérito y aguante la de este Renco de Alicante.
El País. JOAQUÍN
VIDAL.
Cogida muy grave de El Formidable
El sobrero cogió al peón El Formidable de forma dramática al reunir un par de banderillas. Lo atrapó en plena acción de clavar, le
levantó los pies del suelo, se lo pasó de pitón a pitón, lo corneó
con ambos y, al caer, el torero quedó tirado en la arena cuan largo es, boca arriba, sin conocimiento y muy grave. Las cuadrillas acudieron al
quite y se arremolinaron para llevar al torero a la enfermería, pero les costó mucho tomarlo en brazos porque es hombre de peso.
Este Formidable es hijo del famoso Formidable que dio tardes de
gloria en muchas plazas y saludaba montera en mano después de banderillear. Padre e hijo poseen la misma fisonomía -altos y fuertes,
recio corpachón- y lucen parecidas formas al intervenir en el segundo
tercio. Sin embargo no coinciden en la técnica. El Formidable hijo,
quien prefiere se le llame por su nombre civil, Juan Carlos de los Ríos
-y así será- da un salto inútil al reunir que lo deja a merced del
toro, y si saca sentido -cual fue el caso- corre riesgo de cogida. Ya
tuvo otra Juan Carlos de los Ríos, en parecidas circunstancias, la
pasada feria.
El sobrero, hierro Julio de la Puerta, no se quiera saber cómo era: grande, con su bien puesta cabeza, su corpachón hondo, badanudo de los
de bamboleante papada, y en cuanto a carácter, desarrollando una de
esas mansedumbres que hacen recelar el derrote traicionero. Y, efectivamente, así se comportó. Pepín Jiménez, que venía dispuesto
a desplegar su proverbial torería, le cuajó algunos naturales de buena
factura. Hasta que al rematar uno de ellos el toro le atrapó. Literalmente. Cual si la cornamenta se hubiese transmutado en brazos
humanos (inhumanos sería más apropiado decir) para hacerle una llave
de yudoka. Salió ileso del trance Pepín, para su fortuna, e intentó
repetir el toreo puro, mas ya no era posible con aquel sobrero de mala catadura.
La expectación de la corrida venía por los toros de Juan Luis Fraile, ganadería de acreditada casta, y, efectivamente, la traían -con
ella la emoción, que no faltó en toda la tarde- pero no la bravura.
Antes al contrario, los ejemplares de Fraile, con trapío todos, no
pasaban de bravucones y en su mayoría acabaron avisados o incluso
desarrollando un sentido que dificultaba el toreo.
Pepín Jiménez lo intentó reiteradamente con el primero, salvando
las fortísimas acometidas e intentando acompasarlas, y llegó a
instrumentar algunas estimables tandas de naturales, varias
trincherillas, cierto kikirikí. Y antes, con el capote, unas bonitas
verónicas de costadillo, a la antigua usanza, que recuperaban los
aromas de la tauromaquia clásica. Torería de la buena derramó asimismo Luis Miguel Encabo, en la que
quizá sea su mejor tarde lidiadora y capotera de cuantas se le han
visto en Madrid. Dio largas cambiadas de rodillas, paró estupendamente
las embestidas de salida bajando las manos y arqueando la pierna de
cargar la suerte, se superó en las medias verónicas. Entró a quites por faroles, colocó a los toros en suerte para las varas mediante eficaces capotazos o, sencillamente, sin emplear ninguno, sólamente fijándolos
con el cuerpo. Banderilleó sin especial relieve pues parece que para lo
de los palos no le ha llamado Dios. Y muleteó valiente, sin poder
vencer la dureza de pezuña y la incierta acometida de los ejemplares de su lote.
Y en el mismo caso estuvo El Renco, al que únicamente cupo la opción
de corresponder con valentía y enorme pundonor a las intemperancias de
los toros violentos y reservones que le tocaron.
Corrida difícil resultó la de Juan Luis Fraile, también encastada
y emocionante, con toros de verdad. Y sin embargo, el toro que trajo el drama fue un sobrero, de otro.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Terrible
percance de El Formidable en una tarde peligrosa y sin director de lidia
El Formidable cayó gravemente herido. Iba
crecido al segundo encuentro con el toro tras una notable primera reunión. El sobrero de Julio de la Puerta, cuarto bis, casi cinqueño, le esperó. Juan Carlos de los Ríos se dejó ver y tuvo que exponer muchísimo para
conseguir el par. Pero se quedó en la cara. La salida se vio frustrada.
Sobre un pitón lo elevó y una vez en el aire le lanzó otro derrote,
probablemente otra cornada. La caída sobre el cuello, con todo el peso
del fornido subalterno, causó muy mala impresión, acrecentada con la
imagen inerte de El Formidable, tendido en el ruedo, inconsciente. Fue la nota trágica de una tarde dura, marcada
por la peligrosa corrida de Juan Luis Fraile, mansa y con genio, con demasiado que lidiar. Allí además el director de lidia se inhibió. Pepín Jiménez hizo dejación de funciones, al margen de que no entendió
al mejor toro, el primero, con un pitón izquierdo para nota alta.
El caos que se vivió durante la supuesta lidia
del manso tercero fue propio de una capea de pueblo. El Renco no se hacía con la situación ni con las huidas. El graciliano de Fraile, feo como
él solo, no quería saber nada de los piqueros, al menos allá en la
contraquerencia. Al joven alicantino no se le ocurrió mover los
caballos o picarlo cerca de toriles. Los capotazos se sucedían sin ton
ni son. Y, mientras, el director de lidia, en las nubes. Cuando el
picador decidió cambiar de terrenos tomó el camino equivocado, en sentido de las agujas del reloj, hasta que el alguacilillo se lo advirtió, y regresó sobre sus pasos. Ante semejante lío, el presidente optó por
cambiar el tercio.
MÁS QUE PEGAR PASES
El toreo es mucho más que pegar pases o
ponerse bonito a cabeza pasada y componer una estética o un apunte de
Puente. La lidia ha caído en el olvido. Sólo Luis Miguel Encabo dio muestras ayer de conocimientos y recursos. Encabo se sabe el oficio como
pocos. Tomó responsabilidades que tal vez no le concernieran. Lidió en
sus toros e intervino en otros con acertada colocación, como en el
quite salvador que le hizo a un peón en el sexto. Cumple ahora cinco años de alternativa y parece como si llevara veinte, como Pepín, que allí estaba, de poste o de miranda.
Al matador lorquino le correspondió un primer
toro bravo, con un pitón izquierdo que era un diamante en bruto. Pero Jiménez se percató muy tarde, quizá precavido por el peor juego que
desarrollaba su enemigo a derechas. Faena larga: dos tandas diestras, otro par de ellas zurdas; una nueva de derechazos eléctricos y
acelerados y en el regreso al toreo natural se enteró. Enhorabuena. Más vale tarde que nunca. Entonces, tres o cuatro pases de bello trazo y una
trincherilla prologaron la parte más entonada de la desigual obra. A pies juntos y de frente tiró unos cuantos trallazos y luego siguió con
ligereza, ya con el compás abierto. Más palmas cosechó el toro en el arrastre que Jiménez en el tercio.
El sobrero de Julio de la Puerta que había herido a El Formidable —el toro reemplazado se rompió un pitón contra el peto— sacó sentido y, pese a meter la cara bien en un par
de series de gusto, se orientó rápido de donde estaba el torero. La
voltereta surgió, afortunadamente, sin consecuencias.
Encabo que, como ya está dicho estuvo muy en
torero, emborronó su actuación con la espada. Sin embargo, no dejó
pasar un quite. Intervino por faroles en el primero y por chicuelinas en
este segundo, al que puso en suerte a una mano con una larga afarolada. Banderilleó por ambos pitones con seguridad y facultades y obtuvo
pasajes de mérito muleta en mano. Hasta que perdió el norte con el estoque. Al malintencionado quinto lo recibió con una larga cambiada y con verónicas loables por el lado izquierdo. A continuación pareó con
riesgo por los adentros, resolvió pronto y volvió a matar mal. El Renco se desquitó del mal sabor de boca que
le produjo el tercero con el sexto. Se pegó un arrimón considerable, a
pesar de las malas condiciones del oponente. A punto estuvo de sufrir una cornada. A base de taparle mucho la cara, registró en su haber
algunos redondos meritorios.
El Mundo. JOAQUÍN
VIDAL. ¡Ay sombrío 13, 13 de mayo!
El tercer toro de Fraile era impresentable. Y algunos más, también. Y, además, violento y bronco. Una cosa no quita la otra. A ver, que
salgan los veterinarios: no por la bronquedad sino por la falta de
presencia; un paso al frente, ¡ar!. Seguro que los veterinarios no
saldrán, porque si salieran, a lo peor, se les caía la cara de vergüenza.
Y el público de Las Ventas del Espíritu Santo, la que dice ser y
llamarse primera plaza del mundo, tan tranquilo. Para que luego digan de
la ferocidad y la intransigencia de esta plaza. Yo creo que la gente
estaba ayer en otra cosa; en las elecciones del tormentoso Norte, sin ir
más lejos. O en los resultados del fútbol, vaya usted a saber.
Es inexacto que las corridas de toros sean una anestesia que adormece
el pensamiento político de la gente. Ayer, 13 de mayo, los aficionados
taurinos no estaban a lo que estaban, ¡ay 13, 13 de mayo!, la oreja al transistor y en otras latitudes. Acaso fuera porque el bombazo de ETA en
Madrid, hace tres días, nos ha pillado tan de cerca, acaso porque aún
puede pillarnos más, ¡ay 13, 13 de mayo!, la copla amarga del negro
toro del Norte, las bocas como cuchillos. Como cuchillos manejaban las astas los toros de los herederos de Fraile; cuchillería cornicorta y
cachicuerna. Una raspa anovillada en permanente cabreo fue el primero; a
contraestilo de Pepín Jiménez, que es hombre apacible dedicado al
humanismo de la escuela y la enseñanza. Pepín Jiménez se sobrepuso a
la adversidad; lo cual viene a demostrar que la serenidad del humanista
acaba por imponerse a las turbulencias del guerrillero. A mí me gustó
ayer Pepín Jiménez. A mí, de Murcia, después de la pintura de José
Lucas, que es la mediterraneidad procelosa, lo que más me gusta es el
arte de Pepín Jiménez: la mediterraneidad helénica. Y, por supuesto,
Pepín Liria, pero ése no toca hoy. A Pepín Jiménez se le fue la
espada baja. Mas las dos tandas postreras de naturales que dibujó
contra la raspa apaciguada primera fueron helenismo puro, canon, belleza
plástica que remonta la antigüedad de estos juegos más atrás de los
árabes.
Decisión de Encabo en los quites; y sabor torero poniendo en suerte
a su primero a una mano, al paso, y rematando con una larga afarolada. Excelente par de banderillas por los adentros. Se puso a la defensiva el
toro tras la apertura por bajo en la raya; acaso fue un error llevárselo a los medios. El de Carolina Fraile se entregaba más en las rayas. O,
por lo menos, ofrecía otro tipo de posibilidades; la espada, una
carnicería.
El primero de El Renco, esa res impresentable reseñada al principio,
no ofreció, en cambio, ninguna posibilidad; a no ser la obligación de
El Renco de doblarse, insuficientemente, por bajo.
Quería triunfar a toda costa Luis Miguel Encabo -¡Ay 13, 13 de
mayo!- y paró muy bien al quinto a base de verónicas poderosas; quería
triunfar también El Renco y por poco, en el sexto, se lleva la cornada:
se llevó un puntazo y el respeto de la gente; pundonor, riesgo, valor a espuertas. Sólo por esto, los tres espadas se merecen la admiración y
las ovaciones con que fueron despedidos. ¡Ay sombrío 13, 13 de mayo!.
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