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España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del jueves, 7 de junio de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Celestino Cuadri, deslucidos.

Diestros: 

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: Cadena Cope, El País, ABC, El Mundo


Cadena Cope JOSE MIGUEL MARTIN DE BLAS. El gigantismo no es del toro bravo

Una corrida gigante. De alzada y de peso. Unos toros de Cuadri anchotes, hondos, largos, mucho toro, y poca raza, pero parece que en la semana del toro, y a pesar que no van al carnicero, se estila la carne a granel. Una corrida floja y mansona, sin clase, con un primer toro bravo aunque algo tardo. El mejor de la corrida, y curiosamente, uno de los más feos.
Con él, Eulalio López”El Zotoluco”, muy firme y dispuesto, le corrió la mano en los inicios de una faena que no llegó a romper porque al toro le costó arrancarse conforme avanzaba el trasteo. Cuando lo hizo, embistió con profundidad, por abajo, y hasta el final. Con el cuarto, un toro de la NBA, no cumplió las expectativas de la fama que le precede Efrén Acosta, expectativas que hicieron que algún sector del público le tratara como una “vedette”, con todos los respetos para las “vedettes”. Acosta no apuntó bien, y no fue eficaz. Marró en dos encuentros con un toro que blandeó. Un toro noble y sosote con el que tampoco estuvo lucido Zotoluco.
Manolo Sánchez apechugó con un segundo toro que se quedó debajo en los capotes, que se repuchó en varas, y que no tuvo lucimiento. Con el quinto, un animal muy noble pero con muy poca fuerza, llegaron los mejores momentos al final de faena, con el torero más suelto, pero se quedó en los apuntes.
El Tato se estiró a la verónica con el tercero, y toreó despacio, en lances que se fueron jaleando a más. El toro peleó bien en el primer puyazo, un toro largo, alto, un gigante. Pero sin fuerza, y El Tato no le obligó por bajo, y se le fue la faena en una paradójica labor de contención del toro, pero para nada. Para mantener un toro que no ofrecía posibilidades. El sexto fue otro toro muy alto, que humilló, pero no tuvo recorrido. El Tato hizo una faena tesonera, y al final se llevó una voltereta en un exceso de confianza por el pitón izquierdo, afortunadamente sin consecuencias.
Pasó la de Cuadri. Sólo quedan dos.

El País.  JOAQUIN VIDAL. Efrén Acosta pegó el petardo

El picador mexicano Efrén Acosta pegó el petardo y ya no merecía la pena vivir. (Vivir la corrida, se entiende. Es una forma de expresarse).

La corrida no interesaba a nadie y, mediada, ya le había supuesto a todo el mundo una paliza de hastío y malhumor. Con esos toros, que besaban el suelo y parecían moruchos; con esos toreros, incapaces de pegar dos pases en divina forma.

La esperanza se centraba en Efrén Acosta. Saldrá Efrén Acosta -presentía la afición como un solo hombre- y demostrará cuando bella y amena es la suerte de varas, hará que nos embargue la emoción y servirá de catequismo a esa acorazada de picar que no tiene ni idea de su religión ni su oficio táuricos y únicamente vale para darles a los toros matraca carnicera.

¡Oh, Efrén Acosta!, héroe de la pasada Feria de Otoño cuando causó sensación por su forma de picar a un toro de Victorino Martín. Aunque aún se le vio hacerlo con mayor sublimidad en la Feria de Valencia de aquel año 2000, y juraba la afición que había sido lo mejor de la temporada.

Montaba Efrén Acosta al estilo mexicano, como es natural; la silla cubierta por un lienzo blanco para proteger la calzona e iba por el tercio poquito a poco, calado el castoreño de pura piel, la mirada baja, oyendo los aplausos que le iba dedicando el público por donde pasaba. La notable distancia que recorrió entre la puerta de cuadrillas y el tendido del 8, donde paró para la suerte -media circunferencia- tensó la enorme expectación, que aún se acrecentaría al colocar Zotoluco el toro a mucha distancia para que demostrara su bravura y Efrén Acosta su arte varilarguero.

El toro, en efecto, se arrancó al galope, entró fijo en jurisdicción, Efrén Acosta elevó la punta de la vara al cielo y la tendió luego con firmeza para recibirlo..., y resulta que se la clavó en los mismísimos riñones. Pero bueno. La afición se quedó perpleja. Y aún más cuando fue Efrén Acosta y le hizo al toro la carioca al estilo carnicero que ha impuesto la acorazada de picar. Hubo después otro puyazo aún lo hizo peor.

La afición no sabía qué pensar de semejantes modos. Se ve que no era el día de gracia de Efrén Acosta. O quién sabe si sus memorables actuaciones del 2000 fueron solos de flauta que sonaron por casualidad. Quienes conocen al picador dicen que tiene el carácter voluble y el temperamento fuerte, un poco pendensiero.

El pabellón taurino mexicano no quedó por los suelos merced a Zotoluco, que a su primer toro le dio algunos de los pases de más acabada factura que se hayan visto en la feria. Los da quien yo me sé y a estas alturas se estaría hablando de su mística y su taumaturgia. Los pases de Zotoluco no es que procedieran de remotos confines pues en el planeta Tierra se han visto múltiples veces pero eran buenos, pertenecía al toreo de siempre, cumplían la famosa regla del parar, templar y mandar. Una tanda de redondos y otra de naturales dio así Zotoluco y luego ya se perdió en un fárrago de muletazos aleatorios; unos que requerían provocar la renuente embestida del toro mediante zapatillazos, otros sin temple, y mató de vergonzante bajonazo.

Y ya no se vio más toreo en toda la tarde. Vendrían cinco toros más y fue un latazo insoportable. Los toros de Cuadri ya no son lo que eran. De gran trapío y romana, sí, pero claudicantes y moruchones. La corrida supuso una gran decepción. Y a esta contrariedad se unió el desacierto de los toreros, su falta de pundonor, la vulgaridad de sus formas. Sin reencontrarse Manolo Sánchez, que ensayó el toreo perfilero-fuera cacho al uso; zarrapastroso El Tato con su movido muleteo, pese a lo cual en el sexto sufrió una aparatosa voltereta.

Curiosamente, en el sexto se produjeron sendos sobresaltos. Uno, por el percance dicho. Otro, durante el tercio de varas, al caerse el picador José Benítez de un segundo piso. La verdad es que dio esa sensación. Estaba picando y en esas que saló despedido de la silla, volteó en el aire y cayó de cabeza. No pasó nada: sólo el castoreño abollado, que encima no era de piel de castor como el de Efrén Acosta sino de plástico.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Feria de San Isidro: Fiasco de cuadris

En estas ocasiones de clamoroso fiasco ganadero, se tiende a tirar por la calle de enmedio y todo acaba en el mismo saco. O sea, que el fracaso de Cuadri igual arrastra a los tres toreros por el desagüe, aunque no sea del todo justo. Porque, dentro de que con semejante material se hace muy difícil triunfar, Manolo Sánchez nos recordó a aquel novillero cuyas formas anunciaban una posible figura. Es más: todavía hay un rayo de luz y esperanza. No cabían grandes alardes con la flojedad de los toros de Cuadri, hermosos y orondos, más allá de estar templado, como ocurrió con el inválido quinto, y ejercer de enfermero. Sánchez aplicó el bálsamo sobre la mano izquierda, con naturales formas y muy centrado, ajeno a las protestas fundamentadas que surgían contra la invalidez y lejano a aquel punto de amaneramiento de otrora, cuando se ponía pelín pescuecero. Anduvo en torero y mató con eficacia, después de que el blandorro oponente se echara tras la última serie.

Ya había ejercido el pucelano como adminitrador de templanzas y mimos ante el segundo, al que también despachó de estocada y descabello, en plan Roberto Domínguez.

El único que, con alfileres, podía salvarse de la quema fue el primero, que despidió calidad en sus embestidas. El Zotoluco construyó una entonada lidia, desde la salutación con el capote y un quite por chicuelinas hasta casi el final de la faena de muleta. Toreó sobre la mano derecha muy largo y despacio, después de un inicio que contuvo un pase de la firma y un cambio loables. Hubo una tanda al natural estupenda; pero careció de continuidad en la siguiente, cuando al cuadri le costaba seguir más la muleta. Un inoportuno desarme en el último tramo y el desviado punto de mira de la espada, fijado en los bajos, echaron tierra sobre una obra que debió acabar mejor.

Los picadores fueron ayer convidados de piedra. Entre ellos figuraba el popular Efrén Acosta, recibido con cariño. Pero cuando Efrén levantó el palo para ejercer su peculiar forma de picar —maneja la vara como si fuera un balancín— colocó un puyazo trasero y decepcionante; el siguiente apenas existió, y Acosta, tan esperado, desfiló por el callejón cabizbajo y con su funda en la montura. El toro, que hacía cuarto, embestía entre blandeces y una tontería insulsa, como un buey que tirara de las carretas del Rocío, puesto que así era de hechuras y presencia. Sobre ambas manos muleteó, con mayor tino al natural y escasa transmisión.

Durante la lidia del tercero, hondo y justo de fuerzas, anotamos las verónicas de El Tato en el saludo y un par de intervenciones de Manolo Sánchez con el capote para quitar oportunamente el toro al rehiletero de turno. Por cierto, que vaya mitin con los palos. Fue deslucido el cuadri, que se paró mucho en la muleta.

Trabajaron poco los piqueros, que ya está dicho. Pero, en el sexto, el de tanda se pegó una costalada monumental. Había que tragarle, cosa que logró el maño sobre la derecha, más voluntarioso y tesonero que lucido y ajustado. En cuanto se descuidó al natural, sufrió una aparatosa voltereta sin consecuencias, aunque pudo tenerlas. Abrevió entonces El Tato, que se demoró con la cruceta.

A ver si hoy levanta el vuelo la semana torista de una santa vez.


El Mundo. EFE Fracaso también de la de Cuadri

Decepcionante también una de las corridas en la que había más esperanzas en el aspecto torista. Los pupilos de Cuadri, salvo la excepción del primero, han lucido pocas cosas buenas. Corrida blanda y complicada, a ratos incluso con peligro. De parte de los toreros tampoco ha estado la cosa muy allá, aunque la suerte ha sido muy diversa para los tres.

Así, por ejemplo, con el mejor toro del encierro, el que abría plaza, el mexicano Zotoluco no ha terminado de encontrarse. Un animal que por su boyantía, nobleza y buen son, ha sido para sentirse a gusto. Y todavía más, para aprovechar su codicia y transmisión, que prestaban mucha importancia a lo que se le hiciera. Toro para hacer el toreo profundo, para tomarlo de largo, llevarlo muy atrás y estrecharse con él cada vez más en el semicírculo de cada pase. Y aunque en ocasiones ha blandeado, tampoco éste inconveniente ha sido determinante.

Zotoluco, discreto sólo con el capote en los lances de recibo y un quite por chicuelinas, se ha puesto con la muleta siempre fuera de cacho, en la vertical del toro. Aquella circunstancia de la falta de fuerzas ha exigido llevarlo a media altura. Todo lo contrario de los planteamientos del torero, vaciando siempre los muletazos hacia afuera y obligando en exceso.

En el cuarto, que por sus hechuras inspiraba poca confianza, un toraco abueyado, de trote cochinero y cansino, un verdadero armario con cuernos, Zotoluco ha estado nada más que peleón.

Manolo Sánchez ha cargado con los dos más flojos del encierro. Su primero, tambaleante de salida, ha ido al suelo a poco que se le obligara, pero aliviándole también protestaba, echando la cara arriba. El toro se acostaba ligeramente por los dos pitones, y mientras la plaza ha estado más pendiente de protestarle, el torero de Valladolid se ha esforzado en la búsqueda de una faena imposible.

El quinto, más que blando era cojo, ya que arrastraba la pata derecha de atrás. Los eternos protestones del tendido siete se empeñaron en que fuera devuelto, pero el presidente se ha cerrado en banda. Entre aquellos y éste, Manolo Sánchez se ha propuesto hacer faena, y por momentos bien que lo ha conseguido.

Derechazos y sobre todo naturales de mano baja y sentida, salpicados con algún trincherazo con sabor. Toreo de frente también al natural de calidad, mas los críticos no cejaban en la protesta. Una escandalera incómoda para seguir la faena, más aún para hacerla. De ahí el mérito del vallisoletano, aplaudido al final por la mayoría.

El Tato ha tenido los toros con más peligro. Y lo peor ha sido que el gran público apenas se ha percatado. Su primero se ha desplazado con cierta franqueza sólo en el capote, aprovechando el torero para lucirse en unos lances de compás abierto y en los que ha ido ganando terreno. Pero ha cambiado el panorama a partir de banderillas, donde esperaba mucho el de Cuadri. En la muleta, con la cara arriba, probón, mironcete y revolviéndose, un regalo. El Tato ha estado con él en los dos pitones. Un notable esfuerzo que al menos le ha servido para no verse desbordado.

Algo parecido con el sexto, probón, de violentas y cortas arrancadas. Cada vez que se echaba para adelante ha sido para pegar un arreón, en uno de los cuales ha salido El Tato por los aires, salvándose milagrosamente de la cornada después de haber estado a merced en el suelo durante un instante de mucha angustia. Ese ha sido el verdadero triunfo del torero, nada menos que salir indemne.

El Albero

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