GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del miércoles, 6 de junio de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Conde de la Corte, buenos en general.

Diestros: 

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: Cadena Cope, El País, ABC, El Mundo


Cadena Cope JOSE MIGUEL MARTIN DE BLAS. Una faena de Pepín Liria

Una más. O una menos. Según se mire. Ya sólo faltan los “cuadris”, los”doloresaguirre” y los “victorinos”, y se han celebrado 26 paseíllos, que se dice pronto.
Para celebrarlo, una corrida mansa, muy desigual en la presentación, con toros flacones y un sexto obeso. Tres fueron de Conde de la Corte, con dos del hierro de María Olea, y un remiendo de Angel Sánchez. Y el colmo del despropósito: la plaza de Madrid ovacionando a un manso encastado que fue el segundo, todo porque gracias a Liria, que le dio fiesta, el toro se afianzó en la muleta, pero fue clamorosamente manso en tres varas, de las que salió rebotado y huyendo…¿es eso de ovación en el arrastre?
Abría terna Oscar Higares por segunda vez en esta feria. Y eso es señal que va para veterano. Con el primero, que empujó “torcido” en el caballo y estuvo a punto de voltear a Pirri, Higares se llevó una voltereta de impresión, primero por los aires, y luego por el suelo, pisoteado, zarandeado, y aplastado por el toro. El del Conde tuvo sentido y sabía perfectamente dónde estaba el torero. El cuarto fue un toro de Angel Sánchez, de línea murube, pero acusó los días de banquillo en los corrales de las Ventas, donde llevaba varias fechas como sobrero. Se defendió y se quedó corto en la muleta de un Higares poco seguro a esas alturas. La tenían tomada con él.
Pepín Liria hizo la faena de la tarde al segundo, con el hierro de María Olea, un toro que manseó descaradamente en varas, pero tuvo gran movilidad. Liria lo entendió y no permitió que se le fuera de la muleta. Puesta en el morro, y a ligar. Lo mejor ocurrió en el primer tramo, sobre la mano derecha, bajando la mano y tapando mucho a un toro que se vino arriba y mejoró la nota de los primeros tercios. En cualquier caso, mérito del torero. El manso embistió, aunque la faena fue a menos, y la media estocada tendida no ayudó para que Liria cortase otra oreja más en la Feria. El quinto, cinqueño, se puso difícil y sacó peligro. Y Pepín pasó un mal rato para matar.
El de las patillas, Juan José Padilla, pasó una mala tarde. Y eso que se estiró de capa con su primer oponente, con vibración y raza. Pero luego, sin recursos con ese tercero, un toro que se fue de largo, como un tren, en el primer puyazo, e incluso derribó, pero que impuso su temperamento ante un matador otrora “bragado”, y en esta corrida con menos ánimo. El sexto, hondo, cinqueño, abierto de cuerna, le puso en dificultades al torero jerezano, que anduvo sin valor ni sitio.

El País. JOAQUIN VIDAL. No hay manera

Ver torear se ha convertido en una vana pretensión, una entelequia, el sueño de una noche de verano. A los toreros de la nueva ola les dan igual los toros que les echen. Ya pueden ser nobles que no hay manera.

Toreando o sin torear, los toros que les salgan han de ser santos; entiéndase, bucólicos borregos, o no juegan. Si los toros sacan casta, por tanto esa agresividad congénita del toro de lidia normal, o no le dan un pase o, si se lo dan, va el toro y los coge.

Y así marcha la fiesta, con sus decires y sus excusas: que si el toro era tobillero, que si me miraba, que si pegaba cabezazos, que si no transmitía, que bueno, transmitiría, pero tenía peligro sordo y la gente no lo ha sabido ver...

Las cosas que se oyen en el mundillo taurino... Las cosas que se oyen hoy en el mundillo hace unas décadas sólo las decían los tontos de baba y eso si la habían cogido de anís.

Y luego están las que se oyen por la periferia, que oscilan entre la exageración y el disparate. Lo que se oía ayer acerca de la cogida de El Juli, sin ir más lejos, tampoco se explica salvo que se dijese bajo los efectos del coñac.

Los toros condesos sacaron la casta característica de su raza y a los diestros semejantes humos les inspiraban poca confianza. Una vez más se exceptúa Pepín Liria, a quien no le arredran los retos de la casta ni las bronquedades bovinas, y se faja con lo que sea menester. El inconveniente surge, no obstante, cuando en el toro predomina la nobleza pues entonces no se encuentra.

Necesita Pepín Liria las emociones fuertes, medirse con los toros duros de pezuña, intentar ganarles la pelea, lo cual suele suceder. Y esto fue, justo, lo que no pudo ocurrir pues los toros de Pepín Liria, sobre todo el primero, desarrollaron nobleza suficiente para hacerles el toreo bueno.

El pundonor del corajudo diestro era evidente mas ya es sabido que las musas son caprichosas y a veces no acuden a los más voluntariosos sino a los más holgazanes; les da por ahí, qué se le va a hacer. Y Pepín Liria, empeñado en cuajar con maneras divinas los derechazos y los naturales a su primer toro, resulta que le salían mediatizados por las limitaciones y las cortapisas connaturales a la levedad del ser. De cualquier forma remató la faena mediante ayudados toreros, mató pronto y el público le premió el esfuerzo con una gran ovación.

Con el quinto toro, en cambio, Pepín Liria estuvo francamente apelmazado. Se ve que se le había contagiado el sopor de la tarde y percibía los recelos de un público que estaba deseando huir.

El ambiente, en efecto, no era propicio. La mala tarde empezó ya con el toro que abrió plaza, manejable por el pitón derecho, peligroso por el izquierdo, que acabó volteando a Óscar Higares precisamente cuando intentaba darle un natural. Hasta entonces, Higares lo había toreado fuera cacho, estirando cuanto podía su largo brazo y, naturalmente, faltaban la estética y la emoción. En las postrimerías del trasteo se echó la muleta a la izquierda, el toro le avisó par de veces y a la tercera le entrampilló y se lo echó a los lomos. Cayó Higares bajo el toro y para evitar los derrotes no se le ocurrió mejor recurso que abrazarse a las patas traseras del animal, dejándolo así inmóvil. Lo nunca visto.

El cuarto toro, hierro Ángel Sánchez, de mucha seriedad y trapío, tenía apenas media arrancada e Higares intentó aplicarle el mismo estilo de faena que al toro anterior, con adversa fortuna. Y sufrió varios achuchones, más un desarme en el que salió perseguido y gracias a que el peón Pirri le hizo el quite cortando oportunamente el peligroso viaje del toro.

Las intervenciones de Juan José Padilla empeoraron el panorama. Comentaba un aficionado que este torero, sin la portagayola, no es nadie. Banderilleó empleando sus condiciones atléticas, muleteó sin arte ni recursos, mató fatal, y al cobrar el horrendo bajonazo que tumbó al sexto toro, la gente, harta de que no toree ni dios, hastiada, aburrida, se precipitó a los vomitorios huyendo de allí y jurando que no volvería ni loca. Y quién sabe: a lo mejor es verdad.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. ¿Quién es Angel Sánchez?

«¿Quién es Ángel Sánchez?», era la pregunta más extendida por los tendidos. Exactamente, no es que importe si Ángel Sánchez o sus herederos, que así se anuncia la ganadería que remendó la corrida de Conde de la Corte, se dedican a la cetrería o a la agricultura o a cualquier otra actividad. Porque la verdadera curiosidad venía instigada por saber de dónde narices se había sacado la empresa un hierro de segunda para lidiar en la primera plaza del mundo. Creo recordar, que en varias corridas anteriores, en concreto en la de los pupilos de Martín Arranz, había estado anunciado como segundo sobrero un toro del tal Sánchez, no sé si el que saltó ayer al ruedo u otro.

¿Méritos? Ninguno conocido. ¿Prestigio? Menos probable. ¿Bajo precio? Posiblemente. Ocurren rarezas de este tipo y nadie señala con el dedo. Por ejemplo, no pareció extrañar tampoco que el pasado y fatídico día 1 de junio, fecha marcada por el gesto de anunciarse tres figuras con los toros de Adolfo Martín, el primer «suplente» fuera de Juan Pedro Domecq. No pasa nada, que siempre es lo que pasa.

La corrida de ayer de Conde de la Corte provocó mucho movimiento en los corrales, y al final, remiendo incluido del famoso Ángel Sánchez, apareció en el ruedo un conjunto desigual, como una escalera, impropia de la Feria de San Isidro. A veces surge la disyuntiva de si es mejor que, al menos, se cumpla con el cartel anunciado o que, por dignidad, el ganadero recoja los bártulos y se regrese al campo con todo el equipo.

Los toros condesos desarrollaron peligro y mansearon. Sólo el segundo de la tarde, masurrón también, sirvió para la muleta. Pepín Liria principió bien la faena por bajo y siguió en un tono notable sobre la mano derecha, en los mismos medios. Pero, a medida que avanzaba la obra, con pases largos y ligados, algo ligeros, la conexión con los tendidos bajaba. Y, aunque al natural el diestro murciano corrió la mano con largura y construyó una faena digna, cuando terminó de media estocada y descabello, la gente se quedó igual. Mala señal. ¿Frialdad del público, que tal vez sólo quiera ver a Liria en el fragor de las batallas duras, o carencias cualitativas del valiente diestro? Si hubiera matado de una, igual se lleva una oreja.

Ya no hubo ocasión de que remontara, pues el quinto, un inválido con encornadura considerable, se tragó algunos derechazos y ningún natural. Además de la flojera, sacó guasa. Pepín se demoró demasiado en un manejo desafortunado de los aceros.

Higares sufrió una tremenda voltereta en el toro que abría plaza durante su labor muleteril. Entre las patas, se agarró a una de ellas para evitar que se revolviera la bestia, orientada de todo lo que ocurría a su alrededor. Después lidió con el mencionado sobrero del famoso Ángel Sánchez, que no tuvo ni un solo pase. No afectará ni a su crédito ni a su prestigio. El diestro madrileño, casi siempre eficaz estoqueador, marró repetidamente con la espada, tanto en éste como en el anterior. Cabría haber esperado de él, por lo menos, más recursos para que este cuarto no le hiciera perder la compostura en más de una ocasión.

Juan José Padilla rivalizó con su compañero con el horrible terno. Dicen que se diseña él mismo los vestidos. O sea, que por su propia iniciativa los descarga de bordados hasta tal punto que la taleguilla parece un chandal. Para la chaquetilla no se encuentra simil. Al margen del mal gusto, Padilla no tuvo su tarde. El flacón tercero, lanzaba constantes derrotes. El matador jerezano no se centró en ningún tercio y perdió un par de veces la muleta ante los gañafones del condeso.

El sexto era un zambombo acochinado y feo que, para más inri, se dio un volatín que le dejó molido el esqueleto. Ya el picador de tanda le había arreglado el lomo. No banderilleó esta vez Padilla y no se confió nunca con el toro.

Al salir de la plaza, nos preguntaron: «¿Quién es Ángel Sánchez?» Pues eso.


El Mundo. EFE. A Liria le faltó la contundencia de la espada

No ha sido corrida fácil para nadie, ni para verla, o mejor comprenderla, desde el tendido, ni mucho menos para los toreros, que han pasado sus fatigas en el ruedo. Toros difíciles, con peligro sordo y yendo a peor. De ahí el silencio de respeto que ha rubricado la mayoría de las faenas.

En todo caso no se ha ponderado lo suficiente el esfuerzo y el buen planteamiento de faena que ha hecho Liria en el segundo, un astado que a otro hubiera traído de cabeza, y que en sus manos ha parecido menos problemático. En realidad ha sido el poder de la firmeza y la templanza del torero. Han sido, sin duda, los pasajes más notables de la tarde.

El toro había sido protestado de salida por supuesta blandura, aunque ha terminado recuperándose. Error imperdonable de los sempiternos vociferantes del tendido siete, que al final han tenido que callar, aceptar y hasta disfrutar con la faena de Liria.

Toro manso en el caballo, del que ha salido suelto en dos encuentros y se ha acostado, empujando con un sólo pitón, en el tercero. Liria ha abierto faena por bajo, con doblones poderoso y de mucha torería. Y ya erguido, desde el primer muletazo por la derecha, enorme decisión y gran templanza.

Otra cosa muy buena, el sitio. Desde que ha arrancado, el hombre, que había acertado con la velocidad, también le ha cogido la distancia exacta a su enemigo, y lo de enemigo no es metafórico, pues aunque ha terminado obedeciendo, el toro ha tenido muchas complicaciones.

Liria ha empleado muy buena técnica para hacerle doblegar, y como quiera que todo lo ha hecho con la arrogancia de quien se siente seguro y dueño de la situación, aquello ha conectado mucho con el tendido. Quizás por eso no deja de ser incomprensible la frialdad final del público, que apenas ha pedido la oreja. En todo caso ha faltado mayor contundencia en la estocada.

El quinto ha sido toro flojo y con malas ideas, que no ha pasado de las medias arrancadas y siempre con la cara arriba. Liria se ha peleado con él en su estilo, salvando de mil maneras cada situación de peligro, pues casi siempre se le quedaba debajo.

Higares se ha desmoronado pronto de ánimo, pues su primer toro le ha hecho pasar fatigas y algo más. Un animal con peligro a voces por el pitón izquierdo, y aunque más largo por el otro, tampoco ha admitido desahogos. Muy quedado, rebañando y revolviéndose en un palmo, acabaría echándoselo a los lomos después de haberle avisado por dos veces. Un revolcón espeluznante, incluidos múltiples pisotones cuando lo ha tenido en el suelo. Higares se ha salvado de milagro y ese ha podido ser su triunfo.

Con el cuarto, toro también complicado, ha habido asimismo voltereta. Y a partir de ahí dos desarmes. Lógica desconfianza de Higares cuando ha comprobado que por el pitón menos malo, el izquierdo, el astado ha terminado desarrollando.
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Padilla, el más desdibujado de la terna, ha estado a merced de su primero, toro que se arrancaba con violencia, punteando mucho y sin humillar. Entre enganchones y desarmes ha transcurrido lo que podría denominarse faena. Y peor aún en el sexto, un animal manso y blando que ha dado la impresión de que podía servir por el pitón izquierdo. Padilla ha estado a destajo y sin decir nada, de lo más vulgar.

El Albero

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