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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 1 de abril de 2001
Novillada con picadores
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Sorando,
de escasa presencia los tres primeros, discretos el
resto, varios tipo eral; flojos y algunos inválidos; mansotes aunque
sacaron casta.
Diestros:
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa: ABC,
El País.
ABC. JL SUÁREZ GUANES.
El temple de Leandro Marcos y la pureza de Sergio Aguilar
No hubo orejas, ni siquiera vueltas al ruedo, pero vimos cosas muy
interesantes en esta novillada dominguera de tarde primaveral. Hasta el sexto novillo no se dejó ver el vallisoletano Leandro Marcos. Había
ejecutado, en el tercero de la tarde, unas verónicas magníficas,
rematadas con solemne media. Su oponente empezó a flojear y salió a la
luz, mucho más, este defecto a la hora de la faena de muleta. Pese a todo, y a base de machaconería logró Leandro mantenerlo en pie e
incluso lucirse en bastantes muletazos con la derecha. Consiguió dos
naturales de gran largura, que no tuvieron continuidad. Falló
repetidamente con el descabello y los buenos momentos se diluyeron como un azucarillo.
Nada hizo Leandro Marcos en el último hasta bien mediado el trasteo.
A partir de ahí logró unos derechazos mayestáticos y unos naturales
con gusto y armonía. Siempre muy bien colocado. Ejecutó algún pase de pecho brillante y regresó a la diestra con eficacia, suavidad, ritmo y
templanza. Festoneó su hacer con ayudados altos y bajos entremezclados, pero falló, otra vez, con los aceros y no pudo llegar la codiciada
oreja. Los asistentes debieron obligarle a dar la vuelta al ruedo.
Sergio Aguilar se lució en dos quites, en el primero y en el cuarto.
Luego, en su turno, no hizo nada destacable con el percal y se limitó a
cumplir con las banderillas. En su primera faena intentó hacer un toreo de cercanías, muy en boga, en la línea de José Tomás, aunque sólo
lo apuntara y no hallara la ligazón nada más que en una tanda de
naturales. Se unieron coladas del bovino con momentos en que el diestro
no daba la salida, pero, entre una cosa y otra, también hubo muletazos
de verdadero rango y el abroche de unas manoletinas peculiares. Las
armas toricidas disiparon, también, lo que hubo de bueno. Muy larga la faena al quinto, pero repleta de pureza. Intentó torear siempre al modo clásico: presentando el medio pecho, haciéndolo casi de frente y procurando rematar detrás de la cadera. Un nuevo fallo a
espadas no puede borrar la excelente impresión causada.
Abraham Barragán debutaba en Madrid y en sus dos menesteres tardó
en centrarse, haciéndolo en la mitad de las faenas. Pecó de largo en ambas ocasiones. Gustó en el que rompió plaza y anduvo más grisáceo
en el cuarto.
El País.
JOAQUIN VIDAL. Lo bueno fue el sol
Lo bueno de la novillada fue el sol. Los extranjeros, de los que había amplia representación en la plaza, lo llaman soleil o sun,
depende de donde vengan. Y en pagos más cercanos, er zó, que es
definitiva denominación.
Se esforzaban los toreros en la candente y como si se operaban pues
el público prefería disfrutar con er zó.
No es que carecieran de mérito los toreros. Ellos hacían lo posible
para lucir sus mejores gracias, sólo que interesaban muy poco.
Detallitos si acaso, algún embarque, cierta colocación, un súbito
ligamiento. Pero no era suficiente para complacer a la parroquia,
originaria de todo el mundo conocido, incluido allende los mares.
Los novillos tampoco contribuyeron a amenizar la función aunque
también tenían su corazoncito, su discreto embestir, sus rasgos de
casta brava. Ninguno poseía esa presencia que causa horror, terror y
pavor (que decían antiguamente de los Palha, sin demasiada propiedad) y
hasta hubo alguno cuyo tipo y semblante lo delataba eral. Sin embargo a
uno cualquiera de los seis, de repente le rebullía en las venas la
casta brava y se arrancaba convertido en una locomotora
El novillo tercero tomó una vara que, si la repite, ahora estaríamos
hablando del toro de la temporada, paradigma de la bravura. En cuanto lo puso en suerte el matador, se lanzó al galope sobre el caballo, al sentir el escozor de la puya se recreció y lo llevó en volandas hasta las tablas y alli lo derribó patas arriba provocando de paso que el varilarguero se pegara un tremendo cabezazo contra el pilarote del burladero. Creímos que se había desnucado más, ante la general
sorpresa, resultó que se incorporaba tan fresco pues no le había
pasado. Al pilarote, en cambio, quizá sí.
Tras esta exhibición de bravura, el novillo se volvió rebeco y pasó
a hacer todo lo contrario; o sea, cosas de manso, como recular en el
siguiente encuentro, defenderse en banderillas, buscar la querencia de toriles.
Varios novillos mostraron este contradictorio comportanmiento si bien
llegado el último tercio, salvados los distintos temperamentos,
ofrecieron facilidades a los toreros.
La verdad es que no sirvió de mucho. Abraham Barragán por ejemplo,
defraudó por su toreo monótono e intermninable. Al primero de su lote
le dio media docena de tandas de derechazos (naturales ni uno), sin arte
ni reunión, y repitió la faena en el cuarto con la diferencia de que a éste le dio una serie de naturales, por cierto de escaso fuste. Eso sí,
gritaba mucho.
Detalles de calidad mostraron sus compañeros de terna. Sergio
Aguilar con redondos y naturales de excelente factura en el transcurso
de sus deslavazadas faenas. Leonardo Marcos, corriendo la mano con artística
concepción y cierto agitanado empaque que recordaba a su paisano David
Luguillano.
No es que fuera mucho, claro, y por eso los ingleses, los franceses,
los japoneses y unos cuantos de acá preferían contemplar, solazados, cómo
refulgían los tejadillos del coso y cómo rompía la primavera
vistiendo de purísima el cielo.
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