GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 29 de julio de 2001
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de José Escolar Gil, bien presentados, de irreprochable trapío 2º y 6º; dieron un juego excelente en el último tercio. Casta y nobleza. 

Diestros: 

  • Antonio Mondéjar, estocada trasera a capón y descabello (silencio); tres pinchazos, estocada caída -aviso- y descabello (leves pitos).
  • Rafael Camino, dos pinchazos, estocada tendida -aviso- y dos descabellos (silencio); estocada perdiendo la muleta, descabello -aviso- y descabello (ovación). 
  • Óscar Higares, pinchazo hondo caído, casi entera tendida (silencio); pinchazo en hueso y estocada (oreja).

Entrada: media entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, EL Mundo


El País.  MIGUEL A CUADRADO. ¡Qué corrida de toros en verano! 

La corrida del verano y de mucho tiempo, más que nada para los toreros, pues debieron cortarles las orejas a casi todos, y tan sólo Óscar Higares fue capaz, en el sexto, de arrancar una oreja, que supo a poco, dado el juego, son y nobleza que el toro desarrolló. Muy bien por el ganadero.

Mondéjar recibió a su primero con unos lances movidos que tuvieron su interés por el pitón derecho y una media verónica de color belmontino. La faena de muleta tuvo muchas dudas, faltó asentamiento, y sólo se estiró por el pitón derecho. Voluntarioso y breve, el trasteo se acabó enseguida. Estuvo bien con la espada. Y, a fin de cuentas, quedó inédito el toro, algo reservón y cumplidor en el caballo.

Mal para el torero murciano en su segundo, un toro noble que era casi un regalo por los dos pitones. Bien lidiado por Villalpando, el burel llegó al tercio de muleta con son y pidiendo buena disposición, temple y ligazón. Mondéjar lo pasó por ambos lados sin ajuste, por las afueras, las zapatillas ligeras. Sólo al final se enteró y consiguió algún natural que supo a muy poco. Se le fue el buen toro noble sin serle cortadas las orejas, que ofrecía en bandeja al matador de turno.

Rafael Camino, en el saludo de capote a su primero, le echó bien el percal abajo y a continuación le enjaretó unas verónicas de factura irregular, pero que por el pitón derecho dejaron ver sus templadas maneras. El bonito toro de Escolar, en el último tercio, embistió largo y suave por el pitón derecho, el único por el que Camino toreó en cinco tandas de muletazos, que, resultando algunos templados y con gusto, no acabaron de estar a la altura del encastado burel, de trapío sin par. No se echó la muleta a la izquierda en ningún momento. En su segundo, Rafael Camino dejó escapar una oportunidad de salir de la oscuridad de los puestos olvidados del escalafón. Un excelente colaborador de los albaserrada de Escolar, le puso en sus manos nobleza y calidad en la embestida, y Camino se eternizó, sin ser capaz de ligar una tanda. De todas maneras logró muletazos en los que se vio el empaque del que no está falto y un temple, cuando asegura las zapatillas en el albero, que es grato contemplar. Se entregó en la suerte suprema y salió con la taleguilla rota a la altura del muslo derecho.

Óscar Higares, a su primero, lo entendió con el capote y lo llevó despacio por los dos pitones, sin demasiada relevancia. Hizo una buena pelea en el caballo el toro y en el tercio de muleta tuvo embestidas largas y templadas, aunque, por desgracia, no estaba sobrado de fuerzas. Higares no terminó de aprovechar los pocos buenos viajes del toro. Se equivocó al doblarse muy por bajo en los primeros muletazos de tanteo. Tres tandas por la derecha y una solitaria serie de naturales. No estuvo fino con la espada, que es garantía del torero madrileño.

El sexto de la tarde no desmereció del resto: fue muy bueno para el torero a la hora de coger la muleta y decir eso de ¡aquí estoy yo! Óscar Higares estuvo, y al final le cortó una oreja por un espadazo bueno al segundo intento y porque en las postrimerías de la faena se dio cuenta de las bondades del burel y se paró con él para interpretar una soberbia tanda de naturales. La faena había sido irregular. Por los dos pitones buscó el éxito, a veces templado y otras no tanto. Se gustó en los pases de pecho y utilizó el estoque con el buen estilo de estoqueador que acostumbra a ofrecer.

Todos los toros, salvo el tercero, fueron aplaudidos en el arrastre. La afición salió contenta y el ganadero puede estar más que satisfecho.


ABC  ZABALA DE LA SERNA. Óscar Higares y una corrida de Escolar para detener el toreo

Juro que jamás sospeché que la corrida de Escolar desarrollaría semejantes calidades. Quien más y quien menos esperábamos la casta, la emoción, la vibración de los albaserradas. Como que íbamos un poco predispuestos a presenciar un espectáculo para lidiadores aguerridos. Y, sin embargo, los «victorinos de los pobres», como cariñosamente les llaman a los toros de Escolar, se prestaron en la muleta al toreo o a que cualquiera de los componentes de la terna lo detuviera en sus muñecas. Pero el caso se dio a última hora, gracias a Óscar Higares.

Los toros, matices arriba, matices abajo, eran de lujo, con sus desigualdades en la presentación -tercero y quinto portaban fealdad en sus cortos cuerpos-, con su huidas de los caballos -segundo, cuarto y sexto mansearon lo suyo-, en definitiva con sus cosas. Pero llegaba la hora de embestir en el último tercio y ¡ay, amigo, qué sorpresa! Yo creo que hasta los toreros se sorprendían.

Que se lo digan a Antonio Mondéjar con el segundo de su lote, que aún estará embistiendo al ralentí en el mundo de los toros pastueños. Tomaba la muleta despacito y luego se abría en los vuelos y se desplazaba hasta allá a lo lejos, lo cual permitía al torero respirar y colocarse de nuevo sin agobios. Y si bueno mostró ser a derechas, ni les cuento por el pitón izquierdo, donde llevaba colgados un Mercedes y un cortijo. Lástima que no fuera el día de Mondéjar. O quizá sí era, pero no se dio cuenta y se le fue un tren que ya nunca volverá a pasar por su puerta. Uno podría temer muchas carencias en un torero poco placeado, nunca precauciones como ante el que abrió plaza.

Rafael Camino hizo un esfuerzo. Cortaba el toro ya en banderillas por el pitón izquierdo con mal estilo, y por ello nunca lo intentó al natural tras comprobar las intenciones torticeras en las dobladas de apertura. Sobre la derecha, obedecía y marchaba largo tras la muleta. Tardó en confiarse, y cada vez que parecía que una serie alzaba ya el vuelo, remataba. Algún muletazo que otro sobresalió señero, como ante el tardo quinto, que completaba un lote notable y además humillaba unos grados más. Atacó ahora la suerte suprema con rectitud y verdad para cobrar una estocada con riesgo: la rotura de la taleguilla así lo patentizaba.

Higares toreó con temple y armonía sobre la mano de los billetes, sobre la izquierda prodigiosa y mágica que dibujó un par de series macizas, cumbres en su lentiud y en su trazo. Corría el sexto, mansón y distraído, un punto gazapón, y el madrileño se fue enterando poco a poco, encontrándole la distancia y la velocidad a aquellos plácidos viajes. No fue óbice un pinchazo para que cortara la oreja después de una estocada de ley. No había podido ser con el tercero, que careció de fuelle. Pero ya evidenció su disposición y un juego de brazos que hace que sus verónicas adquieran plasticidad a pesar de su envergadura.


El Mundo. L.CAJTITAN. Se enteraron al final

Se enteraron al final de que la corrida que trajo ayer José Escolar a Las Ventas es de lo mejor que ha aparecido por esta plaza en lo que va de temporada. «Seis toros Seis», esta vez sí, y por derecho. Tan sólo el segundo y el quinto, el lote de Rafi Camino, fueron ejemplares algo deslucidos -de presencia y de comportamiento-.

Pero lo de la buena casta y el excelente juego no iba con los toreros. Ni Mondéjar ni Rafael Camino se enteraron de que en la plaza estaba mogollón. Es más, Mondéjar dejó escapar con alevosía al mejor toro de la tarde, el cuarto. O sea, sabiendo que se le iban dos orejas intactas por la puerta de arrastre. El murciano no se ha visto en una igual. El escolar pidiéndole faena a gritos y él mirando por dónde sale el sol en Mazarrón. Fuera cacho en sus dos faenas. A kilómetros mil de lo que es casta torera y deseando que se pasara ya ese calvario de tener un toro con posibilidades poniéndole música a la tarde.

El que sí salió con más ganas, sabiendo que Madrid es... eso, fue Camino (Rafi). Siquiera por herencia supo sacarle al primero de su lote unos cuantos derechazos de buena factura, bien ligados, aunque desflecados en el conjunto de una faena de muleta en la que los pases de pecho perecían dados con pértiga, a juzgar por la distancia entre el diestro y el toro. El heredero acusó la falta de festejos, la escasez de tardes de trabajo.

En su segundo, Camino se topó contra un toro insondable, reservón, justo de fuerzas y caprichoso de embestida. Aun así, más receta de mano derecha como bálsamo del toreo casi imperceptible. Y «la izquierda para Carrillo», aseveró un espontáneo. Pues así quedó la cosa, que la zurda no la vimos.

Y llegó el sexto toro, y otro Oscar Higares ante él. Entendió el diestro que el morlaco tenía compás por el pitón izquierdo, y desarrolló una faena que creció por momentos. Mano baja, naturales lentos que perdían fuste en ocasiones por la salida suelta del animal. Pero así, sin esperarlo, hubo un acoplamiento hombre-toro y la cosa recordó a tardes buenas. El respetable rugía en sordo, se calentaban los tendidos y, mientras, el matador iba desabrochando naturales cada vez con la mano más baja... Ya había quien acariciaba con las yemas la punta del pañuelo, pues nunca faltan optimistas entusiasmados.

Fueron cinco tandas in crescendo hasta llegar a un pinchazo que no tiró por tierra las ganas de oreja del público. Eso sí, en el segundo volapié Higares compuso una estocada en todo lo alto, gavilanes adentro y plaza en pie. Este era otro diestro distinto al que se vio en el tercer toro: despegado, andarín, pinturero sin faena y dejándose ir -tónica general de la tarde- un ejemplar de los que tardarán en volverse a ver. Las ganaderías son así, o las figuras, o los empresarios. A saber.

En Madrid hubo toros y se vio un destello de torero. Eso es mucho más de lo que han dado tardes que se preveían de gloria. Bien por la ganadería de José Escolar. Gran (e)lección.