GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 23 de septiembre de 2001
Novillada
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Novillos de Navalrosal, de juego desigual. 

Diestros

  • Martín Quintana, vuelta al ruedo y oreja.
  • Valentín Ruiz, silencio y ovación con saludos.
  • Sánchez Mora, silencio tras aviso en ambos. 

Incidencias: Valentín Ruiz resultó herido leve durante la lidia del segundo de la tarde, siendo atendido en la enfermería, de la que salió para continuar la lidia. 

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


ABC. J. L. Suárez-Guanes. Martín Quintana, buen torero y mejor estoqueador

Martín Quintana tuvo una actuación destacada. Podemos decir que Extremadura cuenta con un torero esperanzador. En la fría tarde dominical no sólo se acreditó como un buen muletero, sino como un magnífico estoqueador.

El novillo que abrió plaza era corretón de salida y Quintana lo tardó en fijar. Con la flámula inició su labor, con unos muletazos por alto, en los que los pies estaban casi metidos en la montera. Estampa de otros tiempos. Toreó con pureza con la derecha y tan sólo demostró aguante al hacerlo con la izquierda. Sufrió una colada y volvió a alcanzar muy buen tono al regresar a la diestra. Su oponente empezó a tardear y Martín recurrió al toreo de adorno para atar el triunfo. Ejecutó muy bien la suerte de matar y dio la vuelta al ruedo tras petición.

Mató al segundo de la tarde por la cogida sufrida por el conquense Valentín Ruiz, que pasó a la enfermería, aunque volvió a salir para matar al quinto. Martín Quintana volvió a dejar patente lo bien que maneja la tizona.

TEMPLANZA Y ALTURA

En el cuarto llegó el triunfo esperado. Veroniqueó con bien y brilló en un quite por gaoneras. Empezó la faena sentado en el estribo, la prosiguió genuflexo y, a continuación, toreó por derechazos, francamente bien. El trasteo cogió templanza y altura. Destacaron los pases de pecho de cabeza a rabo. Siguió siendo ovacionado al torear con la izquierda, aunque desplazara un poco a la res y tuvo que desistir del toreo de adorno, por lo que dio pasó al tercer espadazo de su muy lucida tarde. (Vuelta al ruedo tras petición y una oreja).

Valentín Ruiz no se dejó ver hasta su lucida participación en el tercio de banderillas en su primero. Destacó un par del violín. Sufrió una colada al torear con la izquierda y, entre el persistente cabeceo de la res, volvió a ser alcanzado al torear con la misma mano. Nadie sospechaba que regresara al ruedo para hacerse cargo del quinto, en el que puso voluntad y arrojo. Volvió a ser cogido, sin consecuencias, y realizó un conjunto embarullado. (Ovación en el único que mató).

Sánchez Mora se mostró verde en su primero y más seguro en el sexto, con el que falló con las armas toricidas. (Silencio tras aviso y palmas tras aviso).


El País. JOAQUIN VIDAL. La medida de la casta

En la lidia, si el toro tiene casta no hay tu tía: o manda el torero o manda el toro. Incluso aún mandando, el torero puede acabar en la enfermería pues el toro de casta no admite ni errores ni descuidos.

Le sucedió a Valentín Ruiz en el segundo de la tarde: que se fajaba con él aguantando los peligros que se derivan de la codicia del toro encastado cuando, al rematar una tanda, le perdió la cara. ¿Perderle la cara a un toro de casta? La respuesta le llegó de inmediato: el novillo (que esa era su edad y condición) al verlo desapercibido se arrancó y corneó al torero con furia. Se lo llevaron a la enfermería y dio la sensación de que llevaba cornada grande. Mas he aquí que, arrastrado el cuarto ejemplar, reapareció Valentín Ruiz, no muy entero por cierto (cojeaba un poco) y se dispuso a lidiar a su otro novillo.

A éste lo banderilleó con aleatorios resultados destacando el par del violín. En su primero (el del percance) banderilleó aún mejor y también destacó el par del violín. Es curioso: este par del violín, que trajo a España años ha un mexicano y resucitó El Fandi, va a ser una modalidad banderillera de seguro éxito.

La actuación de Valentín Ruiz con el quinto transcurrió embarullada y atropellada. Seguramente no era culpa suya sino de la casta agresiva del toro, que mostrándose manejable de principio se volvió incierto quizá por avisado. Es lo que traen las malas lidias: resabios y, en consecuencia, peligros. Y así fue. En uno de los muletazos Valentín Ruiz resultó de nuevo empitonado, sin consecuencias.

La casta y el trapío de la novillada de Navalrosal desbordaba a Sánchez Mora, un debutante falto de los necesarios recursos para solventar los problemas. Es muy significativo, no obstante, que a su primero, revoltoso y sin fijeza en los primeros compases, acabara sometiéndolo en los derechazos y el novillo llegara a embestir con nobleza. Al torero le corresponde el mérito, evidentemente. Luego no cuajó faena, mató mal, y al sexto, de irreprochable boyantía, lo toreó sosamente, sin garra ni hondura. Lp cual no significa nada: es un principante.

Martín Quintana, en cambio, se las sabía todas. Martín Quintana, que derrochó entusiasmo sobre todo en sus entregadas faenas de muleta, dio mejor los derechazos que los naturales, salía de rematar las tandass pegando mansobles al aire, abrió mucho el compás aunque no no cargó la suerte y frecuentemente la descargaba sin disimulo, con lo cual no hacía sino repetir el toreo moderno que practican las figuras.

Claro que las figuras no torean toros de casta (¡ni locos!), mientras casta, y presencia, y astifinas defensas tenían los de esta novillada. Y Martín Quintana cortó una oreja. Y ahí quedó eso