GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 19 de agosto de 2001
Corrida de toros
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Hernández Plá, uno rechazado en el reconocimiento), de presencia desigual, algunos amoruchados, con muchas dificultades

Diestros:

  • Miguel Rodríguez, pinchazo, otro hondo, rueda de peones y se echa el toro. Le perdonaron un aviso (silencio); media tendida (silencio); pinchazo y estocada caída (vuelta). 
  • Julián Guerra, que confirmó la alternativa: estocada trasera y caída -aviso- y dos descabellos (aplausos y saludos); estocada ladeada (silencio); media a toro arrancado (vuelta por su cuenta).  
  • Fernando Robleño, resulta cogido en su primer toro.

Incidencias: Fernando Robleño resultó cogido al torear de capa a su primer toro, fue llevado a la enfermería, en la que se le apreció herida inciso contusa en región submaxilar, con pérdida de conocimiento y conmoción cerebral, de pronóstico reservado. 

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo


El País. JUAN M. MORILLO. Las desgracias de Fernando Robleño

Una vez más, Fernando Robleño ha sufrido una cogida. Ya tuvo otra el pasado mes de julio, en la tarde de la confirmación del doctorado y, el año pasado, de novillero, una tercera durante la feria de San Isidro, ambas de carácter grave. Esta vez todo ha quedado en conmoción cerebral, si el estudio radiológico, que tiene pendiente, no encuentra complicaciones.

Tres cogidas en sus tres últimas salidas a la plaza de Las Ventas son muchas cogidas, y dan qué pensar. Ayer fue alcanzado por su primer toro, cuando lo recogía de capa. Se puso delante y le instrumentó una serie de verónicas, sin llevar toreado al burel en ninguna de ellas. El bicho se hartó de que le tomaran el pelo con aquella manta colorada y se fue a por el diestro, levantándole los pies del suelo y arrojándolo bajo el estribo, adonde se dirigió para seguir atizando leña. El quite de la cuadrilla evitó males mayores. Durante los días que dure su recuperación, debe meditar el torero madrileño el porqué de tantos percances en esta plaza. Algo falla.

Por la cogida de Robleño se quedaron solos Miguel Rodríguez y el doctorando Julián Guerra, frente a los toros de Hernández Pla. ¡Y qué toros, santo cielo! Desde hace algún tiempo, esta ganadería viene dando alarmantes muestras de pérdida de casta. Hoy está en manos de la sociedad Horsesbull, aunque conserva el nombre, el hierro, la señal y la divisa. Se ha librado Hernández Tabernilla, su anterior propietario, del bochorno de ayer.

Los cinco toros que se lidiaron, aunque acudieron a los caballos, lo hicieron siempre con la cara alta y sin emplearse. En la muleta, unos parecían dormidos o atontados, y otros presentaban peligro y pésimas intenciones. Sólo fue aprovechable el quinto, al que Miguel Rodríguez banderilleó con recursos, pero clavando muy desigual. Estuvo entregado y con seguridad en la faena, llevando muy bien con la muleta a un toro que se acabó muy pronto y que no era un borrego precisamente. También sacó partido del segundo de la tarde, a base de tirar muy bien de él con la mano derecha. El que mató en sustitución de Robleño, un toro distraído y con la cara alta, no tuvo un pase.

Julián Guerra hizo una faena sosa y sin garra al de su doctorado, una res a la que le faltó alegría. Demostró carencia de recursos lidiadores con el difícil cuarto, y se empeñó en darle pases que el animal no tenía. Se sacó la espina con el sexto, al que le dio algún muletazo entonado, aprovechando las pocas embestidas que tuvo. El público, quiso salir de su aburrimiento y jaleó exageradamente la faena.


El Mundo. VICENTE RUIZ. Reflexiones entre la nada y el susto

Nada interesante, en lo que al aspecto artístico se refiere, sucedió ayer en Las Ventas. Sí que hubo un susto de grandes dimensiones cuando Fernando Robleño resultó cogido al lancear de capa a su primero, finalmente sin cornada, pero quedando inconsciente sobre la arena. Y también una vuelta por una firme faena de Miguel Rodríguez, que supuso lo único salvable de la tarde.

Nada, esa palabra en principio vacía de contenido pero finalmente terriblemente explicativa, sobra y basta para definir una tarde de toros como la de ayer. Y no pasó nada porque la corrida no sirvió. Ni uno de los de Hernández Pla, y para nada. Nunca he entendido la sobrevaloración de esta ganadería en Madrid. Un simple amago de bravura en el caballo sirve para inundar de alagos hacia ella las tertulias taurinas. Sin embargo, qué poco se ha hablado de una corrida como la de Juan Manuel Criado del pasado miércoles, que permitió el corte de tres orejas permitiendo un gran espectáculo. Será por el tan manido hoy tráfico de influencias.

Tras el volteretón sufrido por Robleño en el tercero de la tarde, el festejo quedó en un improvisado mano a mano. A pesar de las dificultades de los toros, Miguel Rodríguez paseó el ruedo en triunfo tras una faena de poder y firmeza al único con posibles de Hernández Pla. Con los otros dos poco o nada pudo hacer, sino darles una digna lidia y no demorarse en demasía con la espada.

El confirmante, el salmantino Julián Guerra, se encontró con el mejor de la tarde, un remiendo de Alcurrucén que tenía nobleza y al que toreó con gusto y empaque con la muleta, y con majestuosidad a la verónica. Con el que cerraba plaza, un andarín sin peligro, también le aprovechó los viajes para dar despaciosidad y temple a los muletazos, pero sin la emoción que pone la casta y que resulta necesaria para llegar al tendido.